Un día me enamoré de la mujer más hermosa del mundo, desde entonces me considero el hombre más heterosexual del mundo. Mi cuerpo continuó su deterioro y jamás volví a ver semejante belleza.
Su nombre era Valeria, desfilaba con un vestido blanco frente a los ojos de un colegio entero. Eran las elecciones para la reina de primavera, no existía candidata a su altura. Saqué mi celular e intenté conseguir una buena foto, lo hice tras pelear un lugar en la multitud. Sigo teniendo inmortalizado el momento en el que ese ángel sonreía haciendo un gesto característico. Todos la veían, alguno silbaba, un grupo de chicos mayores reía por alguna broma interna. Pensaba en cuantas personas la verían y recordarían ese momento para siempre; solo una. El resto la perdería en su rutina, donde verían cosas de mayor interés. Para mí, no existía nada más importante que seguir viendo a Valeria. El tiempo se detuvo para siempre en esa fotografía, los años nunca pasaron para la mujer más hermosa del mundo.
Fuimos amigos, el factor necesario para volver a obsesionarme con una mujer. Esta vez Valeria, antes fueron otras. Fue un error haber planteado nuestra relación de esa forma, pues un hombre como yo no estaría a la altura de las circunstancias. Soy un cobarde, aun creyendo que tenía valor por decir lo que siento frente a frente, la realidad es que nunca me animé a ser lo que ella necesitaba. Renuncié a lo bonito de nuestra amistad, renuncié a la sonrisa matutina, renuncié a las charlas motivadoras, renuncié a sus dibujos… me guardé uno para recordarla; se trata del rostro de un gato morado. Tiene su firma, puedo hacerlo pasar por un autógrafo.
Con Valeria repetí el mismo proceso, y como se trataba de un cuento repetido, no estuve dispuesto a sufrir de la misma manera. Le compré un regalo y escribí una carta, tanto plan fue más para complacer mi deseo que para obtener éxito. Valeria estaría enamorada de un chico alegre, optimista, alguien que le ofrecería mejores oportunidades de futuro y de vida en general.
Valeria me rechazó, pero ella nunca fue una persona cruel. Me rendí fácilmente, continuamos nuestros caminos por separado. El año siguiente no volvería a hablar con ella, pero nunca perderíamos el estatus de “amigos”.
Deben saber que no soy para nada atractivo, ni de rostro ni de cuerpo, y se puede discutir lo desagradable de mi personalidad. Mi interés romántico no fue más que un potente deseo sexual. Es sencillo, por esa belleza yo y muchos hombres habríamos hecho locuras.
Tras un tiempo alejado, me encariñé a Valeria como persona. Con ella aprendí que la mejor manera de conocer a una persona es ir de fiesta con ella. Jamás le faltaría nada a una mujer así, pero tras muchísimos vasos de alcohol y largas horas de madrugada, crueles lagrimas caían de sus ojos. La vi llorar constantemente, noche tras noche, cuando me di cuenta del patrón comencé a esperarlo. La veía feliz, bailando y gritando con sus amigas, ella sabía que en algún momento se derrumbaría en su propia mentira. Fueron otros los que la consolaron, fui yo quien la acompañó a casa. Me gustaba caminar, ella vivía en el centro de la ciudad, era un punto que yo adoraba. Aun pudiendo ir a mi casa, siempre quería ir con ella. Charlábamos de nuestro futuro, de sus parejas y relaciones, de ciertas ocurrencias. Entendí que jamás podría tocar esa piel. Aun así, quería protegerla desde mi humilde lugar.
La única vez que pude consolarla, fue en nuestra cena de egresados. Después de haber hablado, tomado y bailado juntos en distintos tramos de la noche, la encontré en pleno llanto en el patio del lugar. Me acerqué y me senté a su lado, sin saber que decir recurrí a lo más típico
- ¿Estas bien?
Claro que no estaba bien. Me miró y comenzó a hablar de su abuelo, o abuela, no lo recuerdo. Ella tenía constantes miedos, esto podía volverla una persona complicada. Sé que de tantos novios que pasaron por esta etapa adolescente, no se llevó ninguno a la vida adulta. La abracé para que no se sintiera sola, no dije nada que pudiera quedarle en la memoria, solo fui uno más. Caminamos juntos a la salida, ella se fue con los suyos, yo por mi parte.
Dos años después la encontré por casualidad. Se veía igual, para ella el tiempo no pasa. Estaba con un chico alto, puede que su pareja. Valeria se veía feliz, eso me reconforta tanto que lo siento como una victoria personal.
Si alguna vez volvemos a encontrarnos, trataré de saludarla con una buena cara. Llegué a quererla lo suficiente como para no olvidarla jamás. Y así será. Imposible olvidar, aun siendo un anciano, a la mujer más hermosa del mundo.
No te mueras.Noche de inviernoOjos de gatoLos amaneceresbritneycomo debe sertips para cancionesSu nombre era Valeria, desfilaba con un vestido blanco frente a los ojos de un colegio entero. Eran las elecciones para la reina de primavera, no existía candidata a su altura. Saqué mi celular e intenté conseguir una buena foto, lo hice tras pelear un lugar en la multitud. Sigo teniendo inmortalizado el momento en el que ese ángel sonreía haciendo un gesto característico. Todos la veían, alguno silbaba, un grupo de chicos mayores reía por alguna broma interna. Pensaba en cuantas personas la verían y recordarían ese momento para siempre; solo una. El resto la perdería en su rutina, donde verían cosas de mayor interés. Para mí, no existía nada más importante que seguir viendo a Valeria. El tiempo se detuvo para siempre en esa fotografía, los años nunca pasaron para la mujer más hermosa del mundo.
Fuimos amigos, el factor necesario para volver a obsesionarme con una mujer. Esta vez Valeria, antes fueron otras. Fue un error haber planteado nuestra relación de esa forma, pues un hombre como yo no estaría a la altura de las circunstancias. Soy un cobarde, aun creyendo que tenía valor por decir lo que siento frente a frente, la realidad es que nunca me animé a ser lo que ella necesitaba. Renuncié a lo bonito de nuestra amistad, renuncié a la sonrisa matutina, renuncié a las charlas motivadoras, renuncié a sus dibujos… me guardé uno para recordarla; se trata del rostro de un gato morado. Tiene su firma, puedo hacerlo pasar por un autógrafo.
Con Valeria repetí el mismo proceso, y como se trataba de un cuento repetido, no estuve dispuesto a sufrir de la misma manera. Le compré un regalo y escribí una carta, tanto plan fue más para complacer mi deseo que para obtener éxito. Valeria estaría enamorada de un chico alegre, optimista, alguien que le ofrecería mejores oportunidades de futuro y de vida en general.
Valeria me rechazó, pero ella nunca fue una persona cruel. Me rendí fácilmente, continuamos nuestros caminos por separado. El año siguiente no volvería a hablar con ella, pero nunca perderíamos el estatus de “amigos”.
Deben saber que no soy para nada atractivo, ni de rostro ni de cuerpo, y se puede discutir lo desagradable de mi personalidad. Mi interés romántico no fue más que un potente deseo sexual. Es sencillo, por esa belleza yo y muchos hombres habríamos hecho locuras.
Tras un tiempo alejado, me encariñé a Valeria como persona. Con ella aprendí que la mejor manera de conocer a una persona es ir de fiesta con ella. Jamás le faltaría nada a una mujer así, pero tras muchísimos vasos de alcohol y largas horas de madrugada, crueles lagrimas caían de sus ojos. La vi llorar constantemente, noche tras noche, cuando me di cuenta del patrón comencé a esperarlo. La veía feliz, bailando y gritando con sus amigas, ella sabía que en algún momento se derrumbaría en su propia mentira. Fueron otros los que la consolaron, fui yo quien la acompañó a casa. Me gustaba caminar, ella vivía en el centro de la ciudad, era un punto que yo adoraba. Aun pudiendo ir a mi casa, siempre quería ir con ella. Charlábamos de nuestro futuro, de sus parejas y relaciones, de ciertas ocurrencias. Entendí que jamás podría tocar esa piel. Aun así, quería protegerla desde mi humilde lugar.
La única vez que pude consolarla, fue en nuestra cena de egresados. Después de haber hablado, tomado y bailado juntos en distintos tramos de la noche, la encontré en pleno llanto en el patio del lugar. Me acerqué y me senté a su lado, sin saber que decir recurrí a lo más típico
- ¿Estas bien?
Claro que no estaba bien. Me miró y comenzó a hablar de su abuelo, o abuela, no lo recuerdo. Ella tenía constantes miedos, esto podía volverla una persona complicada. Sé que de tantos novios que pasaron por esta etapa adolescente, no se llevó ninguno a la vida adulta. La abracé para que no se sintiera sola, no dije nada que pudiera quedarle en la memoria, solo fui uno más. Caminamos juntos a la salida, ella se fue con los suyos, yo por mi parte.
Dos años después la encontré por casualidad. Se veía igual, para ella el tiempo no pasa. Estaba con un chico alto, puede que su pareja. Valeria se veía feliz, eso me reconforta tanto que lo siento como una victoria personal.
Si alguna vez volvemos a encontrarnos, trataré de saludarla con una buena cara. Llegué a quererla lo suficiente como para no olvidarla jamás. Y así será. Imposible olvidar, aun siendo un anciano, a la mujer más hermosa del mundo.
La mujer más hermosa
11 de noviembre de 2021·5 min de lectura
Un día me enamoré de la mujer más hermosa del mundo, desde entonces me considero el hombre más heterosexual del mundo. M…
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