En la plataforma del pabellón quirúrgico, tras la luz potente, mi consciencia se hizo humo y apareció un espejo con mi malogrado retrato, semejando una pantalla de entretenimiento mientras el profesional hacía su trabajo.
También en ese cuadro había más; estaba gran parte de mi vida, junto a toda mi familia y mis amigos, y estabas tú llorando angustiada, despidiéndome con un blanco pañuelo y lanzando un puñado de tierra sobre mi cara.
En un túnel negro interminable me fui sumiendo lentamente y me vi gritando desesperado: ¡No es esto lo que quiero..! Devuélvanme, por favor, al comienzo…
Una mano suave y un rostro angelical de una muchacha humedecían los labios secos de mi boca y me decía con dulzura: Tranquilo, cariño, que desde aquí no te irás a ninguna parte.
Era mi esposa haciendo de enfermera.
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