OBSESIÓN
Aquella tarde de primavera todo parecía tranquilo en la ciudad, principalmente en ese vecindario que permanecía desolado la mayor parte del día; en realidad las personas evitaban en la medida de lo posible cruzar por sus calles, quizá sus mentes se sentían perturbadas por la pesadumbre del ambiente, había algo que no encajaba en la escena, era simplemente tenebroso, sobre todo esa casa en medio de la avenida 108 y la carrera sexta, todo en ella era extraño, no existía persona alguna que no experimentara una sensación similar a la de enterarse de la muerte de uno de sus seres queridos, una similar a perder la esperanza, una similar a sentirse devastado.
Era un tanto mágico, o así parecía, sin embargo la magia no hará parte de esta historia, y si no, esta hubiera salvado a la joven de los cabellos rubios, cuyo nefasto final ningún adivino hubiera acertado. Oh!… De solo pensar en ella me siento más vivo, es que su mirada inspiraba confianza, era casi tan surreal como la casa en la que sería hallada sin vida, la que la vio rogar por su vida, y contuvo su último suspiro por un tiempo.
Cuando ella y su familia llegaron al barrio no les costó mucho darse a conocer entre sus vecinos, su carisma facilitaba mucho el asunto; el padre, un exitoso empresario de aproximadamente cuarenta años, había sido transferido a la ciudad para llevar las riendas del recién construido ‘Palace’, edificio empresarial que de ese momento en adelante controlaría la bolsa Estatal. Costó millones únicamente traer a los arquitectos que lo construyeron, pisos de mármol tallado a mano, terminaciones doradas, lámparas ancestrales traídas del palacio de “No sé dónde”, en fin, una obra maestra.
Su esposa también tenía algo especial en ella, a lo mejor era su bondad, o su amabilidad, en cualquier caso era una filántropa, equiparable con grandes personajes como Ghandi y Martin Luther King, pero a diferencia de ellos no tenía un ideal claro, así que nada más disfrutaba ayudar a los demás, sin esperar nada a cambio. Preparaba la cena todas las tardes a la misma hora, el solo hecho de acercarse a su ventana hacía que cualquiera tuviera hambre; la servía, igualmente, todos los días cuando su amado llegaba de trabajar, ésta en verdad era una conmovedora imagen: en el momento en que Esteban pisaba la entrada principal de su hogar, daba la impresión de dejar afuera todos los problemas, todas sus angustias, todo lo que le hacía perder la calma, suspiraba, se disponía a ingresar, y se dejaba llevar por el aroma de los alimentos que Johana había hecho en su honor, mientras recibía el cálido abrazo de su hija Salomé.
Los tres tenían amenas charlas sobre cosas que sucedieron horas antes, o días antes, a veces hasta años atrás, contaban con una prodigiosa memoria, y una envidiable relación fraternal, una vida casi perfecta.
Disfrutaban en sus ratos libres de lecturas, salidas de campo, a cine, o a cualquier lugar, en el fondo no les importaba eso, solo estaban interesados en compartir como la hermosa familia que eran. Pero los cuentos de hada no tienen finales tan interesantes, y ciertamente no son de mi agrado personal.
¿Quién hubiera dicho que las cosas no durarían para siempre? Aunque no tuvieran enemigos, tenían admiradores secretos, y ESO en cierto punto es peligroso, más aún cuando la admiración se transforma en deseo, y ésta a su vez en obsesión, porque ahí la historia más infantil y más inocente, se convierte en una que no precisamente leerías a tus hijos antes de ir a la cama, por lo menos no si quieres que se duerman.
Salomé solía hacer todo tipo de cosas, montaba en bicicleta, cantaba, tocaba el piano, amaba leer, jugaba videojuegos, salía con sus amigos, practicaba patinaje artístico, tenía ejemplares resultados en las asignaturas de su colegio, ocupaba siempre los primeros puestos de todo, bueno, no los ocupaba, ya estaban reservados para ella, nadie podía superarla, y tampoco nadie se empeñaba en hacerlo, ya que al igual que sus padres, gozaba de una personalidad encantadora. A su alrededor no había nadie que no disfrutara su compañía, inclusive era considerada una de las más populares, más la fama nunca le llamó la atención, prefería pasar desapercibida, aunque a la final sus acciones y lo que ella misma transmitía eran siempre el centro de atención.
Y eso fue su sentencia de muerte.
Terminó llamando la atención de alguien que había cruzado la línea antes mencionada, alguien que era errante y no le importaba pasar por encima de nadie para conseguir su cometido, un individuo que tenía un solo propósito: poseer aquella joven por la que había sido cautivado.
No estoy seguro si se puede llamar amor a primera vista, porque el sentimiento era opuesto al amor, pero hizo que ese hombre ideara el más macabro plan para llenar el vacío existencial que se había convencido de que tenía. Así pues, estudió a su presa minuciosamente, cada detalle, cada movimiento, qué hacía y que no, donde pasaba su tiempo, el nombre de sus padres, su dirección, y a pesar de que se enteró de su corta edad, no desistió en ningún momento, ni abandonó por completo su sueño.
El día había llegado. La joven se paseaba por su vecindario sin darse cuenta que a cada paso que daba se acercaba lentamente a su final, cada gesto que hacía estaba previsto por el hombre que la miraba desde lejos, con su voz atraía más y más al peligro que la asechaba, y sin saberlo, ya se encontraba justo en el lugar donde su futuro asesino la quería: la casa entre la 108 y la sexta.
Nadie sabe qué pasó cuando fue atacada por la espalda y forzada a ingresar al abandonado recinto, nadie más que ella y yo. Los gritos de -“¡AUXILIO!”, “¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!” “¡NO!, POR FAVOR NO” “YA PARA, ¿QUÉ QUIERES DE MI?” Inundaban el lugar, acompañado de sollozos y estruendos que cualquiera hubiera podido oír desde al menos diez metros a la redonda, cualquiera, a menos que todo estuviera dispuesto para que el hado actuara dejando las casas cercanas vacías con motivo del carnaval que anunciaba la llegada del verano.
Y fue así como acabé con mis propias manos la vida de la hermosa rubia, terminé también con una familia, una comunidad, y, sin pensar en las consecuencias de mis actos en aquel momento, acabé con mi propia vida, pues esta misma tarde seré ejecutado a petición del estrado y del mismo juez que me acusaron de asesinato en primer grado; mas no me arrepiento de nada, en el fondo pude encontrar la felicidad, así hubiera durado unos cuantos minutos, y una persona debe perseguir eso que le apasiona, por encima de cualquier cosa…
Era un tanto mágico, o así parecía, sin embargo la magia no hará parte de esta historia, y si no, esta hubiera salvado a la joven de los cabellos rubios, cuyo nefasto final ningún adivino hubiera acertado. Oh!… De solo pensar en ella me siento más vivo, es que su mirada inspiraba confianza, era casi tan surreal como la casa en la que sería hallada sin vida, la que la vio rogar por su vida, y contuvo su último suspiro por un tiempo.
Cuando ella y su familia llegaron al barrio no les costó mucho darse a conocer entre sus vecinos, su carisma facilitaba mucho el asunto; el padre, un exitoso empresario de aproximadamente cuarenta años, había sido transferido a la ciudad para llevar las riendas del recién construido ‘Palace’, edificio empresarial que de ese momento en adelante controlaría la bolsa Estatal. Costó millones únicamente traer a los arquitectos que lo construyeron, pisos de mármol tallado a mano, terminaciones doradas, lámparas ancestrales traídas del palacio de “No sé dónde”, en fin, una obra maestra.
Su esposa también tenía algo especial en ella, a lo mejor era su bondad, o su amabilidad, en cualquier caso era una filántropa, equiparable con grandes personajes como Ghandi y Martin Luther King, pero a diferencia de ellos no tenía un ideal claro, así que nada más disfrutaba ayudar a los demás, sin esperar nada a cambio. Preparaba la cena todas las tardes a la misma hora, el solo hecho de acercarse a su ventana hacía que cualquiera tuviera hambre; la servía, igualmente, todos los días cuando su amado llegaba de trabajar, ésta en verdad era una conmovedora imagen: en el momento en que Esteban pisaba la entrada principal de su hogar, daba la impresión de dejar afuera todos los problemas, todas sus angustias, todo lo que le hacía perder la calma, suspiraba, se disponía a ingresar, y se dejaba llevar por el aroma de los alimentos que Johana había hecho en su honor, mientras recibía el cálido abrazo de su hija Salomé.
Los tres tenían amenas charlas sobre cosas que sucedieron horas antes, o días antes, a veces hasta años atrás, contaban con una prodigiosa memoria, y una envidiable relación fraternal, una vida casi perfecta.
Disfrutaban en sus ratos libres de lecturas, salidas de campo, a cine, o a cualquier lugar, en el fondo no les importaba eso, solo estaban interesados en compartir como la hermosa familia que eran. Pero los cuentos de hada no tienen finales tan interesantes, y ciertamente no son de mi agrado personal.
¿Quién hubiera dicho que las cosas no durarían para siempre? Aunque no tuvieran enemigos, tenían admiradores secretos, y ESO en cierto punto es peligroso, más aún cuando la admiración se transforma en deseo, y ésta a su vez en obsesión, porque ahí la historia más infantil y más inocente, se convierte en una que no precisamente leerías a tus hijos antes de ir a la cama, por lo menos no si quieres que se duerman.
Salomé solía hacer todo tipo de cosas, montaba en bicicleta, cantaba, tocaba el piano, amaba leer, jugaba videojuegos, salía con sus amigos, practicaba patinaje artístico, tenía ejemplares resultados en las asignaturas de su colegio, ocupaba siempre los primeros puestos de todo, bueno, no los ocupaba, ya estaban reservados para ella, nadie podía superarla, y tampoco nadie se empeñaba en hacerlo, ya que al igual que sus padres, gozaba de una personalidad encantadora. A su alrededor no había nadie que no disfrutara su compañía, inclusive era considerada una de las más populares, más la fama nunca le llamó la atención, prefería pasar desapercibida, aunque a la final sus acciones y lo que ella misma transmitía eran siempre el centro de atención.
Y eso fue su sentencia de muerte.
Terminó llamando la atención de alguien que había cruzado la línea antes mencionada, alguien que era errante y no le importaba pasar por encima de nadie para conseguir su cometido, un individuo que tenía un solo propósito: poseer aquella joven por la que había sido cautivado.
No estoy seguro si se puede llamar amor a primera vista, porque el sentimiento era opuesto al amor, pero hizo que ese hombre ideara el más macabro plan para llenar el vacío existencial que se había convencido de que tenía. Así pues, estudió a su presa minuciosamente, cada detalle, cada movimiento, qué hacía y que no, donde pasaba su tiempo, el nombre de sus padres, su dirección, y a pesar de que se enteró de su corta edad, no desistió en ningún momento, ni abandonó por completo su sueño.
El día había llegado. La joven se paseaba por su vecindario sin darse cuenta que a cada paso que daba se acercaba lentamente a su final, cada gesto que hacía estaba previsto por el hombre que la miraba desde lejos, con su voz atraía más y más al peligro que la asechaba, y sin saberlo, ya se encontraba justo en el lugar donde su futuro asesino la quería: la casa entre la 108 y la sexta.
Nadie sabe qué pasó cuando fue atacada por la espalda y forzada a ingresar al abandonado recinto, nadie más que ella y yo. Los gritos de -“¡AUXILIO!”, “¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!” “¡NO!, POR FAVOR NO” “YA PARA, ¿QUÉ QUIERES DE MI?” Inundaban el lugar, acompañado de sollozos y estruendos que cualquiera hubiera podido oír desde al menos diez metros a la redonda, cualquiera, a menos que todo estuviera dispuesto para que el hado actuara dejando las casas cercanas vacías con motivo del carnaval que anunciaba la llegada del verano.
Y fue así como acabé con mis propias manos la vida de la hermosa rubia, terminé también con una familia, una comunidad, y, sin pensar en las consecuencias de mis actos en aquel momento, acabé con mi propia vida, pues esta misma tarde seré ejecutado a petición del estrado y del mismo juez que me acusaron de asesinato en primer grado; mas no me arrepiento de nada, en el fondo pude encontrar la felicidad, así hubiera durado unos cuantos minutos, y una persona debe perseguir eso que le apasiona, por encima de cualquier cosa…
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