La mansión Le Prince estaba rodeada por un bosque tan oscuro que, incluso durante el día, parecía no recibir suficiente luz.

Zoe Chevalier, de 19 años y apenas 1,53 metros de altura, llevaba diez minutos hablando sin parar.

—¿Por qué esta casa tiene tantos pasillos? ¿Y por qué todos los cuadros parecen mirarme? ¿Y por qué hace tanto frío? ¡Liam, responde!

Liam Le Prince permaneció sentado en su despacho.

Con sus 2,10 metros de altura, traje negro impecable y expresión seria, parecía más una estatua que una persona.

—Zoe.

—¿Sí?

—Silencio.

Zoe hizo un pequeño puchero.

—Eres demasiado serio.

Liam volvió a mirar sus documentos.

—Y tú haces demasiado ruido.

Ella sonrió.

—Entonces somos opuestos.

—Exactamente.

Zoe se acercó a su escritorio y apoyó los codos sobre la superficie.

—¿Sabes? Si sigues frunciendo el ceño así, un día se te va a quedar la cara arrugada.

Liam levantó lentamente la mirada.

—Aléjate de mis documentos.

—¿Por qué? ¿Tienen secretos? ¿O estás escribiendo cosas aburridas sobre acciones, contratos y gente que usa palabras como “rentabilidad”?

—Zoe.

—¿Sí, mi señor CEO de la oscuridad?

—No me llames así.

—¿Prefieres “gigante gruñón”?

Liam la observó en silencio.

Zoe sonrió con satisfacción.

—Ese te queda mejor.

Liam volvió a sus papeles, intentando ignorarla. Zoe, sin embargo, rodeó el escritorio y se colocó detrás de él.

—¿Qué estás haciendo?

—Comprobando algo.

—¿Qué cosa?

—Si de verdad eres tan alto como dicen.

Antes de que Liam pudiera detenerla, Zoe se puso de puntillas y levantó una mano junto a su cabeza.

—Sí. Confirmado. Eres absurdamente alto.

—Ya terminaste.

—No. Ahora quiero saber si también eres absurdamente serio cuando duermes.

—Zoe.

—¿Roncas?

—No.

—¿Hablas dormido?

—No.

—¿Sonríes alguna vez?

Liam la miró de reojo.

—No.

Zoe se llevó una mano al pecho.

—Qué tragedia. Estoy casada con un hombre que no sabe sonreír.

—Puedes solicitar el divorcio.

—No quiero. ¿Quién más va a cargarme cuando me canse de caminar por esta mansión?

Liam suspiró.

Zoe era la única persona que parecía no tener miedo de él.

Como CEO de una enorme compañía, Liam estaba acostumbrado a que todos midieran sus palabras frente a él. Pero su esposa hablaba de cualquier cosa: de los muebles, de la comida, de los fantasmas que supuestamente habitaban la mansión e incluso de sus corbatas.

—Por cierto —dijo Zoe, tomando una de sus corbatas—, esta es horrible.

Liam miró la tela entre sus dedos.

—Es una corbata de diseñador.

—Eso no significa que sea bonita.

—Devuélvemela.

—No.

—Zoe.

Página 2

—Te la devolveré si prometes usar una de color rosa mañana.

—No.

—Entonces me la quedo.

Liam se levantó de golpe.

Zoe retrocedió, aunque seguía sonriendo.

—No tienes que levantarte tan rápido. Me asustas.

—Tú empezaste.

—Yo solo estaba mejorando tu estilo.

—Mi estilo no necesita mejoras.

—Tu personalidad sí.

Liam se inclinó ligeramente hacia ella.

—¿Quieres seguir hablando?

Zoe levantó la barbilla.

—Sí.

—¿Incluso si te ordeno que te calles?

—Especialmente si me lo ordenas.

Liam cerró los ojos durante unos segundos, como si estuviera reuniendo paciencia.

Zoe aprovechó para colocarse la corbata alrededor del cuello.

—Mira, ahora soy el CEO.

—Te queda ridícula.

—¿Estás celoso porque me queda mejor?

—No.

—¿Porque soy más elegante?

—No.

—¿Porque soy más encantadora?

—Definitivamente no.

Zoe se acercó a él con una sonrisa traviesa.

—Admite que te gusta cuando te molesto.

—No me gusta.

—Entonces, ¿por qué todavía no me has echado de tu despacho?

Liam se quedó callado.

Zoe abrió mucho los ojos.

—¡Lo sabía!

—No sabes nada.

—Te gusta mi compañía.

—Eres insoportable.

—Eso no fue un no.

Liam le quitó la corbata con cuidado y volvió a colocársela.

—Ahora siéntate y no toques nada.

Zoe obedeció durante exactamente tres segundos.

Después tomó una pluma de su escritorio.

—¿Y esto?

—Zoe.

—¿Y este sello?

—Zoe.

—¿Y esta carpeta?

—Zoe.

—¿Y si escondo tus llaves?

Liam extendió la mano.

—Dámelas.

—¿Y si no quiero?

—Te las quitaré.

Zoe sonrió.

—¿Eso es una amenaza?

—Es una advertencia.

—Qué romántico. Deberías escribirlo en una tarjeta.

Liam le arrebató las llaves antes de que pudiera esconderlas.

Zoe soltó una carcajada.

—¡Eres demasiado rápido!

—Y tú demasiado problemática.

—Pero soy tu problemática.

Liam se quedó inmóvil por un instante.

Zoe también pareció darse cuenta de lo que había dicho, pero enseguida volvió a sonreír.

—¿Ves? Hasta te quedaste sin palabras.

—Solo estoy intentando entender cómo puedes hablar tanto.

—Es un talento.

—Es una maldición.

—Para ti, quizá.

Aquella noche, sin embargo, Zoe dejó de hablar.

Liam levantó la mirada.

—¿Qué sucede?

Zoe estaba mirando hacia la puerta.

—Escuché algo.

Un golpe resonó en el segundo piso.

Toc.

Después otro.

Toc.

Zoe se acercó lentamente a Liam.

—Tal vez fue el viento.

Liam se levantó.

—No hay ventanas abiertas.

Zoe se escondió detrás de él, aunque siguió hablando en voz baja.

—Si aparece un fantasma, tú te encargas.

—¿Por qué yo?

—Porque eres alto, serio y das miedo. Seguro que el fantasma se asusta de ti.

—No funciona así.

Página 3

—¿Cómo lo sabes? ¿Has hablado con muchos fantasmas?

Liam la miró por encima del hombro.

—¿Puedes guardar silencio durante cinco segundos?

—Puedo intentarlo.

Pasaron dos segundos.

—No puedo.

Liam suspiró.

Los dos permanecieron inmóviles.

Entonces escucharon una voz desde el piso superior.

—Zoe...

Ella palideció.

Era su propia voz.

—Liam... yo no dije eso.

—Lo sé.

—¿Y si es una versión malvada de mí?

—Sería igual de ruidosa.

Zoe le dio un pequeño golpe en la espalda.

—¡No es momento de bromear!

—Tú empezaste.

—¡Yo no soy un fantasma!

—Eso está por comprobarse.

—¡Liam!

Él tomó una linterna y caminó hacia las escaleras.

—Quédate aquí.

—¡Ni loca!

Zoe lo siguió.

—Te dije que te quedaras.

—Y yo decidí ignorarte.

—Eso no es una decisión inteligente.

—Pero es una decisión muy mía.

Cuando llegaron al segundo piso, encontraron una puerta que Liam aseguraba no haber visto nunca.

Estaba cubierta de polvo y tenía una pequeña placa dorada.

ZOE CHEVALIER — HABITACIÓN 19

Zoe tragó saliva.

—¿Por qué hay una habitación con mi nombre?

Liam no respondió.

Zoe se asomó detrás de él.

—Si dentro hay otra yo, te advierto que no pienso compartir el armario.

La puerta se abrió lentamente.

Dentro había una habitación idéntica a la de Zoe.

Pero sobre la cama había un retrato.

Era Liam.

Y junto a él aparecía una mujer que se parecía exactamente a Zoe.

Debajo del retrato había una frase:

"Toda esposa de la familia Le Prince desaparece antes de cumplir veinte años."

Zoe miró a Liam.

Por primera vez desde que lo conocía, el rostro del CEO perdió completamente su expresión tranquila.

—Ahora entiendo —murmuró.

—¿Qué entiendes?

Liam cerró la puerta.

—Por qué mi familia quería que me casara contigo.

Zoe frunció el ceño.

—¿Y no podías haberme contado eso antes de traerme a una mansión embrujada?

—No sabía que la casa estaba relacionada contigo.

—Claro. Porque normalmente las casas no tienen habitaciones con el nombre de tu esposa.

—Zoe.

—¿Qué? Estoy intentando procesarlo.

Desde el interior de la habitación llegó un susurro.

—Zoe...

Ella agarró la manga del traje de Liam.

—Creo que la casa acaba de decir mi nombre otra vez.

—Lo escuché.

—Dile que se calle.

—No creo que vaya a obedecer.

—Pues ordénaselo. Eres muy bueno dando órdenes.

Liam la miró en silencio.

—No es el momento.

—Nunca es el momento contigo. Ni para sonreír, ni para descansar, ni para usar una corbata rosa.

—¿Puedes dejar de hablar de la corbata?

—No.

Liam tomó su mano.

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—Entonces no te separes de mí.

Zoe miró sus dedos entrelazados y luego levantó la vista.

—¿Eso significa que estás preocupado?

—Sí.

—¿Mucho?

—Zoe.

—Solo pregunto.

—Mucho.

Ella sonrió débilmente.

—Sabía que te importaba.

—No empieces.

—No prometo nada.

Liam la miró con seriedad.

—Entonces no volverás a estar sola.

Zoe apretó su mano.

—Bien. Pero si me cargas, no me quejaré.

—No voy a cargarte.

—¿Y si me canso?

—Caminarás.

—¿Y si me duelen los pies?

—Caminarás más despacio.

—¿Y si me desmayo?

—Te llevaré.

Zoe sonrió.

—Entonces sí puedo desmayarme.

—No te atrevas.

—Qué mandón.

—Y tú qué molesta.

—Pero soy tu molesta.

Liam no respondió.

Zoe sonrió aún más.

—Otra vez te quedaste sin palabras.

Porque detrás de ellos, en el pasillo oscuro, apareció lentamente una segunda sombra.

Una sombra que no pertenecía a ninguno de los dos.

Zoe la señaló.

—Liam.

—La vi.

—¿Crees que también puedo molestarla?

—No.

—¿Y si le hago preguntas?

—No.

—¿Y si le digo que tiene mal gusto para elegir pasillos?

—Zoe.

—¿Y si le pregunto por qué se esconde?

La sombra avanzó un paso.

Zoe se pegó al brazo de Liam.

—Está bien, quizá no la molesto.

Liam se colocó delante de ella.

—Quédate detrás de mí.

—Pero si tú eres tan alto, no voy a ver nada.

—Ese es el objetivo.

—¿Y si me pierdo?

—No te perderás.

—¿Y si me aburro?

Liam apretó la mandíbula.

—Zoe.

—Solo digo que, si vamos a enfrentarnos a una sombra maldita, podrías intentar ser un poco más entretenido.

La sombra se detuvo.

Entonces una voz profunda llenó el pasillo.

—La esposa debe desaparecer antes de cumplir veinte años.

Zoe levantó la mano.

—Disculpa, ¿eso es una regla fija o se puede negociar?

Liam giró lentamente la cabeza hacia ella.

—¿Qué estás haciendo?

—Intentando ganar tiempo.

—¿Hablando con la sombra?

—Es lo que mejor sé hacer.

La sombra se inclinó hacia ellos.

—No puedes escapar.

Zoe se cruzó de brazos.

—Eso dicen todos los villanos antes de que alguien encuentre una salida.

Liam la tomó de la cintura y la apartó del pasillo.

—¡Liam! ¡Podrías avisar antes de moverme!

—No había tiempo.

—Siempre tienes tiempo para dar órdenes, pero nunca para avisar.

—Corre.

—¿A dónde?

—A cualquier parte.

—¡Qué instrucciones tan específicas!

Liam tiró de ella mientras la sombra avanzaba detrás de ambos.

Zoe seguía hablando, aunque ahora lo hacía entre jadeos.

—¡Si sobrevivimos, voy a redecorar toda la mansión!

—No.

—¡Y voy a pintar tu despacho de rosa!

—Ni se te ocurra.

Página 5

—¡Y voy a comprar corbatas horribles para todos tus empleados!

—Zoe.

—¡Y tú vas a sonreír al menos una vez al día!

Liam se detuvo frente a una puerta y la abrió de golpe.

Ambos entraron y él cerró con llave.

La sombra golpeó desde el otro lado.

Toc.

Toc.

Zoe se apoyó contra la pared, respirando con dificultad.

—Bueno... eso fue emocionante.

Liam la miró fijamente.

—¿Eso es todo lo que tienes que decir?

—También puedo decir que casi me muero.

—No vuelvas a hablarle a esa cosa.

—Pero funcionó.

—No funcionó. Solo tuvimos suerte.

—La suerte también cuenta.

Liam se acercó y comprobó que no estuviera herida.

Zoe lo observó con una sonrisa.

—Estás preocupado otra vez.

—Estoy comprobando que estés bien.

—Eso es estar preocupado.

—No discutas.

—No estoy discutiendo. Estoy celebrando.

—¿Qué celebras?

—Que el CEO de la mansión embrujada sí tiene corazón.

Liam apartó la mirada.

Zoe se puso de puntillas y le dio un pequeño toque en el pecho.

—Aquí está.

—¿Qué haces?

—Comprobando si late.

—Zoe.

—Late bastante rápido.

—Es por la carrera.

—Claro. La carrera.

Liam la miró con severidad.

Zoe sonrió.

—No te preocupes. No le diré a nadie que eres humano.

Afuera, la sombra volvió a golpear la puerta.

Toc.

Zoe se acercó más a Liam.

—Liam.

—¿Qué?

—Si esa cosa entra, ¿puedo esconderme detrás de ti?

—Ya estás detrás de mí.

—Sí, pero quiero hacerlo de forma dramática.

—No.

—¿Puedo gritar?

—No.

—¿Puedo seguir molestándote?

Liam la miró durante unos segundos.

Luego suspiró.

—Eso parece inevitable.

Zoe sonrió y se aferró a su brazo.

—Sabía que me querías.

—No dije eso.

—Pero tampoco dijiste que no.

Liam guardó silencio.

Y, por primera vez desde que habían entrado en la mansión, Zoe dejó de burlarse.

Solo durante tres segundos.

—Liam.

—¿Qué?

—Cuando salgamos de aquí, quiero dormir contigo

—¿Por qué?

—Porque la que tiene mi nombre parece peligrosa.

—Te daré otra.

—Y quiero que esté junto a la tuya.

Liam la miró.

—¿Por qué?

Zoe apoyó la cabeza contra su brazo.

—Para poder molestarte incluso cuando estés durmiendo.

Liam cerró los ojos.

—Eres imposible.

—Pero soy tu esposa.

La sombra volvió a golpear.

Toc.

Liam tomó la mano de Zoe con firmeza.

—Y no voy a dejar que nadie te quite de mi lado.

Zoe levantó la mirada.

—¿Ni siquiera una sombra aterradora?

—Ni siquiera ella.

—¿Ni siquiera si te ofrece una promoción?

—Zoe.

—Está bien, está bien. Ya me callo.

Liam la observó con desconfianza.

—¿De verdad?

Zoe sonrió.

Página 6

—No.

Y mientras la sombra seguía esperando al otro lado de la puerta, Liam comprendió que quizá la mansión no era lo más peligroso de su matrimonio.

Tal vez lo más peligroso era que, a pesar de todo, ya no podía imaginar su vida sin Zoe hablando, riendo y molestándolo a cada instante.

La mañana llegó demasiado tranquila.

Zoe abrió los ojos lentamente.

Durante unos segundos no recordó dónde estaba.

Luego vio el enorme dormitorio, las cortinas oscuras y la decoración antigua.

—Ah, cierto... la mansión embrujada.

Se sentó en la cama.

—¡Liam!

Nadie respondió.

Zoe frunció el ceño.

—¿Dónde se metió ese gigante?

Se levantó y salió al pasillo.

La mansión parecía completamente diferente durante el día. Los cuadros seguían siendo inquietantes, pero la luz del sol hacía que todo pareciera menos aterrador.

Zoe caminó hasta el despacho de Liam.

La puerta estaba abierta.

Él estaba junto a la ventana, hablando por teléfono.

—No quiero que nadie entre al ala este.

Hizo una pausa.

—Especialmente Zoe.

Ella abrió mucho los ojos.

—¡¿Especialmente yo?!

Liam se giró.

—Te llamaré después.

Colgó.

Zoe entró con los brazos cruzados.

—¿Por qué no puedo entrar al ala este?

—Porque es peligrosa.

—Eso no es una explicación.

—Es suficiente.

—No para mí.

Liam volvió a sentarse.

—Zoe.

—No.

—¿No qué?

—No voy a quedarme tranquila mientras todos me ocultan cosas.

Liam la observó durante unos segundos.

—Anoche encontraste una habitación con tu nombre.

—Exactamente.

—Y también escuchaste una voz.

—Exactamente.

—Entonces deberías entender por qué quiero protegerte.

Zoe se quedó callada.

—¿Protegerme de qué?

Liam no respondió inmediatamente.

Finalmente abrió uno de los cajones de su escritorio y sacó una fotografía antigua.

La dejó sobre la mesa.

Zoe se acercó.

En la fotografía aparecía una joven.

Tenía el cabello oscuro y una mirada tranquila.

Zoe sintió un escalofrío.

—Se parece a mí.

—Sí.

—¿Quién es?

—Éléonore Le Prince.

—¿Tu familiar?

—La primera esposa de mi bisabuelo.

Zoe volvió a mirar la fotografía.

—¿Y qué le pasó?

Liam bajó la mirada.

—Desapareció.

—¿Cuándo?

—Tres días antes de cumplir veinte años.

Zoe dejó de sonreír.

—Entonces la frase de la habitación...

—Es real.

Un silencio pesado llenó el despacho.

Zoe tomó otra fotografía.

Había otra mujer.

Y otra.

Y otra.

Todas parecían tener aproximadamente la misma edad.

—¿Todas eran esposas de los Le Prince?

—Sí.

—¿Y todas desaparecieron antes de cumplir veinte?

Liam asintió.

Zoe tragó saliva.

—¿Cuántas fueron?

—Diecisiete.

Zoe dejó lentamente la fotografía.

—Eso no puede ser una coincidencia.

—No lo es.

Página 7

Liam sacó un viejo libro encuadernado en cuero negro.

Lo colocó sobre la mesa.

—Mi familia llama a esto "el pacto".

Zoe pasó los dedos por la cubierta.

—¿Qué pacto?

—Hace más de doscientos años, uno de mis antepasados hizo un trato con algo que vivía en este bosque.

Zoe levantó una ceja.

—¿Algo?

—Nunca lo llamaron persona.

—Eso es tranquilizador.

Liam abrió el libro.

Las páginas estaban llenas de escritos antiguos.

—A cambio de riqueza y poder para la familia, debía entregarse una esposa cada generación.

Zoe lo miró fijamente.

—¿Y si no lo hacen?

Liam señaló una página.

—La familia pierde todo.

—¿Y tú aceptaste casarte conmigo sabiendo esto?

Liam cerró el libro.

—No sabía que el pacto seguía activo.

Zoe permaneció en silencio.

Por primera vez, su expresión perdió completamente su carácter juguetón.

—Entonces...

Miró la fotografía de Éléonore.

—¿Soy la siguiente?

Liam se levantó.

—No.

—Liam...

—No permitiré que ocurra.

Zoe lo miró.

—¿Y cómo piensas detener algo que lleva doscientos años?

Liam no respondió.

Porque en ese instante se escuchó un ruido en el pasillo.

Una voz.

—Dieciocho...

Zoe se quedó inmóvil.

Liam cerró el libro de golpe.

—No escuches.

—¿Qué fue eso?

—Nada.

La voz volvió a escucharse.

—Dieciocho...

Zoe palideció.

—Liam...

Él tomó su mano.

—Nos vamos.

—¿A dónde?

—Lejos de esta casa.

Pero cuando llegaron a la entrada principal, las enormes puertas estaban cerradas.

Liam intentó abrirlas.

Nada.

Zoe miró alrededor.

—¿Están trabadas?

—Sí.

—¿Puedes abrirlas?

—Debería poder.

Lo intentó nuevamente.

Nada.

Entonces todas las luces de la mansión se apagaron.

Zoe dio un pequeño salto.

—No me gusta esto.

Liam encendió la linterna de su teléfono.

Una figura apareció al fondo del vestíbulo.

Zoe se quedó detrás de él.

—Liam...

—La veo.

La figura no se movía.

Parecía una mujer vestida con un antiguo vestido negro.

Zoe susurró:

—¿Es Éléonore?

Liam no respondió.

La mujer levantó lentamente una mano.

Señaló a Zoe.

Después señaló las escaleras.

Y desapareció.

Zoe miró a Liam.

—Creo que quiere que la siga.

—No.

—Pero podría saber qué está pasando.

—No vas a ir.

—Liam...

—No.

Zoe cruzó los brazos.

—Eres demasiado mandón.

—Y tú demasiado curiosa.

—Entonces somos opuestos.

Liam suspiró.

—Exactamente.

Zoe sonrió apenas.

—Vamos juntos.

Liam la miró durante unos segundos.

Finalmente asintió.

Subieron las escaleras.

La figura apareció nuevamente al final del pasillo.

Esta vez, una puerta se abrió detrás de ella.

Era la puerta del ala este.

Liam se detuvo.

—Esto no tiene sentido.

Página 8

Zoe miró la oscuridad detrás de la puerta.

—Quizá ahí esté la respuesta.

—O una trampa.

—Probablemente ambas.

Liam tomó su mano.

—No te separes de mí.

Zoe entrelazó sus dedos con los de él.

—No pensaba hacerlo.

Entraron.

El aire era mucho más frío.

Las paredes estaban cubiertas de retratos antiguos.

Todos mostraban mujeres de distintas generaciones.

Todas tenían algo en común.

Todas miraban directamente hacia Zoe.

—Esto es muy incómodo —susurró.

Liam observó los cuadros.

—Nunca había visto esta parte de la casa.

Zoe se detuvo frente a uno.

Era el retrato de Éléonore.

Pero algo había cambiado.

En el cuadro, la joven ya no estaba sola.

A su lado había aparecido una segunda figura.

Zoe se acercó.

Era ella.

—Liam...

Él se colocó junto a ella.

Su expresión se endureció.

—Eso no estaba antes.

Zoe retrocedió.

—¿Cómo puede estar mi cara en un cuadro de hace doscientos años?

No hubo respuesta.

Entonces escucharon un susurro detrás de ellos.

—Porque ella ya estuvo aquí.

Zoe se giró.

La mujer del vestido negro estaba allí.

Pero esta vez podían verla claramente.

Su rostro era pálido y triste.

—¿Quién eres? —preguntó Zoe.

La mujer miró a Liam.

—Tu familia mintió.

Liam apretó la mandíbula.

—¿Sobre qué?

La mujer señaló el retrato.

—Ella no es la primera.

Zoe sintió un escalofrío.

—¿Qué significa eso?

La mujer miró directamente a Zoe.

—Tú tampoco eres la primera Zoe.

La habitación quedó completamente en silencio.

Liam se acercó a Zoe.

—¿Qué acabas de decir?

La mujer desapareció.

En el suelo quedó una pequeña llave antigua.

Zoe la recogió.

Tenía grabada una palabra:

RECUERDO.

Y, desde algún lugar profundo de la mansión, comenzó a escucharse una risa.

Una risa idéntica a la de Zoe.

Pero Zoe no estaba riendo. Capítulo 3: El recuerdo que no era suyo

La risa continuó durante varios segundos.

Era exactamente igual a la de Zoe.

La misma voz.

El mismo tono.

Pero Zoe no estaba riendo.

—Liam...

—Estoy aquí.

Zoe apretó la pequeña llave entre sus dedos.

—Dime que tú también escuchaste eso.

—Lo escuché.

—Perfecto. Entonces no me estoy volviendo loca.

Liam observó la llave.

—¿Dónde la encontraste?

—La dejó la mujer.

—No deberías tocarla.

Zoe levantó una ceja.

—Un poco tarde para decirme eso.

Antes de que Liam pudiera responder, la llave comenzó a calentarse.

Zoe la soltó.

La pequeña pieza metálica cayó al suelo.

Clinc.

En ese mismo instante, todos los cuadros del pasillo se iluminaron con una tenue luz.

Zoe retrocedió.

—Eso definitivamente no es normal.

Página 9

Liam se colocó delante de ella.

—Quédate detrás de mí.

—Sí, señor.

—No bromees.

—Estoy nerviosa.

—Lo sé.

La llave comenzó a girar sola sobre el suelo.

Después se detuvo frente a una puerta.

Una puerta que ninguno de los dos había visto antes.

Zoe miró a Liam.

—¿Otra habitación secreta?

—Parece que sí.

—Esta casa tiene demasiadas habitaciones.

Liam tomó la llave.

La introdujo en la cerradura.

Clic.

La puerta se abrió.

Dentro había una habitación pequeña.

No había muebles.

Solo un espejo enorme cubierto por una tela negra.

Zoe sintió un escalofrío.

—No me gusta ese espejo.

Liam entró primero.

—Quédate atrás.

—Liam.

—¿Qué?

—Hay algo escrito en la pared.

Él giró la linterna.

Sobre la pared había una frase:

"EL RECUERDO DE LA PRIMERA ESPOSA NO DESAPARECE."

Zoe se quedó mirando las palabras.

—¿Qué significa?

Liam no respondió.

Zoe se acercó al espejo.

—Tal vez deberíamos cubrirlo otra vez.

—No lo toques.

—No pensaba...

Zoe rozó accidentalmente la tela.

Esta cayó al suelo.

El espejo quedó descubierto.

Durante un instante, Zoe solo vio su reflejo.

Luego apareció algo detrás de ella.

Una joven.

Zoe se giró.

No había nadie.

Volvió a mirar el espejo.

La joven seguía allí.

Era Éléonore.

Zoe dio un paso atrás.

—Liam.

Él miró el espejo.

Su expresión cambió.

—No puede ser.

Éléonore levantó una mano.

La apoyó contra el cristal.

Zoe se acercó lentamente.

—¿Puedes escucharme?

La imagen asintió.

Zoe tragó saliva.

—¿Quién soy?

Éléonore señaló a Zoe.

Después señaló su propio reflejo.

Entonces el espejo comenzó a mostrar imágenes.

Una casa antigua.

Una mujer corriendo por un bosque.

Una familia reunida alrededor de una mesa.

Un hombre sosteniendo un libro negro.

Y finalmente...

Una niña.

La niña tenía el rostro de Zoe.

Zoe retrocedió.

—Esa no soy yo.

Liam permaneció inmóvil.

—No.

—Entonces, ¿quién es?

El espejo mostró una fecha antigua.

Después otra.

Y otra.

En cada una aparecía una niña con el mismo rostro.

Zoe empezó a comprender.

—No son la misma persona.

Liam asintió lentamente.

—Son descendientes.

—¿De quién?

Éléonore señaló su propio retrato.

Después señaló a Zoe.

Una frase apareció sobre el cristal:

"LA SANGRE RECUERDA LO QUE LA MEMORIA OLVIDA."

Zoe sintió un nudo en el estómago.

—¿Mi familia está relacionada con los Le Prince?

Liam no respondió.

—Liam.

—No lo sé.

—¡Pero tú sabías que algo estaba pasando!

—Sabía que existía una conexión.

—¿Y no me lo dijiste?

Liam bajó la mirada.

—Quería protegerte.

Zoe se quedó callada.

Luego suspiró.

—Odio cuando haces eso.

—¿Qué?

Página 10

—Decidir cosas por mí.

Liam la miró.

—No quiero perderte.

La expresión de Zoe cambió.

—Entonces deja de intentar protegerme manteniéndome en la oscuridad.

Liam permaneció en silencio.

Finalmente asintió.

—De acuerdo.

El espejo volvió a cambiar.

Ahora mostraba un pasillo.

Al fondo había una puerta roja.

Éléonore señaló hacia ella.

Zoe se acercó.

—¿Qué hay detrás?

La figura negó con la cabeza.

Después escribió sobre el cristal:

"NO ABRAS LA PUERTA ROJA."

Zoe frunció el ceño.

—Eso suena exactamente como algo que alguien diría para conseguir que yo abra una puerta.

Liam la miró.

—No.

—Solo estaba pensando.

—No vas a abrirla.

—Está bien.

Hubo un silencio.

—Probablemente.

—Zoe.

—¡Está bien!

El espejo se agrietó.

Crack.

Zoe dio un salto.

Liam la sujetó del brazo para evitar que tropezara.

Otra grieta apareció.

Después otra.

Y finalmente el espejo se rompió.

Detrás no había pared.

Había un pasadizo.

Oscuro.

Muy oscuro.

Desde el interior llegó una voz.

—Zoe...

Ella se quedó inmóvil.

—¿Otra vez?

Liam levantó la linterna.

—No es la misma voz.

La voz volvió a hablar.

—Zoe Chevalier...

Zoe miró a Liam.

—¿Cómo sabe mi nombre completo?

No hubo respuesta.

Entonces apareció una sombra al fondo del pasadizo.

Una silueta enorme.

Liam dio un paso adelante.

—Quédate aquí.

Zoe negó con la cabeza.

—No.

—Zoe.

—Esta vez voy contigo.

Liam la miró durante unos segundos.

Finalmente extendió la mano.

Zoe la tomó.

Caminaron juntos por el pasadizo.

Después de unos metros encontraron una puerta roja.

Zoe la reconoció inmediatamente.

—Es la puerta del espejo.

Liam negó.

—No exactamente.

Sobre la puerta había una inscripción:

"SOLO LA ESPOSA PUEDE ENTRAR."

Zoe abrió mucho los ojos.

—No me gusta nada eso.

Liam se colocó frente a la puerta.

—Entonces no entrarás.

Zoe miró la inscripción.

—Pero si yo no entro, nunca sabremos qué hay detrás.

—Encontraremos otra manera.

—¿Y si no existe otra manera?

Liam guardó silencio.

Zoe apretó su mano.

—No quiero que hagas esto solo.

—Tampoco quiero que lo hagas tú sola.

—Entonces entramos juntos.

Liam miró la puerta.

Después a Zoe.

—Juntos.

La puerta comenzó a abrirse por sí sola.

Un aire helado salió del interior.

Y, antes de entrar, Zoe escuchó un último susurro:

—Bienvenida de nuevo.

Zoe se quedó paralizada.

—¿De nuevo?

Liam la miró.

—¿Qué escuchaste?

Zoe tardó unos segundos en responder.

—Que ya había estado aquí.

Ambos cruzaron la puerta.

Y detrás de ellos, la puerta roja se cerró lentamente.

Clac.

Página 11

En la oscuridad, alguien comenzó a caminar hacia ellos. La puerta roja se cerró detrás de ellos.

Clac.

Zoe se quedó mirando el pomo.

—No me gusta cuando las puertas hacen eso.

Liam levantó la linterna.

—Quédate cerca.

—Estoy literalmente pegada a ti.

—Lo sé.

—Entonces deja de decirlo.

Liam no respondió.

El pasillo frente a ellos parecía no tener final.

Las paredes estaban cubiertas de fotografías antiguas.

Zoe iluminó una de ellas.

Era una fotografía familiar.

—Liam...

Él se acercó.

En la fotografía aparecía la familia Le Prince reunida frente a la mansión.

Había hombres, mujeres y niños.

Pero algo llamó la atención de Zoe.

En una esquina aparecía una muchacha.

Tenía exactamente su rostro.

—Otra vez ella.

Liam observó la fotografía.

—No puede ser.

Zoe tomó otra.

La misma muchacha.

Otra fotografía.

Otra vez.

—Está en todas.

—No son fotografías de la misma época.

Zoe se quedó callada.

Miró las fechas.

—Eso es imposible.

Liam tomó la fotografía más reciente.

La muchacha aparecía al fondo.

La fecha era de apenas dieciocho años atrás.

Zoe sintió un escalofrío.

—Liam...

—Sí.

—Yo nací hace diecinueve años.

—Lo sé.

Zoe miró nuevamente la fotografía.

—Entonces alguien que se parece a mí estaba aquí antes de que yo naciera.

Una puerta apareció al final del pasillo.

Sobre ella había un número:

19

Zoe se acercó.

—Ese es mi número.

Liam se interpuso.

—No sabemos qué hay dentro.

—Precisamente por eso quiero saberlo.

—No.

Zoe cruzó los brazos.

—¿Recuerdas que dijiste que no volvería a estar sola?

—Sí.

—Entonces entra conmigo.

Liam suspiró.

—Está bien.

Abrió la puerta.

Dentro había una habitación completamente blanca.

No tenía ventanas.

No tenía muebles.

Solo había una silla en el centro.

Sobre la silla había una caja.

Zoe se acercó lentamente.

—¿Crees que debería abrirla?

—No.

—¿Crees que voy a abrirla?

—Sí.

—Me conoces demasiado bien.

Zoe levantó la tapa.

Dentro había un diario.

La cubierta estaba cubierta de polvo.

En la primera página había una frase:

"Para la Zoe que llegue después de mí."

Zoe se quedó inmóvil.

—Esto es mío.

Liam tomó el diario.

—No.

—¿Cómo que no?

—La tinta es antigua.

Zoe pasó una página.

La letra era idéntica a la suya.

—Yo escribo así.

Liam la miró.

—Lo sé.

Zoe comenzó a leer.

La primera entrada decía:

"Si estás leyendo esto, significa que la mansión te ha encontrado."

Zoe tragó saliva.

Pasó la página.

"No confíes en los retratos."

Otra página.

"No creas todo lo que Liam te diga."

Página 12

Zoe levantó lentamente la mirada.

—Liam.

Él permaneció serio.

—Sigue leyendo.

"Él no conoce toda la verdad."

Zoe cerró el diario.

—¿Qué significa eso?

—No lo sé.

—¿Seguro?

—Sí.

Zoe lo observó.

Por primera vez, una pequeña duda apareció en sus ojos.

—Liam...

—¿Qué?

—¿Hay algo sobre tu familia que nunca me hayas contado?

Liam permaneció en silencio.

Zoe entendió la respuesta.

—Lo sabía.

—No es lo que piensas.

—Entonces explícamelo.

Liam dejó escapar un suspiro.

—Mi padre murió cuando yo tenía diecisiete años.

Zoe bajó la voz.

—Nunca me contaste eso.

—No quería hablar de él.

—¿Por qué?

—Porque fue él quien me enseñó que esta familia no era normal.

Zoe se acercó.

—¿Qué descubrió?

Liam miró el diario.

—Que el pacto nunca necesitó una esposa.

Zoe abrió los ojos.

—¿Entonces qué quiere?

—Una heredera.

El silencio fue absoluto.

Zoe miró el diario.

—¿Una heredera?

—Alguien que continúe la sangre de la familia.

—Entonces ¿por qué desaparecieron las esposas?

Liam respondió con voz baja:

—Porque intentaron escapar.

Zoe sintió un escalofrío.

—¿Y qué pasa si yo intento escapar?

Liam la miró directamente.

—No voy a dejar que la mansión te encuentre.

De repente, la habitación cambió.

Las paredes comenzaron a oscurecerse.

El diario cayó al suelo.

La puerta desapareció.

Zoe corrió hacia ella.

—¡Liam!

—Estoy aquí.

La habitación quedó completamente negra.

Una voz susurró:

—El heredero ya eligió.

Zoe agarró la mano de Liam.

—¿Qué heredero?

La voz respondió:

—Liam Le Prince.

Él se quedó inmóvil.

—¿Qué significa eso?

La voz continuó:

—El pacto no empezó con sus antepasados.

Zoe miró a Liam.

—Entonces, ¿con quién empezó?

La respuesta llegó desde todas las paredes.

—Con él.

Liam palideció.

Zoe apretó su mano.

—Liam...

Él no respondió.

La oscuridad desapareció.

La habitación volvió a ser blanca.

Pero ahora había una nueva fotografía sobre la mesa.

Zoe la tomó.

Era una fotografía de Liam cuando era niño.

A su lado estaba su padre.

Y detrás de ellos aparecía una figura oscura.

Zoe acercó la fotografía a la luz.

—¿Quién es esa persona?

Liam miró la imagen.

Su rostro perdió el color.

—No es una persona.

La figura de la fotografía levantó lentamente la cabeza.

Aunque era solo una fotografía...

parecía estar mirando directamente a Zoe.

Y debajo de la imagen apareció una frase que antes no estaba:

"NOS VEMOS ESTA NOCHE, ZOE."

La luz se apagó.

Y alguien golpeó tres veces desde el otro lado de la puerta.

Toc.

Toc.

Toc.

Zoe susurró:

—Liam...

Él apretó su mano.

—No abras.

Página 13

Pero entonces una voz idéntica a la de Liam habló desde fuera:

—Zoe, abre.

Zoe miró al verdadero Liam.

Él no había dicho una palabra.

Los dos comprendieron lo mismo.

Algo había aprendido su voz. —Zoe, abre.

La voz de Liam volvió a sonar detrás de la puerta.

Pero el verdadero Liam estaba frente a ella.

Zoe retrocedió.

—No pienso abrir.

La voz volvió a insistir.

—Zoe...

Liam levantó una mano.

—No respondas.

La puerta comenzó a temblar.

Toc.

Toc.

Toc.

Entonces el diario que estaba sobre la mesa comenzó a pasar sus páginas solo.

Una de ellas se detuvo.

Había una frase escrita:

"El pacto termina cuando el heredero rechaza el trono."

Liam la leyó varias veces.

—Eso es.

Zoe lo miró.

—¿Qué?

—Mi padre buscó durante años una manera de romper el pacto.

—¿Y nunca la encontró?

—No.

Liam cerró el diario.

—Porque estaba buscando una forma de destruirlo.

—¿Y no es eso lo que tenemos que hacer?

—No.

Liam miró hacia la puerta.

—Tenemos que negarnos a obedecerlo.

La puerta dejó de temblar.

El silencio volvió a la habitación.

Zoe respiró lentamente.

—Entonces hazlo.

Liam la miró.

—¿Qué?

—Rechaza el pacto.

—Si lo hago, puedo perder todo lo que mi familia construyó.

Zoe se encogió de hombros.

—¿Y de qué sirve tenerlo todo si tienes que vivir con miedo?

Liam permaneció callado.

Después sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Casi imperceptible.

Zoe abrió los ojos.

—¡Sonreíste!

—Ese es el detalle que notaste.

—¡Sí!

—Estamos a punto de enfrentarnos a una maldición familiar y tú estás celebrando que sonreí.

—Porque llevas toda la vida diciendo que no sabes sonreír.

Liam negó con la cabeza.

—Eres imposible.

—Pero funcionó.

Él tomó su mano.

—Vamos.

Salieron de la habitación.

El pasillo estaba completamente diferente.

Los retratos habían desaparecido.

En su lugar había una enorme puerta de madera.

Sobre ella aparecía el símbolo de la familia Le Prince.

Liam abrió la puerta.

Al otro lado estaba el salón principal.

Todos los antiguos retratos de la familia estaban reunidos allí.

Y frente a ellos apareció la sombra.

La misma que los había perseguido desde el principio.

Zoe sintió miedo, pero no soltó la mano de Liam.

La sombra habló.

—El heredero ha regresado.

Liam dio un paso adelante.

—No.

La sombra se detuvo.

—¿No?

—No soy tu heredero.

El aire de la habitación cambió.

Los cuadros comenzaron a agrietarse.

La sombra se hizo más grande.

—Tu sangre me pertenece.

Liam respondió:

—Mi sangre no es tuya.

La sombra avanzó.

—Entonces perderás todo.

Página 14

Liam miró la mansión.

Después miró a Zoe.

—Prefiero perderlo todo antes que entregarte.

Zoe bajó la mirada.

—Liam...

La sombra lanzó un fuerte sonido que hizo temblar las ventanas.

Los retratos comenzaron a caer.

Pero ninguno de los dos retrocedió.

Zoe recordó el diario.

—¡Liam!

—¿Qué?

—¡El pacto necesita que alguien lo acepte!

Liam entendió inmediatamente.

—Entonces nadie lo aceptará.

Zoe tomó el diario.

Lo abrió en la última página.

Había una línea en blanco.

Debajo aparecía una pregunta:

"¿Quién acepta el pacto?"

Zoe tomó la pluma que había encontrado dentro.

Liam la miró.

—¿Qué haces?

—Escribir la respuesta.

Zoe escribió:

NADIE.

El salón quedó en silencio.

La sombra comenzó a desaparecer.

Los retratos se deshicieron lentamente.

La mansión tembló.

Y luego...

todo quedó quieto.

La puerta principal se abrió sola.

La luz de la mañana entró por primera vez en años.

Zoe salió al exterior.

El bosque parecía diferente.

Los árboles ya no parecían amenazantes.

Liam salió detrás de ella.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Zoe respiró profundamente.

—Entonces...

Liam la miró.

—¿Sí?

—¿Eso significa que podemos irnos?

—Sí.

Zoe sonrió.

—Perfecto.

Comenzó a caminar.

Después se detuvo.

—Espera.

Liam la miró.

—¿Qué?

—Mi maleta.

—¿Qué pasa con ella?

—Está dentro.

Liam cerró los ojos.

—Zoe...

—No pienso dejar mis cosas.

—Acabamos de escapar de una maldición.

—Y yo no pienso perder mi ropa.

Liam soltó una pequeña risa.

Zoe se quedó completamente quieta.

—Lo hiciste otra vez.

—¿Qué?

—Te reíste.

Liam negó con la cabeza.

—No.

—Sí.

—No.

—¡Sí!

Por primera vez, Liam no discutió.

Simplemente siguió caminando.

Zoe corrió para alcanzarlo.

—¡Espera!

—Pensé que querías recuperar tu maleta.

—Ahora puedo hacerlo después.

—¿Por qué?

Zoe sonrió.

—Porque prefiero ir contigo.

Liam la miró de reojo.

—Eso ha sido sorprendentemente sensato.

—No te acostumbres.

Caminaron juntos alejándose de la mansión.

Pero ninguno de los dos vio lo que quedó atrás.

En una ventana del último piso apareció una silueta.

La mujer del vestido negro.

Éléonore.

Sonrió.

Y desapareció.

Sobre el escritorio del antiguo despacho de Liam quedó el diario.

La última página había cambiado.

Donde Zoe había escrito NADIE, ahora aparecía una segunda frase:

"EL PACTO TERMINÓ."

Y debajo:

"PERO LA HISTORIA NO."

A kilómetros de allí, Zoe hablaba sin parar.

Liam caminaba a su lado, escuchándola en silencio.

—Cuando lleguemos a casa quiero cambiar las cortinas, comprar una lámpara nueva y definitivamente necesitas más ropa de colores. También creo que deberíamos adoptar un gato...

Liam suspiró.

—Zoe.

—¿Sí?

—No cambies nunca.

Ella sonrió.

Página 15

—No pensaba hacerlo.

Y así terminó la historia de la mansión Le Prince.

Aunque, en algún lugar, una puerta roja permanecía cerrada.

Esperando.

Por si algún día alguien volvía a abrirla.

FIN.

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