Noche silenciosa.
28.05.10
Noche silenciosa.
Un pensamiento de insaciable escritura se desliza sobre el hemisferio izquierdo de mi cerebro. Cierro mis ojos y me dejo seducir por un pensamiento de aíre estático que presiente la vellosidad de mi piel, en el ser.
Como varias noches del año llegué pasado de varias, decenas, muchas, excesivas copas de más, a mi casa. Serian como las tres de la mañana, de una apacible primavera, en mi mano derecha, una cerveza y en la otra un pito de marihuana.
Me senté en la escala que daba al patio, puerta infranqueable antes de entrar a mi pieza, me senté a disfrutar de la tibia briza, fumaba cortas piteadas y daba cortos sorbos a mi cerveza, sus efectos me fueron seduciendo en diferentes niveles de pensamiento.
Sentía y veía las hojas moverse allá en lo alto de los cerezos, contemplaba la oscuridad del momento, la cual era espantada por la luz de algún foco despistado. Respiraba profundo y sentía una paz difícil de explicar, como si mi misión en la vida estuviera completa, como si no me faltara nada. Un relajo abrazante que producía somnolencia, las sombras jugaban con mi mente distorsionada, pensaba y me involucraba con estas animas burlonas, me sumí en pensares universales que ahora son imposibles de transcribir. Esa paz que no he vuelto a sentir.
Esa madrugada que escuché a una noche silenciosa reírse de mí y al darse cuenta de que desde que llegué no había dejado de escucharla a ella, guardo silencio.
Noche silenciosa.
Un pensamiento de insaciable escritura se desliza sobre el hemisferio izquierdo de mi cerebro. Cierro mis ojos y me dejo seducir por un pensamiento de aíre estático que presiente la vellosidad de mi piel, en el ser.
Como varias noches del año llegué pasado de varias, decenas, muchas, excesivas copas de más, a mi casa. Serian como las tres de la mañana, de una apacible primavera, en mi mano derecha, una cerveza y en la otra un pito de marihuana.
Me senté en la escala que daba al patio, puerta infranqueable antes de entrar a mi pieza, me senté a disfrutar de la tibia briza, fumaba cortas piteadas y daba cortos sorbos a mi cerveza, sus efectos me fueron seduciendo en diferentes niveles de pensamiento.
Sentía y veía las hojas moverse allá en lo alto de los cerezos, contemplaba la oscuridad del momento, la cual era espantada por la luz de algún foco despistado. Respiraba profundo y sentía una paz difícil de explicar, como si mi misión en la vida estuviera completa, como si no me faltara nada. Un relajo abrazante que producía somnolencia, las sombras jugaban con mi mente distorsionada, pensaba y me involucraba con estas animas burlonas, me sumí en pensares universales que ahora son imposibles de transcribir. Esa paz que no he vuelto a sentir.
Esa madrugada que escuché a una noche silenciosa reírse de mí y al darse cuenta de que desde que llegué no había dejado de escucharla a ella, guardo silencio.
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