El espejo me mira con ojos de cristal roto, el dinero en el bolsillo es solo un montón de humo.

Mi cuerpo es un barco que ya no tiene timón, buscando un puerto en la niebla de esta estación.

El viento trae un olor que quema la nariz, un ángel de alambre que me dice: "No te rindas, haz esto aquí".

Ya no hay límites, ya no hay suelo bajo mis pies, solo el frío de la tierra y el calor de mi cuerpo.

Por un terron, vendería mi sombra, por un segundo de fuego, vendería mi nombre.

La luna se ha convertido en un ojo que juzga, mientras el demonio me dice:

"¿Cuánto te cuesta la rutina?" No es un precio, es un tributo,

es un sacrificio en la mesa, vender el alma por una mentira que se desvanece.

Las calles no tienen nombre, solo tienen sombras, donde las promesas se rompen como las palomas.

Yo era fuego, ahora soy ceniza en el viento, buscando un milagro en el fondo del pozo.

El "cualquier cosa" no es un acto, es un vacío, es la última moneda que me queda en la mano.

La gilada es un lobo que se viste de oveja, te ofrece el cielo mientras te hunde en la arena.

¡No es amor, es una jaula de oro! ¡No es vida, es un suspiro en el desierto!

La sed no se apaga, solo crece en la oscuridad, y la dignidad se pierde en la noche, sin piedad.

Por un terron, vendería mi sombra, por un segundo de fuego, vendería mi nombre.

La luna se ha convertido en un ojo que juzga, mientras el demonio me dice:

"¿Cuánto te cuesta la rutina?" No es un precio, es un tributo,

es un sacrificio en la mesa, vender el alma por una mentira que se desvanece.

El humo se disipa, la luz se apaga, solo queda el eco de una voz que me llama.

"¿Cuánto más?" pregunta el vacío en mi pecho, y el silencio responde:

"Nada es suficiente".

190

Cargando comentarios...