Montañas cubiertas.
14.06.10
Montañas cubiertas.
Desperté sintiendo el frío típico de esta
zona, ni por si acaso quería ir a trabajar, anoche llovió toda la noche
y la lluvia produce cierto relajo en mi persona,
me dispuse a intentar avanzar en una obra de teatro
que estoy escribiendo,
quede en juntarme con un compadre para
que me ayudase a instalar unos juegos,
el loco no llego.
No fue hasta que pose mi mirada en las lejanas cordilleras
cuando mi mente quedo anonadada con un blanco perfecto, entre azules de las
piedras que resaltaban, coronando su blanco con un cielo
embravecido de color negro, anunciando
pronta nevazón,
pensé en como hubiera sido si la noche me
hubiera encontrado caminando
desapercibido por aquel alto cerro cerca del pueblo con su punta
teñida en el perfecto blanco de las nieves deslizantes
que bajan desde las altas nubes.
Respiro del aire helado y me acurruco en mis vestimentas,
siento el regocijo de este paisaje, acelero el paso
y me dispongo a caminar rápido para llegar a plasmar tan inolvidable momento,
calenté algo de arroz, ese que tengo para comer toda la
semana, para abrigar mi cuerpo, como lo hice una vez atrás cuando cociné porotos para siete días.
Montañas cubiertas.
Desperté sintiendo el frío típico de esta
zona, ni por si acaso quería ir a trabajar, anoche llovió toda la noche
y la lluvia produce cierto relajo en mi persona,
me dispuse a intentar avanzar en una obra de teatro
que estoy escribiendo,
quede en juntarme con un compadre para
que me ayudase a instalar unos juegos,
el loco no llego.
No fue hasta que pose mi mirada en las lejanas cordilleras
cuando mi mente quedo anonadada con un blanco perfecto, entre azules de las
piedras que resaltaban, coronando su blanco con un cielo
embravecido de color negro, anunciando
pronta nevazón,
pensé en como hubiera sido si la noche me
hubiera encontrado caminando
desapercibido por aquel alto cerro cerca del pueblo con su punta
teñida en el perfecto blanco de las nieves deslizantes
que bajan desde las altas nubes.
Respiro del aire helado y me acurruco en mis vestimentas,
siento el regocijo de este paisaje, acelero el paso
y me dispongo a caminar rápido para llegar a plasmar tan inolvidable momento,
calenté algo de arroz, ese que tengo para comer toda la
semana, para abrigar mi cuerpo, como lo hice una vez atrás cuando cociné porotos para siete días.
1960
Cargando comentarios...