NadjaLa luz  no era digna de tocarla, la luz debía purificarse si quería tocar su divina piel. Recordaba haber soñado con una criatura desagradable, horrenda,  parecido a esos escalofriantes títeres de peluche que aparecen en los programas para niños, esos que dan más miedo que otra cosa, pero este parecía estar hecho de pelusas grises, sucias y apelotonadas. Este la miraba con ojos grandes, ojos que parecían haber sido puestos sobre las pelusas y nadie se molesto en cocerlos, ojos que si los miraban daban la impresión de que se caerían en cualquier momento. Pero ¿Qué significarían aquellas palabras que- a juicio de Nadja- aunque eran hermosas, no parecían tener significado. ¿Acaso todo lo que suena poético tiene que tener un significado? Quizá no, había muchas canciones populares que sonaban hermosas al oído, pero al analizarlas, no encontraban muchas cosas de valor.Aquella frase le hacía pensar en una princesa, medianamente parecida a aquellas de los cuentos, pero más misteriosa e interesante. Aquella joven pura encerrada en una torre, demasiado delicada para acercarse al asqueroso mundo que había más allá de las murallas. ¿Qué pensara esa joven pura alejada del mundo? ¿Se masturbara pensando en su prometido amado? Aquel de que no conoce su cara, pero se lo imagina. Nadja imaginaba a aquel hombre, pero por alguna razón lo imaginaba malvado,  un noble joven vestido de negro, con inclinación por la matanza y ver sufrir a aquellos que considera inferiores. Y su mayor sueño es pode hacer sufrir a aquello que en la actualidad son sus superiores. Lo imaginaba envenenando a su padre para así poder heredar el liderazgo de la familia. También lo imaginaba organizando orgias en sus salones, y a aquella muchacha pura, la cual no podía participar, ya que  los invitados a la reunión ni siquiera eran dignos de mirar, a punto de explotar en deseo y correr, arrastrarse por los pisos hasta llegar al mundo real. Imaginaba a grandes señoras, esposas de los nobles mas amigos del joven noble de negro, beber el agua con el cual ella se bañaba, para poder hacerse con su belleza. Y a otras, maquinando formas de asesinarla, escabullirse en el castillo de este noble y raptarla, para poner beber y bañarse con su sangre, y robarle aquella deseada belleza. Nadja, desnuda frente a su máquina de escribir Martinelli plasmo sobre el papel todas estas ideas, tratando de articular una historia con ella, no busca un gran significado, no quería aquella princesa y aquel noble fueran una metáfora o alegoría de la vida, no le interesaba vomitar filosofía sobe aquella obra, solo quería escribir lo que sentía.  Comenzó a escribir en el atardecer, iluminada por una lámpara de escritorio. Escribía páginas donde sus personajes se conocían, quería saber cómo interactuarían entre sí, ambos eran personajes vivos, ella no les decía que hacer, ellos hacían lo que querían. Cada vez que Nadja escribía algo que ellos no querían hacer, se veía obligada a borrar, no importaba cuanto se esforzara en crear una trama, ellos no la dejaban. Escribía y borraba frenéticamente,  se masturbaba y seguía escribiendo hasta quedarse dormida. En tres días tenía listo un cuento de veinte páginas.Tomo las hojas, las organizo y las puso sobre la mesa, frente a su máquina de escribir. Lo miro con orgullo, hacía mucho tiempo que no escribía algo así. Escribir con sangre lo llamaba ella. El texto estaba lleno de rayones, volvía a escribir una y otra vez las páginas, furiosa con los personajes por no obedecerla, rayones y correcciones con lápiz abundaban por todos lados, ya tendría tiempo de reescribirlo todo, pero ahora su historia había nacido. Esa era su verdadera cara y era hermosa, ¿por qué tendría que maquillarla para que el mundo la entendiera?  Era necesario, quería que alguien la leyera, aunque ese alguien no entendiera la obra en su totalidad, ella quería que alguien la leyera. Salía de su habitación y se fue al baño, hacia tres días que estaba desnuda, había comido lo mínimo y solo había ido al baño cuando fue necesario. Largó la ducha y se metió al agua caliente. Mar le había pegado el hábito de bañarse con agua hirviendo, a tal punto que la piel les quedaba roja. Extrañaba a aquella muchacha, ojala la pudiera volver a ver algún día.  Sintió el choque del agua contra sus hombros e introdujo su cabeza en aquel chorro de agua. Sentía como el sudor se escurría por su piel siguiendo el camino que dibujaba el agua caliente. Vio como su pelo ondulado se alisaba por el peso del agua y se volvía de un tono rojo carmesí. Quería que alguien leyera aquel texto, y ese alguien no era su hermano. En otro tiempo, esa idea la habría entristecido, cada verso que ella había escrito a lo largo de su vida había pasado por la revisión severa de su hermano antes de que cualquier otro lo leyera. Necesitaba que alguien lo leyera, pero no sabía a quién mostrárselo.  El hecho de no llorar significaba que estaba as cerca de superarlo.  Desde la muerte de su hermano cada vez que escribía, lo quemaba ante la idea de que Félix no sería el primero en leerlo. Pero este era especial, era distinto y más fuerte que los demás. Es extraño lo que pasa con los textos, los más jóvenes son los que has escrito hace años, y los más maduros son los que escribiste ayer. Por esa razón Nadja sentía una gran culpa cuando escribía. Quería guardar las buenas ideas para después, cuando su escritura fuera madura, pero todas sus ideas le gustaban y tenía que escribir para madurar, tenía que elegir una historia por sobre otra. Con el paso de los días decidió reescribirlo con calma, buscando a la persona indicada para leerlo y pensando en sus personajes, conociéndolos. La joven Princesa se llama Agatha Hirel, era pequeña,  cabello albino y piel lechosa, sus ojos de un marrón rojizo,  y vestía siempre vestidos con encajes color crema, mirada en conjunto, su piel, su ropa y su cabello eran de tonos similares, ella al quedarse quieta parecía una estatua. Lo cual, si uno lo piensa, era bastante lógico, las estatuas eran puras, perfectas. No tenían en mayor de los defectos humanos, ser golpeadas por el tiempo. Y aquella chica tampoco era goleada por el tiempo, pertenecía a una raza de seres eternos, que no envejecían. Y se alimentaba de la sangre de aquellos que si hacían. Su esposo, aquel noble vestido de negro se llama Samiel, era además su hermano, era una tradición entre los de su raza casarse entre hermanos para que los descendientes tuvieran sangre pura, y fueran igual de perfectos que sus antecesores. Había más personajes en la historia, pero cuando Nadja trataba de mirarlos, eran solo siluetas moviéndose y rellenando espacio, dejando todo listo para que los amantes no tuvieran que perder el tiempo en cosas mundanas, y solo se dedicaran a amarse. ¿Qué era lo que tenía que hacer? ¿Quién era la persona indicada para leer su texto? Pensaba, pero ninguno de sus conocidos era el indicado, debía ser alguien aun no conocido. Una vez terminó de reescribir el texto lo miro con orgullo y una sonrisa se dibujo en su boca. Era una sonrisa de orgullo, como la sonrisa que le dedica a una madre a su hija la primera vez que la ve vestida de gala. Era una faceta de su existencia, necesaria para convivir en un determinado medio. Pero aquella madre no quiere que su hija se case con  un hombre que solo la ame cuando va de gala, sino alguien que la bese con misma intensidad de gala o metida en barro, y se meta al barro con ella. Aun así, era necesario reescribir el texto. Los textos se quedaron mucho tiempo guardados, mientras más detalles e historias iban naciendo en aquel lugar ficticio en el cual los personajes vivían congelados en el tiempo. Al menos anta que Nadja se sentara desnuda frente a la Martinelli.Poco a poco nacieron mas textos, se similares características, todos naciendo lentamente a partir de sueños e ideas fugaces, producto de horas  que se transformaban en días sentada escribiendo, tachando y volviendo a escribir. Un día, mientras caminaba por la calle pensando en cosas extrañas, pasó por la vitrina de una tienda de revistas y lo leyó. La revista Nihilist creations organizaba un concurso de relatos, los ganadores serian publicados en una edición especial de cinco relatos, además de un premio en dinero. No le importaba el dinero, pero algo le decía que aquel que quería que leyera su obra estaba al otro lado de las páginas de aquella revista. Tal vez sería un editor, o un lector, pero allí estaba, esperándola sin saberlo. Nadja compro un ejemplar y siguió las instrucciones para mandar su texto al concurso, se podía hacer de manera física o digital, así que Nadja entrego el formato que había escrito en la máquina de escribir. Dudo un segundo antes de entregárselo a la chica del correo, peo lo entrego. Paso un mes y el llego una carta de la editorial, buena técnica y lenguaje, pero no publicaremos una obra  que fomenta el racismo y nazismo. No tenemos nada en contra suya, pero su ideología no es compatible con nuestra revista. Nadja enfureció y decidió responder con una carta, corta y precisa: No confunda al autor con su obra.Nadja compro la edición donde se publicaron los ganadores. Dos de ellos eran buenos, los otros tres dejaban mucho que desear, el relato de Nadja era superior a cuatro de los cinco relatos ganadores.  Aunque había un relato que era superior al de ella, era una historia de amor frustrado, un hombre que se lamentaba por la muerte de su amada. Una mujer increíble que había muerto en un accidente automovilístico. Lo leyó y amo todo de él. Su forma de escribir, sus personajes, sus situaciones y el ambiente que lograba crear eran apasionantes.  Lo leyó una otra vez y cada vez leía cosas distintas, más apasionantes cada vez, trataba de imaginar a aquel autor escribiendo, pero no podía, no podía  precisar su era hombre o mujer, joven o viejo.  No firmaba con su nombre, su pseudónimo era  Otoño, y escribía de una manera tan neutra que le era imposible adivinar quien estaba tras esas palabras.  Escribió a la editorial de la revista para pedirle alguna forma de contacto con aquel escritor.  Todas las respuestas que le mandaron fueron negativas, no podían dar  los datos personales de los autores. Así que Nadja buscó otro método, descubrió que  Otoño publicaba regularmente en aquella revista, y tomo la decisión de ella también hacerlo. Fue difícil que la aceptaran, tuvo que prometer no enviar más textos con temáticas racistas. El sexo, los asesinatos, la homosexualidad no eran temas prohibidos para la revista, pero el racismo y la xenofobia sí.Nadja no podía dejar de escribir sobre aquella princesa, donde el racismo y la idea de la superioridad eran predominante. Así que decidió  mandar textos escritos antiguamente. Textos que trataban sobre temas importantes para Nadja, quería mostrarle a Otoño los roncones más profundos de su alma a través de esos textos. Publico su primer texto en  la revista un mes después de leer el texto de Otoño.  Era un ensayo sobre la homosexualidad, aunque escrito en forma de relato, en la vos de un joven homosexual que vivía una vida cotidiana.  A los pocos días le llego por correo la edición de la revista.  Tenía siete relatos cortos y uno largo, junto con unos cuantos artículos pequeños y fotografías.  Otoño tenía un artículo escrito allí. Era poético y acotado, pero cuando Nadja lo leyó se emocionó, en ese momento sintió una necesidad abrumadora por conocer a aquella persona. 
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