Odisea en el Bosque.
Mi padre le estaba gritando muy fuerte a mi madre, mientras manejaba, amenazaba diciendo que me dejaría en el medio de la carretera, según él me había portando mal. Freno el coche y me obligo a salir. Cerró la puerta y este se alejó. Quise alcanzarlos, pero no pude. Estaba en medio de la carretera a la cual la rodeaba un bosque. Tenía sed y hambre, me adentre por el bosque. Allí había un sendero, por el cual camine, era angosto en ocasiones y en otras tenía el espacio suficiente para caminar. Encontré algo para comer en unos arbustos, era similar a una frutilla, pero no sabía igual. Al final del sendero podía ver agua. Escuché un ruido entre los arbustos el cual me atemorizó, era una especie de gruñido. Corrí lo más rápido que pude, se oían pisadas fuertes por detrás de mí. Tropecé por la culpa de una raíz que sobresalía de un árbol, gire mi cabeza a la derecha y pude ver como un búho con sus grandes y anaranjados ojos me observaban. Las pisadas cesaron, pero ahora el gruñido se escuchó más fuerte y claro. Temía dar la vuelta para mirar, sabía que lo estaba detrás de mí. Me levante de un salto, corrí como quien corre para salvar su vida, el aire me comenzaba a faltar. Ya la tierra no era tierra, sino, piedras, lo cual me era más difícil correr sin tropezarme. Las pisadas y gruñido detrás de mí, anunciaban que quien me estaba persiguiendo era un animal hambriento. Crucé el último tramo del sendero, pude ver el río y al otro lado como una especie de cueva. Debía nadar para llegar al otro lado, pero sentí un fuerte ardor en mi espalda, mis temores eran ciertos. Me di vuelta, era un oso parado en sus dos patas traseras, tenía un el pelaje negro y en su pecho una macha beige en forma de V. Me agache, tome una piedra con mis manos y se la lancé a su trompa, este gruñó de dolor y me dio el tiempo suficiente para lanzarme en el río. Comencé a nadar, la corriente no era muy fuerte, pero mi cuerpo estaba debilitado por el rasguño que me había causado el oso. Cuando llegué inspeccioné la cueva, era pequeña, podían caber dos personas adultas paradas y acostadas, salgo de ella para recoger unas piedras, hojas y ramas secas para improvisar una fogata. Me acosté en el piso, sobre unas hojas que coloque en forma rectangular frente a la fogata. Me acomode lo mejor que pude, los rasguños me causaban un gran dolor, en un momento logre quedarme dormido. Mi cuerpo estaba tan débil que lo único que podía hacer era descansar, no tenía fuerzas para levantarme. Habré estado así cuatro días, hasta que un Policía me encontró, me levantó con sus brazos, me llevo hasta un hospital donde curaron mis heridas. Llamaron a mis padres, los cuales a cada momento me pedían disculpas por lo que habían hecho, mientras me llenaban de besos y abrazos. Cuando me dieron el alta médica, volvimos a mi casa los tres felices y contentos.
2230


Cargando comentarios...