Neuronas.
Hubo una época en la que una neurona guerrera le decía a otra en una batalla épica: tienes toda la razón. Respondía la otra neurona: no tienes razón, preguntaba de nuevo la primera neurona: ¿en qué no tengo razón, en que tú tienes razón? Le contestaba la primera neurona: en eso tienes razón, en que tú tienes sinrazón. A lo que la otra neurona respondía consternada: sí yo no tengo razón, es que tú tienes sinrazón; y de nuevo le decía su compañera: eso mismo, tienes razón, porque yo no tengo razón cuando digo que tú tienes sinrazón.
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