Y ahí estaba, subida en una roca mirando hacia el horizonte con una mirada firme y desafiante.
Sólo ella sabía lo que pasaba por su mente, y cual sería su próximo movimiento. 
Ella que desprende un aura de valentía e independencia. 
  
Viviendo una fantasía deseada desde su niñez, ella se veía reflejada en una guerrera, porque no se le puede llamar princesa a alguien que mantiene una batalla con el universo. 
Con una coraza fuerte como el hielo, se levanta y vuelve a armarse de valor para conquistar terrenos ajenos. 
Y con su voz bien alta, exclamó:
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