Una avecilla canta 
desde mi balcón
y su plumaje baila
con las caricias del viento.
Se mece con la luz
que brinda el amanecer,
mientras mira con ternura
los pétalos de los claveles.
Desciende al estanque
a gran velocidad
y se sumerge en las sábanas
de sus aguas.
Se refresca al compás
de las gotas de la fuente,
bella imagen que alterna
monotonía y vitalidad.
Cuando las ranas
comienzan con sus oraciones,
la avecilla vuelve a la piedra 
de mi balcón.
Yo admiro tras las cortinas
el movimiento de sus alas,
los rayos alcanzan
la figura del colorín.
Sus pupilas encuentran las mías
y veo reflejadas
las armoniosas
ondas del agua.
Susurro, o quizás canto,
como la avecilla de las mañanas
en busca de una fuente,
de unas flores, de mi alma.
1560

Cargando comentarios...