Tengo un sueño en el que siento profundizarme, todo se oscurece y se espesa, como si la luna se apagara. Pero una luz sobrevive en otra habitación, y cuando me giro a mirarlo se convierte en un tío vivo en movimiento, pero sin su música. No hay nadie atendiéndolo. Una nena da vueltas solitaria y feliz, no tiene sonrisa, pero está feliz. Me trepo en el tío vivo para alcanzarla. Pero mientras más me acerco mas avergonzado estoy. Este es mi sueño, me recuerdo. Le sonrió. Mientras el tío vivo da vueltas estiro la mano para tocar las hojas de un gran árbol, gran árbol que alguna vez trepé. La niña pisa las raíces y busca las ramas mientras sube. Me doy la vuelta porque, aunque me parece conocida, no la conozco. Así que me alejo y cambio el escenario, porque es mi sueño. Estoy de pie frente a un claro poco iluminado y vacio, es el estacionamiento de un cine, lo recuerdo. Refulge con brillos fuertes para que me acerque, pero extraño mi casa, siento una tristeza tremenda por mi familia. Me doy vuelta para salir. Comienzo a caminar bajo las luces de la calle solitaria, sin sonidos ni familiares. Un auto se acerca por la calle en silencio y se detiene a un lado, el conductor me apunta con un arma y me dice que me tranquilice con una sonrisa, que suba al auto porque dispararía y la bestia me llevaría. La niña está atrás y me silba, es Pam, me sonríe para que suba. Por un momento lo dudo, ella me tienta. Pero la estiro del brazo y la fuerzo a correr, llevándola a rastras hasta doblar la esquina y perder al auto. Seguí corriendo, grita Pam, asiéndome entrar en pánico. Sin embargo me siento trabado y mientras más rápido quiero ir mas me cuesta dar los pasos, porque algo galopa detrás nuestro. Nos persigue con el ritmo de un corazón, que late mas fuerte mientras más cerca está. Es mi sueño, vuelvo a recordar. Pero si la bestia no se detiene, tampoco debería hacerlo. Toco con los pies a mi novia y siento gran alivio. Fuerzo los parpados y empiezo a abrirlos, pero escucho las vibraciones de mi cerebro aumentando, sacudiéndome la cabeza para que no lo haga porque hay alguien en la habitación, siento sus pasos y la exhalación de su presencia. Soy terriblemente débil y pesado, pero Pam está ahí y necesito despertar para protegerla, o para que me proteja. Abro despacio la mirada en la habitación. Primero veo nuestras sonrisas en un marco en la pared. La tenue luz del patio entra por la ventana e ilumina el techo. Me giro hacia mi novia y le digo que la quiero con el alma, mientras siento la angustia volver apretándome el pecho. Cruzo un brazo protector sobre su cuerpo sin rostro y prometo no soltarla nunca. La oscuridad y el sueño me aplastan la cabeza con furia y nublan mis ojos. Escucho un grito gutural en mi oído “sos una mierda” que me inunda el cuerpo y aprieta mis mandíbulas con más y más fuerzas para llevarme. Trato de sacudirme entre su agarre asfixiante, ni siquiera me deja cerrar los ojos, me obliga a mirar la puerta entreabierta; el hocico largo de un animal asomándose, hocico que no parece terminar hasta sus ojos rojos y enojados. El chacal ingresa con sus patas largas, tan lento y negro como la noche. El chacal caza por deporte, dice una voz. El chacal muestra sus dientes sonrientes y se detiene a los pies de la cama. Larga vaho porque hace frió; estoy temblando. Me mira, me mira, con la cabeza inclinada y las fauces hambrientas no hace más que mirarme. Tapo mis ojos con la sabana. Está subiendo, con sus patas largas y finas empieza a caminar sobre mi pecho hasta mi cabeza, “sos una mierda” me gruñe al oído. Escucho el grito de mi novia, de mi Pam. El chacal me deshace de las sabanas, pero ya no está, siento su peso abriéndome el pecho y entrando para no abandonarme. Me eleva del corazón hacia el techo. El chacal de hocico tan largo y patas tan finas como lanzas me mira con una sonrisa en la cama, junto a mi durmiente novia. Me abandono y cierro los ojos. 
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