Siempre pensé que el miedo a la muerte era sólo innato a la persona.
Pero he descubierto que todo ser sintiente tiene miedo al tránsito.
Hagamos la prueba ¿Qué daría usted por deshacerse de ese mosquito que no para de acosarle cuando no tiene flix? De seguro que se levantará ojeroso y enojoso e intentará cargarse a tan inoportuno ser vivo.
Cómo no le acierte en el acto, de seguro que huirá como Alma que intenta llevar el Diablo.
Los toros y las vacas, se acoplan, mientras son subidos a los camiones de la muerte, cómo intento último de hayar gracia ante sus verdugos, a quienes denominaremos matarifes.
Cuando un perro tiene miedo a la muerte, esconde el rabo entre sus patas traseras y tiembla. Como en la persona, también los hay que se despiden con orgullo y mueren.
Pero jamás se me borrará de mis pupilas el pánico que pasó un pobre cerdo que vivo aún, lo desollaron y colgaron, atadas sus patas, de un gancho  en un matadero español de este siglo. El pobre ser sintiente manifestó su terror con el trasero y las imágenes sacadas por TVE, me asquearon de tal forma que me estoy planteando hacerme vegiano.
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