¡La recordé! ¡Ah…es cierto!
1049 + SOPLO
Hoy, puedo decir y afirmar que la poética de suspiros ha concluido; comienza «el desparpajo del
embelesamiento», porque ella emergió de la nada y vino hacia mí sonriente, e inusitadamente feliz. ¡Ah…cierto!
¡Proust creó a Elstir, el pintor de la primera impresión! ¡Sí, es cierto! Mas debo confesar que, a cien metros, ella parecía una delicada gacela. A cincuenta, una hermosa cautiva con la distinción y esbeltez del cisne, y a diez metros, una bella, ágil, jovial mujer, deliciosamente viva.
¡Ah…cierto! ¡Manet sostuvo que la primera impresión supera cualquier realidad…! Es cierto. ¡Hoy
puedo afirmarlo; ¡sí, señor! Debo confesar que esa joven majestad que no reconocí, en primer momento por estar aturdido e inmovilizado, en la esquina de la calle, cedió ante el esplendor inimaginable de su presencia. Nada existe ya, a su alrededor. Ella es una luz extrañamente luminosa, y su sonrisa, un saludo, que hiere mi ignorancia, porque aún en el olvido admitido, ella está conservada con su figura, investigada en mi memoria: ¡La recordé! ¡Ah…es cierto! A primera impresión sin memoria…
Es así, pero estando ya muy cerca, la conmemoré como aquella adolescente saltimbanqui y despreocupada que, cinco años atrás, retozaba en el «Patio de los Artistas», llamando la atención por su plasticidad y belleza, en la obra…. El baile de los cisnes.
¡Oh, qué mutación tan extraña y rápida de esa joven!
¡Qué asombrosa velocidad tiene la belleza, que en su primera impresión… paraliza! Antes, era sólo una niña. Y hoy, una joven fresca llena de vida, caminando por la vereda, saludando con su gracia juvenil, inocente y deslumbrante. Debo confesar que esa primera imagen, duchada de beldad, debía aún encontrar su alma, que estaba —¡qué ironía! — en la palma de mi mano… y era una pluma. Tomándola, pude entonces escribir: «Que el suspiro poético de la nostalgia ha sido suplido por el entusiasmo de la vida, donde la maravilla del tiempo convirtió una niña saltimbanqui, en una preciosa joven de ballet en madurez.» Y yo…debo confesarme un devoto más, ahora, con reminiscencia de esa primera impresión.
GAVN




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