Entre sábanas revueltas y ansiedades satisfechas,
       nuestros cuerpos, enlazados, celebran sus coincidencias.
       Mi mano, sobre tu pecho, baja lenta hacia tu vientre, 
      solo por acariciarte y no es eso lo que entiendes
     y tus intentos repites y otra vez quieres tenerme. 
      Un rayo de luz, curioso, se filtra por la ventana,
     la luna, que está de ronda, ilumina nuestra cama
     y cubre las desnudeces con una manta de plata.
    La noche ya está avanzada, los amantes se han dormido.
    Afuera, cae la lluvia y se oye el canto de un grillo.
 
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