Mi situación de ingreso
Me encuentro en una pequeña sala junto a un desconocido que permanece derrumbado en el rincón de la mesa. Mantengo la mirada fija en el televisor. De pronto, un grupo de estudiantes acompañados por un médico a quien conocí hace poco. El doctor se dirige directamente a mí y me pregunta si aceptó ser entrevistado por los alumnos. Siento una ligera incomodidad, pero la complacencia me gana y termino aceptando, a pesar de mis intentos por escapar de la situación usando como pretexto el constante dolor que tengo en el estómago hace varios días, pero no lo logró.
Los estudiantes se presentaron, eran tres jóvenes uno de ellos me comenzó a realizarme algunas preguntas.
“Osvaldo Martínez así me llamo, tengo 51 años, llevo aquí unos 4 o 5 días. Hace unos días llegué a este lugar porque fui golpeado y me dejaron tirado en la calle, unas personas me trajeron” . Vi cómo los jóvenes anotaron varias de mis respuestas y entre ellos empezaron a preguntar más acerca de mí. Empecé a hablar abiertamente sobre mi alcoholismo, contándoles que desde los 13 años soy un buen bebedor y de salidas con mis amigos me resulta bastante agradable hablar de ello. Les explico que soy provinciano, aunque vivía en otro lado —no me sale bien explicarles de dónde—, y les confieso cómo me aleje de toda mi familia: mi padre, madre, esposa e hijos. Actualmente trabajo en un vivero como albañil y vivo junto con unos compañeros de trabajo.
Luego de contarles acerca de mi vida me preguntaron cómo me sentía, que me pasaba les indico que hace mucho tenia dolor en el abdomen hace mucho tiempo y que cada vez era más fuerte , que sentía como la barriga se me está hinchando, al punto de impedirme trabajar, sobre todo cuando se me sumaban constantes dolores de cabeza. Me preguntan si tomo medicamentos o si me hago controles periódicos. Sinceramente, les confieso que hace años me recetaron pastillas para la presión pero decidí dejarlas y hace mucho que no pisaba un hospital; la última vez fue por un dolor de rodilla donde los médicos me sugirieron operarme, pero tuve que rechazar la opción porque no tengo obra social, no me podía permitir costear la operación y mucho menos dejar de trabajar en el vivero, mi patrón no me permitiría tanto tiempo fuera. Así fui charlando de muchas cosas con esos estudiantes y el doctor de vez en cuando soltaba algún comentario con gracia y sonreímos en conjunto, sin embargo una pregunta me evocó un mal recuerdo “¿había venido anteriormente a este hospital?” cual hospital ? Este no era un hospital era solo una sala -respondí- guardo muy malas experiencias del hospital Romero. Les aclaro rotundamente que jamás volvería a ese lugar y que por eso mismo vine a esta sala donde estamos ahora.
Noto a los estudiantes un poco confundidos. Me preguntan si sé bien dónde me encuentro.
—Sí, claro —les respondo. Vine a esta sala para lidiar con mi problema con el alcohol.
No cuestionan más sobre eso y cambian de tema. Me consultan si siento que me falta el aire. Les cuento que en estos últimos años ya no puedo caminar tanto como antes, y que ahora hasta estar sentado se me hace complicado. Les hablo de lo mucho que me gustaba jugar al fútbol con mis compañeros del laburo para ganarnos alguna que otra birra. Continúo hablando felizmente de aquellos días donde podía disfrutar de esas actividades.
En ese momento, el médico interviene un poco y me pregunta si he estado durmiendo bien. Le respondo que estoy agradecido de poder quedarme dormido en este sitio, aunque suelo levantarme por las noches. Me consulta si tengo sudoración nocturna o molestias por el dolor. Le digo que sí, pero dudo un poco; me siento un poco incómodo al responder.
Entonces el doctor me hace una pregunta peculiar. me consulta “ha visto algún bicho grande durante la noche”. La pregunta no me sorprende en absoluto.
—¿Es común que pase eso? —le pregunto—. En las últimas semanas he sentido cómo si algo me estuviera molestando en la pierna. De hecho, me molesta más eso que el mismo dolor de estómago o la falta de aire.
Los estudiantes se quedaron callados por un momento pero después de un rato mientras charlaban con el doctor. me preguntan si me ha pasado más de una vez. Les explico que no en otras ocasiones he sentido a ese bicho en mi cuello, intentando ahorcarme, que cada vez lo sentía como algo grande. los estudiantes quisieron cuestionarme más sobre ello pero la verdad no logro comprender bien sus preguntas además quería poder hablar de otras cosas mas en vez de ello.
El médico interrumpe un poco más y me pregunta si voy frecuentemente al baño. Le confirmo que sí, claro; vivo mal del estómago. Le agrego que cada vez me cuesta más ir: tiemblo mucho, me tambaleo al caminar y me exige un gran esfuerzo, empezamos a hablar un poco de mis comidas y otras cuestiones. ¿Te han hecho algún estudio? —me preguntan.
—Sí —les respondo—, pero no recuerdo bien para qué era. Me quedo hablando un rato más con el médico y los estudiantes sobre cómo viene siendo mi estancia. La charla se vuelve agradable por un momento pensé en pedir un rato más, hasta que el doctor dio el aviso de que es hora de retirarse, me pregunta si necesito alguna cosa. Le pido un par de objetos sencillos y finalmente se retiran, antes de que crucen la puerta se despiden de mí e igualmente con una sonrisa los dejo irse de esa sala.






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