Caminaba con mi psicodelia en el laberinto de pinos con montones de nieve, mi mirada perdida hacia las alturas mostraba mis ojos verde manzana maquillados con sombra mandarina, era una princesa de hielo rodeada de árboles en mi soledad. Mientras más me adentraba, más frustrada me sentía, desee llorar, pero no llore a pesar de que sinceramente me provocaba. Nada ni nadie merecía mis lágrimas, pues yo soy una princesa, nadie me destrona, nadie me quita mi lugar; estaba derrotada, pero si había algo seguro: nunca me iba a resignar.
Mi corona de oro de piedras naranja, adornaba mi cabellera rojiza, la princesa del invierno ahora se había convertido en la princesa del verano. El calor derritio el hielo de los pinos, mi vestido cambio de azul y blanco, a naranja y ocre en mezclilla con tul naranja pastel, mi corsé de tiras de seda me apretaba húmedo en sudor, la piel me ardió bajo el sol, era increíble el hecho de considerar la idea de resignarme, no lo aceptaba aunque se me mostrara la idea varias veces, el ambiente cambio al igual que mi vestido, afuera siempre había algo nuevo, pero por dentro estaba igual, finalmente le reste importancia a lo que me había traído a este laberinto, durante el trayecto decidí hallar la salida, más ahora reconsideraba la resignación, sabía que jamás me resignaría así que empecé a vagar en el laberinto de pinos.
Cada vez que avanzaba los pinos se hacían más pequeños y aparecieron arbustos con flores, mi vestido cambio a rosa, verde y blanco, busqué hallar un columpio con mi mirada soñadora y distraída, tome un segmento de mi vestido para no arrastrarlo y al doblar a mi izquierda halle una fuente y la salida de aquel laberinto rodeada de rosas, me acerqué a la fuente y observe mi tez clara, mis ojos azules, mi tiara de plata, mi cabello lacio y rubio; miré por unos momentos mi nueva imagen: esa mirada igual de pícara y esa cabellera igual de brillante aunque en otro color. Luego de reconocerme me dirigí a la salida, había logrado lo que tanto quería, abrí la puerta y descubrí que ya no era la princesa de invierno ni la de verano, ahora me había convertido en la princesa de la primavera.
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