Estando en el fango,

encontré tu voz.

Me llenaste de miedo

pues eras mi reflejo.

Mismas heridas.

Mismas lágrimas.

Mismo dolor.

Solo el contexto y

la lengua eran distintos.

Te miro, y me miro a mí misma.

Tus ojos reflejan la misma oscuridad 

que guarda los míos.

Tus versos gritan la misma rabia

que mis letras sangran.

Somos tan iguales y

a la vez tan diferentes, amor mío.

Mientras tus cadenas son de oro,

las mías son de acero inoxidable.

Mientras tu corazón está remendado.

el mío lo zurzo en cada momento.

Mientras tu alma vaga cansada,

la mía corre desesperada.

Dos destellos rotos.

Dos mentes trastornadas.

Unidos por el mismo dolor,

separados por el vasto océano.

En el país de la eterna mañana

y en el país del realismo mágico,

dos bríos se encuentran sin saberlo.

Sufriendo en la penuria.

Llorando en la soledad.

Pero con el corazón latiendo

con la misma intensidad.

Y anhelando fervientemente...

el calor de un par.

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