Mi nombre es Lázaro
y “de Tormes” apodado;
soy huérfano de honra,
un  humilde pícaro.
He estado determinado
por mi infame ascendencia,
mi “vil” genealogía
ha torturado mis pasos.
Mi camino comenzó
con el ciego sabio,
causa de mi “despertar”  y
saqueo de mi inocencia.
Me he visto arrojado
en un mundo adverso;
sin afecto ni abrazos,
sólo hambre y agudeza.
He vivido un constante devenir
en la estancia con mis amos,
ninguno encarnaba un modelo
para corregir mis errores.
Mi único objetivo era ascender
en la escala social,
de la miseria a medrar
mediante diversos cambios.
Fui aguador y con este oficio
pude alcanzar la categoría
de hombre, con ropajes
y espada en amo.
Fue el arcipreste mi Salvador,
pues, por su grandeza,
pude superar mi condición.
Me brindó la opción de ser
pregonero de vinos y poder
entablar santo matrimonio.
Ahora, los rumores circulan
de barrio en barrio,
quieren despojarme de la paz
que no tuve en antaño.
Cuando alguien se acerca
refiriéndose a este “caso”,
le freno el discurso en pos
de mantener mi estado.
Mi señora no es manceba
y la honestidad viste su retrato,
nuestros intereses se aseguran
con la unión de ambos.
Por este motivo, Vuestra Merced,
le relato este, mi sendero,
desde el presente
reviviendo el pasado.
Soy Lázaro de Tormes,
un pícaro humilde
y de fortuna colmado.

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