07.05.20
11:02
Nocturna.
Triste violín que en las noches me acompañas, tu melodía dulce y ocre llega desde lejos y se cuela por la entre junta ventana de la mano de un viento helado que me abriga en la soledad de una noche más sin esperanzas de luz, algún recuerdo a la música del viejo Erich Zann, lugares que no quisiera volver a visitar.
Una voz interior que como un artista con su cincel va dando paso al pensamiento reformador, para luego llegar hordas de demonios a vomitar sobre la obra maestra de quien se esfuerza a diario, pero que sin duda es envestido por los vientos de la locura, un batalla que a veces deja el estómago vacío por esfuerzos innecesarios, a veces se siente estar en la prisión del enemigo y que la salida nunca se hará realidad.
Noches sin rumbo de un lado a otro en una habitación de cemento, de paredes color crema estilo años ochenta, el tiempo como un aliado que a la vez hace tratos con el enemigo, un pasado que no se va de la mente y que cual película aburrida en su monotonía se repite una y otra vez para dejar el recuerdo de viejos amores fétidos y momentos podridos sin valor o sentido alguno.
La mente no encuentra calma en la tromba marina de imágenes que van y vienen, un sin vida de estar estirado en la cama viendo como el mundo pasa, observando como las imágenes derrotan a la voluntad que no encuentra el lugar estable que una sola llamada puede dar.
¡Vamos llama y sácame de este letargo, qué estas esperando!
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