Las calles quedaron vacías de huellas 
de aquella figura oscura sin nombre
que engullía vírgenes en su cena,
de la sangre obtenía sus acordes.
 
La melodía hacía sentirle único,
que con sangre virgen, tenía todo. 
Aunque nadie escuchara su concierto 
mucho eco producía su silencio.
 
Cuanta más sangre la boca más grande,
cuanta más angustia más aguantaba,
cuanta más incertidumbre más nombres.
 
Quién sabe como eras, a dónde fuiste.
Tú solo obtenías miedo en tu piel,
algún día una virgen hablará.  
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