Todos sabemos que a lo largo de nuestra vida conservaremos unos dos o tres amigos verdaderos, del mismo modo en que sabemos que es más que suficiente. La soledad es uno de los mayores miedos en la sociedad de hoy en día, porque te ataca por dentro, te destruye y te influye, sea en mayor o menor grado, y en un intento de evitar caer en ella, el comportamiento de los adolescentes tiende mucho por el camino de las apariencias, las pretensiones y la hipocresía, y todavía sigue siendo una de las cosas que llevan a la fisura de verdaderas amistades por intentos de abarcar grandes conceptos de sociabilidad. Así, la sociedad adolescente está totalmente trastornada. Esta prefiere alardear de un gran grupo con amplitud social y sentir el vacío en su interior, que prescindir de las opiniones ajenas y tener una vida fundamentada en la complicidad con un reducido pero fiel círculo de amigos. Es exagerado, absolutamente desmesurado, que se den tales problemas de acoso por futilidades surgidas de la imagen social que uno mismo pueda ofrecer, ya sea voluntaria o involuntariamente. De este modo, tenemos que marcar una línea, ponerle límites a las atrocidades que se están cometiendo en el ámbito general de los adolescentes, o la locura acabará degollando a todas las mentes vigentes que todavía quedan en pie, haciendo fuerza contra los prejuicios, las manipulaciones ideológicas y sobre todo los trastornos mentales (y por consecuencia, físicos) de los que son víctimas chicos o chicas aleatorios por el simple hecho de no encajar en los moldes sociales comunes para los que se intenta deformar sus personalidades rebeldes que están todavía en un activo proceso de cambio y recepción de la realidad que no les va a recibir con los brazos abiertos, si no que en su lugar, si no lo evitamos, les dará a elegir entre la marginalidad y el conformismo.
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