La fantasmagoría.
Caminaba por todas las estancias Vaticanas, y decía: estos cuadros son míos, estas estatuas son mías, estos libros son míos, estos metales son míos. Pero que digo, porque ese hombre vestido de blanco está en mí sitio y yo sólo veo esta ataúd frío, quiero coger todo lo que es mío, deseo tocar mis cuadros, esculturas, vestidos; pero no puedo, sólo puedo verlo, no oigo lo que han dicho los que ayer eran los míos; no huelo los perfumes con lo que un día yo sentí su rocío; ¿será que no puedo agarrar lo que no está vivo?
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