La Despielada
La familia de Miguel lleva más de 8 meses sin salir de vacaciones, y ahora después de varios eventos tristes, estresantes y caóticos, se tomaron un justo descanso viajando por los cerros de Ahuaztepec, un viaje en camioneta en el cual se aventuraron Los padres de Miguel: Susana, y Javier, sus tíos: Julieta y Bernardo, sus primos: Alejandro, Erica, y el pequeño Francisco. Y, claro también se encontraban Miguel y su recién esposa Alicia. Se podría decir que era su “luna de miel”, Miguel y Alicia son una pareja joven. Tenían miedo de salir lejos de casa, por lo que Miguel propuso este viaje, Alicia, un poco en regañadientes aceptó, ya que ella quería por lo menos un viaje a la capital. Sin embargo, nos encontramos aquí, entre un pintoresco paisaje de nopales, enredaderas, un sol infernal, tierra y la constante sensación de que en cualquier momento salga una serpiente de entre los arbustos secos de este escaso ecosistema. Todos apretujados en la camioneta sintiendo el calor en todo su ser acompañado de música de banda. Esto termino por estresar a los tripulantes, haciendo que al chófer le ordenaran detenerse para estirar las piernas. Ya afuera todos se dividieron en grupitos, los adultos, el matrimonio y los primos.
- ¿Tienes sed Ali?, Para traerte agua
- Si por favor
- ¿Qué tienes?, Te veo rara
- …
- ¿Ali?
- No sé por qué aceptaste a venir aquí
- A mi familia le gustan este tipo de viajes
- ¿Y por lo menos han venido aquí antes?
- La verdad no, mi tío dijo que vio en internet que aquí hay una reserva de aguas cristalinas, se que se ve culero, pero por las fotos se ve bonita la reserva.
- Eso no me lo dijiste en un principio
- Ya, ven dame un beso
Los adultos sacaron cervezas y subieron un poco el volumen a la música
- ¿Se están peleando de nuevo?
- No, mira ya se están besando
- Es que ya me da pendiente por lo que pasó la otra vez
- ¿Qué, si estuvo feo?
- Pues la chiquilla terminó llorando, y el cabrón de mi hijo rompió una silla
- Que necesidad hombre, ¿Nomás por lo del perro?
- Pues disque lo querían mucho, duró lo que ellos de novios.
- Ya dejen de andar de víboras, ¿No sé cansan o que chingados?
Ambas, la madre y la tía son hermanas, por lo tanto tienen fama de “Adquirir, y compartir información con motivos de ocio”. Nunca paran de hablar de la gente incluso si tienen a la persona de la que hablan en frente. Los primos, por su parte, se divierten explorando la zona, tratando de encontrar algo interesante, y vaya que lo encontraron.
- ¡Alex!, ¡Alex!
- ¿Qué?
- ¡Mira lo que encontró Eri!
- ¿Qué pasó flaca?
- Encontramos unas ruinas
- No son ruinas Paco, ¡Un túnel abandonado!
- A la madre, está bien profundo
- ¿Nos metemos?
- Aguanta Paco, vamos a avisarles a los demás de esto.
- ¡Oigan, miren lo que encontramos!
Todos se acercaron al grupo de jóvenes, que por su tono de voz, podría decirse que encontraron algo interesante. Una vez todos reunidos frente al colosal túnel, se postraron un momento apreciando lo desolador y misterioso que lucía aquel lugar.
- ¿Entramos?. – dijo Javier
- Se ve peligroso, ¿Qué tal si salen marihuanos y nos asaltan? – Dice Julieta dando pasos hacia atrás
- Que van a salir marihuanos ahí mujer, no es que anden esperando gente por días a asaltarlos, por qué, ¿Ya viste el lugar?. ¡Está de la verga!, Seguro ni Dios ha pisado este lugar pitero. – Le contesta amablemente su marido.
- Bueno, yo proponía entrar con la camioneta, todos adentro, tal vez y hasta resulta un atajo a las aguas cristalinas.
Obviamente todas las mujeres en el grupo discreparon sobre la idea de Javier, parecía un lugar frío, y claro, en un lugar que parece oscuro y a tal profundidad, podría parecer ver qué algo o alguien se encuentra dentro, cosa que le sucedió a Alicia, cuando miraba fijamente el otro lado del túnel, entrecerrado los ojos creía que del otro lado el cielo era rojo, y, de tanto mirar fijamente ella vio como si alguien cruzara de lado izquierdo al derecho del puente caminando lentamente.
- Ali, ¿Estás bien?
Alicia respinga del susto, voltea y ya el grupo se encontraba subiendo la camioneta.
- Creo que vi algo
- ¿Qué viste?
- Vi a alguien cruzando el túnel de lado a lado
Miguel entrecierra los ojos centrándose del otro lado del túnel; incluso acercando la cara para tratar de enfocar más su vista, pero no vio nada fuera de lo común. Javier les suena el claxon haciendo que la joven pareja brinque del susto.
- Vámonos ya hombre
Ambos suben a la camioneta y Javier pone la marcha, sin embargo, justo antes de que entren al túnel, la camioneta se apaga.
- A chingau
- ¿Qué?
- Ya no prende esta madre
- ¿Si tiene…?
- Si mujer, tiene gas, le puse antes de entrar al cerro – le dice Javier a su esposa de forma pesada, haciendo que ésta refunfuñase y se cruzara de brazos. Esto estresa a Javier por lo que, ya molesto intenta encender la camioneta con movimientos bruscos y haciendo berrinche
- ¿No se deja o que? – Dice Bernardo de forma burlona.
- Pues no, no sé que chingados le pasa a esta chingadera, si ya le había hecho mantenimiento antes de venir.
- Mejor nos regresamos, ¿No? – Dice Susana de forma calmada a su ya molesto esposo que no deja de hacer su escándalo. Y claro, en lugar de tranquilizarlo, lo altera más.
- ¿Cómo chingados nos vamos a regresar si ni prende la chingadera esta?
- No me hables así Javier – le responde Susana con voz quebradiza
Javier no para con su necedad, por lo que lo único que se escuchaba en el ambiente eran sus quejidos y maldiciones, todos dentro de la camioneta miraban a otro lado ignorando lo sucedido. Finalmente Miguel abre la puerta de la camioneta y le dice a Alicia:
- Vamos a pie, ándale
Alicia no estaba de acuerdo, no quería bajarse de la camioneta, ya que ahí se sentía segura después de haber visto lo del túnel. Por lo que ella duda si darle la mano o no, y vio la cara de Miguel… Ya se estaba molestando.
- Ándale Ali – Insistió Miguel moviendo su mano. Finalmente, Alicia, con miedo le da la mano a Miguel
- ¿A dónde chingados vas Miguel? – Le dice Javier
- Vamos a entrar caminando
- No digas mamadas, regrésate órale. - Miguel da la vuelta y camina hacia el Puente. Alicia voltea a la camioneta esperando a que alguien los detenga, sin embargo, los primos bajan de la camioneta.
- Vamos con ellos, no les vaya a pasar algo – Dijo Alejandro – Vámonos Paco, ¿Vienes flaca?
- Si
- Vamos con ellos. – Dijo Bernardo, con tal de no ver más el problema marital incómodo que sucedía.
Bajaron todos de la camioneta, a acompañar a los muchachos, en cuanto se cierra la puerta. Javier da un llavazo y la llave termina rompiendose. Haciendo que Javier grite de ira
- ¡Me lleva la perra chingada!
Susana baja de la camioneta, ya no aguantaba el carácter de su marido. Una vez todos dentro del túnel y Javier aún en la camioneta, este último comienza a sentirse solo e incómodo, por lo que baja y se incorpora al grupo.
Una vez dentro, la atmósfera es abrumadora, hay una obscuridad total, tanto que Débora la luz al dar los primeros pasos. El silencio es roto abruptamente por un sonido que proviene de la camioneta.
- ¿Eso es?...
- ¿Música?
Deberías llorar
Deberías rogar
La virgen ya viene
Ni intentes escapar
Los brazos extendidos están
Los ríos de culpa se llenarán
A la mártir hay que liberar
Y al inocente vengar
Por sus pecados
Ustedes
Pagarán
En cuanto la música se detiene, la luz de la entrada del túnel se apaga, el grupo queda sumido en una atmósfera tan obscura como cerrar los ojos para dormir, no podían ver absolutamente nada, por lo que gritando, se pusieron de acuerdo para que cada quien se sujete de las manos y así continuar. Cada uno sujeto de ambas manos
- ¿Ya están todos?
- Si
- Ya, yo estoy sujeto a dos
- Yo también
- Bien, avancen pues
- Pero lento porfa
- Padre nuestro que estás en el cielo…
Solo el sonido de sus pasos los guiaba, si uno tropezaba el otro tenía cuidado, o no
- Hey, fíjate, me pisaste
- Avancen rápido hombre
- Venga a nosotros tu reino…
Unos sonidos peculiares se oían a lo lejos, el sonido se acercaba cada vez más y pudieron identificar de que ruido se trataba.
- ¿Son perros?, ¿Hay perros aquí dentro?
- Cuidado, no los vayan a morder
- Así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…
Todos sintieron cómo los perros les pasaban por las piernas, golpeando. Pero solo a dos personas les pasó algo diferente.
- Mamá, mamá ayúdame, un perro me está mordiendo
Se escuchaba como el perro gruñía con rabia.
- Ora pinche perro. Suéltame cabrón
Todos hicieron un alboroto, gritando y pateando lo que creyeron que era el objetivo, pero todos seguían sujetos con sus manos, si tan siquiera se pudiera ver sería una situación graciosa como todos pateaban a la nada o se pateaban entre si. En fin, se tranquilizó el asunto, y se dejó de escuchar ruidos de animal.
- ¿Están bien?
- Si, ya se fue el culero
- ¿Te duele mucho mi amor?
- Me duele mi pierna mamá
- Espérame papi, cuando salgamos te curo. ¡Apúrense hijos de la chingada, ¿cómo para chupar si son buenos?, cabrones!
- Y líbranos del mal, amén…
Al seguir caminando lo que ellos creían que era línea recta, sus pasos entorpecieron, habían una especie de bultos en el piso, por lo que tenían que caminar con cuidado para no caer y soltarse, a la vez un olor putrido agobiaba a la familia.
- Ora quien puso estos pinches costales aquí hombre
- ¿Es una prueba de obstáculos o que chingados?
- ¿Eso que huele es como a perro muerto?
Sin duda estaban asustados, a la expectativa de que otra cosa pueda sucederles. Las manos les sudaban y algunas de las mujeres lloraban en silencio, el niño era el único que lloraba en voz alta y su madre trataba de calmarlo, el humor de los adultos no ayudaba puesto que está tensión no los dejaba pensar claramente.
- Les dije que no entráramos carajo.
- ¿Y que piensas hacer ahora?, ¿Regresar?
- Ya no peleen, ya avanzamos buen tramo, y ya no hay nada que entorpezca el camino, pronto vamos a salir
- ¿Tu qué sabes pendeja, ya estuviste aquí o que?
- ¡No le hables así a mi mujer!
- Cállate cabrón que por tu culpa estamos aquí
Un sonido estridente de trompetas obliga a que todos se tapen los oídos para evitar que se lastimen, soltándose. Después de un tiempo quedó todo en silencio, cuando se recuperaron, pudieron ver qué la salida del túnel se encontraba frente a ellos, era resplandeciente y cegador, cuando recuperaron la vista, pudieron ver qué, cada uno de ellos se encontraban a dos metros de distancia separados unos a otros… ¿Quién o quienes estuvieron sujetos a ellos en todo este tiempo?
Al estar del otro lado del túnel, podían ver con claridad que era una copia exacta del otro lado, solo que sin camioneta, salvó por ese pequeño detalle todo se veía normal…
1. Aquel que alzó la piedra contra el inocente
- ¿Dónde estamos?
- Parece que regresamos al mismo lugar… Espera, ¿Y la camioneta?
- No hay marcas de llantas
- Ya dejen de alegar, mi niño está sangrando mucho, acompáñenme a llevarlo a un doctor.
- ¿Cómo lo llevamos si no sabemos dónde estamos, ni tenemos en que llevarlo
- Pero como les encanta discutir hombre
- ¿Alguien ya notó que los árboles están extraños? – Dijo Alicia mientras se acercaba a uno de estos con cautela, y lo curioso es que en efecto, los árboles tenían una forma peculiar, parecían tener forma del torso de la na mujer con los brazos abiertos.
- ¿Alguien los talló? – También se acerca Miguel.
- No… parece que así es la corteza… Así crecieron estos árboles.
Alejandro miraba a la distancia, entre la maleza algo se movía, pero cautelosamente, el muchacho tomó una roca y la lanzó a lo que creía que era alguien.
- ¿Qué haces Alex? – dice Erika
- Alguien nos espía, ¿si ves?
Erika pudo ver una silueta entre la hierba, por lo que toma una roca un poco más grande que la anterior y la lanza, está vez impactando, y haciendo que el merodeador salga de su escondite.
- N-no, no, traigo luz, traigo luz, Dartova me cuida, me cuida.
El espía es bastante peculiar, viste de pantalón formal color rojo, cinturón de cuero negro, camisa formal blanca, y corbata roja, lo que sin duda llamó más la atención es su rostro, sus ojos son saltones, grandes y viscos, su nariz pequeña, y sus labios desubicados, precisamente en lugar de mejilla izquierda tenía sus labios, los cuales movía con normalidad, cómo cualquier humano. La parte posterior de su cabeza tiene poco pelo, pero eso sí, bien peinado.
- ¿Qué dice el mensito? – Bernardo le pregunta a Javier, quien es el que está más cerca de el sujeto.
- Amigo, disculpa, ¿No has visto una camioneta roja por aquí?
- Pregúntale por un doctor, tu camioneta como quiera
- Los nueve, son nueve, dijo nueve, aquí están – Dice el extraño personaje mientras da vueltas en su eje y se da golpecitos en la calva
- ¿Qué pedo con ese wey?
- Vengan, los llevo, me mandaron aquí, es mi misión.
- ¿Está bien seguir a este extraño? – Le pregunta Alicia a Miguel, a lo cual Miguel le besa la frente y la tranquiliza. E interrumpe Susana.
- Calma chaparra, está mensito, esa clase de personas no hacen nada
A final de cuentas, al niño le aplicaron un torniquete improvisado, y lo llevan cargado, pronto el paisaje se ve más verde y claramente diferente al lugar donde provenía la familia, se podían ver dos cerros más a parte de donde ellos se encontraban, y justo en el centro, dónde los tres cerros nacen, se puede apreciar un pueblito, aquí se dirige nuestro peculiar grupo.
- Se ve extraño, ¿No podemos solo volver? – sugirió Miguel.
- Hay un pueblo cerca, si regresamos tardaríamos en atravesar el túnel, además, el último pueblo estaba como a 30 kilómetros, Paquito se puede desangrar en ese tiempo.
- Ni pedo me vuelvo a meter a ese pinche túnel, casi me cago
- Pero la herida de Paco no es tan profunda.
- Déjate morder entonces cabrón a ver si muy machito.
- Si Migue tampoco no mames
- A ver ya cálmense, primero vamos a ayudar a Paquito y a Alejandro y luego vemos lo de la camioneta.
- A mí no me duele tanto tía, nomás fue un rozón.
- Aún así hijo, para que no se te infecte.
La bajada al pueblo fue cansada, Paco ya se encuentra débil y dormido, la mamá no deja de preocuparse y algo más que añadir, solo para retroalimentación, los árboles siguen teniendo la silueta de una mujer, con la misma posición, tan perfecto y simétrico como la naturaleza lo permite. Poco a poco la flora del cerro se torna un poco más ausente para dar paso a pozos y sembradíos, al llegar al pueblo, las casas podrían describirse como “de ciudad”, una calle de tierra aplanada dividía dos secciones de casas de dos pisos, con jardín incluido, a los lados de la calle se encuentran unos pequeños canalitos de agua. Más adelante se podía ver un árbol enorme, que cómo pueden asumir, también tiene la forma de una mujer, está vez de cuerpo completo, el árbol es frondoso y muy verde. Detrás del árbol se puede ver una gran edificación, parece ser una iglesia.
Conforme la familia avanza en la calle, la gente sale de sus casas, todos vestían de la misma forma: Los hombres con zapatos rojos, pantalón rojo, camisa blanca y corbata roja, las mujeres por su parte, usaban zapatos de tacón rojo, y vestido rojo, todos parecen felices con la presencia de los forasteros, a lo cual, los pueblerinos sonreían y sacudían sus manos dándoles la bienvenida, algunos incluso aplaudían o silbaban.
- Ora, ¿De cuando acá los güeros viven en cerros?
- No hay… niños… ¿Nadie ve uno?
- Sacro Naviel… Sacro Naviel… los salvé, los salvé. – decía el hombre de aspecto raro que los espiaba, dando brincos y saludando a los pueblerinos.
Por su parte la familia no sabía que hacer, se sentían extraños al ver que la gente los trata de esta forma, y para no verse groseros, terminaron por replicar sus actos, devolviendo los saludos. La familia avanzaba en la calle, se podía ver qué había una vida amigable tanto para personas como para animales, ya que perros, gatos, puercos, cabras, burros, y otros animales de granja convivían con la gente. Julieta se acercó con una pareja; Hombre y mujer. Con el pequeño Paco en brazos.
- Disculpe, ¿hay un doctor aquí que pueda curar a mi hijo?
- Galadriel nos sana
- Galadriel nos sana
- ¿Quién?
- Galadriel, el lo sana a todo
- ¿Dónde está?
- En el templo
- ¿Me puede ayudar por favor?, Mi hijo necesita ayuda.
La pareja lleva a Julieta a el templo, Bernardo decide quedarse con el resto, discute con Erika, y esta termina acompañando a su madre y a su hermano con el mentado “Galadriel”.
Los pueblerinos rodean por completo al resto de la familia y llevándolos al árbol gigante, dónde alguien se encuentra sentado sobre una suerte de escenario o tarima al pie del árbol.
- Sacro Naviel, cumplí, los traje, aquí están.
La persona sentada, se pone de pie, y puede ver a el conglomerado de gente, y por un costado a la pareja escoltando a Julieta y Erika; esta persona viste ligeramente diferente al resto, Salvo que sus pantalones rojos tienen detalles dorados, al igual que su corbata, el cuello de su camisa es negro.
- ¡Bienvenidos!, estoy muy feliz de verlos, les agradezco su visita, déjenme ver a quien tenemos aquí. – Se detiene a observar a cada uno de los integrantes de la familia, ya que ellos estaban frente a la tarima.
- Ya veo, ¿a ti te lastimaron? – señala a Alejandro, y al momento los habitantes dicen al unísono: - ¡sálvelo Addanor! – Infinitamente glorioso es el poder de Addanor, venga joven, yo le sanaré sus heridas. – Los demás vuelven a decir al unísono – Salvación y perdón a ti.
- Vamos, no temas.
Alejandro miró a los demás y todos se veían confundidos, la gente seguía repitiendo la frase y el hombre arriba de la tarima extendía su brazo y animaba a la gente a qué siguieran con sus rezos. Finalmente, Alejandro decide subir, dándole la mano, la multitud aplaude y celebra la decisión de Alejandro, el hombre toma el brazo de el joven, alguien acerca una silla de madera y el hombre le pide a Alejandro que se siente.
- Dime Alejandro, ¿es lindo ser lastimado sin razón alguna?
Alejandro se queda atónito al saber que este hombre supo su nombre, la familia presente también se sorprendió, y más aún, después de las últimas palabras del hombre, la conciencia de Alejandro lo engañó, mostrando una cara de nervios, como si hubieran descubierto un secreto suyo.
- Alejandro, es de mala educación no responder las preguntas que te hacen.
- N-No es lindo
- ¡Claro que no es lindo!, es abominable creer que solo por estar aburrido te da derecho de abusar de una vida inocente. Aleluya Addanor.
- Somos ciervos de la luz – dijeron los pueblerinos.
- Maravillosa es la vida como para tratar de destruirla, ¿no crees Alejandro?
- Atados a tu vientre estamos Addanor.
- Quiero bajarme
- ¿Disculpa?
- Quiero bajarme de aquí por favor
- ¡Pero aún no te he sanado!
Los nervios de Alejandro incrementan, notándose ansioso y con sudor en la frente, moviéndose impaciente en la silla, queriendo correr. El hombre se colocó detrás de Alejandro, reposando sus manos en los hombros del joven.
- Eres un joven maravilloso, ¿Por qué lo hiciste?, ¿quién te dio el poder de quitar una vida?
- ¿De qué hablas? - Replica Bernardo
- ¡Claro!, no lo sabes. Tu hijo ayudo al asesinato de una inocente alma llamada “Tommy”
Miguel reacciona fúrico golpeando la estructura de madera con sus puños, Alicia por su parte mostro una gran expresión de sorpresa y al mismo tiempo tristeza.
- ¡Fuiste tu infeliz!, ¡Tu mataste nuestro perro!
- ¿Es verdad eso, Alex?
El resto de los miembros de la familia se miraron entre sí.
- Usted que sabe, viejo baboso, deje a mi hijo en paz, vente Alejandro.
Los pueblerinos tomaron a todos los miembros de la familia presentes en la tarima, comenzando una trifulca de jalones y golpes, finalmente la familia sucumbió ante la opresión del pueblo, finalmente el hombre se postro ante Alejandro, tomo sus manos y dijo:
- Estas manos fueron usadas para lastimar, y asesinar, no deben de existir tal especie de manos, son impuras y pueden causar más daño del que ya hizo. Es mi deber santo eliminar este mal.
Alejandro comenzó a llorar; sabia o, más bien, intuía lo que iba a pasar. El hombre tomó el dedo índice de Alejandro y tiró sin esfuerzo, y así de fácil se desprendió el dedo de Alejandro, haciendo que este soltara un grito agudo. Pareciese que no podía hacer nada al respecto por que solo se quedó ahí, viendo como obraba el hombre el cual miró fijamente a los ojos del joven inundado en pavor. El resto de la familia miraba con horror lo sucedido, Bernardo gritaba sin control mientras los demás contemplaban aturdidos.
- El pecado se extiende más de lo que uno cree, joven Alejandro, aun no admites tu pecado y eso solo empeora las cosas.
El hombre tira de la muñeca de Alejandro y de igual manera, de forma sencilla separa su extremidad del resto del brazo, la sangre de el joven se filtraba entre las tablas de la tarima, Susana se tapaba los ojos al ver la siniestra escena. El hombre de nuevo se coloca a espaldas de Alejandro, con sus manos toma su cabeza para moverla a voluntad.
- Dime Alejandro, ¿puedes ver esto? - Gira su cabeza a la derecha
- Si, lo veo
- ¿Qué vez?
- Veo paz, tranquilidad, ¿Es el cielo?
- Lo es amigo mío, ahora ¿Qué vez aquí?
- Es horrible, hay maldad y muerte
- Si no admites tus pecados no puedes cruzar a la luz, dime, ¿Qué escoges?
- ¡Quiero la luz!
- Buena decisión joven, ahora redímete
Alejandro se dirige a Miguel y Alicia. Sosteniendo su antebrazo que aún sangraba bastante.
- Yo asesiné a su perro, lo siento, quiero que sepan qué yo...
El hombre tomó a Alejandro de la cabeza y la jaló hacia atrás, de inmediato se desprendió de su cuerpo, cayendo frente a él joven matrimonio, salpicándolos de sangre, los pueblerinos gritaron de euforia mientras el hombre presentaba la cabeza ante el árbol. Bernardo gritaba de odio y tristeza.
2. Aquella que con su lengua distorsiona la realidad.
Julieta, Erika y el mal herido Paquito se encuentran frente al pilar principal del templo, esperando a la pareja de pueblerinos que los escoltaron, habían entrado a una habitación al fondo del templo. La arquitecta del lugar es carente, por decir mucho, en realidad mostraba muy poco de lo que fuera su religión, o lo que sea que veneran, salvo un pequeño cuadro, el cual mira Erika de forma muy detallada, se muestra una persona en lo alto de una colina, de rodillas frente una mujer con los brazos abiertos; sin piel, suspendida en el aire, con fuego marcando su silueta, y usando una corona de carne y ojos. El cielo de la pintura es escarlata y hay estrellas cayendo del cielo, a su vez, se pueden ver seres amorfos con trompetas. En la parte baja del cuadro hay una pequeña placa que dice “El sacramento de la traición recibe su juicio”
- Que andas viendo Erika – Dice Julieta, impaciente
- El cuadro, da miedo
- Pues no lo veas, mejor ve rápido y hablarles a los güeros, ya mi niño está muy frío.
- Si ma, voy
Erika va al fondo del templo, conde hay una enorme escultura de madera que adornan la pared a todo lo alto y ancho de esa pared, ¿De que será?, Si, una silueta de una mujer con los brazos abiertos. Erika se acerca a la puerta y ésta se abre sola, siendo la pareja quien la abre.
- Listo, Galadriel espera
- Solo venga usted y el niño, la joven puede esperar aquí.
Rápidamente Julieta llega a dónde están todos.
- Espérame aquí flaca, no hagas nada hasta que lleguemos.
- No mamá, aquí te espero
Al momento en el que Julieta entra la puerta se cierra de forma abrupta, del otro lado hay un pasaje de madera vieja, estrecha y mal oliente, a casa vieja y humedad, el pasillo es largo y la única iluminación son velas colocadas en el suelo.
- No sabía que se podían hacer hospicios en las iglesias.
La pareja no se inmuta, al parecer la ignoraron, después de caminar un rato, llegan a unas escaleras, dónde el olor se vuelve más presente, está vez a carne podrida.
- Oigan, no es normal que huela así, perdón por molestarlos, yo me regreso sola, gracias.
- Julieta, somos iguales a ti
- ¿Perdón?
- Al igual que tú, nosotros podemos distorsionar la realidad.
- No te entiendo, perdón
- Pudiste encubrir el pecado de tus hijos, y dirigir ese acto a la mártir
Pudiste evitar la atrocidad desde un principio, asumir tu responsabilidad y tomar cartas en el asunto. – Dijo la voz de una mujer, al voltear, Julieta se dio cuenta que era la pueblerina que la trajo, Julieta no lograba aprender como la mujer paso de estar frente a ella a estarlo a sus espaldas, el hombre, que estaba frente a Julieta, tomó el brazo de Francisco, y lo jalo de forma brusca, haciendo que Julieta pierda el equilibrio, y finalmente cayendo en las escaleras, no fue una caída violenta, pero no se salvó de recibir golpes en la cabeza y espalda, finalmente cayó en un piso de tierra, parecía húmeda y pegajosa, tenía un olor repugnante, se incorporó y miró a su alrededor, era un salón redondo, con paredes y techo de madera, todo iluminado con velas a nivel del suelo, en el centro se encontraban parados la pareja de pueblerinos, dándole la espalda a Julieta. Un sonido extraño se escuchaba cerca de donde se encontraba la pareja, sonaba algo parecido a “Nom, Nom, Nom, Nom”. Julieta no podía comprender nada de lo que pasaba, se encontraba un poco mareada por el golpe y el olor que emanaba este lugar.
- Oigan, ¿Y mi hijo?
- Esta ofrenda es el sacramento del incitador, su cuerpo está consumido por su pecado, no hay salvación para el.
- Nom, Nom, Nom, Nom
- Alabado sea Addanor
- Alabado sea Addanor
- Tenemos también al sacramento de la distorsión, sin embargo le queremos dar prioridad a usted.
- Nom, Nom, Nom, Nom
- Les estoy hablando, ¿no han visto a mi hijo? – Julieta se levanta, adolorida, es entonces cuando nota el necrótico panorama en el que se sitúa. Frente la pareja se encuentra un bulto de carne sin forma. Piel, tejido y músculos encimados y sin orden, aún con vida, solo se puede distinguir una especie de cuello y cabeza; la cabeza solo se distingue por ser lo único con cabello, no se sabe si de animal o humano, se pueden ver al menos nueve ojos, dos los tiene cerrados, el resto los tiene en partes al azar en la cabeza, de diferentes tamaños y colores, además tiene una protuberancia, cómo la trompa de un oso hormiguero, solo que los labios son como los de un humano, de esos labios solo se pueden escuchar los sonidos que a oídos humanos se escuchan como “nom, nom”, pero al parecer, para los habitantes llegan a ser enunciados completos. Alrededor de esta repugnante forma de “vida”, se encuentran desperdigados en el suelo; torsos y extremidades de humanos, muy pequeños para ser de un adulto, algunos aún parecen tener carne, otros están en los huesos. Peor aún, la pareja frente a Julieta tienen en sus manos al pequeño Francisco, ya muerto, el cual presentan a esta atrocidad viviente como ofrenda. A lo cual los labios podridos de la abominación reaccionan perforando la piel del costado del infante. Julieta se abalanza sobre la mujer jalándole el cabello. La agredida toma la muñeca de Julieta y presiona con sus dedos, destrozando por completo los huesos, convirtiendo su muñeca en un trozo de piel flácido, perforado con los huesos que solía cubrir, Julieta exprime sus pulmones soltando un grito de agonía. El hombre busca entre los cadáveres que decoraban el salón, redondo encontrando un pico y un gancho, ambos de acero. El hombre le da el gancho a la mujer. Julieta se rinde del dolor.
- ¡¿ Por qué hacen esto?!
- Tienes que reconocer tu pecado
- Addanor te perdonará
- ¿Pero mi hijo que hizo?, ¿Por qué le hacen esto?
- El comenzó con la tragedia, fue el primero que torturó al mártir.
- Ya que murió sin reconocer su pecado, su castigo será peor de lo que ya era
- ¡¿De que chingados hablan?! – Julieta se levanta amenazantemente. A lo cual, la mujer reaccionó rápidamente y clavó su gancho en la parte superior de la clavícula derecha de Julieta, con el impacto ella cayó en sus rodillas, de nuevo expresando su dolor.
El hombre, lentamente rodea a Julieta por su espalda, silbando y con el pico reposando en su hombro, la bestia amorfa seguía devorando las entrañas de su víctima, sin dejar de pronunciar “Nom, Nom, Nom”. Las lágrimas y la sangre de Julieta terminaron por entusiasmar a la pareja de ejecutores, haciendo que ambos silben y muevan las cabezas al compás de su silbido.
- Tienes una última oportunidad
- Addanor puede llegar a aceptarte
El hombre toma el cabello de Julieta y jala su cabeza para que mire hacia arriba.
- Mi hijo no hizo nada malo, se que el irá al cielo, no creo en sus pendejadas. Yo iré con mi hijo.
- Los necios no tienen lugar en el trono de Addanor.
- Tu gloria por siempre Addanor.
El hombre toma fuerzas y deja caer la punta del pico en la boca de Julieta, rompiendo sus dientes y llegando a su laringe, aún viva Julieta comenzó a hacer movimientos aleatorios y bruscos, el hombre jala el pico hacía el, logrando que la parte superior de la cabeza de Julieta se desprenda de su mandíbula.
- Cerramos por siempre el vórtice de mentiras e invenciones de esta pecadora.
- No volverá a insultar la continuidad de su creación, señor…
Ambos hicieron una reverencia al monstruo, quien ya había terminado de devorar al niño, su cuerpo ya se encontraba totalmente vacío. El asqueroso ser solo contesto con un “Nom, Nom”.
3. La que con su dedo crea injusticias.
Erica columpia sus pies en un banquito del templo, está comenzando a aburrirse, tararea una canción para acallar y tranquilizarse, aún se encontraba preocupada por los acontecimientos que han sucedido, sin duda algo le indica que algo obscuro está sucediendo, su mente la obliga a distraerse y olvidar que su hermano se estaba desangrando, aunado a eso, el hecho de que su mamá tarda mucho en regresar. Peor aún, lo que más le hizo perder la tranquilidad es ese cuadro, algo ahí la obliga a perder su mirada en tan torcida escena. Pronto se escucha el sonido de la puerta en la que entró su mamá, Erica se levanta de su asiento, y a quien ve salir es a la pareja que escoltó a su madre y a ella a este lugar. Su preocupación paso a ser pavor cuando vio que te lo hombre sostenía en su mano parte de la cabeza de su madre.
Lentamente Erica camina hacia atrás, cubriéndose la boca pare evitar vomitar, no fue suficiente, ya que terminó haciéndolo de igual manera, se recuperó y al levantar su mirada la pareja, con una sonrisa calmada y amable la miraron a los ojos, Erica tomó aire y corrió a la salida, al abrir la puerta del templo, notó que estaba atardeciendo, además que toda la calle estaba vacía, o eso parecía verse, salió rápidamente y rodeo el árbol y el pequeño escenario, notó que había sangre, al revisar si la pareja la seguía, notó que estaba completamente sola, finalmente, al dirigirse al camino de dónde fueron recibidos, pudo notar que unas ratas, del tamaño de un perro mediano salían de las canaletas que habían a los lados de la calle, todas las ratas se veían acumuladas por grupos, perdiéndose entre si, formando una amalgama grotesca de pelo en movimiento, los chillidos de las ratas son ensordecedores, con miedo, la joven camina entre las bolas de ratas, al verlas detalladamente pudo ver qué todas las ratas se están apareando entre si, concluyendo el bizarro espectáculo en algo vomitivo. El olor acompañado por los chirridos aunado al hecho de que los movimientos de las ratas terminan tocando la pantorrilla de Erica. Que con esfuerzo logra reprimir las ganas de gritar, cuando ella mira a su alrededor, ve que se han multiplicado los cúmulos de ratas y siendo difícil ver el espacio donde se puede pasar, en este punto, Erica entra en pánico y su llanto que llevaba acumulando desde que vio lo que quedaba de su madre, por fin se externó con un grito desesperado de auxilio.
- ¡Erica!, ¡¿Dónde estás?!
Con esperanza, Erica torna la mirada de dónde procedía aquella voz.
- ¡Alex!, ¡Alex!, ¡Aquí estoy, por favor ven rápido!
- ¡No te veo flaca!
- ¡Estoy entre las ratas, tengo mucho miedo, me duele el estómago bastante!
- Ya voy flaca – Pareciese que la voz se acerca, logrando que la pobre de Erica pase del terror a la ligera sensación de que alguien pueda salvarla de su situación.
- Aquí estoy flaquita, dame tu mano.
Una mano sale de entre dos pilas de ratas, Erica se mira temerosa, pero logra darle la mano, de inmediato la mano se cierra y de manera feroz jala a Erica entre las masas peludas; pudiendo sentir sus cuerpos moverse, sus colas, incluso rosar su cara en el hocico de una rata, al salir del otro lado, Erica vomita de nuevo, escupiendo pelos de animal y limpiándose la baba de rata que tenía en el rostro; cuando termina, mira hacia arriba, puede ver qué quien la salvó no era Alejandro, sino el anteriormente nombrado “Sacro Naviel”. Aquel que asesinó públicamente a Alejandro. Se observaron mutuamente por unos instantes, después el hombre muestra la mano amputada de Alejandro, para después tirarla al suelo. Erica lo contempla, para este punto, la mente de Erica no logra asimilar toda esta sucesión de eventos, está tan perdida en si, que solo se limita a temblar y tener los ojos tan abiertos como sus párpados lo permiten.
- Es cruel, ¿No?
Erica levanta la mirada, aún en estado de shock.
- Ver cómo tus esperanzas se derrumban en tus ojos, debe ser cruel… Dime, Erica ¿Te arrepientes de lo que hiciste?. Erica tiembla, su piel se eriza, y en silencio suelta una lágrima.
- Por favor Erica, si hay algo que me molesta en este mundo es la hipocresía, ¿Tratas en serio de demostrarme arrepentimiento?; Cuando tú sabes cómo disfrutaste ver cómo todo se desmoronaba. Te encanta ver y escuchar cómo el caos obra, y mejor aún, cuando tú cooperas con el. Erica se levanta, mira fijamente al Sacro Naviel y le dice:
- ¿Este es el infierno? – El sacro toma su mano derecha y le contesta de forma dulce:
- No pequeña, no eres tan afortunada…
Una de las ratas salta y con sus garras delanteras sujeta la cabeza de Erica, y le clava sus dientes, un par más la sujeta de las piernas y la mordisquea, pronto se quedó sin tobillos y Erica cayó sin parar de gritar. El sacro la miro en silencio, posteriormente le dijo:
- ¿Te arrepientes de tus pecados?, Es tu última oportunidad. Así podemos terminar rápidamente con esto.
- Me arrepiento, por favor, perdóneme.
- Mi encomienda es hacerlos confesar que se arrepienten, no de perdonarlos.
El sacro retorció la muñeca de Erica hasta arrancarla de su antebrazo.
4. El hombre que enmudeció sus ojos
Javier yacía en una especie de silo de granos, apenas tenía cinco minutos de haber despertado, ¿De que?, Pues al parecer de un golpe en la cabeza que lo dejo inconsciente, le dolía la lateral izquierda de su cabeza, al parecer está sangrando. Poco, pero lo hace. Solo estaba ahí, sentado en el piso, sin mordazas ni ataduras. Poco a poco se incorpora y mira detenidamente el lugar. A simple vista es un silo de un diámetro aproximado de cinco metros, dentro hay residuos de grano de maíz, el cual hiede a qué tiene mucho tiempo ahí y hay una capa gruesa de maíz en todo el piso, además de el hecho de que la puerta estaba cerrada, y que por más que empujaba, pateaba y golpeaba la puerta; esta no cedía, de ahí en más, todo parecía normal. Pero esto no era suficiente para Javier, sabía que había una salida y está dispuesto a encontrarla, encontró una pala, después de golpear la puerta con la pala, y vio que no funcionaba. Javier tiró la pala al suelo, al caer, por lo grueso de la capa de maíz, la pala quedó clavada en el suelo, y poco a poco cayó por completo, retirando un poco de maíz y dejando ver lo que hay en el piso. Cuando Javier quitó la pala vio que el piso era de metal, “¿Por qué?” fue la pregunta que figuró en su mente. Javier se motivó a retirar el maíz del piso, comenzó a ver rendijas, lo que hace pensar a Javier que tal vez hay una puerta bajo esos granos, al poco tiempo, retiró toda aquella masa apestosa para así, poder ver claramente que hay una puerta que da al suelo. Convencido de que está es su única salida no tuvo de otra más que bajar.
En cuanto Javier bajó las escaleras, visualizo un enorme pasillo levemente iluminado, pareciera no verse el fin de aquel lugar, salvo por un pequeño punto de luz. Así pues tanto las paredes, el piso y el techo parecían hechos de lámina, Javier emprendió la caminata, y en cuanto había dado ya unos cuantos pasos. Una voz burlona y peculiar le gritaba:
- ¡Callar no te vuelve santo!, ¡Callar no te vuelve santo!, ¡Callar no te vuelve santo!.
La voz parecía venir del otro lado de las paredes de lámina; el eco resonaba en todo el pasillo, esto incomodaba a Javier, le hacía sentir un miedo inexplicable. ¿Quizá se sienta observado?, ¿Vulnerable?. La voz no paraba mientras Javier mantenía su rumbo. Tembloroso y lento, pero no paraba, quería salir de ahí, pero no sabía que le esperaba al otro lado del pasillo. La luz tenue se volvía un poco más brillante en cuanto Javier avanzaba, pero se volvía pequeña y se movía hacia abajo, cada vez más al nivel del suelo.
- ¡Callar no te vuelve santo!, ¡Callar no te vuelve santo!, ¡Callar no te vuelve santo!.
Javier comienza a irritarse, seguía caminando mientras veía alrededor para ver si había alguna rendija, ventana o lo que sea para asegurar si alguien lo vigilaba; sin darse cuenta, termino golpeándose con el techo. “¿Cuándo fue que el techo se fue haciendo más pequeño?”; se preguntaba Javier, cómo medida precautoria colocó una mano en el techo para prevenir otro cambio abrupto. La luz de la salida mantenía si tenue brillo, pero su altura decrecía mientras Javier avanzaba. La voz seguía acosándolo, mientras Javier se limitaba a caminar, sus piernas notaban que cada vez más el techo se hacía pequeño, y se tornaba complicado avanzar por qué ahora no solamente se hacía pequeño el pasillo; ahora se hacía angosto, los hombros de Javier tocaban ambos lados del pasillo, del cual ahora Javier tiene que atravesar en cuclillas, después a gatas.
- ¡Callar no te vuelve santo!, ¡Callar no te vuelve santo!, ¡Callar no te vuelve santo!.
El sudor de Javier hacia un poco complejo la labor, que ahora se encontraba con el pecho en el suelo, el pasillo tenía el tamaño suficiente para arrastrarse, su cabeza apenas tocaba el techo y la tenue luz ahora se veía a la altura del suelo, y más cerca, por fin Javier puede sentir la brisa de la salida.
- ¿Puedes creerlo?, Nuestros valores se pierden cada vez más rápido, y deja que ya no les dan la importancia que deberían, ahora. A pesar de saber lo que son los valores y buenos modales, distinguir lo bueno de lo malo. Ahora simplemente toman decisiones conforme a lo que les favorece a cada quien, ¿no crees que es de temer?. El hecho de perder nuestra civilización por no seguir algo tan básico, como el hecho de ver algo atroz y no hacer algo al respecto para evitar más daños a las personas que nos rodean. ¡somos seres humanos caramba!, Todos debemos protegernos unos a otros, seamos iguales o diferentes, tengamos mismas filosofías o no. No entiendo en qué punto Dios nos permitió darnos las espaldas y pensar en nuestro beneficio, ignorar lo malo para mantener sana nuestra conciencia, ¿Es tan difícil ayudar a aquel que vemos en posiciones desfavorables?, ¡Retirando la mirada no solucionas nada!, El triste, el pobre, el hambriento, el herido no va a dejar de estarlo cuando dejas de verlo. Tu deber divino como ser humano es vivir y ayudar a vivir a la gente; Disfruta y comparte tus bienes para que alguien más disfrute de la vida.
Javier llega por fin al orificio dónde proviene la luz, desgraciadamente no puede ver bien ya que el orificio está a unos centímetros más a la izquierda que su ojo, aunado a esto, su cabeza queda justo , es decir, la parte superior de su cabeza topa con el techo y su barbilla queda a milímetros del suelo, además, el ancho del pasillo da justo el tamaño de sus hombros, sus brazos quedaron atoradas por debajo de su pecho, en una posición bastante incómoda, su nariz topa con la pared que tenía de frente, por lo que su ahora agitada respiración podía sentirla como aire caliente en toda la cara; al sentir esto, Javier intentó retroceder un poco, pero como se puede intuir por lo anteriormente mencionado. No pudo, quedó totalmente atorado.
- Creíste que voltear y pretender que lo que estaba sucediendo, no estaba sucediendo. A pesar de que sabías que era incorrecto, y aún así no hiciste nada. No puedo creer que ese comportamiento de “machote” sea tan frágil cuando estás solo con tu señora. Eres tan débil, vulnerable. Estás tan solo...
Al escuchar esto Javier se molesta, y se esfuerza por ver por el hoyo, esperando ver a quien le pertenece esa voz.
- No le hiciste un favor a nadie callando. Es más, tu silencio hecha a perder vidas.
Javier se esfuerza tanto para ver por el hoyo que se escucha un crujido de uno de los huesos de su cuello, ese crujido hace que un calambre doloroso recorra la espina hasta la punta de los pies. Finalmente puede ver, y a quien ve es nadie más que aquel hombre que se encontraba espiándolos en la salida del túnel. Se encontraba justo frente al hoyo, observando justamente directo al ojo de Javier, cómo si lo hubiera esperado todo este tiempo. Al ver esto, Javier sintió un pavor aún más fuerte al darse cuenta que este hombre sostenía unas pinzas en sus manos, y rápidamente las introdujo por el hoyo, llegando a su ojo expuesto, y de un movimiento brusco y sin cuidado, aunado a que Javier de nuevo intentó moverse para evitar el ataque, sin embargo solo logró que las pinzas entraran esquinadas, en diagonal; desgarrando los músculos Internos del ojo, incluso, con la fuerza que ejerció el atacante, logro apretar un poco el ojo, y así, fácilmente salió de su órbita. Javier gritó tan fuerte que las paredes le producían un eco ensordecedor para si mismo. El hombre jaló con fuerza y así desprendió por completo el ojo de Javier.
- Así es como te va a tocar vivir el resto de tu deplorable vida, solo, herido y con una larga lista de cosas de las cuales arrepentirse. No mereces perdón de los dioses. Eres un cobarde. Y tu castigo aún así queda corto…
Lentamente, el hombre que parecía ser débil, deforme, y estúpido, resultó ser un temible ser oscuro y cruel. Se aleja, dejando que Javier se quede solo, llorando y desangrándose, inmóvil. La luz se va apagando poco a poco, y ahora Javier se convierte en un sollozo penitente en la oscuridad.
5. El rostro de la corrupción
Lejos de donde nos encontrabamos, se puede ver un bulto humano corriendo despavorido entre la maleza del cerro, el sol se está ocultando y es difícil ver claramente. Es Bernardo, huyendo de cuatro pueblerinos, Bernardo trae consigo una escopeta. Se que tienen preguntas al respecto, pero tengan paciencia por favor. Sé lo mismo que ustedes. Eso sí, podemos ver qué, además de estar armado, podemos notar que tiene heridas pequeñas en el cuello, se ve fatigado ya que se encuentra descalzo, toma tiempos para tomar aire, y seguir corriendo. Reposa su gorda anatomía en los árboles, cuando ve que se acercan suficiente, sigue corriendo. Su camisa tiene sangre, pero parece no ser suya ya que tiene forma de salpicadura. Las cortadas en su cuello le arden ya que su propio sudor entra entre las cortadas, generando un dolor bastante molesto, cada que se detiene, trata de limpiarse, pero cada vez se siente peor, así que opta por rascarse, abriendo cada vez más las heridas. Así pues, Bernardo se detuvo a descansar y se tomó más tiempo de lo debido. Para cuándo se disponía a continuar, sintió como lo sujetaban de ambas muñecas, y lo jalaron con fuerza, su espalda golpeo el árbol donde reposaba, la escopeta cayó a un lado, lejos del alcance de Bernardo. Dos de los pueblerinos se situaron frente a el, con navajas largas un poco curveadas. Uno que se encontraba sujetándolo se veía más ansioso que el resto.
- ¡Déjenmelo, Déjenmelo!, Eh Pavoras, déjamelo a mí, por favor
- Sabes cómo es esto Cadaris.
- Pero, pero el mató a Jísua, era mi hermano, dime qué podré librarme de la ira con el por favor.
Otro de los pueblerinos intercedió:
- ¿Acaso estás sucumbiendo al pecado Cadaris?
- Para nada, solo… por favor… Déjame hacerlo – El hombre mueve erráticamente su navaja bajo el cuello de Bernardo, el cual solo se limita a jadear y toser por el cansancio.
- No hagas esto Cadaris, sabes lo que puede pasar.
- ¡No lo entienden!, ¡El cerdo mató a mi hermano!.
- Lo castigará Pavoras, cómo lo dijo Galadriel, ¿A caso estás en contra de lo que dictó nuestro profeta?.
- N-no, pero tampoco puedo quedarme de brazos cruzados. ¡Es mi hermano, Pavoras!, ¡Déjame cambiar de lugar contigo por favor!. – el hombre rompe a llorar
Entre el alboroto, Bernardo aprovecha que el hombre lloraba para salir de su agarre para asestarle un golpe a su otro captor mientras ejecuta un grito de guerra:
- Suéltenme pinches güeros jotos.
Rápidamente el hombre llorando alcanza el costado de Bernardo gracias a la daga que tenía. Bernardo se queja, y el llamado “Pavoras” se lanza hacia el atacante de Bernardo.
- ¡Pecador, pecador!. ¡Has ignorado la profecía de Galadriel!
- ¿Por qué actúa por cuenta propia?, ¿Qué le pasa?
- ¡Está corrupto por el cerdo! – Agrego el otro hombre que recibió el golpe de Bernardo.
Pavoras se sitúa arriba de su compañero, aquel que solo quería vengar el asesinato de su hermano.
- El mandato de Galadriel es sacro, y su desobediencia es castigada muriendo sin el perdón.
- Me siento satisfecho con mi acto…
A continuación, Pavoras apuñaló el pecho de el hombre.
- ¡Perdóname, fue lo que Galadriel pidió!, ¡Lo lamento!
mientras tanto, los otros dos hombres forcejeaban con Bernardo para colocarlo de rodillas y amarraron sus manos a la rama de uno de los arboles. Pavoras se incorpora, Bernardo se encuentra desorientado por los golpes que le propinaron.
- Pecado carnal, hombre que muestra su cínica naturaleza ante cualquiera que se cruce con su presencia. Pestilencia y crueldad encarnada…. Eres una decepción con conciencia.
Pavoras se coloca a espaldas de Bernardo, coloca lentamente sus dedos en la parte baja del mentón de Bernardo.
- ¿De que hablas cabrón?... ¡¿Hablas de mi?!
- Condenado desde antes de ser participe en la tragedia… hombre creado para la depravación y corrupción, destruyes almas para crearlas de nuevo con siniestros pensamientos..
El hombre cambia su tono de voz a algo más nervioso por lo que está por hacer; entierra sus uñas dentro de la piel de Bernardo y comienza a jalar la hacia arriba.
- ¿Qué haces culero?, Suéltame, ya no les haré nada.
La mórbida masa de Bernardo se retuerce. Las ataduras de sus muñecas comienzan a lastimar su piel, los otros captores reducen los movimientos de Bernardo jalando más fuerte las cuerdas que lo sujetan.
- ¡Mientes, blasfemas y ensucias la creación con tu simple existencia; acepta ya tu castigo si quieres ser parte del perdón.
- ¡Suéltame, por favor, hago lo que quieras!
Pavoras sigue jalando la piel, y cuando se le dificulta clava sus uñas entre el músculo y la piel, y excava para facilitar dicha labor.
- ¡Reconoce tus pecados!, ¡Reconócelos y acepta tu destino! – Grita Pavoras en aparente estado en shock; sus ojos están bien abiertos y se notaba nervioso de sobremanera. Quería terminar esto de la forma más rápida posible.
- ¡Está bien!, ¡Está bien!. ¡Engañe a mi esposa muchas veces!
La tortuosa situación parecía doler tanto al verdugo como al condenado. Ambos gritan cada que la piel se despegaba del rostro de Bernardo. Las muñecas del mismo sangraban y se encontraban hinchadas de las ataduras. Sus rodillas que recibían todo su peso estaban sangrando y con rocas enterradas en la piel. Pavoras se encuentra ya retirando la piel de los labios, y se apoya con un cuchillo para cortarlos. Bernardo grita y se mueve abruptamente haciéndose más daño. Sus propias lágrimas caían en sus músculos expuestos, se sentían como brea ardiendo. Al cortar sus labios de un tajo, Bernardo agita descontroladamente su cabeza, llorando y gritando.
- Sabes que no fue todo lo que hiciste, ¡Dime tu pecado!
Bernardo balbucea, nada de lo que dice es comprensible, para este punto, ya se encontraba débil por la pérdida de sangre.
- Fuiste cómplice en la tragedia, admite tu pecado y serás parte del perdón.
Sus balbuceos continuaban, pero bajaba la voz poco a poco, a la vez que su cuello cedía por el peso de su cabeza. Los pueblerinos se veían entre sí. Confundidos...
- ¿Está muerto?
- No lo se
- ¿Crees que lo que dijo sea aceptado para su perdón?
- No tengo idea.... ¿Pavoras?. ¿Estás bien?
Pavoras se encuentra en shock, respirando rápidamente, sus manos tiemblan y su voz comienza a tartamudear.
- ¿Lo-lo hi... lo hice b-bien?
- Cumpliste tu labor Pavoras, pero aun te falta recolectar el sacramento
Pavoras sonríe momentáneamente para de nuevo mantener su rostro en shock
- L-lo lo... lo h-ha.... lo haré
Con el cuchillo reanuda su labor, cortando la piel del pobre diablo de Bernardo. Y su nariz, llevándosela por completo; hasta los parpados corto, hasta llegar a la frente. Pavoras se detuvo un momento para mirar a sus compañeros, todos tenían miedo, finalmente, de un jalón, pavoras retira la piel del rostro de Bernardo, callendo al suelo en el proceso, sus compañeros lo levantan.
- Bien hecho hermano pavoras, lo hiciste bastante bien.
- S-si, lo hice.
- Regresemos con el sacro Naviel para entregarle el sacramento…
Los pueblerinos se alejan del despreciable cadáver de Bernardo, abandonandolo en la misma posición que en la que lo estaban sujetando.
6. La mente de la destrucción.
De nuevo nos encontramos en el lugar pestilente bajo el templo del pueblo, aquí podemos ver a Susana, Alicia, Miguel, el sacro Naviel y obviamente la cosa amorfa que habita el lugar. Susana, Alicia y Miguel están amordazados en unas sillas de madera, y al parecer todos se encuentran dormidos. A un lado de el sacro Naviel hay una mesa, dónde una manta cubre lo que hay arriba de la misma.
El olor pestilente a putrefacción hizo que poco a poco despertaran los amordazados, primero Susana, quien abrió los ojos, miró a su alrededor, vió la monstruosidad de carne, luego grito de miedo al ver que se movía y finalmente vomitó. Lo mismo hizo el joven matrimonio en el mismo orden, cuando todos terminaron su rutina de despertar el sacro Naviel se dirigió a sus invitados.
- El odio tiende a salirse de control, ¿No creen?... Tal vez piensen que sus acciones son justificadas por el simple hecho de que al hacerlo, ustedes tienen la satisfacción que buscaban…. Pero, ¿se han puesto a pensar en las personas que dañan en el transcurso?.... ¿Susana?
- ¿Yo que?
- ¿Te has puesto a pensar en el daño que has causado?
- ¿Qué insinúas culero? – intercede Miguel de forma abrupta.
- Estoy hablando con tu madre, no te metas.
- No sé de qué estás hablando.
- Bien, sabes que hagas lo que hagas no va a cambiar lo que te va a pasar, ¿verdad?, Así que por favor, responde lo que pregunte para que tengas una probabilidad mayor de ser parte del perdón.
- ¿Qué le vas a hacer?, Hijo de tu puta madre.
- Miguel ya cállate – le dice Alicia a Miguel. El se torna a Alicia de forma hostil.
- ¡¿Estás viendo cómo la amenaza?!, ¿Lo vas a permitir?
- ¿Sabes que le va a hacer?, No, ¿Verdad?, Entonces guarda silencio antes que nos hagan daño a todos.
- Sabía cómo debía ser… Muy bien Susana, por favor confiesa tu pecado, tenemos poco tiempo…
Susana se veía acorralada, se sentía juzgada y observada, esto le dio pánico y lágrimas salían en reacción a lo que le pasaba por la cabeza.
- La odio… odio a la gente que trata de hacerse pasar por alguien de mi familia, mi familia es lo que más amo y no dejaré que una mugrosa llegue a mi casa y me quite a mi hijo, y peor aún me caga mi hijo por ser tan pendejo para ver algo en esa pinche morra miada y volver con ella después de todo mi esfuerzo. Si, planee todo y no me arrepiento…. Miguel, trate de protegerte todo lo que pude, pero tú pendejes excede mis capacidades, haste responsable de tu mierda…
Un incómodo silencio gobernó el salón, Miguel miraba con enojo a su madre, y volteaba preocupado a ver a Alicia. Ella solo se limitaba a ver un punto muerto en la sala con un rostro neutral.
- Bien, creo que con eso basta…. Eso cuenta como confesión, ¿Verdad Galadriel?
- Nom, Nom, Nom.
El sacro Naviel se acercó a Susana.
- ¿Qué vas a hacer pendejo? – dijo Miguel colérico.
El sacro Naviel pone su mano en la frente de Susana.
- ¿Estás lista?
- Si…
Con la otra mano sujeta las mejillas de Susana y con la mano en la frente comienza a hacer esfuerzo, coloca el pulgar justo en medio de la frente hasta que esté penetra la piel. Para esto Susana grita del dolor e intenta soltarse de sus ataduras. Miguel grita desesperadamente y Alicia mantiene su postura. El sacro Naviel pasa su mano de las mejillas en la coronilla del cráneo, con sus dedos hace presión en las sienes de Susana, brota bastante sangre de la herida que le provocó en la frente. Así pues, de un golpe justo en la parte más alta de la cabeza, un sonido seco como si algo se hubiera roto, los ojos de Susana se van para atrás y una parte de su cráneo se hunde, de ahí el sacro Naviel con sus propias manos abre más la herida hasta dejar expuesto el contenido de la cabeza. Para este punto Susana dejó de hacer ruido alguno o de moverse. Miguel solo veía con terror la escena, siendo incapaz de procesar lo que veía. Tranquilamente el sacro Naviel retiró la materia dentro de la cabeza de Susana. Justo en ese momento, por las escaleras llegan los ejecutores de Bernardo, acompañados de el hombre extraño de la boca fuera de su lugar. Ambos con lo que parecen ser recipientes en sus manos cubiertos de una tela púrpura.
- Agradable momento para encontrarlos.
- Agradecemos la bienvenida de nuestro líder y nuestro profeta. – dicen al unisono los hombres, mientras hacen una reverencia.
- ¿Tienen otra vasija para el sacramento?
- Tengo una señor
- ¿Me la permites?
- Claro, claro, tenga
Miguel, desconcertado mira esta extraña interacción tan cortez dentro de este decadente y putrefacto escenario. Finalmente el sacro Naviel deposita la materia de Susana en el recipiente, y entre todos los pueblerinos presentes colocan dichos recipientes en la mesa mientras intercambian palabras.
- Ali… Alicia…. Por favor mírame, por favor… ¡Oye!, ¡Alicia!....
- Miguel…. ¿De que hablaba tu mamá?...
- ¿De que?
- Menciono algo sobre “hacerte responsable de tu mierda”
- Si, la escuché
- ¿Puedes decirme que es esa mierda?
- Alicia, amor, ahora no es momento de hablar de eso, debemos aprovechar para irnos
- Claro, pero primero contestame
- No es el momento, hazme caso por favor
Alicia mira a Miguel de forma retadora.
- ¿Es en serio?.... Yo ya te dije todo lo que pasó
- ¿Por qué siento que me has mentido todo este tiempo?
- Te juro… te juro que no te he ocultado nada de lo que pasó.
En ese momento, los pueblerinos se taparon los oídos, un estruendo hizo que todos excepto Alicia calleran al suelo, y en el caso de Miguel, que no podía ni taparse los oídos, comenzaba a sangrar, y gritaba del dolor. Pero para Alicia, ella no sentía nada, solo los veía a todos como se retorcían, la grotesca “voz” de el monstruo sin forma sonaba entre los estruendo pero para Alicia era claro, sobre todo por qué ella escuchaba claramente:
- Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom… (No se preocupe por favor, tenga paciencia. Con gusto le mostraré la verdad, tal cual sucedió)….
7. La atrocidad.
Sábado por la tarde, caluroso, con un sol brillante, pero para Susana era presagio de que pronto llegará su hermana con sus hambrientos y cansados hijos, que regresan del catesismo, pero por desgracia, Susana se atraso por andar viendo la novela. El perro comenzó a ladrar, señal que pronto llegarán, apenas tenía las verduras cortadas, afortunadamente para Susana, estaba de buenas por lo que no estaba estresada. La puerta se azotó, y entra gritando el pequeño Paco.
- ¡Ora pinche perro latoso, cómo chingas!
Los niños avientan sus libretas y libros dónde pueden en el patio, y buscan una sombra dónde sentarse, ya que después de estar todo el día bajo el sol, los tiene agotados. Julieta guarda las mochilas en sus cuartos, y va con Susana para ver el avance de la comida.
- Ya me anda de hambre
- A mí también…. Paco, ve a ver si ya vamos a comer.
- Aguanta tantito Erica, vez que ando bien cansado – el perro no deja de ladrar.
- Andale Paco
- ¡Que no!, ¡ve tu!, Yo siempre voy.
- Ve o le digo a mi mamá que le levantaste la falda a Rosita hoy en el rezo.
Resoplando, Paco se levanta, y mira al perro, que seguía ladrando.
- ¡Ya cállate!
El perro se limita a acercarse un poco a el niño y le ladra, cosa que irrita al niño y hace el gesto de quererle pegar, Alejandro lo detiene.
- Ya Paquito, ve con mi mamá, a lo mejor el perro tiene hambre también.
Por el otro lado, las dos hermanas se “apuran” a hacer la comida.
- Es que me estresa, ¡No sabe hacer nada!, Y tú dijeras “mínimo pregunta”, ¡pues no!, Esa mula nomás no sabe ni poner la ropa en la lavadora.
- Ay, si te entiendo, a mí me estresa que siempre está callada y le dice a Miguel que hacer cuando ella quiere algo.
- ¡Es que ni se esfuerza nada!, Quiere que todo se lo den sin que ella se esfuerce… pásame el perejil… Te digo, no se acomide a nada, no es buena ni para decir “en que les ayudo”
- Tia, que si ya está la comida por qué ya tenemos hambre
- Todavía no hijo, vete a jugar.
- ¿Les ayudo a algo?
- ¡Que no, hijo ya vete a jugar que nos estorbas!
- ….
- Yo creo que esa niña le anda chantajeando a tu hijo
- ¿Cómo?
- Que nomás se aprovecha de el pues
- Es que los dos están pendejos, ni disfrutan estar juntos, los dos se la pasan chambeando, nomas se ven un rato en la mañana, otro ratito en la noche y ya, y si, yo siento que como que lo chantajea por qué mi hijo no es tan callado como es ahorita. Esa cabrona me lo anda matando.
- ¿Y que vas a hacer?
- ¿De que?
- ¿Vas a permitir que siga chupando la vida de tu hijo?
- No pos no… pues a ver qué hago, pero voy a salvar a mi hijo de esa cabrona…
Ya en el patio, Alejandro intenta alimentar al perro, el cual está inquieto, y no para de ladrar, de su desesperación; Alejandro toma un puño de croquetas y se lo restriega en la cara al perro, por lo que el perro responde con una mordida que hace sangrar a Alejandro, y este se aleja.
- Andale por andar de pallasito. – dice Erica en tono burlón.
- Pues pinche perro no se calla.
Paco, al ver esa escena, llega corriendo enojado, y le suelta una patada al perro, haciendo que este rebote en la pared, Alejandro, dejándose llevar por la euforia del momento, réplica la acción de paco. Los chillidos del perro, hicieron que las hermanas suspendieran sus actos. Solo estiraron un poco los cuellos para ver qué estaba pasando. Cuando esto no funcionó, optaron por la lógica decisión de trasladarse al lugar donde provenían los ruidos. Al llegar, las hermanas vieron como Alejandro sostenía un ladrillo por ensima de su cabeza, y con fuerza la dejó caer sobre la cabeza del perro, terminando súbitamente sus chillidos. Hubo silencio un momento, todos miraban sin decirse nada, entonces Julieta dijo:
- Ya metanse a comer…
Los niños, jugueteando cómo si nada fueron rápidamente dentro de la casa, Erica se acerca a las hermanas y le dice a su tía:
- Pues, creo que esta es la oportunidad que buscas para que Miguel se moleste con Alicia…
- ¿Perdón?
- Querías que eso pasara, ¿No?, Que ellos se pelearán
- ¿Tu qué sabes?
- Eres bien obvia tía, le tienes mucho coraje a Alicia.
- Ni es cierto
- Si eres bien obvia Susana, nomás falta que le digas en la cara
- Pues si, ¿Y que?
- No pues solo les digo que esta es una buena oportunidad para que los separe. Ese perro lo querían un chingo, si le hechamos la culpa a Alicia si se la cree.
Todos se fueron a comer, el día pasó y todos se pusieron de acuerdo para el movimiento de Susana y su oportunidad de “desapendejar” a su hijo. Ya en la noche llegó Miguel, algo no estaba bien, sobre todo por qué el primero en recibirlo es Tommy. Confundido lo comenzó a llamar, y le silbaba. “tal vez anda jetón” pensó Miguel, pero ya pasó mucho tiempo y no aparece su perro, finalmente llega a la sala y ve a su mamá y a su tía tristes, al ver a Miguel, Julieta se cubre la boca y suelta un lamento.
- ¿Que traen?
- Es que….
Miguel mira alrededor
- ¿Han visto a Tommy?
Julieta comienza a llorar
- Ay hijo me da mucha pena decirte…
- Pues díganme y se les quita la pena
- Es que Alicia llegó en la tarde y le pegó a tu perro bien feo
- ¿Alicia?.... ¿A qué hora?
- Ay pues no me fijé hijo, no soy bitácora
- ¿Dónde está Tommy?
- Allá en la lavadora
- Te lo desgració todo mijo. – le dijo su tía a lo lejos.
Miguel llega y ve a su perrito cubierto por una tela blanca, sus piernas comenzaron a temblar Miguel dudaba si descubrirlo. Pero prefirió conservar la imagen de su perro coleteando con la lengüita de fuera que verlo con el cráneo destruido. Tomó una pala y comenzó a excavar en el patio trasero, confundido y molesto, soltando lágrimas y quejidos. Cuando terminó, fue por Tommy y lo agarro desde la parte de abajo, y su corazón latió abruptamente al notar la ausencia de vida en aquel amiguito que conoció desde ser un bebé, su perrito ya tenía el rigor mortis. Lo tomo con el mismo cariño que lo acariciaba, fue tan cuidadoso al colocarlo en su tumba como cuando lo cargaba, vio que el agujero quedaba justo al tamaño, por lo que Miguel dijo con su garganta hecha nudos y sus ojos rojos de tanto retener sus lágrimas:
- Lo siento, nunca había hecho una tumba… espero estés cómodo panzoncito…
Miguel tapó el cuerpo de su perrito, torturandose la memoria con los momentos que pasaron juntos, siendo esto el detonante para que al fin Miguel suelte todo su pesar. La tía y la mamá de Miguel lo veían de lejos.
Al poco tiempo después llegó Alicia, también ella notó la ausencia de Tommy, se acercó a la cocina y vio a las hermanas, las saludó y pregunto por Tommy y por Miguel, ellas le devolvieron una mirada hostil, fue entonces cuando escuchó los sollozos de Miguel, y caminó rápidamente a dónde nacían aquellos lamentos. Alicia tiró sus pertenencias al suelo al ver a su amado en esa posición, ya no era necesario que le dijeran nada, ella se dio cuenta de inmediato, así que se acercó a Miguel y lo abrazó, de inmediato el la apartó suavemente.
- ¿Qué haces aquí?
- … Vengo del trabajo… ¿Por qué me apartas?
- ¿Por qué le hiciste eso a Tommy?
- ¿Qué?
- Ya no te hagas flaca, bien sabes lo que hiciste – contesta Susana desde atrás de una ventana.
- ¡No sé de qué hablan!, Apenas vengo del trabajo.
- Me dijeron que viniste, y le pegaste al perro, que lo mataste.
- Miguel, ¿Quién te dijo eso?
- Mi mamá
- Sabes cuál es mi horario, sabes lo mucho que amo a ese perro, ¿Me crees capaz de hacer eso?
- Aparte dijo algo de que ya no te quería y que se iba con otro chavo, seguro viene nomás a quitarte dinero.
- Que malos modos, ¿Eh chamaca?, es bien obvio que ya no te quiere hijo. – interrumpieron las hermanas
- ….
- ¿Les vas a creer?
- Son mi familia
- ¿Y?, Yo soy tu novia desde hace ocho años
- ¿Y eso te hace mejor que nosotros?
- Te digo, pinche chamaca chancleta
- Mi familia ha sido la misma desde que nací, no me pidas escoger por qué sabes lo que haré.
- Miguel… me conoces…
- Vete por favor, no me hagas repetirlo….
Alicia mira confundida a su alrededor, Miguel ya no la miraba a los ojos, sin embargo, las hermanas la seguían con los ojos de repudio que las caracterizan, ella toma sus cosas y se dirige a la salida, Erica la sigue con la mirada, y con tono burlón le dice:
- ¿Apoco ya te vas?
Alicia pretende no escuchar eso, pero lo que no puede ignorar a los otros niños reírse a sus espaldas. Así pues Alicia se fue, dejando a un herido Miguel con muchas cosas que pensar.
Quería creer que Alicia decía la verdad, si bien, lo que dijo de su familia lo ofendió, todo parecía bastante sospechoso, no sabía que creer y ni a quien confiar. A la mañana siguiente, Miguel ya tenía veinticinco llamadas perdidas, y cuarenta mensajes de Alicia. Por ahora Miguel no quería saber nada de ella, y esto fue más que nada el inicio de una rutina por parte de ambas partes: una que imploraba atención y otra que solo quería estar solo. Pasaron los días y Miguel seguía enojado con Alicia. Pero ella solo buscaba arreglar las cosas, su día a día consistía en gastar su dinero en recargas de telefono para marcarle a Miguel, incluso se la pasaba sus horas de comida tratando de llamar un poco la atención de Miguel, el cual rindió frutos unas pocas veces, solo para que la comunicación se cortará a los cinco minutos. Cuando llegaba a casa de sus padres solo se limitaba a llorar en su cuarto, ya que no tenía buena relación con sus padres. Por su parte Miguel hacía lo mismo de todos los días solo que molesto.
Un día, Miguel cenaba solo a altas horas de la noche, ya que recién llegaba del trabajo. En eso llegó Bernardo, oliendo a perfume barato y “bien vestido”.
- Mire cabrón, ya duró mucho con su pinche cara miada, al chile póngaseme chulo que ahorita me lo llevo a qué se desestrese…
- ¿Qué?
- Órale, métase a bañar y póngase perfume…
Miguel no es una persona que acostumbré a “vestir bien”, la ropa que tiene, en su mayoría es ropa casual o su uniforme para el trabajo, excepto por unas pocas prendas que Alicia le regaló para que el precisamente las usara cuando ellos dos salieran. Después de bañarse, Miguel tomó la camisa que tanto le gustaba a Alicia, no sabía lo que pasaba ni a dónde iba, pero una terrible sensación de angustia e incomodidad, lo apabullaba, así pues, Miguel salió listo con su tío, que lo esperaba ya impaciente en el patio, ambos salen y en la calle se encuentran con Javier, quien los ve con sorpresa.
- ¿A dónde van?
- Vamos a ver pelos Javi, ¿jalas o que?
- No, gracias, estoy cansado – no deja de ver a Miguel, el cual se ve avergonzado. Esperando que su papá los detuviera.
- Andale pues, dile a mi vieja que me habló el pinche chapopotes.
- Cuídate hijo
- … Si pá…
Ambos se quedaron esperando en un taxi hasta que este llegó.
- Vas hijo, pagalo, es que ahorita no tengo cambio
A regañadientes Miguel acepto. A dónde estos caballeros se dirigen es ni más ni menos al “Uxiono”, que es el lugar donde el 18% de la población del municipio fue concebido. Llegaron y lo primero que hizo Bernardo fue una entrada similar a la de los luchadores profesionales, saludando a todos y esperando a que ellos lo saludarán, pero la mayoría tenía cara de disgusto a la hora de hacerlo, cómo si se vieran forzados a hacerlo, cosa que a Bernardo no parecía importarle, de todas formas el se sentía un campeón. Con vergüenza y tratando de ocultar el rostro, Miguel llegó a la mesa que Bernardo escogió, ahí, apenas Miguel se iba a sentar cuando Bernardo le dijo:
- Pide unas cheves
Miguel estira la mano para indicarle que le diera dinero.
- ¿Qué?
- Pues deme dinero
- Yo ya te he dado domingo un chingo de veces, ¿que le cuesta comprarme una cerveza una vez?
- Bueno
- Dile que se la pido yo, el sabe la que me gusta y como me gusta
- Si
Miguel fue a la barra para pedir las cervezas, el bartender parecía alguien malhumorado, y con un poco de nervios Miguel le pidió las cervezas.
- Disculpe, ¿Podría darme dos cervezas?, las pide esa persona de allá.
El barman mira a un costado de Miguel y ve a Bernardo a lo lejos sacudiendo sus brazos y haciendo señas de que es el.
- ¿Apoco conoces al pinche morongas?...
- Si…
- ¡Wey!, ¡Wey!, Este cabrón conoce al morongas
Miguel agacha la mirada. Obviamente el barman no lo hacía con motivo de respeto o de admiración. Un hombre fornido se pone a un lado de Miguel, y en tono de burla le dice.
- No mames que conoces al pendejo del morongas.
- ….
- ¿Si es cierto que vive en el pinche lagos de villa león?
- Si…
Los hombres ríen a carcajadas, Miguel solo quiere salir de ahí, el bartender le entrega las botellas y el las paga, toma las botellas y se va rápidamente mientras los hombres siguen riendo. Cuando al fin llega con Bernardo, este lo toma de la camisa y le dice en el oído:
- No le digas a nadie que soy de ti, ya tengo una carrera aquí y no quiero que la manches.
- Si….
- Si preguntan, nos conocemos del trabajo y venimos por tu cumpleaños, ¿Sale?
- Si, está bien
- Llámame por mi nombre
- Si, entiendo.
De inmediato, Bernardo se separó y se puso en pie, y comenzó a gritar.
- ¡Roxana!, ¡Roxana!, ¡Roxana!.
Después de un rato, una mujer a lo lejos levanta la mano y se acerca.
- Ya viene tu desestres cabrón, pinche afortunadote.
Llega una mujer de buen cuerpo, pelo rizado y oscuro, vestía pocas prendas y notoriamente de tamaño desproporcionado al cuerpo que poseía.
- Ora pinche Roxana, tanta nalga te tapa los oidos o que pedo
- Para nada Berni, ¿Para que soy buena?
Bernardo le indica que se siente en la pierna, pero deja su mano ahí, cuando ella se sienta ahí, hace un ruido y un rostro sugerente, acompañado de un respingo.
- Pues te presento a mi chalán, este cabrón anda de cumple y pues te lo traigo para que lo trates como a mi
- Ay Bernardino, que consentidos tienes a tus trabajadores
- Ándele pues, llévatelo antes de que me ponga celoso. Órale cabrón, haga valer lo que le pago.
Roxana se levanta, de nuevo haciendo un sonido sugerente y le extiende la mano a Miguel, el la toma y ambos se van, cuando Miguel voltea a ver a su tío, este se lleva dos dedos a la boca.
Al llegar a una habitación, ambos se sientan, y se miran un tiempo, Miguel está nervioso y tiembla un poco.
- ¿Estás bien?
- S-si
Roxana comienza a besarlo tiernamente. Son besos lentos, húmedos, con mucho tiento y cariño, le toma la mano, el se suelta poco a poco, llegando al punto de tomarla por detrás de la cabeza. Se separaron un poco y se miraron a los ojos.
- ¿Estás listo?
- Si, lo estoy
Con mucho cuidado y cariño se comienzan a besar. Suavemente el tacto de sus labios despertaba las ansias de compartir el mismo espacio en cuerpo y alma, fue algo que Miguel no había experimentado antes, y por difícil que parezca, también para Roxana. Miguel comenzó a despojarse de sus prendas, cuando de pronto suena que tocan la puerta de la habitación.
- ¡Miguel, sal cabrón, te tengo que dar algo!.
Roxana ya no tenía la poca ropa que vestía, así que Miguel la cubrió con su camisa, y abrió la puerta. Vio que era Bernardo
- ¿Qué?
- Ten wey, no te vaya a pegar piojos está cabrona jajajajaja
Miguel toma un condón que le dio su tío, y azota la puerta por lo descortés que fue su comentario.
- Discúlpame por favor, desapruebo totalmente lo que acaba de decir, yo no soy como el.
- Lo sé… por eso me gustas mucho…. Ven, me está dando frío.
Ambos pasaron una experiencia agradable, cómo si llevaran conociéndose bastante tiempo, fue algo que ambos necesitaban. Después de terminar el acto, Miguel abrazaba a Roxana por su espalda, el contempla su silueta bajo las luces magentas neon de la habitación. Pronto un sentimiento de angustia asolaba la conciencia de Miguel, esto evolucionó a culpa, Miguel se levantó y busco su ropa, una vez que la encontró, se la puso y agradeció a Roxana.
- Muchas gracias por todo…
- Gracias a ti Miguel, me la pasé muy bien… cuando quieras despejarte de nuevo aquí estaré...
Al llegar a su casa Miguel lo único que quería era dormir, así que solo tiró su ropa a un lado y se tumbó en la cama. Después de esta extraña experiencia se puso a pensar bastante en la situación, recordó los buenos momentos con Alicia, aunque la situación aún parecía turbia, su familia aún mantenía discreción cada que Miguel quería hablar del tema. Al final el quería volver a hablar con Alicia para tratar de resolver la situación. Pero aún se sentía mal, no podía verla después de lo que acaba de pasar, y seguía colgando las llamadas venideras de Alicia.
Un buen día, cuando Miguel llegaba del trabajo, vio a Alicia llorando frente a la puerta de la casa de Miguel.
- Hola
- Hola
- ¿Cómo estás?
- Bien, estoy bien…. ¿Y tú?
- Bien….
- Yo… quería saber por qué no contestas mis llamadas
- Estaba molesto, confundido.
- Podíamos haber hablado y solucionado esto desde antes
- Si, pero no estaba listo, no sabía que decir
- Pues que algo no está bien; me culparon de algo que nunca haría, y lo sabes.
- ¿Pero quién mató a Tommy?
- Yo amaba ese perro Miguel, sabes que no le haría daño nunca….
- Si, lo sé….
- Te extrañe bastante….
- Yo también….
- ¿Pensaste en mi?
- Si, claro
- Yo diario pensaba en ti, no pude dormir bien, ni comer por no estar junto a ti….
Todo esto era un golpe bajo para Miguel, no podía ver bien a la cara de Alicia, su culpa lo hizo actuar por instinto.
- ¿Quieres quedarte a cenar hoy?
- Me encantaria bastante
Obviamente está decisión hizo enfurecer a Susana, quien, tuvo que tragarse su orgullo y furia al ver a Alicia de nuevo en su casa, todo el tiempo que duró la cena no podía quitarse de su cabeza: “mi hijo está bien pero bien pendejo”. Si bien, con el pasar de los días Alicia de nuevo se quedaría en la casa con Miguel como antes, esto no quería decir que la relación estaba arreglada, aún le costaba verle a los ojos y la comunicación, comparándola a antes de el asesinato de Tommy, era escasa. Hasta que un día Alicia quiso abrir de nuevo la conversación.
- ¿Qué hiciste el tiempo que no estuve?
- ¿Cómo?
- Si, si saliste o hiciste algo
- ¿Salir con quién?
- Pues no sé, con tus amigos, con tu papá
- Pues ….
- ¿Quieres que te diga que hice yo?
- Si
- Pues solo salía a trabajar, llegaba a la casa de mis papás a llorar… y a veces comía.
Esto hizo sentir bastante mal a Miguel, pero más que sentirse mal, se sentia molesto, era como si le reprocharan en la cara, y su forma de actuar en esta situación no era la más adecuada.
- Pues no sé que esperabas que hiciera
- Pues solo que seas honesto
- ¿No crees en mi?
- No dije eso
- ¿Entonces que dijiste?
- Pues se me hace raro que te veas tan tranquilo después de lo que pasó
- ¿De dónde sacas que estoy tranquilo?
- Pues decías que estabas triste y confundido, y no se nota…
- …. No sé que insinuas….
- No insinuo nada Miguel, solo que siento que me ocultas algo.
- ….
- ¿Ves?
- ¿Qué?
- Pues te quedas callado
- ¿Y eso que?
- No me dices nada
- ¿Qué quieres que te diga?
- Que me digas que hiciste estando solo
- Salí
- … ¿A dónde?
- … Mi tío me llevó….
- ¿A dónde Miguel?
- Pues mi tío me llevó a un lugar donde hay mujeres….
- ¿Un putero?
- Pues si, habían varias
- Me refiero a que si habían prostitutas
- Si, si habían…
Alicia se acomoda en su asiento, en signo de molestia, cambia su postura, se aclara la garganta y de forma retadora se dirige a Miguel.
- Entonces, cuéntame por favor que pasó.
- Pues llegué…
- Ajá
- Alicia me estás poniendo nervioso, cálmate tantito
- Pues no te estoy haciendo nada
- Pues no pero ni me dejas hablar
- Me callo pues
- Gracias
- …
- Pues llegué con mi tío y habían muchas mujeres, y mi tío me obligó a juntarme con una….
- ….
- Pues me dio miedo… y solo le di un beso y me fui….
Era más que obvio que miguel estaba improvisando, su miedo, enojo y culpa no lo hacían pensar bien.
- ¿La besaste?
- Si
- ¿Seguro?
- Pues yo estaba ahí, ¿No?
- Me estás diciendo que mientras yo sufría de culpa y tristeza por algo que me inculparon, ¿tu te fuiste a besuquearte a una puta?
- No les digas así de feo, tienen un nombre más apropiado
- Ah ya hasta abogas por ellas, ¿Ya te salió el pensamiento políticamente correcto?, Recuérdame cómo le decías a mi hermano
- ….
- Andale
- Joto – dice Miguel en voz baja
- ¿Cómo?
- Joto
- Eres un pinche hipócrita Miguel, deje de comer por la tristeza, me gastaba mi dinero en ponerle recargas al teléfono para llamarte y recibir contestaciones del pinche buzón… Mírame a la cara y dime qué lo que dijiste es la verdad.
Miguel mantiene la cabeza abajo, para este punto su conciencia está destrozada. Alicia lo toma de las manos
- Miguel, por favor, prométeme que lo que me dijiste es la verdad
Miguel se mantiene firme a no mirarla a los ojos, Alicia, con sus manos lo orienta a hacerlo, finalmente ambos se miran.
- Prometemelo por favor…
- … Te lo prometo…. Te prometo que lo que dije es la verdad….
A pesar de la traición de Miguel, Alicia decidió perdonarlo, ellos ya han pasado por situaciones difíciles, y este tropiezo está empezando a sanar. Finalmente, Alicia abrazo a Miguel. Por dentro Miguel agradecía que las cosas se solucionaran así, ambos se aman y están dispuestos a dejar de lado incluso la muerte de Tommy, que a pesar de significar el amor y compromiso de ambos, saben que ahondar en el tema puede implicar problemas con la familia de Miguel, así que al no mencionar el tema ellos pueden seguir juntos sin problemas.
La tranquilidad retorno en el hogar. Susana dejó de insistir en sacar a Alicia. Y la joven pareja se enfocaba en si mismos, volviendo a los hábitos de antes y recuperando el tiempo perdido. Un día mientras Miguel hacía el aseo, notó que debajo de la cama se encontraba su camisa que le regaló Alicia, la misma que llevó el día que fue con su tío al Uxiono. La tomó y percibió un olor peculiar, buscó en los bolsillos de la camisa y encontró el condón que usó ese día, además de el envoltorio. Al mirarlo más de cerca pudo ver qué el receptáculo del mismo tenía varios agujeros. Del tamaño de una aguja. El envoltorio parecía tener las mismas marcas, eran las evidentes a contraluz, a lo cual, una severa inquietud inundó a Miguel, hasta las piernas le temblaron. Quería desaparecer en ese momento, que todo fuera una broma pesada, una casualidad, un error. Por instinto, lo que se le hizo más razonable de hacer fue deshacerse de las pruebas que lo inculpan de su traición, y lavar la camisa. Después de eso, trató de bloquear ese agonico momento hasta que una noche llamaron a su teléfono, era un número desconocido, pero decidió contestar de todos modos.
- Hola Miguel buenas noches.
De inmediato reconoció la voz de Roxana, pero no se notaba tan animada como aquel día.
- Hola buenas noches
- ¿Cómo estás?
- Bien, ¿Quién te dio mi número?
- Tu patrón, Bernardo
“Pinche viejo mamón” pensó Miguel.
- Ah, ya
- Quería hablar contigo, ¿Crees que podamos vernos?
- No, no lo sé, he estado ocupado últimamente, si gustas dímelo ahora
- ¿Seguro?
- Si
- Bueno, pues me he estado sintiendo extraña últimamente, sabes, con náuseas, dolores…. No me ha bajado mi periodo desde hace dos semanas.
- Oh, ya….
- Y la última persona con la que tuve sexo fue contigo….
- ¿Qué?, En todo ese tiempo, ¿Solo yo?
- Cómo te digo, me he sentido mal, a demás la gente escoge a chavas más jóvenes que yo….
- ….
- ¿Arreglaste tus problemas?
- Si
- Está bien… yo pensaba…. Pensaba que tal vez te gustaría que tuviera el bebé y…. Pudiéramos cuidarlo….
- No, perdón, ,¿no tienes otra opción?, ¿No puedes abortarlo?
- No Miguel, no puedo, yo tenía esperanza que aceptaras.
- ¿No tienes un novio?, ¿Un pretendiente o algo?
- No tengo a nadie Miguel, estoy sola….
- Lo siento no puedo ayudarte….
- Lo entiendo….
Sonó el pitido marcando el final de esta incómoda llamada. Algo en el hizo que se sintiera un poco aliviado al saber que “ella entendería”. Aún así…. Su conciencia seguía mallugada, al borde del colapso, algo le gritaba que por favor fuera honesto con Alicia pero su “noble intención de evitar problemas” seguía insistiendo que se mantenga firme. “todo se solucionará” se repetía así mismo Miguel.
Las cosas con Alicia comenzaban a homogeneizarse al pasar de las semanas, ambos sostenían largas conversaciones cuando se veían en la casa, Miguel se notaba más tranquilo y abierto, Alicia mostraba abiertamente su cariño hacia Miguel, además de ser notablemente más atenta no solo con Miguel si no con su familia. Todo parecía algo surreal, difícil que se logre para todos dentro de la casa…
Una noche, después de cenar, Bernardo llegó a hurtadillas con Miguel, le entrego algo en la mano y le dijo de forma burlona:
- Ahí te hablan…
- ¿Qué?
- Te lo manda tu otra novia…
En cuanto Miguel tuvo la oportunidad de estar solo, abrió lo que le dio Bernardo, una carta en la cual tenía el nombre de Miguel, la cual decía:
Mi padre decía: “Lo que nos diferencia de los animales es que nosotros tenemos sentimientos”…. Yo creí en sus palabras, creí que los humanos somos conscientes que la gente sufre y debemos estar dispuestos a socorrerlos cuando lo necesitamos. Confirme fui creciendo me di cuenta que no solo somos una especie egoísta y malvada, también tenemos miedo de nosotros mismos. A pesar de necesitar amor y afecto de otra persona, tenemos miedo a que nos lastimen y recurrimos a aislarnos, sinceramente este mundo se me hace complejo por lo cruelmente contradictorio que es….
No voy a justificar mi “trabajo” diciendo que solo teniendo sexo encontraba afecto en otras personas, honestamente solo soy inútil, no tenía ningún talento, salvo tener mucho amor para dar, obviamente eso no cuenta como talento…. Solo contigo pude sentir esa pequeña chispa de afecto que he sentido en años. Se siente culero ser rechazada o engañada durante la mayor parte de mi vida, no podía imaginarme un momento en el que compartiera mi día a día con otra persona.
No te culpo por la decisión que tomé, solo quise complacerme a misma imaginando que alguien Lee lo que escribí o que a alguien le importa lo que pienso, y te escogí a ti por qué me pareciste alguien amable y lindo, hasta que me rechazaste, y eso ya me hizo abrir los ojos, no pertenezco a ningún lado y me alegra por fin haberme dado cuenta, y no cuando ya haya cumplido sesenta años.
No eres culpable del todo Miguel. Solo cómplice de las circunstancias…
No entendió para nada Miguel que es lo que le quería decir esta carta. “¿Es una despedida?, ¿De verdad lo entendió?, Que me deje en paz”. Es lo que pensó Miguel, en realidad solo esto provocó que la incertidumbre de Miguel se potenciara y la sensación de que “algo malo” está pasando taladraba su cabeza. Y está sensación le duró una semana, en la que no dormía bien y parecía distraído en todo momento, hasta el punto en el que Alicia lo notaba y preguntaba constantemente “¿Estás bien?”. A lo cual el respondía “Si, solo no dormí bien”. Finalmente, tomó una decisión. Fue con Bernardo, no solo para enfrentarlo, si no para sacarle información
- Oiga, ¿Qué chingaderas son estás? – le lanza el condón usado en la cara
- Ora cabrón ¡Más respeto hijo de la chingada! – se levanta Bernardo gritando mientras lanza el condón al suelo.
- ¿Por qué hiciste eso?
- ¿Hacer que?
Miguel muestra le envoltura con los agujeros. Bernardo ríe y dice:
- ¿Qué te hace pensar que fui yo?
- ¿Qué?
- No soy el único ojete en esta casa.
Bernardo toma el condón en una servilleta de papel y se lo entrega a Miguel.
- Si fuera tu, lo tiraría en la basura del vecino
- Espere, no es lo único que le quería decir
- ¿Qué?
- ¿Dónde vive Roxana?
- Jajaja, ¿Crees que la voy a andar visitando a su pinche colonia culera?
- ¿Cómo sabes que su colonia está culera?
- …. Nomás digo
- Dime por favor
- No hagas este pedo más grande
- Solo dime por favor, yo sé que hacer
- Colonia Revolución, Calle Zapata número trescientos veinticinco.
- Gracias….
Miguel optó por faltar al trabajo ya que decidió que era más pertinente ponerle un fin a esta situación, así pues llegó a la colonia Revolución, dónde al parecer el presupuesto del gobierno para la mejora urbana no llegó hasta esta colonia a orillas del municipio donde viven, para ser rápidos con la descripción del lugar, era modesto en cada ladrillo y lamina implementado en la construcción de estos hogares, para variar las calles no contaban con la señalización que marca en nombre de cada calle. Miguel al sentirse perdido decidió preguntar en una tienda para ver si estaba en la colonia indicada. Para ello se acercó a una tienda en la que solo había un mostrador de frituras con unos cuantos productos desperdigados, un refrigerador de refrescos, salsas, frijoles, y cremas, y una mesita con cigarros y dulces. Todo atendido por una señora de la tercera edad.
- Buenas tardes señora, disculpe, ¿Esta es la colonia Revolución?
- Buenas tardes joven, si es aquí
- Oiga, ¿Y sabe cuál es la calle Zapata?
La señora se levanta de una sillita dónde estaba, y se para frente a Miguel, levanta la mano y señala.
- Ahí, dónde se ve la casa balasiada, ahí mero es la calle Zapata mijo.
- Muchas gracias señora
En agradecimiento, Miguel le compró una bolsa de frituras a la señora. Así pues Miguel caminó al lugar que le indico la señora, al llegar a la esquina señalada, rió de ironía al ver que tampoco las casas tenían su número correspondiente. Pacientemente vio cada una de las casas, pero hubo una que le llamó la atención, fue la única que no tenía rodeado su patio delantero con rejas, y en su lugar tenía un pequeño jardín con poco pasto y flores que llevan un tiempo sin regar. Miguel se dispuso a tocar el timbre y la puerta. Nadie respondía; de reojo pudo ver qué una señora lo veía desde su patio.
- Buenas tardes
- Buenas tardes señora
- ¿A quien busca?
- Busco a una señorita llamada Roxana
- ¿Roxana?
- Si
- Pues si, ahí vive una muchacha bien joven pero la verdad no sé si se llame así.
- ¿No sabe si está aquí?
- La verdad ya llevo varios días sin verla, no sabré decirte.
- Es que es mi prima, y ocupo unas cositas que me encargó mi mamá, se supone que ella ya está avisada.
- Hijole
- Si… la verdad es que tengo prisa
- Está bien
- Y hace mucho calor
- Ay si, la verdad si
- Oiga, ¿No cree que pueda dejarme saltar por su patio al patio de mi prima?
- Ay no sé
- Mire, la verdad ando bien apresurado, hágame el favor, no me tardo nada
- …..
- Le doy doscientos pesos…
Rápidamente Miguel pudo llegar al patio trasero, dónde, abriendo una ventana pudo quitarle el seguro a la puerta y así poder entrar. Una vez dentro, llegó a su nariz un leve olor, uno que jamás en su vida imagino llegar a oler….
Todo parecía normal, la cocina no estaba del todo limpia pero no estaba desordenada, el comedor tenía una canasta con frutas con signos de leve putrefacción. En cuanto más avanzaba el olor se potenciaba un poco. Finalmente llegó a una puerta en la que habían fotos de la joven con otras personas, al parecer su familia o amigos. Miguel abrió la puerta y su mirada fue directo a una escena lamentable. El cuerpo sin vida de Roxana tendida en la cama. Al parecer había ingerido una peligrosa cantidad de medicamentos, y para asegurarse que estos no la hicieran vomitar, se puso cinta en todo alrededor de la boca y la nariz. Había leves residuos de vomito seco en la cinta, y el resto se encontraba como un bulto en la garganta y dentro de la boca. Por si fuera poco, la angustia y desesperación quedaron grabadas en su rostro como escultura en mármol. Sus manos estaban sujetas con un cinturón amarrado a la base de la cama…
¿Será que se suicidó?, ¿Un feminicidio?, ¿Alguien le ayudó?... ¿Qué debería hacer? Son preguntas que dejaban sin aliento a Miguel literalmente ya que no solo el olor penetrante del cadáver lo sofocaba sino que la terrible escena y lo triste que era lo apabullaba. Miguel estaba roto mentalmente y la culpa lo carcomía al punto de perder toda esperanza de tener una vida tranquila.
Una laguna mental devoró el tiempo al punto de que Miguel se encontraba frente a su casa, de noche, no sabe que hora o que día era, así que entró, fue a su habitación y ahí encontró a Alicia.
- ¿Dónde estabas? – Pregunto preocupada
- ….
- ¿Miguel?.... ¡Miguel!
- Mande
- ¿Qué tienes?
- Nada
- Te vez pálido, y estás muy frío
- No tengo nada
Alicia siguió insistiendo a Miguel que le contara que pasó, cosa que lo impacientaba, y lo hacía molestar, poco a poco, aunado al trauma que acaba de vivir. Miguel estalló, y de una forma bastante mala.
- ¡Ya déjame en paz carajo!
- Pero Miguel, yo solo te hice una pregunta
- ¿Qué?
- Solo te dije que dónde estabas
- ¿Y por qué preguntas?, ¿A caso ya no confías en mí?, Yo ya te pedí perdón chingada madre, ya lo habíamos arreglado
- Yo no dije nada de eso, es que te vez pálido, ¿Fumaste algo?
Miguel en su pleno arranque de ira, al escuchar esto último, toma una silla y la levanta por encima de su cabeza
- Ahora resulta que soy un puto marihuano
- ¿Me vas a pegar? – dice Alicia con la voz rota y lágrimas en sus ojos.
Miguel lanza la silla a una pared, rompiéndose de una pata, Miguel sale del cuarto, se tapa el rostro y comienza a sollozar. Al poco tiempo llega la mamá de Miguel.
- ¿Qué chingados pasó?
Asomándose vio a Alicia llorando y vió la silla rota.
- ¿Qué traes hijo?
- ….
- Te hablo
- Estoy muy mal mamá
- ¿Te hizo algo?
- No
- Entonces
En ese momento llega Javier, quien regresaba del trabajo. Al notar un poco la situación, solo se quedó parado.
- Niña, ¿Tu estás bien?
- Si señora, estoy bien, solo me asusté.
- Me vas a arreglar esa silla, ¿Eh?, Que me la regaló tu abuelo
- Si ma
- Ya, métanse, y arreglen sus pedos bien. Y tú cabrón, ya vente a cenar, no andes de chismoso.
- Con permiso, buenas noches.
- Buenas noches papá.
Mientras se alejan del cuarto de Miguel, Javier mira atentamente como Miguel se mete a su cuarto y ve como abraza a Alicia.
Miguel, con el paso del tiempo trató el solo de superar el trauma, invitando a salir a Alicia, pasando tiempo juntos cada que coincidían en día de descanso de sus trabajos. Así pues, al pasar de las semanas a Miguel se le ocurrió una gran idea. Cuando regresó del trabajo y vio a Alicia en la entrada de la casa barriendo, la tomo de las manos y le dijo:
- Alicia, he pensado mucho lo que pasó, se que hubo momentos culeros…. Bueno, todo fue culero, y la verdad siento que fui muy injusto contigo… en fin… yo…. Bueno…. me gustaría…. Más bien, ¿Te gustaría casarte conmigo?....
Alicia ríe de nervios, lo abrasa por el torso y grita feliz:
- ¡Si Miguel, quiero casarme contigo!
Ambos se abrasan muy fuerte, al punto de que sus corazones latian al mismo ritmo. Su boda fue sencilla, todo transcurrió en un aparente día normal, en el que ambos pidieron sus vacaciones al mismo tiempo en su trabajo y así irse sin que su familia se diera cuenta a el registro civil, sus padrinos fueron amigos muy cercanos a ambos, y así, llegaron a casa triunfantes a mostrarles a toda su familia lo feliz que estaban y el nuevo logro en sus vidas. Esa noche, al terminar de hacer el amor, Miguel veía a Alicia, sonriéndole, al fin, después de tanta tragedia. Ambos podían afirmar que son felices.
8. El sembrador de Dioses
Miguel abre los ojos, se encuentra en el suelo, alguien le quitó las ataduras, sintió algo así como la peor resaca que ha tenido en su vida. Con esfuerzo se pudo incorporar lentamente mientras veía a su alrededor, vio que se encontraba en el mismo lugar antes de caer desfallecido, aún estaba el cadáver de su madre justo en su lugar, no estaba Alicia, los frascos que estaban en la mesa ya se encontraban vacíos y además de él y el cuerpo de su madre, solo se encontraba Galadriel, y Pavoras armado con un hacha, quienes ven a Miguel atentamente.
- ¿Dónde está mi esposa?
- ….
- ¿A dónde se llevaron a mi esposa?
- Va a recibir la semilla – contestó Pavoras
- ¿Qué?, ¿Qué significa?
- Nom, Nom, Nom, Nom, Nom (Ella sabe la verdad Miguel, lo sabe todo. La profecía dicta ahora que ella es la portadora del perdón)
- ¿De que habla esa cagada?
- Que la profecía está por cumplirse. El ritual está completo
- Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom (Vendrá mi sembrador... La convertirá en un ente divino igual que yo... Podrá crear su plano dimensional, y así poder moldearlo para que ella siga bendiciendo y otorgando el perdón por el ancho y largo del todo…)
Miguel parecía demasiado confundido como para entender lo que habla Galadriel.
- Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom (Ya viene el sembrador de dioses. La “Imperialidad astral” un ser que supera la lógica, aquel que tiene sus propios intereses por sobre la voluntad del creador)
- Denme a mi esposa
Miguel camina amenazante hacia Galadriel, Pavoras se pone en guardia, y al tratar de asestarle un golpe, Pavoras pisa mal, colocando su pie sobre un pedazo de carne en el suelo, haciendo que Pavoras resbale y caiga de frente. Miguel aprovecha para sujetar el hacha. Ambos forcejean, como Pavoras tenía la cara llena de sangre, no podía ver bien, Miguel patea la cara de Pavoras con la suela de su zapato, a su vez, Miguel pierde el equilibrio, y con fuerza jala el hacha para así caer también de espaldas, pero con el hacha en su poder. Galadriel no podía dejar de gritar “Nom” con desesperación, a lo que traduciéndolo sería como “Cumple tu orden divina”. Miguel se levanta rápidamente, para esto Pavoras torpemente intentaba incorporarse, y jalando el hacha con fuerza, asestó un golpe con el hacha en el brazo de Pavoras, logrando ir su brazo se rompa, solo eso ya que el hacha no tenía filo. Pavoras calló al suelo de nuevo, y Miguel aprovechó para dejarle caer el hacha en el costado de la cabeza, logrando abrir un poco, pero no lo suficiente para matarlo, seguía vivo, pero muy mal herido…
Miguel aún seguía iracundo y no dudó en ejecutar al hombre frente a el. Y así lo hizo, de nuevo dejó caer el hacha en la cabeza de Pavoras, haciendo que su contenido quedara esparcido por el piso. Una vez terminado, se dirigió con Galadriel.
- Alicia….. ¿Dónde está?
- Nom, Nom, Nom (Pierdes tu tiempo)
- ¡Dímelo!
- Nom, Nom, Nom (Haz lo que te plazca)
Miguel le propina un golpe con el revés del hacha a la “cara” de Galadriel, logrando que este recorra su mórbido cuerpo para atrás, al momento que su cuerpo se inclina, Miguel pudo ver qué tiene una especie de extremidad que da hacía el suelo, es decir que está enterrado, es entonces cuando Miguel toma carrerilla para dejar caer todo su peso con una tacleada. Galadriel no es tan pesado como aparenta ya que todo su cuerpo quedó volcado, no dejaba de hacer ruidos y gemidos que sonaban como si estuviera sufriendo, finalmente se pudo ver lo que yacía bajo su cuerpo. Una gruesa raíz, que parecía tener la forma y textura de piel humana.
La lógica de Miguel le indicaba que este era un punto vital, por lo que enfocó su odio en esta rama, que, al darle los primeros golpes, constató que se trataba de piel y hueso humano, no solo eso, comenzó a brotar una sustancia que parecía ser miel pero con más viscosidad, ya que le dificultaba retirar el hacha para repetir el golpe. En los últimos golpes que estaba dando Miguel, Galadriel balbuceó:
- Nom, Nom, Nom, Nom (La distorsión comienza)
Con un último golpe el cuerpo de Galadriel se separó de la raíz, haciendo que inmediatamente saliera está sustancia viscosa de sobremanera, Miguel deja el hacha a un lado y pretende salir de inmediato de ese putrefacto lugar.
Se le dificulta la salida a Miguel ya que la sustancia complica el paso, es ridículamente rápido el cómo poco a poco se está llenando esta habitación de la sustancia, ya le llega a la pantorrilla a Miguel y cada paso requiere de gran esfuerzo para despegarse. Después de esta extenuante labor, Miguel logra llegar a las escaleras, rápidamente sobrepasa el líquido y sube las escaleras para darse cuenta que el líquido sigue subiendo de forma exagerada.
Finalmente llega a el templo, es de noche, y hay poca luz, escucha canticos que vienen de fuera del templo. Miguel sale, y puede ver a bastante gente alrededor del árbol. Todo está iluminado con velas y antorchas. Miguel se cuela entre la gente para saber que pasa, al parecer todos lo ignoran para seguir sus rezos, mientras penetraba la gran cantidad de gente, para poder ver qué pasa; escuchaba lo siguiente:
- Recuerden amados hermanos, estamos a punto de traer algo magnífico, a nada más y nada menos que la imperialidad astral. Galaván, Dradovhá, Addanor, Rathorá. Ellos son seres caóticos, tengan presente que su estadía en esta dimensión será brutal, alterarán sin piedad todo el espacio… pero no se preocupen, todo es parte del perdón, todos estaremos juntos con la virgen del perdón, ¡Todo estará bien por qué así es la voluntad de Galadriel!, ¡Salve Galadriel, quien dio su vida para llevar a cabo su divino sacramento!, ¡Cualquier cosa que pase, dejen que suceda, dejen que la gloria de nuestros señores nos impregne!
- En ti confiamos señor… tráenos la paz y la eterna estadía en tu regazo – Dijeron al unísono los pueblerinos. En cuanto ellos terminaron de hablar, hubo un lúgubre silencio. El suelo comenzó a retumbar, sonidos cómo de relámpagos sonaban a lo lejano, el cielo comenzaba a despejarse, y una poderosa onda de aire empujó a todos hacia el suelo, haciendo que todas las luces se apagaran, que la tierra se levantara, que el árbol se sacudiera, y que más de una persona desfallezca por el impacto. Miguel volteo a ver al cielo, y lo que vio lo desconcertó totalmente.
Un cuerpo planetario cubría todo el cielo, lo que se podía ver era un enorme cuerpo partido en dos; una mitad parecía ser de un material brilloso, cómo hecho de un metal puro, liso y perfecto. La otra mitad era de un material acuoso de un color difícil de describir, pero tan denso que no se veía el interior, podía verse un movimiento como el que hace el agua en el mar, el líquido estaba emanando un vapor verdoso. en el centro de ambas mitades yacía un hueco perfectamente simétrico. Y suspendido en aquel hueco se veía una esfera oscura que parecía estar compuesta de materia orgánica, se movía constantemente y de vez en cuando se podía ver qué algo rompía la simetría de la esfera momentáneamente. Finalmente, una suerte de anillo rodeaba este conjunto, que parecía estar de un material extrañamente suave, como si fueran plumas, o pelaje, es el que parecía moverse a más velocidad, incluso moviendo su sentido de movimiento, rodeando por completo los otros tres “planetas”. En cuanto esta presencia astral se postró en el cielo, comenzó a emanar una luz cegadora, a la vez que la gente alrededor del árbol comenzaba a levitar, cómo si la gravedad se suspendiera. La gente se encontraba feliz aceptando su destino.
- ¡Me aceptaron, estaré en el Reino del vacío!
- ¡Mírame, amada mía!, ¡Me eligieron para danzar con el creador!
Pronto más y más gente flotaba, hombres y mujeres. Y en un punto, dos personas coincidieron en el mismo punto. Sus ropas y piel parecían estar enlazadas entre sí, pronto en el punto dónde coincidieron, su cuerpo se fue pegando cada vez más, forzando la piel, músculos huesos y órganos a converger en el mismo punto, dichas personas no paraban de gritar, llorar y rezar en el proceso, el cual terminaba hasta que ambos seres terminaban siendo una amalgama esférica suspendida en el aire, la sangre que resultaba del acto terminaba en el suelo, pareciendo una cascada. La gente que aún estaba en el suelo miraba atentamente a todos aquellos que se amalgaman, los señalaban, les rezaban e imploraban a qué sea su turno. Miguel miraba atentamente mientras seguía caminando, pronto veía que la gente seguía flotando y uniéndose. Al ver más a su alrededor pudo ver qué las casas y el árbol que había en la periferia no dejaban de “respirar”, ya que hacían un movimiento similar al de los pulmones. Así pues, también miró bajo el árbol, justo en la tarima dónde ejecutaron a Alejandro. Ahí se encontraban el sacro Naviel, Alicia y el hombre de la boca extraña, los tres tomados de las manos, Miguel al ver esto corrió rápidamente, empujando a la gente que le entorpecía el paso, y al caer al suelo, las personas levitaban.
- ¡Dradovhá lo bendiga joven!
Cuando Miguel llego a la tarima, comenzó a sentir un calor inmenso.
- ¡Alicia!, ¡Alicia!
Alicia ignoraba por completo a Miguel, hasta que el, forzándose a sí mismo a pesar del terrible calor, la jaló de la mano.
- Alicia por favor mírame, vámonos de aquí, esto es peligroso.
Ella se limitó a mirarlo, de forma inexpresiva, incluso apática. Y le dice:
- No me toques por favor
- Pero Alicia, soy yo, Miguel, tu esposo
- Debes irte
- ¿Qué?
Los sonidos de estruendos se intensifican cada vez más, y un fuerte torrente de aire manda a volar a Miguel, mientras el haz de luz consume totalmente a Alicia. Todo alrededor vuela por los aires destruyendo las casas, y el árbol cómo si se tratara de una explosión. Miguel se pierde entre tanta gente y escombros en pleno vuelo, y pierde el conocimiento.
9. Día uno
Un día de trabajo más, está vez hay que cubrir una boda, encargaron fotografías a todos los asistentes, grabar cada uno de los acontecimientos importantes de la boda a parte de la ceremonia religiosa, ya sabes, la “víbora de la mar”, “el muertito”, el lanzamiento del ramo y esas mamadas. Y ahí estaba Miguel, tomando fotos a cada uno de los asistentes al evento. El ya estaba harto de estar parado todo el día, por lo que fue a sentarse un rato, poco tiempo después, llego su compañero “el ventanas”, le decían así ya que tenía una abertura entre sus dientes incisivos.
- No mames pinche milanesas, a qué no sabes que
- ¿Qué?
- Shhh acabo de ver una morrita bien chida wey, como para ti
- ¿Cómo?
- Así blanquita, chaparrita cómo te gustan pinche indio
- ¿Dónde o que?
- ¿Si ves la mesa que da al jardín?
- No señales pinche naco imbécil
- Pos ahí en el arquito de tela, ahí mero anda, cotorreala, se ve que es buen pedo
Tal vez será por las ganas de conocer a alguien, tal vez para desmentir al ventanas, por morbo, quizá. Pero Miguel fue a dónde le indicaron, quiso enfocar su mirada buscando a aquella señorita que le mencionaron. Al acercarse más, pudo verla, ahí estaba ella, una joven linda de pelo negro, piel clara y ojos grandes, pequeña de estatura y de unos labios pequeños. Miguel la miró atentamente, levantó su cámara y dijo:
- Buenas tardes, una sonrisa por favor
Todos en la mesa adoptaron posición, pero Miguel solo la enfocó a ella, solo a ella. Tomó tres fotos, dos de ella y una para “taparle el ojo al macho”, mostró la foto a la familia argumentando que las primeras dos estaban desenfocadas. Posteriormente tomó los datos de la familia sin perder de vista a la chica, que sin duda cautivó a Miguel. Cruzaron miradas un par de veces, cosa que los hizo sonrojar. Posterior a esto, Miguel agradeció, y se retiró, termino de tomar fotos a unas cuantas mesas más, de vez en cuando volteaba a ver la mesa de la chica, de nuevo cruzando miradas y esta vez, contestando con sonrisas tímidas. Al finalizar de tomar fotos, Miguel fue a una esquina del salón de fiestas, que curiosamente la esquina estaba en un punto medio de la mesa dónde se encontraba la chica, pudiendo verla cada que giraba un poco la cabeza. Ahí paso un rato Miguel, llegando el momento del baile, vio que los padres de la chica se retiraron de la mesa, y así el se acercó lentamente, ella ya lo veía acercarse y lo recibió con una sonrisa.
- Oye…. ¿Te gustaría bailar conmigo?
- Si mis papás me ven bailando con alguien me pueden regañar….
- Oh, está bien, entiendo…
Miguel se sintió mal, como un fracaso, así que dio la media vuelta y se dirigía a la misma esquina, de pronto sintió que alguien lo jalaba del brazo. Volteó y era ella.
- Podemos bailar en un lugar donde ellos no nos vean
Se tomaron de las manos, Miguel no podía dejar de tener los ojos y la boca bien abiertos de la sorpresa. Ella tomó la iniciativa y juntos fueron a un jardín, un poco lejos del salón principal. Ahí, la chica se postró ante el y le extendió la mano.
- Soy Alicia, ¿Y tú?
- Que hermoso nombre, me llamo Miguel, mucho gusto Alicia
Justo tomaron la posición de baile respectivo cuando sonó la canción de “Algo de mi”, de Camilo Sesto.
Los corazones de Alicia y Miguel tomaron el mismo ritmo gracias a sus movimientos, fue una armonía viva en toda su expresión, no podían apartar la mirada de sus propios ojos, su piel se volvió una sola piel, un mismo tacto, una misma respiración. La belleza de la humanidad es su poderosa habilidad innata de reconocer quién es la persona adecuada para formar un vínculo. Y en este punto, perder el sentido del solo “existir” con solo entrar en contacto con la persona que se ama. Poder sentir la ausencia del “aquí” y el “ahora” paradójicamente dejando de sentir. Justo así se encontraban estos jóvenes al presenciar tal manifestación de sentimientos a partir del acto de bailar. Al terminar la canción ambos sintieron una especie de mareo, tal fue el momento que tenían un tiempo sin respirar, cómo si hubieran hecho una extenuante labor. Cabe mencionar que en ningún momento separaron sus manos.
- Miguel, ¿Qué pasa?
- No estoy muy seguro, nunca creí experimentar esto
- Yo tampoco
- ¿Y como te sientes?
- Por mi cabeza pasan muchas cosas
- Yo también, siento que quiero llorar, gritar, reír a carcajadas, quiero….
- Quiero seguir experimentando eso….
- Yo también, en serio esto es lo mejor que he pasado en mi vida
- Quisiera que este momento no se acabe jamás….
Con estás últimas palabras, Miguel decidió besar a Alicia, de una forma lenta, dulce, torpe, cómo suele darse un inocente beso primerizo. Marcando así el momento clave del inicio de un amor por encima de lo que cualquiera pueda intuir. No solo la saliva se mezclo en ese acercamiento, en ese momento se forjo un vínculo, un lazo, y sobre todo aperturó un inicio para ambos.
- Miguel
- Dime
- ¿Por qué la felicidad es tan corta?
- ¿A qué te refieres?
- Cuando nos separemos, regresemos a casa y recordemos este momento, se sentirá como si hubiera pasado un instante, y la sensación de volverlo a vivir, de estar juntos de nuevo, durará bastante.
- Tienes razón, la felicidad es muy corta…. pero está bien, cuando te vuelvas a sentir feliz, valdrá la pena haber pasado por otras tantas sensaciones ajenas a las que sentiste hoy.
Ambos tomaron asiento, Alicia reposó su cabeza en el hombro de Miguel, tomando su mano con ambas manos. Ambos no podían creer este momento, ¿Es posible enamorarse en tan poco tiempo?, Eso es debatible, sin embargo, para ellos esto sucedía. Es totalmente tangible los sentimientos que forjaron. ¿El destino los unió?, ¿Nacieron con el plan divino de unirse en este preciso momento y en un mismo lugar?. Son preguntas que no tienen una respuesta cierta, lo importante es vivirlo. Dejarse llevar y fluir como el momento lo amerita. Eso sería lo correcto, sin embargo Miguel seguía cuestionándose esto, llegando a ofuscarse.
- No quiero que esto termine
- Yo tampoco
- En serio, quisiera que este momento continue, tengo una sensación horrible creciendo
- ¿Cómo?
- Siento que esto no es real, cómo si fuese un residuo de un recuerdo
- ¿Qué?
- Es como si algo horrible está pasando pero estoy atorado aquí
- No te entiendo Miguel
- Se que suena raro, pero por favor, no me sueltes, no quiero salir de este lugar – Dice Miguel sollozando
- Miguel, me estás asustado.
Miguel mueve la cabeza a su alrededor, buscando desesperadamente algo hasta que concentra su mirada a un punto fijo
- No hagas esto por favor… ten piedad…. Dejame vivir esto por siempre
- ¿Con quién hablas?
- ¡Detente!, ¡Detente por favor!..... ¡Deja de leer por favor!, ¡Quiero estar con ella en este lugar!
- Miguel por favor, mírame
- ¡Deja de leer por favor!, ¡Vas a hacer que me maten por favor!...
Acabas de condenar a un ser humano… ¿Cómo te sientes al respecto?
10. El sacramento de la traición recibe su juicio
Después de un estridente cataclismo, Miguel abre los ojos, se encuentra con el cuerpo cubierto de escombros, sus oídos no logran asimilar bien el entorno por qué aún está aturdido. Algunas partes de su cuerpo sangran, pero no es tan grave, su ropa está demasiado sucia. Finalmente logra salir de lo que parecía ser una casa. Y lo que vieron sus ojos…. Voy a esforzarme para medianamente explicar todo lo que Miguel pudo ver.
El cielo, a primera instancia es rojo, rojo puro como las manzanas. No parece haber una fuente de luz natural como la luna o el sol. Todo lo que se ve en el cielo es la misma imperialidad astral que se vio anteriormente, pero esta vez se ve de forma más opaca, cómo que está vez se encuentra más lejos. Lo segundo que Miguel notó fue que el suelo ya no es tierra. El tocó el suelo, y sintió como si tocara a alguien más. Parecía tener la misma consistencia y elasticidad de la piel, incluso presionaba y pellizcaba el suelo y se sentía lo mismo que si lo hiciera con la piel. Al salir por completo de los escombros Miguel miró a su alrededor, el árbol que había en el centro del “pueblo” parecía ahora una suerte de agrupación de venas, cómo los tiene el cuerpo humano, pero a gran escala, con los mismos grosores y tamaños que tiene un tronco y ramas de un árbol común. El templo donde se encontraba Galadriel, estaba ahora en ruinas totalmente. En el aire se mantenían suspendidos las esferas de carne, al igual que torsos humanos con los brazos extendidos girando sobre su propio eje suspendidos en el aire. Al girar hacia donde daba la “calle” del pueblo, ahora se encontraban múltiples monstruosidades. Algunas iguales entre si, otras totalmente diferentes en cuanto a fisinomia. Ya que si tenían algo en común era su amorfidad, la surreal naturaleza que componía su cuerpo.
A mitad de lo que era la calle principal, se encontraba una especie de riachuelo. Podía verse que había una profundidad considerable al nivel del suelo. Pero aparentemente había poca agua. A la distancia que se encontraba Miguel no puede distinguirse el contenido del riachuelo, pero si se puede ver qué a los costados se encuentran unas bestias enormes, obesas, a las cuales no se les pueden ver si quiera los pies de la gran cantidad de abscesos hinchados que tenía su cuerpo. Sus brazos son más largos comparándolos con lo poco que se veía de su cuerpo. Tiras de piel grasosa cuelga cada que se mueve su brazo. En el lugar que deberían ir sus manos y dedos se ve una especie de muñón con tres apéndices que parecen funcionar como dedos, pero parecieran estar afilados en su totalidad. Su cabeza, en total desproporción, tiene forma cilíndrica, no parece tener cuello, y lo que parece ser su boca es una suerte de ano hinchado que se expande de forma asquerosa, en cada uno de sus pliegues o arrugas tiene una gran cantidad de dientes afilados muy pequeños.
Estas bestias se encuentran en todo lo largo del riachuelo anteriormente mencionado. Al buscar alguna otra ruta para salir del pueblo. Solo podía ver enormes seres voladores, los cuales eran una masa de carne rechoncha sin orden, Con cuatro alas con lo que parece ser piel o membrana, el cual giraba el centro de su cuerpo. (Dónde se encontraban las alas). Su cabeza era una cabeza similar a la de un humano pero con la boca estirada, como el pico de un pelícano. Y su parte inferior del cuerpo parecían ser tripas o tentáculos que se movían y estiraban en forma aleatoria. Estos seres bajaban sus apéndices para atrapar a cualquiera que esté a su alcance. Aún habían personas rondando alrededor. Tan desubicados como el mismo Miguel. Se tomó un momento para apreciar el panorama y decidir que hacer. El veía a la gente “vibrando”. Temblando con tal fuerza que pareciera que sus cuerpos se distorsionaban, cambiando de tamaño e incluso doblar sus extremidades incluso en lugares de inflexión. Algunos sangraban de las coyunturas y orificios del cuerpo. Al mirar a uno que se mantenía en estado catatónico mientras su cuerpo arremetía contra si mismo. Miguel se acercó un poco para ver qué pasaba con el. Al acercarse un poco, vio como su tejido se desgarraba, expulsando sus órganos, sangre y huesos, perdiendo su forma para volverse una plasta de carne inerte que solía tener nombre.
Miguel lo tenía claro ya, tenía que irse por el riachuelo, era la unica forma de alejarse de este lugar. Al acercarse al borde prestó atención a todo lo que pasaba. Así vio que en el agua de color gris, se encontraban cuerpos hinchados y en avanzado estado de putrefacción flotando, y los monstruos grotescos de la orilla extendían sus amorfos brazos para tomar estos cadáveres y alimentarse de ellos, cómo si se tratase de niños comiendo cereal. Sabía que esto sería horrible, y mientras más lo pensara podría terminar muerto de una forma dolorosa. Obviamente también esto implicaba un riesgo, pero notó un detalle importante, las bestias eran ciegas ya que movían sus garras hasta agarrar algo que meterse a su “boca”.
Miguel se lanzó y el rio estaba más profundo de lo que aparentaba, tenía una consistencia lechosa y apestaba a nada más que un gran cúmulo de muerte. A Miguel se le dificultaba nadar en estas condiciones, por lo que tuvo que sostenerse de un cadáver para poder flotar, al tratar de sostenerse, tomó fuertemente la espalda del cadáver, y de su misma fuerza hizo que la piel se desprendiera, cómo si fuera una tira de papel húmedo, dejando ver qué en el interior de este cadáver ya habían gusanos alimentándose. No pudo contener su vómito y lo hizo sobre el cadáver. Para este punto el olor hizo que su nariz se congestionara y así pudo “lidiar” con el terrible aroma. Los monstruos generaban olas al introducir y sacar sus garras, cosas que dificultaba más la pestilente tarea de Miguel. Que sutilmente se movía a través de los obstáculos y los monstruos esperándo y descansando cada que veía un monstruo buscaba comida. Miguel ya se encuentra en un punto medio y su cuerpo resiente el esfuerzo. Para este punto sus manos y brazos están llenos de gusanos tratando de alimentarse de el como si fuera parte del necrotico ecosistema que reina en este rio, así pues, con sus ojos hinchados, y piel irritada sigue con su labor, hasta que una de las bestias deja caer su garra sobre el “bote” de Miguel, de suerte logro retirarse rápidamente, pero una de las garras le dejó un brazo con una herida considerable, y por su desesperación, aunado a la ola causada por el monstruoso ser, termina agarrándose de el cadáver de una vaca…O Algo así, ya que había poco que reconocer de este cadáver, así pues, siguió nadando, está vez un poco más lento debido a su herida y a lo pesado que era mover este cuerpo. Ahora, después de esta putrida experiencia, Miguel llegó a la orilla, usando ramas que colgaban de la orilla, que eso pensaba Miguel antes de sentirlas con las manos, estás ranas eran brazos humanos, pero estaban bastante delgados, cómo si no tuviera músculos. Solo hueso y piel.
Miguel vómito por 10 minutos más una vez pisando “suelo”, se sentía enfermo, todo el cuerpo le picaba y su herida no paraba de sangrar, le ardía y parecía comenzar a hincharse. Al sentirse un poco “mejor” siguió un sendero entre los “arboles” que seguían pareciendo venas y terminales nerviosas, al igual que el suelo seguía pareciendo piel. Siguiendo su camino, comenzó a sonar el cielo como si se aproximara una lluvia intensa. El camino se inclinaba, se dirigía cerro arriba. La lluvia cayó, tenía un color oscuro, y tenía un olor ácido, lastima a las fosas nasales al respirar, Miguel apresuró el paso hasta que más adelante vio un grupo de personas, eran algunos pueblerinos, así que apresuró el paso hasta ver claramente a la persona extraña de la boca desubicada, dándole órdenes a la gente de hacia donde dirigirse como si se tratase de una evacuación, Miguel se escondió entre uno de los “arboles” mientras vio a el sacro Naviel acercarse a este hombre, ambos se veían cómo si hubieran sufrido de quemaduras graves, además de estresados, inundados en miedo. Erráticamente le habla al sujeto extraño, cómo si le estuviera reclamando algo, desgraciadamente Miguel se encontraba bastante lejos como para oír de que hablaban. Pero aún tenía la esperanza de que Alicia estuviera cerca, sigilosamente se acerca a el grupo, rodeandolos. Poco a poco veía a el par gritándose cada vez más cerca. Y por fin pudo saber de qué tanto peleaban
- ¡Claro que nada de esto es normal!, ¿A caso crees que yo quería que estas bestias estuvieran aquí?, Se supone que nadie debe morir en el Reino de la virgen del perdón, no sé que carajo pasó, y al único pendejo que debería reclamar es a ti, seguro hiciste algo mal durante el ritual.
- Yo no hice nada señor….
- ¡Sacro Naviel para ti, pedazo de mierda!
- Sacro…. Sacro Naviel, una disculpa, yo…. Yo le juro que no hice nada, salvo lo que me pidió
- ¡No te creo nada!, ¿Qué hacen los putos ambrocubos en este plano?, ¿Eh?
- Usted, usted mismo lo dijo. La imperialidad astral es un ser caótico, tal vez….
El sacro Naviel le propina un puñetazo, de tal fuerza que lo desequilibra y cae al suelo.
- ¡No te atrevas a culpar a la santísima imperialidad astral!, Maldito insolente. Quiero que me escuches, y me escuches bien. Tenemos la gente necesaria para un segundo ritual. Y más vale que pienses en uno para sacarnos de aquí, y lo hagas bien, ¿Entendiste?
- Si, si….. entendí sacro Naviel.
- Vámonos antes de que los ambrocubos devoren a la gente.
El primero en irse es el sacro Naviel, el otro hombre quedó resagado, en el suelo, vio como la gente se perdía de vista. Miguel aprovechó la soledad del momento para atacar al hombre, derribandolo y ejecutar múltiples golpes en su desfigurado rostro. Mientras Miguel se descargaba con el hombre, se escuchó un sonido vibrante, extraño, una sombra los cubrió, al mirar ambos al cielo, ambos vieron una criatura extraña, parecía ser un gran cúmulo de rocas, y tierra, con extremidades babosas y flexibles que salían de varias partes de lo que parecían ser túneles de la composición rocosa de lo que parecía ser una especie de caparazón. En lo que aparentemente era su parte frontal se encontraba una cabeza asimétrica, cómo si tuviera tres cabezas humanas intercaladas, y por ende, tres rostros. Tenía un tamaño considerable y levitaba a una distancia de siete metros aproximadamente, sus extremidades se movían sutilmente, cómo buscando algo. Miguel se quedó quieto, boquiabierto, viendo atentamente lo que hacía el monstruo. El hombre extraño comenzó a gritar
- ¡Sacro Naviel!, ¡Sacro Naviel!, ¡ayúdeme por favor!
El hombre empuja a Miguel, se incorpora y comienza a correr, las extremidades de la bestia se mueven ágilmente, sin que el resto de su cuerpo se mueva, el sacro Naviel aparece a lo lejos, viendo cómo la bestia toma al hombre por un pie y lo arrastra. Tanto el sacro Naviel como Miguel se mantuvieron quietos. La extremidad del monstruo lo lleva a uno de sus túneles antes mencionados, introduciendo lo más y más, una des sus piernas entró, mientras que la otra se quedó atorada afuera. El hombre gritaba de dolor pidiendo auxilio incluso de Miguel. Con un fuerte tirón, la pierna del hombre cayó desprendida de su cuerpo, salpicando de sangra a Miguel. Finalmente entró todo el cuerpo del hombre y de inmediato se escuchaban como sus huesos se reventaban, al unisono de sus ultimos gritos de dolor. Después de esta horrenda imagen el monstruo comenzó a moverse de nuevo en la misma dirección a la que se dirigía. Miguel y el Sacro Naviel se mantenían en shock después de lo que vieron. Sostuvieron contacto visual un momento. El pavor de Miguel se fue para ejercer una mirada de odio. En cuanto la bestia se perdió de vista, Miguel se incorporó y tomó la pierna del hombre. El sacro Naviel comenzó a correr. En cuanto Miguel se acercaba podía escuchar sus lloriqueos, suplicando que no le hicieran nada. Hasta que tropezó y calló de boca al piso.
- ¡Miguel, entiendelo!... ¡Todo estaba bien planeado, excepto tanta muerte innecesaria!
Miguel arremete a la cabeza de el sacro Naviel con la pierna amputada del hombre.
- ¡¿Dónde está Alicia?!
El hombre suelta una risa frenética, estando en el suelo.
- ¿Es que no la vez?, Todo este tiempo ha estado ahí.
El sacro Naviel señala un punto en el cielo. A lo lejos se ve algo suspendido en el aire emitiendo leves luces.
- Se ve gloriosa, ¿No?
- ¿Cómo llego a ella?
- Ella no bajará hasta que sea el momento.
- ¿Qué chingados es este lugar?
- No lo sé, deberíamos estar en el perdón, no en este lugar putrido, debería de ser más…. Hermoso
- ¿Por qué mataron a mi familia?
- Son sacramentos, llaves para abrir grietas en el espacio, con el ritual correcto, y los sacramentos adecuados podíamos crear un lugar para evitar el fin del planeta antes de que este suceda. Brillith no llegará.
- ¿De que hablas?
- ¡Sabemos que Brillith no llegará!, ¡Nos dejará a nuestra suerte!
El sacro Naviel vuelve a reír incontrolablemente. Miguel se desespera y con ira, arremete de nuevo en su cabeza una y otra vez, ya sin dientes y asfixiando se en su sangre, el sacro Naviel sigue riendo, hasta que Miguel decide ejecutarlo aplastando su cabeza con su pie. Con relativa facilidad, Miguel mató al sacro Naviel, la persona que con sus propias manos mató a los primos de Miguel, ¿Por qué no se defendió?, ¿Ya no tenía motivos para incluso defender su propia vida?, O será que al ver que su última esperanza, en este caso, el hombre extraño fue asesinado. Ya no le importaba lo que fuera de el. Sea como sea, cuando Miguel fue a ejecutarlo, ya no podía hacer nada.
La infección en el brazo de Miguel había avanzado, supuraba un líquido apestoso, el dolor era insoportable y la hinchazón empeoraba. Los pasos de Miguel eran lentos, ya estaba cansado, cuando pudo darse cuenta, la gente que venían protegiendo el sacro Naviel y el otro hombre, todos estaban convertidos en retazos humanos sin vida, monstruosamente descuartizados, sin orden aparente de que partes le pertenecían a cada quien. Y esta escena se encontraba nada más que enfrente de el túnel donde entraron a este atroz lugar. Miguel estaba totalmente desorientado. Ya que podía verse a corta distancia el otro lado del túnel, se acercó a este, pasando por los cadáveres y el charco de sangre que se había formado. La muerte ya no era sorpresa para Miguel, tampoco un motivo de sentir miedo, ya era parte de la naturaleza del lugar. En el punto medio del túnel. Miguel miró lo que se encontraba del otro lado.
Los dos cerros que colindaban con el pueblo ahora eran titanicos montones de carne con múltiples y horrendas fauces que se movían Erráticamente. En el cielo se seguía viendo la imperialidad astral, está vez más cerca, y podía verse que se estaba rompiendo, cómo si le hubieran arrancado partes de su composición. El suelo, aún de carne se veía en llamas y sangrando ya que las piezas de los planetas caían como meteoritos ahí. El suelo tiembla y gritos atroces de bestias, humanos y otras cosas irreconocibles orquestaban está caótica composición.
Miguel comenzó a emprender el paso, ya no esperaba nada, ni tenía esperanzas, algo le decía que ya no había nada para el en este lugar salvó más de lo que había experimentado. Mientras caminaba podía sentir caer los meteoritos a la distancia, el suelo temblaba y los impactos lo hacían perder el equilibrio, los rugidos de las bestias le generaban un pavor intenso. Y la hinchazón de su brazo le impedía levantarlo para taparse la oreja. Miguel perdió el equilibrio y cayó al suelo. Permaneció un momento en posición fetal. Los impactos de meteoritos se acercaban cada vez más, y cada impacto lo levantaba unos centímetros del suelo, le era imposible mantener el equilibrio, aprovecho un momento que no cayeron meteoritos para ponerse de pie. Para su sorpresa se encontraba en un lugar diferente. Un risco. En la cima de un cerro, se puso de pie, notó que se encontraba en un punto bastante alto, se tocó la nariz y sintió un abundante sangrado en su nariz. El cielo se volvió más rojo de lo que ya era.
- Miguel – una voz bastante familiar hizo que Miguel voltear
- ¿Alicia?
Un ser de apariencia femenina bajó del cielo, parecía estar ausente de piel. En su cabeza tenía incrustado a sus músculos, una corona hecha de carne y ojos que se movian erráticamente en todas direcciones. Tenía dos pares más de brazos, antebrazos y manos que surgían de la parte posterior de sus hombros. En cada una de las puntas de sus dedos se encontraban puntos luminiscentes. Al verlos detenidamente se trataban de sistemas solares enteros. El rostro de Alicia no había cambiado a pesar de no tener piel. Seguía teniendo una cordial mirada y una delicada sonrisa. Toda su silueta se encontraba rodeada de un arco de fuego, además de que levitaba elegantemente.
Las esferas de carne que se encontraban a lo largo de los cerros se acercaban. Emitiendo sonidos aún irreconocibles para Miguel.
- No temas ya Miguel, ya pasó tu castigo
- ¿Castigo?, ¿Qué hice?
- Destruiste vidas Miguel – le contesta de forma tierna
- Yo… ¿En qué momento?
- En varios
- Yo no quería que nada de esto pasara, quería una vida contigo
- Lo sé Miguel, es por eso que hice todo esto – Alicia extiende sus brazos
- ¿Qué es todo esto?
- El necroverso, nuestro nuevo hogar, ahora el dolor no tendrá más peso aquí…. Estaremos a salvó.
Miguel se retuerce de dolor, algo en el no va bien, sigue sangrando de la nariz, su brazo y parte de su torso ya tienen un color oscuro y perdió total movilidad. Miguel cae de rodillas y mira a Alicia.
Es gloriosa, en ella la esperanza reencarna y hace que olvide toda pena y dolor. Desde siempre quise estar con ella y perderme en sus ojos, intangiblemente hermosa creatura, no merezco tal honor de compartir el mismo espacio, respirar su aire y obtener fragmentos de su tiempo. Indigno me siento de ocupar espacio en sus recuerdos y protagonizar sueños a su lado. Bendita seas tu. Bendita tu caricia sanadora. A tus pies sirvo, a tu existencia venero
El cuerpo de Miguel tiembla, cómo si sus células quisieran detonar, cómo si una presión interna naciera y empujara sus órganos hasta sus limites.
- No quiero morir Ali
- No lo harás Miguel, vivirás conmigo
- Lo siento, lo siento tanto mi niña – Miguel rompe a llorar.
- Te perdono Miguel, tranquilo, no eres culpable del todo. Eres una víctima de las circunstancias…
Miguel mira a los ojos de Alicia, y su cuerpo no resiste más, su tejido revienta al punto de no quedar manera de reconocer que esa masa tenía nombre, sentía amor, era un humano.
Sus últimos pensamientos eran los recuerdos del primer día que pasó con Alicia, el momento eterno en el que colindaron sus destinos. Y ese pensamiento durará eternamente como un bucle interminable por el resto de la existencia. Miguel quedará atorado en ese recuerdo por siempre
- ¿Tienes sed Ali?, Para traerte agua
- Si por favor
- ¿Qué tienes?, Te veo rara
- …
- ¿Ali?
- No sé por qué aceptaste a venir aquí
- A mi familia le gustan este tipo de viajes
- ¿Y por lo menos han venido aquí antes?
- La verdad no, mi tío dijo que vio en internet que aquí hay una reserva de aguas cristalinas, se que se ve culero, pero por las fotos se ve bonita la reserva.
- Eso no me lo dijiste en un principio
- Ya, ven dame un beso
Los adultos sacaron cervezas y subieron un poco el volumen a la música
- ¿Se están peleando de nuevo?
- No, mira ya se están besando
- Es que ya me da pendiente por lo que pasó la otra vez
- ¿Qué, si estuvo feo?
- Pues la chiquilla terminó llorando, y el cabrón de mi hijo rompió una silla
- Que necesidad hombre, ¿Nomás por lo del perro?
- Pues disque lo querían mucho, duró lo que ellos de novios.
- Ya dejen de andar de víboras, ¿No sé cansan o que chingados?
Ambas, la madre y la tía son hermanas, por lo tanto tienen fama de “Adquirir, y compartir información con motivos de ocio”. Nunca paran de hablar de la gente incluso si tienen a la persona de la que hablan en frente. Los primos, por su parte, se divierten explorando la zona, tratando de encontrar algo interesante, y vaya que lo encontraron.
- ¡Alex!, ¡Alex!
- ¿Qué?
- ¡Mira lo que encontró Eri!
- ¿Qué pasó flaca?
- Encontramos unas ruinas
- No son ruinas Paco, ¡Un túnel abandonado!
- A la madre, está bien profundo
- ¿Nos metemos?
- Aguanta Paco, vamos a avisarles a los demás de esto.
- ¡Oigan, miren lo que encontramos!
Todos se acercaron al grupo de jóvenes, que por su tono de voz, podría decirse que encontraron algo interesante. Una vez todos reunidos frente al colosal túnel, se postraron un momento apreciando lo desolador y misterioso que lucía aquel lugar.
- ¿Entramos?. – dijo Javier
- Se ve peligroso, ¿Qué tal si salen marihuanos y nos asaltan? – Dice Julieta dando pasos hacia atrás
- Que van a salir marihuanos ahí mujer, no es que anden esperando gente por días a asaltarlos, por qué, ¿Ya viste el lugar?. ¡Está de la verga!, Seguro ni Dios ha pisado este lugar pitero. – Le contesta amablemente su marido.
- Bueno, yo proponía entrar con la camioneta, todos adentro, tal vez y hasta resulta un atajo a las aguas cristalinas.
Obviamente todas las mujeres en el grupo discreparon sobre la idea de Javier, parecía un lugar frío, y claro, en un lugar que parece oscuro y a tal profundidad, podría parecer ver qué algo o alguien se encuentra dentro, cosa que le sucedió a Alicia, cuando miraba fijamente el otro lado del túnel, entrecerrado los ojos creía que del otro lado el cielo era rojo, y, de tanto mirar fijamente ella vio como si alguien cruzara de lado izquierdo al derecho del puente caminando lentamente.
- Ali, ¿Estás bien?
Alicia respinga del susto, voltea y ya el grupo se encontraba subiendo la camioneta.
- Creo que vi algo
- ¿Qué viste?
- Vi a alguien cruzando el túnel de lado a lado
Miguel entrecierra los ojos centrándose del otro lado del túnel; incluso acercando la cara para tratar de enfocar más su vista, pero no vio nada fuera de lo común. Javier les suena el claxon haciendo que la joven pareja brinque del susto.
- Vámonos ya hombre
Ambos suben a la camioneta y Javier pone la marcha, sin embargo, justo antes de que entren al túnel, la camioneta se apaga.
- A chingau
- ¿Qué?
- Ya no prende esta madre
- ¿Si tiene…?
- Si mujer, tiene gas, le puse antes de entrar al cerro – le dice Javier a su esposa de forma pesada, haciendo que ésta refunfuñase y se cruzara de brazos. Esto estresa a Javier por lo que, ya molesto intenta encender la camioneta con movimientos bruscos y haciendo berrinche
- ¿No se deja o que? – Dice Bernardo de forma burlona.
- Pues no, no sé que chingados le pasa a esta chingadera, si ya le había hecho mantenimiento antes de venir.
- Mejor nos regresamos, ¿No? – Dice Susana de forma calmada a su ya molesto esposo que no deja de hacer su escándalo. Y claro, en lugar de tranquilizarlo, lo altera más.
- ¿Cómo chingados nos vamos a regresar si ni prende la chingadera esta?
- No me hables así Javier – le responde Susana con voz quebradiza
Javier no para con su necedad, por lo que lo único que se escuchaba en el ambiente eran sus quejidos y maldiciones, todos dentro de la camioneta miraban a otro lado ignorando lo sucedido. Finalmente Miguel abre la puerta de la camioneta y le dice a Alicia:
- Vamos a pie, ándale
Alicia no estaba de acuerdo, no quería bajarse de la camioneta, ya que ahí se sentía segura después de haber visto lo del túnel. Por lo que ella duda si darle la mano o no, y vio la cara de Miguel… Ya se estaba molestando.
- Ándale Ali – Insistió Miguel moviendo su mano. Finalmente, Alicia, con miedo le da la mano a Miguel
- ¿A dónde chingados vas Miguel? – Le dice Javier
- Vamos a entrar caminando
- No digas mamadas, regrésate órale. - Miguel da la vuelta y camina hacia el Puente. Alicia voltea a la camioneta esperando a que alguien los detenga, sin embargo, los primos bajan de la camioneta.
- Vamos con ellos, no les vaya a pasar algo – Dijo Alejandro – Vámonos Paco, ¿Vienes flaca?
- Si
- Vamos con ellos. – Dijo Bernardo, con tal de no ver más el problema marital incómodo que sucedía.
Bajaron todos de la camioneta, a acompañar a los muchachos, en cuanto se cierra la puerta. Javier da un llavazo y la llave termina rompiendose. Haciendo que Javier grite de ira
- ¡Me lleva la perra chingada!
Susana baja de la camioneta, ya no aguantaba el carácter de su marido. Una vez todos dentro del túnel y Javier aún en la camioneta, este último comienza a sentirse solo e incómodo, por lo que baja y se incorpora al grupo.
Una vez dentro, la atmósfera es abrumadora, hay una obscuridad total, tanto que Débora la luz al dar los primeros pasos. El silencio es roto abruptamente por un sonido que proviene de la camioneta.
- ¿Eso es?...
- ¿Música?
Deberías llorar
Deberías rogar
La virgen ya viene
Ni intentes escapar
Los brazos extendidos están
Los ríos de culpa se llenarán
A la mártir hay que liberar
Y al inocente vengar
Por sus pecados
Ustedes
Pagarán
En cuanto la música se detiene, la luz de la entrada del túnel se apaga, el grupo queda sumido en una atmósfera tan obscura como cerrar los ojos para dormir, no podían ver absolutamente nada, por lo que gritando, se pusieron de acuerdo para que cada quien se sujete de las manos y así continuar. Cada uno sujeto de ambas manos
- ¿Ya están todos?
- Si
- Ya, yo estoy sujeto a dos
- Yo también
- Bien, avancen pues
- Pero lento porfa
- Padre nuestro que estás en el cielo…
Solo el sonido de sus pasos los guiaba, si uno tropezaba el otro tenía cuidado, o no
- Hey, fíjate, me pisaste
- Avancen rápido hombre
- Venga a nosotros tu reino…
Unos sonidos peculiares se oían a lo lejos, el sonido se acercaba cada vez más y pudieron identificar de que ruido se trataba.
- ¿Son perros?, ¿Hay perros aquí dentro?
- Cuidado, no los vayan a morder
- Así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…
Todos sintieron cómo los perros les pasaban por las piernas, golpeando. Pero solo a dos personas les pasó algo diferente.
- Mamá, mamá ayúdame, un perro me está mordiendo
Se escuchaba como el perro gruñía con rabia.
- Ora pinche perro. Suéltame cabrón
Todos hicieron un alboroto, gritando y pateando lo que creyeron que era el objetivo, pero todos seguían sujetos con sus manos, si tan siquiera se pudiera ver sería una situación graciosa como todos pateaban a la nada o se pateaban entre si. En fin, se tranquilizó el asunto, y se dejó de escuchar ruidos de animal.
- ¿Están bien?
- Si, ya se fue el culero
- ¿Te duele mucho mi amor?
- Me duele mi pierna mamá
- Espérame papi, cuando salgamos te curo. ¡Apúrense hijos de la chingada, ¿cómo para chupar si son buenos?, cabrones!
- Y líbranos del mal, amén…
Al seguir caminando lo que ellos creían que era línea recta, sus pasos entorpecieron, habían una especie de bultos en el piso, por lo que tenían que caminar con cuidado para no caer y soltarse, a la vez un olor putrido agobiaba a la familia.
- Ora quien puso estos pinches costales aquí hombre
- ¿Es una prueba de obstáculos o que chingados?
- ¿Eso que huele es como a perro muerto?
Sin duda estaban asustados, a la expectativa de que otra cosa pueda sucederles. Las manos les sudaban y algunas de las mujeres lloraban en silencio, el niño era el único que lloraba en voz alta y su madre trataba de calmarlo, el humor de los adultos no ayudaba puesto que está tensión no los dejaba pensar claramente.
- Les dije que no entráramos carajo.
- ¿Y que piensas hacer ahora?, ¿Regresar?
- Ya no peleen, ya avanzamos buen tramo, y ya no hay nada que entorpezca el camino, pronto vamos a salir
- ¿Tu qué sabes pendeja, ya estuviste aquí o que?
- ¡No le hables así a mi mujer!
- Cállate cabrón que por tu culpa estamos aquí
Un sonido estridente de trompetas obliga a que todos se tapen los oídos para evitar que se lastimen, soltándose. Después de un tiempo quedó todo en silencio, cuando se recuperaron, pudieron ver qué la salida del túnel se encontraba frente a ellos, era resplandeciente y cegador, cuando recuperaron la vista, pudieron ver qué, cada uno de ellos se encontraban a dos metros de distancia separados unos a otros… ¿Quién o quienes estuvieron sujetos a ellos en todo este tiempo?
Al estar del otro lado del túnel, podían ver con claridad que era una copia exacta del otro lado, solo que sin camioneta, salvó por ese pequeño detalle todo se veía normal…
1. Aquel que alzó la piedra contra el inocente
- ¿Dónde estamos?
- Parece que regresamos al mismo lugar… Espera, ¿Y la camioneta?
- No hay marcas de llantas
- Ya dejen de alegar, mi niño está sangrando mucho, acompáñenme a llevarlo a un doctor.
- ¿Cómo lo llevamos si no sabemos dónde estamos, ni tenemos en que llevarlo
- Pero como les encanta discutir hombre
- ¿Alguien ya notó que los árboles están extraños? – Dijo Alicia mientras se acercaba a uno de estos con cautela, y lo curioso es que en efecto, los árboles tenían una forma peculiar, parecían tener forma del torso de la na mujer con los brazos abiertos.
- ¿Alguien los talló? – También se acerca Miguel.
- No… parece que así es la corteza… Así crecieron estos árboles.
Alejandro miraba a la distancia, entre la maleza algo se movía, pero cautelosamente, el muchacho tomó una roca y la lanzó a lo que creía que era alguien.
- ¿Qué haces Alex? – dice Erika
- Alguien nos espía, ¿si ves?
Erika pudo ver una silueta entre la hierba, por lo que toma una roca un poco más grande que la anterior y la lanza, está vez impactando, y haciendo que el merodeador salga de su escondite.
- N-no, no, traigo luz, traigo luz, Dartova me cuida, me cuida.
El espía es bastante peculiar, viste de pantalón formal color rojo, cinturón de cuero negro, camisa formal blanca, y corbata roja, lo que sin duda llamó más la atención es su rostro, sus ojos son saltones, grandes y viscos, su nariz pequeña, y sus labios desubicados, precisamente en lugar de mejilla izquierda tenía sus labios, los cuales movía con normalidad, cómo cualquier humano. La parte posterior de su cabeza tiene poco pelo, pero eso sí, bien peinado.
- ¿Qué dice el mensito? – Bernardo le pregunta a Javier, quien es el que está más cerca de el sujeto.
- Amigo, disculpa, ¿No has visto una camioneta roja por aquí?
- Pregúntale por un doctor, tu camioneta como quiera
- Los nueve, son nueve, dijo nueve, aquí están – Dice el extraño personaje mientras da vueltas en su eje y se da golpecitos en la calva
- ¿Qué pedo con ese wey?
- Vengan, los llevo, me mandaron aquí, es mi misión.
- ¿Está bien seguir a este extraño? – Le pregunta Alicia a Miguel, a lo cual Miguel le besa la frente y la tranquiliza. E interrumpe Susana.
- Calma chaparra, está mensito, esa clase de personas no hacen nada
A final de cuentas, al niño le aplicaron un torniquete improvisado, y lo llevan cargado, pronto el paisaje se ve más verde y claramente diferente al lugar donde provenía la familia, se podían ver dos cerros más a parte de donde ellos se encontraban, y justo en el centro, dónde los tres cerros nacen, se puede apreciar un pueblito, aquí se dirige nuestro peculiar grupo.
- Se ve extraño, ¿No podemos solo volver? – sugirió Miguel.
- Hay un pueblo cerca, si regresamos tardaríamos en atravesar el túnel, además, el último pueblo estaba como a 30 kilómetros, Paquito se puede desangrar en ese tiempo.
- Ni pedo me vuelvo a meter a ese pinche túnel, casi me cago
- Pero la herida de Paco no es tan profunda.
- Déjate morder entonces cabrón a ver si muy machito.
- Si Migue tampoco no mames
- A ver ya cálmense, primero vamos a ayudar a Paquito y a Alejandro y luego vemos lo de la camioneta.
- A mí no me duele tanto tía, nomás fue un rozón.
- Aún así hijo, para que no se te infecte.
La bajada al pueblo fue cansada, Paco ya se encuentra débil y dormido, la mamá no deja de preocuparse y algo más que añadir, solo para retroalimentación, los árboles siguen teniendo la silueta de una mujer, con la misma posición, tan perfecto y simétrico como la naturaleza lo permite. Poco a poco la flora del cerro se torna un poco más ausente para dar paso a pozos y sembradíos, al llegar al pueblo, las casas podrían describirse como “de ciudad”, una calle de tierra aplanada dividía dos secciones de casas de dos pisos, con jardín incluido, a los lados de la calle se encuentran unos pequeños canalitos de agua. Más adelante se podía ver un árbol enorme, que cómo pueden asumir, también tiene la forma de una mujer, está vez de cuerpo completo, el árbol es frondoso y muy verde. Detrás del árbol se puede ver una gran edificación, parece ser una iglesia.
Conforme la familia avanza en la calle, la gente sale de sus casas, todos vestían de la misma forma: Los hombres con zapatos rojos, pantalón rojo, camisa blanca y corbata roja, las mujeres por su parte, usaban zapatos de tacón rojo, y vestido rojo, todos parecen felices con la presencia de los forasteros, a lo cual, los pueblerinos sonreían y sacudían sus manos dándoles la bienvenida, algunos incluso aplaudían o silbaban.
- Ora, ¿De cuando acá los güeros viven en cerros?
- No hay… niños… ¿Nadie ve uno?
- Sacro Naviel… Sacro Naviel… los salvé, los salvé. – decía el hombre de aspecto raro que los espiaba, dando brincos y saludando a los pueblerinos.
Por su parte la familia no sabía que hacer, se sentían extraños al ver que la gente los trata de esta forma, y para no verse groseros, terminaron por replicar sus actos, devolviendo los saludos. La familia avanzaba en la calle, se podía ver qué había una vida amigable tanto para personas como para animales, ya que perros, gatos, puercos, cabras, burros, y otros animales de granja convivían con la gente. Julieta se acercó con una pareja; Hombre y mujer. Con el pequeño Paco en brazos.
- Disculpe, ¿hay un doctor aquí que pueda curar a mi hijo?
- Galadriel nos sana
- Galadriel nos sana
- ¿Quién?
- Galadriel, el lo sana a todo
- ¿Dónde está?
- En el templo
- ¿Me puede ayudar por favor?, Mi hijo necesita ayuda.
La pareja lleva a Julieta a el templo, Bernardo decide quedarse con el resto, discute con Erika, y esta termina acompañando a su madre y a su hermano con el mentado “Galadriel”.
Los pueblerinos rodean por completo al resto de la familia y llevándolos al árbol gigante, dónde alguien se encuentra sentado sobre una suerte de escenario o tarima al pie del árbol.
- Sacro Naviel, cumplí, los traje, aquí están.
La persona sentada, se pone de pie, y puede ver a el conglomerado de gente, y por un costado a la pareja escoltando a Julieta y Erika; esta persona viste ligeramente diferente al resto, Salvo que sus pantalones rojos tienen detalles dorados, al igual que su corbata, el cuello de su camisa es negro.
- ¡Bienvenidos!, estoy muy feliz de verlos, les agradezco su visita, déjenme ver a quien tenemos aquí. – Se detiene a observar a cada uno de los integrantes de la familia, ya que ellos estaban frente a la tarima.
- Ya veo, ¿a ti te lastimaron? – señala a Alejandro, y al momento los habitantes dicen al unísono: - ¡sálvelo Addanor! – Infinitamente glorioso es el poder de Addanor, venga joven, yo le sanaré sus heridas. – Los demás vuelven a decir al unísono – Salvación y perdón a ti.
- Vamos, no temas.
Alejandro miró a los demás y todos se veían confundidos, la gente seguía repitiendo la frase y el hombre arriba de la tarima extendía su brazo y animaba a la gente a qué siguieran con sus rezos. Finalmente, Alejandro decide subir, dándole la mano, la multitud aplaude y celebra la decisión de Alejandro, el hombre toma el brazo de el joven, alguien acerca una silla de madera y el hombre le pide a Alejandro que se siente.
- Dime Alejandro, ¿es lindo ser lastimado sin razón alguna?
Alejandro se queda atónito al saber que este hombre supo su nombre, la familia presente también se sorprendió, y más aún, después de las últimas palabras del hombre, la conciencia de Alejandro lo engañó, mostrando una cara de nervios, como si hubieran descubierto un secreto suyo.
- Alejandro, es de mala educación no responder las preguntas que te hacen.
- N-No es lindo
- ¡Claro que no es lindo!, es abominable creer que solo por estar aburrido te da derecho de abusar de una vida inocente. Aleluya Addanor.
- Somos ciervos de la luz – dijeron los pueblerinos.
- Maravillosa es la vida como para tratar de destruirla, ¿no crees Alejandro?
- Atados a tu vientre estamos Addanor.
- Quiero bajarme
- ¿Disculpa?
- Quiero bajarme de aquí por favor
- ¡Pero aún no te he sanado!
Los nervios de Alejandro incrementan, notándose ansioso y con sudor en la frente, moviéndose impaciente en la silla, queriendo correr. El hombre se colocó detrás de Alejandro, reposando sus manos en los hombros del joven.
- Eres un joven maravilloso, ¿Por qué lo hiciste?, ¿quién te dio el poder de quitar una vida?
- ¿De qué hablas? - Replica Bernardo
- ¡Claro!, no lo sabes. Tu hijo ayudo al asesinato de una inocente alma llamada “Tommy”
Miguel reacciona fúrico golpeando la estructura de madera con sus puños, Alicia por su parte mostro una gran expresión de sorpresa y al mismo tiempo tristeza.
- ¡Fuiste tu infeliz!, ¡Tu mataste nuestro perro!
- ¿Es verdad eso, Alex?
El resto de los miembros de la familia se miraron entre sí.
- Usted que sabe, viejo baboso, deje a mi hijo en paz, vente Alejandro.
Los pueblerinos tomaron a todos los miembros de la familia presentes en la tarima, comenzando una trifulca de jalones y golpes, finalmente la familia sucumbió ante la opresión del pueblo, finalmente el hombre se postro ante Alejandro, tomo sus manos y dijo:
- Estas manos fueron usadas para lastimar, y asesinar, no deben de existir tal especie de manos, son impuras y pueden causar más daño del que ya hizo. Es mi deber santo eliminar este mal.
Alejandro comenzó a llorar; sabia o, más bien, intuía lo que iba a pasar. El hombre tomó el dedo índice de Alejandro y tiró sin esfuerzo, y así de fácil se desprendió el dedo de Alejandro, haciendo que este soltara un grito agudo. Pareciese que no podía hacer nada al respecto por que solo se quedó ahí, viendo como obraba el hombre el cual miró fijamente a los ojos del joven inundado en pavor. El resto de la familia miraba con horror lo sucedido, Bernardo gritaba sin control mientras los demás contemplaban aturdidos.
- El pecado se extiende más de lo que uno cree, joven Alejandro, aun no admites tu pecado y eso solo empeora las cosas.
El hombre tira de la muñeca de Alejandro y de igual manera, de forma sencilla separa su extremidad del resto del brazo, la sangre de el joven se filtraba entre las tablas de la tarima, Susana se tapaba los ojos al ver la siniestra escena. El hombre de nuevo se coloca a espaldas de Alejandro, con sus manos toma su cabeza para moverla a voluntad.
- Dime Alejandro, ¿puedes ver esto? - Gira su cabeza a la derecha
- Si, lo veo
- ¿Qué vez?
- Veo paz, tranquilidad, ¿Es el cielo?
- Lo es amigo mío, ahora ¿Qué vez aquí?
- Es horrible, hay maldad y muerte
- Si no admites tus pecados no puedes cruzar a la luz, dime, ¿Qué escoges?
- ¡Quiero la luz!
- Buena decisión joven, ahora redímete
Alejandro se dirige a Miguel y Alicia. Sosteniendo su antebrazo que aún sangraba bastante.
- Yo asesiné a su perro, lo siento, quiero que sepan qué yo...
El hombre tomó a Alejandro de la cabeza y la jaló hacia atrás, de inmediato se desprendió de su cuerpo, cayendo frente a él joven matrimonio, salpicándolos de sangre, los pueblerinos gritaron de euforia mientras el hombre presentaba la cabeza ante el árbol. Bernardo gritaba de odio y tristeza.
2. Aquella que con su lengua distorsiona la realidad.
Julieta, Erika y el mal herido Paquito se encuentran frente al pilar principal del templo, esperando a la pareja de pueblerinos que los escoltaron, habían entrado a una habitación al fondo del templo. La arquitecta del lugar es carente, por decir mucho, en realidad mostraba muy poco de lo que fuera su religión, o lo que sea que veneran, salvo un pequeño cuadro, el cual mira Erika de forma muy detallada, se muestra una persona en lo alto de una colina, de rodillas frente una mujer con los brazos abiertos; sin piel, suspendida en el aire, con fuego marcando su silueta, y usando una corona de carne y ojos. El cielo de la pintura es escarlata y hay estrellas cayendo del cielo, a su vez, se pueden ver seres amorfos con trompetas. En la parte baja del cuadro hay una pequeña placa que dice “El sacramento de la traición recibe su juicio”
- Que andas viendo Erika – Dice Julieta, impaciente
- El cuadro, da miedo
- Pues no lo veas, mejor ve rápido y hablarles a los güeros, ya mi niño está muy frío.
- Si ma, voy
Erika va al fondo del templo, conde hay una enorme escultura de madera que adornan la pared a todo lo alto y ancho de esa pared, ¿De que será?, Si, una silueta de una mujer con los brazos abiertos. Erika se acerca a la puerta y ésta se abre sola, siendo la pareja quien la abre.
- Listo, Galadriel espera
- Solo venga usted y el niño, la joven puede esperar aquí.
Rápidamente Julieta llega a dónde están todos.
- Espérame aquí flaca, no hagas nada hasta que lleguemos.
- No mamá, aquí te espero
Al momento en el que Julieta entra la puerta se cierra de forma abrupta, del otro lado hay un pasaje de madera vieja, estrecha y mal oliente, a casa vieja y humedad, el pasillo es largo y la única iluminación son velas colocadas en el suelo.
- No sabía que se podían hacer hospicios en las iglesias.
La pareja no se inmuta, al parecer la ignoraron, después de caminar un rato, llegan a unas escaleras, dónde el olor se vuelve más presente, está vez a carne podrida.
- Oigan, no es normal que huela así, perdón por molestarlos, yo me regreso sola, gracias.
- Julieta, somos iguales a ti
- ¿Perdón?
- Al igual que tú, nosotros podemos distorsionar la realidad.
- No te entiendo, perdón
- Pudiste encubrir el pecado de tus hijos, y dirigir ese acto a la mártir
Pudiste evitar la atrocidad desde un principio, asumir tu responsabilidad y tomar cartas en el asunto. – Dijo la voz de una mujer, al voltear, Julieta se dio cuenta que era la pueblerina que la trajo, Julieta no lograba aprender como la mujer paso de estar frente a ella a estarlo a sus espaldas, el hombre, que estaba frente a Julieta, tomó el brazo de Francisco, y lo jalo de forma brusca, haciendo que Julieta pierda el equilibrio, y finalmente cayendo en las escaleras, no fue una caída violenta, pero no se salvó de recibir golpes en la cabeza y espalda, finalmente cayó en un piso de tierra, parecía húmeda y pegajosa, tenía un olor repugnante, se incorporó y miró a su alrededor, era un salón redondo, con paredes y techo de madera, todo iluminado con velas a nivel del suelo, en el centro se encontraban parados la pareja de pueblerinos, dándole la espalda a Julieta. Un sonido extraño se escuchaba cerca de donde se encontraba la pareja, sonaba algo parecido a “Nom, Nom, Nom, Nom”. Julieta no podía comprender nada de lo que pasaba, se encontraba un poco mareada por el golpe y el olor que emanaba este lugar.
- Oigan, ¿Y mi hijo?
- Esta ofrenda es el sacramento del incitador, su cuerpo está consumido por su pecado, no hay salvación para el.
- Nom, Nom, Nom, Nom
- Alabado sea Addanor
- Alabado sea Addanor
- Tenemos también al sacramento de la distorsión, sin embargo le queremos dar prioridad a usted.
- Nom, Nom, Nom, Nom
- Les estoy hablando, ¿no han visto a mi hijo? – Julieta se levanta, adolorida, es entonces cuando nota el necrótico panorama en el que se sitúa. Frente la pareja se encuentra un bulto de carne sin forma. Piel, tejido y músculos encimados y sin orden, aún con vida, solo se puede distinguir una especie de cuello y cabeza; la cabeza solo se distingue por ser lo único con cabello, no se sabe si de animal o humano, se pueden ver al menos nueve ojos, dos los tiene cerrados, el resto los tiene en partes al azar en la cabeza, de diferentes tamaños y colores, además tiene una protuberancia, cómo la trompa de un oso hormiguero, solo que los labios son como los de un humano, de esos labios solo se pueden escuchar los sonidos que a oídos humanos se escuchan como “nom, nom”, pero al parecer, para los habitantes llegan a ser enunciados completos. Alrededor de esta repugnante forma de “vida”, se encuentran desperdigados en el suelo; torsos y extremidades de humanos, muy pequeños para ser de un adulto, algunos aún parecen tener carne, otros están en los huesos. Peor aún, la pareja frente a Julieta tienen en sus manos al pequeño Francisco, ya muerto, el cual presentan a esta atrocidad viviente como ofrenda. A lo cual los labios podridos de la abominación reaccionan perforando la piel del costado del infante. Julieta se abalanza sobre la mujer jalándole el cabello. La agredida toma la muñeca de Julieta y presiona con sus dedos, destrozando por completo los huesos, convirtiendo su muñeca en un trozo de piel flácido, perforado con los huesos que solía cubrir, Julieta exprime sus pulmones soltando un grito de agonía. El hombre busca entre los cadáveres que decoraban el salón, redondo encontrando un pico y un gancho, ambos de acero. El hombre le da el gancho a la mujer. Julieta se rinde del dolor.
- ¡¿ Por qué hacen esto?!
- Tienes que reconocer tu pecado
- Addanor te perdonará
- ¿Pero mi hijo que hizo?, ¿Por qué le hacen esto?
- El comenzó con la tragedia, fue el primero que torturó al mártir.
- Ya que murió sin reconocer su pecado, su castigo será peor de lo que ya era
- ¡¿De que chingados hablan?! – Julieta se levanta amenazantemente. A lo cual, la mujer reaccionó rápidamente y clavó su gancho en la parte superior de la clavícula derecha de Julieta, con el impacto ella cayó en sus rodillas, de nuevo expresando su dolor.
El hombre, lentamente rodea a Julieta por su espalda, silbando y con el pico reposando en su hombro, la bestia amorfa seguía devorando las entrañas de su víctima, sin dejar de pronunciar “Nom, Nom, Nom”. Las lágrimas y la sangre de Julieta terminaron por entusiasmar a la pareja de ejecutores, haciendo que ambos silben y muevan las cabezas al compás de su silbido.
- Tienes una última oportunidad
- Addanor puede llegar a aceptarte
El hombre toma el cabello de Julieta y jala su cabeza para que mire hacia arriba.
- Mi hijo no hizo nada malo, se que el irá al cielo, no creo en sus pendejadas. Yo iré con mi hijo.
- Los necios no tienen lugar en el trono de Addanor.
- Tu gloria por siempre Addanor.
El hombre toma fuerzas y deja caer la punta del pico en la boca de Julieta, rompiendo sus dientes y llegando a su laringe, aún viva Julieta comenzó a hacer movimientos aleatorios y bruscos, el hombre jala el pico hacía el, logrando que la parte superior de la cabeza de Julieta se desprenda de su mandíbula.
- Cerramos por siempre el vórtice de mentiras e invenciones de esta pecadora.
- No volverá a insultar la continuidad de su creación, señor…
Ambos hicieron una reverencia al monstruo, quien ya había terminado de devorar al niño, su cuerpo ya se encontraba totalmente vacío. El asqueroso ser solo contesto con un “Nom, Nom”.
3. La que con su dedo crea injusticias.
Erica columpia sus pies en un banquito del templo, está comenzando a aburrirse, tararea una canción para acallar y tranquilizarse, aún se encontraba preocupada por los acontecimientos que han sucedido, sin duda algo le indica que algo obscuro está sucediendo, su mente la obliga a distraerse y olvidar que su hermano se estaba desangrando, aunado a eso, el hecho de que su mamá tarda mucho en regresar. Peor aún, lo que más le hizo perder la tranquilidad es ese cuadro, algo ahí la obliga a perder su mirada en tan torcida escena. Pronto se escucha el sonido de la puerta en la que entró su mamá, Erica se levanta de su asiento, y a quien ve salir es a la pareja que escoltó a su madre y a ella a este lugar. Su preocupación paso a ser pavor cuando vio que te lo hombre sostenía en su mano parte de la cabeza de su madre.
Lentamente Erica camina hacia atrás, cubriéndose la boca pare evitar vomitar, no fue suficiente, ya que terminó haciéndolo de igual manera, se recuperó y al levantar su mirada la pareja, con una sonrisa calmada y amable la miraron a los ojos, Erica tomó aire y corrió a la salida, al abrir la puerta del templo, notó que estaba atardeciendo, además que toda la calle estaba vacía, o eso parecía verse, salió rápidamente y rodeo el árbol y el pequeño escenario, notó que había sangre, al revisar si la pareja la seguía, notó que estaba completamente sola, finalmente, al dirigirse al camino de dónde fueron recibidos, pudo notar que unas ratas, del tamaño de un perro mediano salían de las canaletas que habían a los lados de la calle, todas las ratas se veían acumuladas por grupos, perdiéndose entre si, formando una amalgama grotesca de pelo en movimiento, los chillidos de las ratas son ensordecedores, con miedo, la joven camina entre las bolas de ratas, al verlas detalladamente pudo ver qué todas las ratas se están apareando entre si, concluyendo el bizarro espectáculo en algo vomitivo. El olor acompañado por los chirridos aunado al hecho de que los movimientos de las ratas terminan tocando la pantorrilla de Erica. Que con esfuerzo logra reprimir las ganas de gritar, cuando ella mira a su alrededor, ve que se han multiplicado los cúmulos de ratas y siendo difícil ver el espacio donde se puede pasar, en este punto, Erica entra en pánico y su llanto que llevaba acumulando desde que vio lo que quedaba de su madre, por fin se externó con un grito desesperado de auxilio.
- ¡Erica!, ¡¿Dónde estás?!
Con esperanza, Erica torna la mirada de dónde procedía aquella voz.
- ¡Alex!, ¡Alex!, ¡Aquí estoy, por favor ven rápido!
- ¡No te veo flaca!
- ¡Estoy entre las ratas, tengo mucho miedo, me duele el estómago bastante!
- Ya voy flaca – Pareciese que la voz se acerca, logrando que la pobre de Erica pase del terror a la ligera sensación de que alguien pueda salvarla de su situación.
- Aquí estoy flaquita, dame tu mano.
Una mano sale de entre dos pilas de ratas, Erica se mira temerosa, pero logra darle la mano, de inmediato la mano se cierra y de manera feroz jala a Erica entre las masas peludas; pudiendo sentir sus cuerpos moverse, sus colas, incluso rosar su cara en el hocico de una rata, al salir del otro lado, Erica vomita de nuevo, escupiendo pelos de animal y limpiándose la baba de rata que tenía en el rostro; cuando termina, mira hacia arriba, puede ver qué quien la salvó no era Alejandro, sino el anteriormente nombrado “Sacro Naviel”. Aquel que asesinó públicamente a Alejandro. Se observaron mutuamente por unos instantes, después el hombre muestra la mano amputada de Alejandro, para después tirarla al suelo. Erica lo contempla, para este punto, la mente de Erica no logra asimilar toda esta sucesión de eventos, está tan perdida en si, que solo se limita a temblar y tener los ojos tan abiertos como sus párpados lo permiten.
- Es cruel, ¿No?
Erica levanta la mirada, aún en estado de shock.
- Ver cómo tus esperanzas se derrumban en tus ojos, debe ser cruel… Dime, Erica ¿Te arrepientes de lo que hiciste?. Erica tiembla, su piel se eriza, y en silencio suelta una lágrima.
- Por favor Erica, si hay algo que me molesta en este mundo es la hipocresía, ¿Tratas en serio de demostrarme arrepentimiento?; Cuando tú sabes cómo disfrutaste ver cómo todo se desmoronaba. Te encanta ver y escuchar cómo el caos obra, y mejor aún, cuando tú cooperas con el. Erica se levanta, mira fijamente al Sacro Naviel y le dice:
- ¿Este es el infierno? – El sacro toma su mano derecha y le contesta de forma dulce:
- No pequeña, no eres tan afortunada…
Una de las ratas salta y con sus garras delanteras sujeta la cabeza de Erica, y le clava sus dientes, un par más la sujeta de las piernas y la mordisquea, pronto se quedó sin tobillos y Erica cayó sin parar de gritar. El sacro la miro en silencio, posteriormente le dijo:
- ¿Te arrepientes de tus pecados?, Es tu última oportunidad. Así podemos terminar rápidamente con esto.
- Me arrepiento, por favor, perdóneme.
- Mi encomienda es hacerlos confesar que se arrepienten, no de perdonarlos.
El sacro retorció la muñeca de Erica hasta arrancarla de su antebrazo.
4. El hombre que enmudeció sus ojos
Javier yacía en una especie de silo de granos, apenas tenía cinco minutos de haber despertado, ¿De que?, Pues al parecer de un golpe en la cabeza que lo dejo inconsciente, le dolía la lateral izquierda de su cabeza, al parecer está sangrando. Poco, pero lo hace. Solo estaba ahí, sentado en el piso, sin mordazas ni ataduras. Poco a poco se incorpora y mira detenidamente el lugar. A simple vista es un silo de un diámetro aproximado de cinco metros, dentro hay residuos de grano de maíz, el cual hiede a qué tiene mucho tiempo ahí y hay una capa gruesa de maíz en todo el piso, además de el hecho de que la puerta estaba cerrada, y que por más que empujaba, pateaba y golpeaba la puerta; esta no cedía, de ahí en más, todo parecía normal. Pero esto no era suficiente para Javier, sabía que había una salida y está dispuesto a encontrarla, encontró una pala, después de golpear la puerta con la pala, y vio que no funcionaba. Javier tiró la pala al suelo, al caer, por lo grueso de la capa de maíz, la pala quedó clavada en el suelo, y poco a poco cayó por completo, retirando un poco de maíz y dejando ver lo que hay en el piso. Cuando Javier quitó la pala vio que el piso era de metal, “¿Por qué?” fue la pregunta que figuró en su mente. Javier se motivó a retirar el maíz del piso, comenzó a ver rendijas, lo que hace pensar a Javier que tal vez hay una puerta bajo esos granos, al poco tiempo, retiró toda aquella masa apestosa para así, poder ver claramente que hay una puerta que da al suelo. Convencido de que está es su única salida no tuvo de otra más que bajar.
En cuanto Javier bajó las escaleras, visualizo un enorme pasillo levemente iluminado, pareciera no verse el fin de aquel lugar, salvo por un pequeño punto de luz. Así pues tanto las paredes, el piso y el techo parecían hechos de lámina, Javier emprendió la caminata, y en cuanto había dado ya unos cuantos pasos. Una voz burlona y peculiar le gritaba:
- ¡Callar no te vuelve santo!, ¡Callar no te vuelve santo!, ¡Callar no te vuelve santo!.
La voz parecía venir del otro lado de las paredes de lámina; el eco resonaba en todo el pasillo, esto incomodaba a Javier, le hacía sentir un miedo inexplicable. ¿Quizá se sienta observado?, ¿Vulnerable?. La voz no paraba mientras Javier mantenía su rumbo. Tembloroso y lento, pero no paraba, quería salir de ahí, pero no sabía que le esperaba al otro lado del pasillo. La luz tenue se volvía un poco más brillante en cuanto Javier avanzaba, pero se volvía pequeña y se movía hacia abajo, cada vez más al nivel del suelo.
- ¡Callar no te vuelve santo!, ¡Callar no te vuelve santo!, ¡Callar no te vuelve santo!.
Javier comienza a irritarse, seguía caminando mientras veía alrededor para ver si había alguna rendija, ventana o lo que sea para asegurar si alguien lo vigilaba; sin darse cuenta, termino golpeándose con el techo. “¿Cuándo fue que el techo se fue haciendo más pequeño?”; se preguntaba Javier, cómo medida precautoria colocó una mano en el techo para prevenir otro cambio abrupto. La luz de la salida mantenía si tenue brillo, pero su altura decrecía mientras Javier avanzaba. La voz seguía acosándolo, mientras Javier se limitaba a caminar, sus piernas notaban que cada vez más el techo se hacía pequeño, y se tornaba complicado avanzar por qué ahora no solamente se hacía pequeño el pasillo; ahora se hacía angosto, los hombros de Javier tocaban ambos lados del pasillo, del cual ahora Javier tiene que atravesar en cuclillas, después a gatas.
- ¡Callar no te vuelve santo!, ¡Callar no te vuelve santo!, ¡Callar no te vuelve santo!.
El sudor de Javier hacia un poco complejo la labor, que ahora se encontraba con el pecho en el suelo, el pasillo tenía el tamaño suficiente para arrastrarse, su cabeza apenas tocaba el techo y la tenue luz ahora se veía a la altura del suelo, y más cerca, por fin Javier puede sentir la brisa de la salida.
- ¿Puedes creerlo?, Nuestros valores se pierden cada vez más rápido, y deja que ya no les dan la importancia que deberían, ahora. A pesar de saber lo que son los valores y buenos modales, distinguir lo bueno de lo malo. Ahora simplemente toman decisiones conforme a lo que les favorece a cada quien, ¿no crees que es de temer?. El hecho de perder nuestra civilización por no seguir algo tan básico, como el hecho de ver algo atroz y no hacer algo al respecto para evitar más daños a las personas que nos rodean. ¡somos seres humanos caramba!, Todos debemos protegernos unos a otros, seamos iguales o diferentes, tengamos mismas filosofías o no. No entiendo en qué punto Dios nos permitió darnos las espaldas y pensar en nuestro beneficio, ignorar lo malo para mantener sana nuestra conciencia, ¿Es tan difícil ayudar a aquel que vemos en posiciones desfavorables?, ¡Retirando la mirada no solucionas nada!, El triste, el pobre, el hambriento, el herido no va a dejar de estarlo cuando dejas de verlo. Tu deber divino como ser humano es vivir y ayudar a vivir a la gente; Disfruta y comparte tus bienes para que alguien más disfrute de la vida.
Javier llega por fin al orificio dónde proviene la luz, desgraciadamente no puede ver bien ya que el orificio está a unos centímetros más a la izquierda que su ojo, aunado a esto, su cabeza queda justo , es decir, la parte superior de su cabeza topa con el techo y su barbilla queda a milímetros del suelo, además, el ancho del pasillo da justo el tamaño de sus hombros, sus brazos quedaron atoradas por debajo de su pecho, en una posición bastante incómoda, su nariz topa con la pared que tenía de frente, por lo que su ahora agitada respiración podía sentirla como aire caliente en toda la cara; al sentir esto, Javier intentó retroceder un poco, pero como se puede intuir por lo anteriormente mencionado. No pudo, quedó totalmente atorado.
- Creíste que voltear y pretender que lo que estaba sucediendo, no estaba sucediendo. A pesar de que sabías que era incorrecto, y aún así no hiciste nada. No puedo creer que ese comportamiento de “machote” sea tan frágil cuando estás solo con tu señora. Eres tan débil, vulnerable. Estás tan solo...
Al escuchar esto Javier se molesta, y se esfuerza por ver por el hoyo, esperando ver a quien le pertenece esa voz.
- No le hiciste un favor a nadie callando. Es más, tu silencio hecha a perder vidas.
Javier se esfuerza tanto para ver por el hoyo que se escucha un crujido de uno de los huesos de su cuello, ese crujido hace que un calambre doloroso recorra la espina hasta la punta de los pies. Finalmente puede ver, y a quien ve es nadie más que aquel hombre que se encontraba espiándolos en la salida del túnel. Se encontraba justo frente al hoyo, observando justamente directo al ojo de Javier, cómo si lo hubiera esperado todo este tiempo. Al ver esto, Javier sintió un pavor aún más fuerte al darse cuenta que este hombre sostenía unas pinzas en sus manos, y rápidamente las introdujo por el hoyo, llegando a su ojo expuesto, y de un movimiento brusco y sin cuidado, aunado a que Javier de nuevo intentó moverse para evitar el ataque, sin embargo solo logró que las pinzas entraran esquinadas, en diagonal; desgarrando los músculos Internos del ojo, incluso, con la fuerza que ejerció el atacante, logro apretar un poco el ojo, y así, fácilmente salió de su órbita. Javier gritó tan fuerte que las paredes le producían un eco ensordecedor para si mismo. El hombre jaló con fuerza y así desprendió por completo el ojo de Javier.
- Así es como te va a tocar vivir el resto de tu deplorable vida, solo, herido y con una larga lista de cosas de las cuales arrepentirse. No mereces perdón de los dioses. Eres un cobarde. Y tu castigo aún así queda corto…
Lentamente, el hombre que parecía ser débil, deforme, y estúpido, resultó ser un temible ser oscuro y cruel. Se aleja, dejando que Javier se quede solo, llorando y desangrándose, inmóvil. La luz se va apagando poco a poco, y ahora Javier se convierte en un sollozo penitente en la oscuridad.
5. El rostro de la corrupción
Lejos de donde nos encontrabamos, se puede ver un bulto humano corriendo despavorido entre la maleza del cerro, el sol se está ocultando y es difícil ver claramente. Es Bernardo, huyendo de cuatro pueblerinos, Bernardo trae consigo una escopeta. Se que tienen preguntas al respecto, pero tengan paciencia por favor. Sé lo mismo que ustedes. Eso sí, podemos ver qué, además de estar armado, podemos notar que tiene heridas pequeñas en el cuello, se ve fatigado ya que se encuentra descalzo, toma tiempos para tomar aire, y seguir corriendo. Reposa su gorda anatomía en los árboles, cuando ve que se acercan suficiente, sigue corriendo. Su camisa tiene sangre, pero parece no ser suya ya que tiene forma de salpicadura. Las cortadas en su cuello le arden ya que su propio sudor entra entre las cortadas, generando un dolor bastante molesto, cada que se detiene, trata de limpiarse, pero cada vez se siente peor, así que opta por rascarse, abriendo cada vez más las heridas. Así pues, Bernardo se detuvo a descansar y se tomó más tiempo de lo debido. Para cuándo se disponía a continuar, sintió como lo sujetaban de ambas muñecas, y lo jalaron con fuerza, su espalda golpeo el árbol donde reposaba, la escopeta cayó a un lado, lejos del alcance de Bernardo. Dos de los pueblerinos se situaron frente a el, con navajas largas un poco curveadas. Uno que se encontraba sujetándolo se veía más ansioso que el resto.
- ¡Déjenmelo, Déjenmelo!, Eh Pavoras, déjamelo a mí, por favor
- Sabes cómo es esto Cadaris.
- Pero, pero el mató a Jísua, era mi hermano, dime qué podré librarme de la ira con el por favor.
Otro de los pueblerinos intercedió:
- ¿Acaso estás sucumbiendo al pecado Cadaris?
- Para nada, solo… por favor… Déjame hacerlo – El hombre mueve erráticamente su navaja bajo el cuello de Bernardo, el cual solo se limita a jadear y toser por el cansancio.
- No hagas esto Cadaris, sabes lo que puede pasar.
- ¡No lo entienden!, ¡El cerdo mató a mi hermano!.
- Lo castigará Pavoras, cómo lo dijo Galadriel, ¿A caso estás en contra de lo que dictó nuestro profeta?.
- N-no, pero tampoco puedo quedarme de brazos cruzados. ¡Es mi hermano, Pavoras!, ¡Déjame cambiar de lugar contigo por favor!. – el hombre rompe a llorar
Entre el alboroto, Bernardo aprovecha que el hombre lloraba para salir de su agarre para asestarle un golpe a su otro captor mientras ejecuta un grito de guerra:
- Suéltenme pinches güeros jotos.
Rápidamente el hombre llorando alcanza el costado de Bernardo gracias a la daga que tenía. Bernardo se queja, y el llamado “Pavoras” se lanza hacia el atacante de Bernardo.
- ¡Pecador, pecador!. ¡Has ignorado la profecía de Galadriel!
- ¿Por qué actúa por cuenta propia?, ¿Qué le pasa?
- ¡Está corrupto por el cerdo! – Agrego el otro hombre que recibió el golpe de Bernardo.
Pavoras se sitúa arriba de su compañero, aquel que solo quería vengar el asesinato de su hermano.
- El mandato de Galadriel es sacro, y su desobediencia es castigada muriendo sin el perdón.
- Me siento satisfecho con mi acto…
A continuación, Pavoras apuñaló el pecho de el hombre.
- ¡Perdóname, fue lo que Galadriel pidió!, ¡Lo lamento!
mientras tanto, los otros dos hombres forcejeaban con Bernardo para colocarlo de rodillas y amarraron sus manos a la rama de uno de los arboles. Pavoras se incorpora, Bernardo se encuentra desorientado por los golpes que le propinaron.
- Pecado carnal, hombre que muestra su cínica naturaleza ante cualquiera que se cruce con su presencia. Pestilencia y crueldad encarnada…. Eres una decepción con conciencia.
Pavoras se coloca a espaldas de Bernardo, coloca lentamente sus dedos en la parte baja del mentón de Bernardo.
- ¿De que hablas cabrón?... ¡¿Hablas de mi?!
- Condenado desde antes de ser participe en la tragedia… hombre creado para la depravación y corrupción, destruyes almas para crearlas de nuevo con siniestros pensamientos..
El hombre cambia su tono de voz a algo más nervioso por lo que está por hacer; entierra sus uñas dentro de la piel de Bernardo y comienza a jalar la hacia arriba.
- ¿Qué haces culero?, Suéltame, ya no les haré nada.
La mórbida masa de Bernardo se retuerce. Las ataduras de sus muñecas comienzan a lastimar su piel, los otros captores reducen los movimientos de Bernardo jalando más fuerte las cuerdas que lo sujetan.
- ¡Mientes, blasfemas y ensucias la creación con tu simple existencia; acepta ya tu castigo si quieres ser parte del perdón.
- ¡Suéltame, por favor, hago lo que quieras!
Pavoras sigue jalando la piel, y cuando se le dificulta clava sus uñas entre el músculo y la piel, y excava para facilitar dicha labor.
- ¡Reconoce tus pecados!, ¡Reconócelos y acepta tu destino! – Grita Pavoras en aparente estado en shock; sus ojos están bien abiertos y se notaba nervioso de sobremanera. Quería terminar esto de la forma más rápida posible.
- ¡Está bien!, ¡Está bien!. ¡Engañe a mi esposa muchas veces!
La tortuosa situación parecía doler tanto al verdugo como al condenado. Ambos gritan cada que la piel se despegaba del rostro de Bernardo. Las muñecas del mismo sangraban y se encontraban hinchadas de las ataduras. Sus rodillas que recibían todo su peso estaban sangrando y con rocas enterradas en la piel. Pavoras se encuentra ya retirando la piel de los labios, y se apoya con un cuchillo para cortarlos. Bernardo grita y se mueve abruptamente haciéndose más daño. Sus propias lágrimas caían en sus músculos expuestos, se sentían como brea ardiendo. Al cortar sus labios de un tajo, Bernardo agita descontroladamente su cabeza, llorando y gritando.
- Sabes que no fue todo lo que hiciste, ¡Dime tu pecado!
Bernardo balbucea, nada de lo que dice es comprensible, para este punto, ya se encontraba débil por la pérdida de sangre.
- Fuiste cómplice en la tragedia, admite tu pecado y serás parte del perdón.
Sus balbuceos continuaban, pero bajaba la voz poco a poco, a la vez que su cuello cedía por el peso de su cabeza. Los pueblerinos se veían entre sí. Confundidos...
- ¿Está muerto?
- No lo se
- ¿Crees que lo que dijo sea aceptado para su perdón?
- No tengo idea.... ¿Pavoras?. ¿Estás bien?
Pavoras se encuentra en shock, respirando rápidamente, sus manos tiemblan y su voz comienza a tartamudear.
- ¿Lo-lo hi... lo hice b-bien?
- Cumpliste tu labor Pavoras, pero aun te falta recolectar el sacramento
Pavoras sonríe momentáneamente para de nuevo mantener su rostro en shock
- L-lo lo... lo h-ha.... lo haré
Con el cuchillo reanuda su labor, cortando la piel del pobre diablo de Bernardo. Y su nariz, llevándosela por completo; hasta los parpados corto, hasta llegar a la frente. Pavoras se detuvo un momento para mirar a sus compañeros, todos tenían miedo, finalmente, de un jalón, pavoras retira la piel del rostro de Bernardo, callendo al suelo en el proceso, sus compañeros lo levantan.
- Bien hecho hermano pavoras, lo hiciste bastante bien.
- S-si, lo hice.
- Regresemos con el sacro Naviel para entregarle el sacramento…
Los pueblerinos se alejan del despreciable cadáver de Bernardo, abandonandolo en la misma posición que en la que lo estaban sujetando.
6. La mente de la destrucción.
De nuevo nos encontramos en el lugar pestilente bajo el templo del pueblo, aquí podemos ver a Susana, Alicia, Miguel, el sacro Naviel y obviamente la cosa amorfa que habita el lugar. Susana, Alicia y Miguel están amordazados en unas sillas de madera, y al parecer todos se encuentran dormidos. A un lado de el sacro Naviel hay una mesa, dónde una manta cubre lo que hay arriba de la misma.
El olor pestilente a putrefacción hizo que poco a poco despertaran los amordazados, primero Susana, quien abrió los ojos, miró a su alrededor, vió la monstruosidad de carne, luego grito de miedo al ver que se movía y finalmente vomitó. Lo mismo hizo el joven matrimonio en el mismo orden, cuando todos terminaron su rutina de despertar el sacro Naviel se dirigió a sus invitados.
- El odio tiende a salirse de control, ¿No creen?... Tal vez piensen que sus acciones son justificadas por el simple hecho de que al hacerlo, ustedes tienen la satisfacción que buscaban…. Pero, ¿se han puesto a pensar en las personas que dañan en el transcurso?.... ¿Susana?
- ¿Yo que?
- ¿Te has puesto a pensar en el daño que has causado?
- ¿Qué insinúas culero? – intercede Miguel de forma abrupta.
- Estoy hablando con tu madre, no te metas.
- No sé de qué estás hablando.
- Bien, sabes que hagas lo que hagas no va a cambiar lo que te va a pasar, ¿verdad?, Así que por favor, responde lo que pregunte para que tengas una probabilidad mayor de ser parte del perdón.
- ¿Qué le vas a hacer?, Hijo de tu puta madre.
- Miguel ya cállate – le dice Alicia a Miguel. El se torna a Alicia de forma hostil.
- ¡¿Estás viendo cómo la amenaza?!, ¿Lo vas a permitir?
- ¿Sabes que le va a hacer?, No, ¿Verdad?, Entonces guarda silencio antes que nos hagan daño a todos.
- Sabía cómo debía ser… Muy bien Susana, por favor confiesa tu pecado, tenemos poco tiempo…
Susana se veía acorralada, se sentía juzgada y observada, esto le dio pánico y lágrimas salían en reacción a lo que le pasaba por la cabeza.
- La odio… odio a la gente que trata de hacerse pasar por alguien de mi familia, mi familia es lo que más amo y no dejaré que una mugrosa llegue a mi casa y me quite a mi hijo, y peor aún me caga mi hijo por ser tan pendejo para ver algo en esa pinche morra miada y volver con ella después de todo mi esfuerzo. Si, planee todo y no me arrepiento…. Miguel, trate de protegerte todo lo que pude, pero tú pendejes excede mis capacidades, haste responsable de tu mierda…
Un incómodo silencio gobernó el salón, Miguel miraba con enojo a su madre, y volteaba preocupado a ver a Alicia. Ella solo se limitaba a ver un punto muerto en la sala con un rostro neutral.
- Bien, creo que con eso basta…. Eso cuenta como confesión, ¿Verdad Galadriel?
- Nom, Nom, Nom.
El sacro Naviel se acercó a Susana.
- ¿Qué vas a hacer pendejo? – dijo Miguel colérico.
El sacro Naviel pone su mano en la frente de Susana.
- ¿Estás lista?
- Si…
Con la otra mano sujeta las mejillas de Susana y con la mano en la frente comienza a hacer esfuerzo, coloca el pulgar justo en medio de la frente hasta que esté penetra la piel. Para esto Susana grita del dolor e intenta soltarse de sus ataduras. Miguel grita desesperadamente y Alicia mantiene su postura. El sacro Naviel pasa su mano de las mejillas en la coronilla del cráneo, con sus dedos hace presión en las sienes de Susana, brota bastante sangre de la herida que le provocó en la frente. Así pues, de un golpe justo en la parte más alta de la cabeza, un sonido seco como si algo se hubiera roto, los ojos de Susana se van para atrás y una parte de su cráneo se hunde, de ahí el sacro Naviel con sus propias manos abre más la herida hasta dejar expuesto el contenido de la cabeza. Para este punto Susana dejó de hacer ruido alguno o de moverse. Miguel solo veía con terror la escena, siendo incapaz de procesar lo que veía. Tranquilamente el sacro Naviel retiró la materia dentro de la cabeza de Susana. Justo en ese momento, por las escaleras llegan los ejecutores de Bernardo, acompañados de el hombre extraño de la boca fuera de su lugar. Ambos con lo que parecen ser recipientes en sus manos cubiertos de una tela púrpura.
- Agradable momento para encontrarlos.
- Agradecemos la bienvenida de nuestro líder y nuestro profeta. – dicen al unisono los hombres, mientras hacen una reverencia.
- ¿Tienen otra vasija para el sacramento?
- Tengo una señor
- ¿Me la permites?
- Claro, claro, tenga
Miguel, desconcertado mira esta extraña interacción tan cortez dentro de este decadente y putrefacto escenario. Finalmente el sacro Naviel deposita la materia de Susana en el recipiente, y entre todos los pueblerinos presentes colocan dichos recipientes en la mesa mientras intercambian palabras.
- Ali… Alicia…. Por favor mírame, por favor… ¡Oye!, ¡Alicia!....
- Miguel…. ¿De que hablaba tu mamá?...
- ¿De que?
- Menciono algo sobre “hacerte responsable de tu mierda”
- Si, la escuché
- ¿Puedes decirme que es esa mierda?
- Alicia, amor, ahora no es momento de hablar de eso, debemos aprovechar para irnos
- Claro, pero primero contestame
- No es el momento, hazme caso por favor
Alicia mira a Miguel de forma retadora.
- ¿Es en serio?.... Yo ya te dije todo lo que pasó
- ¿Por qué siento que me has mentido todo este tiempo?
- Te juro… te juro que no te he ocultado nada de lo que pasó.
En ese momento, los pueblerinos se taparon los oídos, un estruendo hizo que todos excepto Alicia calleran al suelo, y en el caso de Miguel, que no podía ni taparse los oídos, comenzaba a sangrar, y gritaba del dolor. Pero para Alicia, ella no sentía nada, solo los veía a todos como se retorcían, la grotesca “voz” de el monstruo sin forma sonaba entre los estruendo pero para Alicia era claro, sobre todo por qué ella escuchaba claramente:
- Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom… (No se preocupe por favor, tenga paciencia. Con gusto le mostraré la verdad, tal cual sucedió)….
7. La atrocidad.
Sábado por la tarde, caluroso, con un sol brillante, pero para Susana era presagio de que pronto llegará su hermana con sus hambrientos y cansados hijos, que regresan del catesismo, pero por desgracia, Susana se atraso por andar viendo la novela. El perro comenzó a ladrar, señal que pronto llegarán, apenas tenía las verduras cortadas, afortunadamente para Susana, estaba de buenas por lo que no estaba estresada. La puerta se azotó, y entra gritando el pequeño Paco.
- ¡Ora pinche perro latoso, cómo chingas!
Los niños avientan sus libretas y libros dónde pueden en el patio, y buscan una sombra dónde sentarse, ya que después de estar todo el día bajo el sol, los tiene agotados. Julieta guarda las mochilas en sus cuartos, y va con Susana para ver el avance de la comida.
- Ya me anda de hambre
- A mí también…. Paco, ve a ver si ya vamos a comer.
- Aguanta tantito Erica, vez que ando bien cansado – el perro no deja de ladrar.
- Andale Paco
- ¡Que no!, ¡ve tu!, Yo siempre voy.
- Ve o le digo a mi mamá que le levantaste la falda a Rosita hoy en el rezo.
Resoplando, Paco se levanta, y mira al perro, que seguía ladrando.
- ¡Ya cállate!
El perro se limita a acercarse un poco a el niño y le ladra, cosa que irrita al niño y hace el gesto de quererle pegar, Alejandro lo detiene.
- Ya Paquito, ve con mi mamá, a lo mejor el perro tiene hambre también.
Por el otro lado, las dos hermanas se “apuran” a hacer la comida.
- Es que me estresa, ¡No sabe hacer nada!, Y tú dijeras “mínimo pregunta”, ¡pues no!, Esa mula nomás no sabe ni poner la ropa en la lavadora.
- Ay, si te entiendo, a mí me estresa que siempre está callada y le dice a Miguel que hacer cuando ella quiere algo.
- ¡Es que ni se esfuerza nada!, Quiere que todo se lo den sin que ella se esfuerce… pásame el perejil… Te digo, no se acomide a nada, no es buena ni para decir “en que les ayudo”
- Tia, que si ya está la comida por qué ya tenemos hambre
- Todavía no hijo, vete a jugar.
- ¿Les ayudo a algo?
- ¡Que no, hijo ya vete a jugar que nos estorbas!
- ….
- Yo creo que esa niña le anda chantajeando a tu hijo
- ¿Cómo?
- Que nomás se aprovecha de el pues
- Es que los dos están pendejos, ni disfrutan estar juntos, los dos se la pasan chambeando, nomas se ven un rato en la mañana, otro ratito en la noche y ya, y si, yo siento que como que lo chantajea por qué mi hijo no es tan callado como es ahorita. Esa cabrona me lo anda matando.
- ¿Y que vas a hacer?
- ¿De que?
- ¿Vas a permitir que siga chupando la vida de tu hijo?
- No pos no… pues a ver qué hago, pero voy a salvar a mi hijo de esa cabrona…
Ya en el patio, Alejandro intenta alimentar al perro, el cual está inquieto, y no para de ladrar, de su desesperación; Alejandro toma un puño de croquetas y se lo restriega en la cara al perro, por lo que el perro responde con una mordida que hace sangrar a Alejandro, y este se aleja.
- Andale por andar de pallasito. – dice Erica en tono burlón.
- Pues pinche perro no se calla.
Paco, al ver esa escena, llega corriendo enojado, y le suelta una patada al perro, haciendo que este rebote en la pared, Alejandro, dejándose llevar por la euforia del momento, réplica la acción de paco. Los chillidos del perro, hicieron que las hermanas suspendieran sus actos. Solo estiraron un poco los cuellos para ver qué estaba pasando. Cuando esto no funcionó, optaron por la lógica decisión de trasladarse al lugar donde provenían los ruidos. Al llegar, las hermanas vieron como Alejandro sostenía un ladrillo por ensima de su cabeza, y con fuerza la dejó caer sobre la cabeza del perro, terminando súbitamente sus chillidos. Hubo silencio un momento, todos miraban sin decirse nada, entonces Julieta dijo:
- Ya metanse a comer…
Los niños, jugueteando cómo si nada fueron rápidamente dentro de la casa, Erica se acerca a las hermanas y le dice a su tía:
- Pues, creo que esta es la oportunidad que buscas para que Miguel se moleste con Alicia…
- ¿Perdón?
- Querías que eso pasara, ¿No?, Que ellos se pelearán
- ¿Tu qué sabes?
- Eres bien obvia tía, le tienes mucho coraje a Alicia.
- Ni es cierto
- Si eres bien obvia Susana, nomás falta que le digas en la cara
- Pues si, ¿Y que?
- No pues solo les digo que esta es una buena oportunidad para que los separe. Ese perro lo querían un chingo, si le hechamos la culpa a Alicia si se la cree.
Todos se fueron a comer, el día pasó y todos se pusieron de acuerdo para el movimiento de Susana y su oportunidad de “desapendejar” a su hijo. Ya en la noche llegó Miguel, algo no estaba bien, sobre todo por qué el primero en recibirlo es Tommy. Confundido lo comenzó a llamar, y le silbaba. “tal vez anda jetón” pensó Miguel, pero ya pasó mucho tiempo y no aparece su perro, finalmente llega a la sala y ve a su mamá y a su tía tristes, al ver a Miguel, Julieta se cubre la boca y suelta un lamento.
- ¿Que traen?
- Es que….
Miguel mira alrededor
- ¿Han visto a Tommy?
Julieta comienza a llorar
- Ay hijo me da mucha pena decirte…
- Pues díganme y se les quita la pena
- Es que Alicia llegó en la tarde y le pegó a tu perro bien feo
- ¿Alicia?.... ¿A qué hora?
- Ay pues no me fijé hijo, no soy bitácora
- ¿Dónde está Tommy?
- Allá en la lavadora
- Te lo desgració todo mijo. – le dijo su tía a lo lejos.
Miguel llega y ve a su perrito cubierto por una tela blanca, sus piernas comenzaron a temblar Miguel dudaba si descubrirlo. Pero prefirió conservar la imagen de su perro coleteando con la lengüita de fuera que verlo con el cráneo destruido. Tomó una pala y comenzó a excavar en el patio trasero, confundido y molesto, soltando lágrimas y quejidos. Cuando terminó, fue por Tommy y lo agarro desde la parte de abajo, y su corazón latió abruptamente al notar la ausencia de vida en aquel amiguito que conoció desde ser un bebé, su perrito ya tenía el rigor mortis. Lo tomo con el mismo cariño que lo acariciaba, fue tan cuidadoso al colocarlo en su tumba como cuando lo cargaba, vio que el agujero quedaba justo al tamaño, por lo que Miguel dijo con su garganta hecha nudos y sus ojos rojos de tanto retener sus lágrimas:
- Lo siento, nunca había hecho una tumba… espero estés cómodo panzoncito…
Miguel tapó el cuerpo de su perrito, torturandose la memoria con los momentos que pasaron juntos, siendo esto el detonante para que al fin Miguel suelte todo su pesar. La tía y la mamá de Miguel lo veían de lejos.
Al poco tiempo después llegó Alicia, también ella notó la ausencia de Tommy, se acercó a la cocina y vio a las hermanas, las saludó y pregunto por Tommy y por Miguel, ellas le devolvieron una mirada hostil, fue entonces cuando escuchó los sollozos de Miguel, y caminó rápidamente a dónde nacían aquellos lamentos. Alicia tiró sus pertenencias al suelo al ver a su amado en esa posición, ya no era necesario que le dijeran nada, ella se dio cuenta de inmediato, así que se acercó a Miguel y lo abrazó, de inmediato el la apartó suavemente.
- ¿Qué haces aquí?
- … Vengo del trabajo… ¿Por qué me apartas?
- ¿Por qué le hiciste eso a Tommy?
- ¿Qué?
- Ya no te hagas flaca, bien sabes lo que hiciste – contesta Susana desde atrás de una ventana.
- ¡No sé de qué hablan!, Apenas vengo del trabajo.
- Me dijeron que viniste, y le pegaste al perro, que lo mataste.
- Miguel, ¿Quién te dijo eso?
- Mi mamá
- Sabes cuál es mi horario, sabes lo mucho que amo a ese perro, ¿Me crees capaz de hacer eso?
- Aparte dijo algo de que ya no te quería y que se iba con otro chavo, seguro viene nomás a quitarte dinero.
- Que malos modos, ¿Eh chamaca?, es bien obvio que ya no te quiere hijo. – interrumpieron las hermanas
- ….
- ¿Les vas a creer?
- Son mi familia
- ¿Y?, Yo soy tu novia desde hace ocho años
- ¿Y eso te hace mejor que nosotros?
- Te digo, pinche chamaca chancleta
- Mi familia ha sido la misma desde que nací, no me pidas escoger por qué sabes lo que haré.
- Miguel… me conoces…
- Vete por favor, no me hagas repetirlo….
Alicia mira confundida a su alrededor, Miguel ya no la miraba a los ojos, sin embargo, las hermanas la seguían con los ojos de repudio que las caracterizan, ella toma sus cosas y se dirige a la salida, Erica la sigue con la mirada, y con tono burlón le dice:
- ¿Apoco ya te vas?
Alicia pretende no escuchar eso, pero lo que no puede ignorar a los otros niños reírse a sus espaldas. Así pues Alicia se fue, dejando a un herido Miguel con muchas cosas que pensar.
Quería creer que Alicia decía la verdad, si bien, lo que dijo de su familia lo ofendió, todo parecía bastante sospechoso, no sabía que creer y ni a quien confiar. A la mañana siguiente, Miguel ya tenía veinticinco llamadas perdidas, y cuarenta mensajes de Alicia. Por ahora Miguel no quería saber nada de ella, y esto fue más que nada el inicio de una rutina por parte de ambas partes: una que imploraba atención y otra que solo quería estar solo. Pasaron los días y Miguel seguía enojado con Alicia. Pero ella solo buscaba arreglar las cosas, su día a día consistía en gastar su dinero en recargas de telefono para marcarle a Miguel, incluso se la pasaba sus horas de comida tratando de llamar un poco la atención de Miguel, el cual rindió frutos unas pocas veces, solo para que la comunicación se cortará a los cinco minutos. Cuando llegaba a casa de sus padres solo se limitaba a llorar en su cuarto, ya que no tenía buena relación con sus padres. Por su parte Miguel hacía lo mismo de todos los días solo que molesto.
Un día, Miguel cenaba solo a altas horas de la noche, ya que recién llegaba del trabajo. En eso llegó Bernardo, oliendo a perfume barato y “bien vestido”.
- Mire cabrón, ya duró mucho con su pinche cara miada, al chile póngaseme chulo que ahorita me lo llevo a qué se desestrese…
- ¿Qué?
- Órale, métase a bañar y póngase perfume…
Miguel no es una persona que acostumbré a “vestir bien”, la ropa que tiene, en su mayoría es ropa casual o su uniforme para el trabajo, excepto por unas pocas prendas que Alicia le regaló para que el precisamente las usara cuando ellos dos salieran. Después de bañarse, Miguel tomó la camisa que tanto le gustaba a Alicia, no sabía lo que pasaba ni a dónde iba, pero una terrible sensación de angustia e incomodidad, lo apabullaba, así pues, Miguel salió listo con su tío, que lo esperaba ya impaciente en el patio, ambos salen y en la calle se encuentran con Javier, quien los ve con sorpresa.
- ¿A dónde van?
- Vamos a ver pelos Javi, ¿jalas o que?
- No, gracias, estoy cansado – no deja de ver a Miguel, el cual se ve avergonzado. Esperando que su papá los detuviera.
- Andale pues, dile a mi vieja que me habló el pinche chapopotes.
- Cuídate hijo
- … Si pá…
Ambos se quedaron esperando en un taxi hasta que este llegó.
- Vas hijo, pagalo, es que ahorita no tengo cambio
A regañadientes Miguel acepto. A dónde estos caballeros se dirigen es ni más ni menos al “Uxiono”, que es el lugar donde el 18% de la población del municipio fue concebido. Llegaron y lo primero que hizo Bernardo fue una entrada similar a la de los luchadores profesionales, saludando a todos y esperando a que ellos lo saludarán, pero la mayoría tenía cara de disgusto a la hora de hacerlo, cómo si se vieran forzados a hacerlo, cosa que a Bernardo no parecía importarle, de todas formas el se sentía un campeón. Con vergüenza y tratando de ocultar el rostro, Miguel llegó a la mesa que Bernardo escogió, ahí, apenas Miguel se iba a sentar cuando Bernardo le dijo:
- Pide unas cheves
Miguel estira la mano para indicarle que le diera dinero.
- ¿Qué?
- Pues deme dinero
- Yo ya te he dado domingo un chingo de veces, ¿que le cuesta comprarme una cerveza una vez?
- Bueno
- Dile que se la pido yo, el sabe la que me gusta y como me gusta
- Si
Miguel fue a la barra para pedir las cervezas, el bartender parecía alguien malhumorado, y con un poco de nervios Miguel le pidió las cervezas.
- Disculpe, ¿Podría darme dos cervezas?, las pide esa persona de allá.
El barman mira a un costado de Miguel y ve a Bernardo a lo lejos sacudiendo sus brazos y haciendo señas de que es el.
- ¿Apoco conoces al pinche morongas?...
- Si…
- ¡Wey!, ¡Wey!, Este cabrón conoce al morongas
Miguel agacha la mirada. Obviamente el barman no lo hacía con motivo de respeto o de admiración. Un hombre fornido se pone a un lado de Miguel, y en tono de burla le dice.
- No mames que conoces al pendejo del morongas.
- ….
- ¿Si es cierto que vive en el pinche lagos de villa león?
- Si…
Los hombres ríen a carcajadas, Miguel solo quiere salir de ahí, el bartender le entrega las botellas y el las paga, toma las botellas y se va rápidamente mientras los hombres siguen riendo. Cuando al fin llega con Bernardo, este lo toma de la camisa y le dice en el oído:
- No le digas a nadie que soy de ti, ya tengo una carrera aquí y no quiero que la manches.
- Si….
- Si preguntan, nos conocemos del trabajo y venimos por tu cumpleaños, ¿Sale?
- Si, está bien
- Llámame por mi nombre
- Si, entiendo.
De inmediato, Bernardo se separó y se puso en pie, y comenzó a gritar.
- ¡Roxana!, ¡Roxana!, ¡Roxana!.
Después de un rato, una mujer a lo lejos levanta la mano y se acerca.
- Ya viene tu desestres cabrón, pinche afortunadote.
Llega una mujer de buen cuerpo, pelo rizado y oscuro, vestía pocas prendas y notoriamente de tamaño desproporcionado al cuerpo que poseía.
- Ora pinche Roxana, tanta nalga te tapa los oidos o que pedo
- Para nada Berni, ¿Para que soy buena?
Bernardo le indica que se siente en la pierna, pero deja su mano ahí, cuando ella se sienta ahí, hace un ruido y un rostro sugerente, acompañado de un respingo.
- Pues te presento a mi chalán, este cabrón anda de cumple y pues te lo traigo para que lo trates como a mi
- Ay Bernardino, que consentidos tienes a tus trabajadores
- Ándele pues, llévatelo antes de que me ponga celoso. Órale cabrón, haga valer lo que le pago.
Roxana se levanta, de nuevo haciendo un sonido sugerente y le extiende la mano a Miguel, el la toma y ambos se van, cuando Miguel voltea a ver a su tío, este se lleva dos dedos a la boca.
Al llegar a una habitación, ambos se sientan, y se miran un tiempo, Miguel está nervioso y tiembla un poco.
- ¿Estás bien?
- S-si
Roxana comienza a besarlo tiernamente. Son besos lentos, húmedos, con mucho tiento y cariño, le toma la mano, el se suelta poco a poco, llegando al punto de tomarla por detrás de la cabeza. Se separaron un poco y se miraron a los ojos.
- ¿Estás listo?
- Si, lo estoy
Con mucho cuidado y cariño se comienzan a besar. Suavemente el tacto de sus labios despertaba las ansias de compartir el mismo espacio en cuerpo y alma, fue algo que Miguel no había experimentado antes, y por difícil que parezca, también para Roxana. Miguel comenzó a despojarse de sus prendas, cuando de pronto suena que tocan la puerta de la habitación.
- ¡Miguel, sal cabrón, te tengo que dar algo!.
Roxana ya no tenía la poca ropa que vestía, así que Miguel la cubrió con su camisa, y abrió la puerta. Vio que era Bernardo
- ¿Qué?
- Ten wey, no te vaya a pegar piojos está cabrona jajajajaja
Miguel toma un condón que le dio su tío, y azota la puerta por lo descortés que fue su comentario.
- Discúlpame por favor, desapruebo totalmente lo que acaba de decir, yo no soy como el.
- Lo sé… por eso me gustas mucho…. Ven, me está dando frío.
Ambos pasaron una experiencia agradable, cómo si llevaran conociéndose bastante tiempo, fue algo que ambos necesitaban. Después de terminar el acto, Miguel abrazaba a Roxana por su espalda, el contempla su silueta bajo las luces magentas neon de la habitación. Pronto un sentimiento de angustia asolaba la conciencia de Miguel, esto evolucionó a culpa, Miguel se levantó y busco su ropa, una vez que la encontró, se la puso y agradeció a Roxana.
- Muchas gracias por todo…
- Gracias a ti Miguel, me la pasé muy bien… cuando quieras despejarte de nuevo aquí estaré...
Al llegar a su casa Miguel lo único que quería era dormir, así que solo tiró su ropa a un lado y se tumbó en la cama. Después de esta extraña experiencia se puso a pensar bastante en la situación, recordó los buenos momentos con Alicia, aunque la situación aún parecía turbia, su familia aún mantenía discreción cada que Miguel quería hablar del tema. Al final el quería volver a hablar con Alicia para tratar de resolver la situación. Pero aún se sentía mal, no podía verla después de lo que acaba de pasar, y seguía colgando las llamadas venideras de Alicia.
Un buen día, cuando Miguel llegaba del trabajo, vio a Alicia llorando frente a la puerta de la casa de Miguel.
- Hola
- Hola
- ¿Cómo estás?
- Bien, estoy bien…. ¿Y tú?
- Bien….
- Yo… quería saber por qué no contestas mis llamadas
- Estaba molesto, confundido.
- Podíamos haber hablado y solucionado esto desde antes
- Si, pero no estaba listo, no sabía que decir
- Pues que algo no está bien; me culparon de algo que nunca haría, y lo sabes.
- ¿Pero quién mató a Tommy?
- Yo amaba ese perro Miguel, sabes que no le haría daño nunca….
- Si, lo sé….
- Te extrañe bastante….
- Yo también….
- ¿Pensaste en mi?
- Si, claro
- Yo diario pensaba en ti, no pude dormir bien, ni comer por no estar junto a ti….
Todo esto era un golpe bajo para Miguel, no podía ver bien a la cara de Alicia, su culpa lo hizo actuar por instinto.
- ¿Quieres quedarte a cenar hoy?
- Me encantaria bastante
Obviamente está decisión hizo enfurecer a Susana, quien, tuvo que tragarse su orgullo y furia al ver a Alicia de nuevo en su casa, todo el tiempo que duró la cena no podía quitarse de su cabeza: “mi hijo está bien pero bien pendejo”. Si bien, con el pasar de los días Alicia de nuevo se quedaría en la casa con Miguel como antes, esto no quería decir que la relación estaba arreglada, aún le costaba verle a los ojos y la comunicación, comparándola a antes de el asesinato de Tommy, era escasa. Hasta que un día Alicia quiso abrir de nuevo la conversación.
- ¿Qué hiciste el tiempo que no estuve?
- ¿Cómo?
- Si, si saliste o hiciste algo
- ¿Salir con quién?
- Pues no sé, con tus amigos, con tu papá
- Pues ….
- ¿Quieres que te diga que hice yo?
- Si
- Pues solo salía a trabajar, llegaba a la casa de mis papás a llorar… y a veces comía.
Esto hizo sentir bastante mal a Miguel, pero más que sentirse mal, se sentia molesto, era como si le reprocharan en la cara, y su forma de actuar en esta situación no era la más adecuada.
- Pues no sé que esperabas que hiciera
- Pues solo que seas honesto
- ¿No crees en mi?
- No dije eso
- ¿Entonces que dijiste?
- Pues se me hace raro que te veas tan tranquilo después de lo que pasó
- ¿De dónde sacas que estoy tranquilo?
- Pues decías que estabas triste y confundido, y no se nota…
- …. No sé que insinuas….
- No insinuo nada Miguel, solo que siento que me ocultas algo.
- ….
- ¿Ves?
- ¿Qué?
- Pues te quedas callado
- ¿Y eso que?
- No me dices nada
- ¿Qué quieres que te diga?
- Que me digas que hiciste estando solo
- Salí
- … ¿A dónde?
- … Mi tío me llevó….
- ¿A dónde Miguel?
- Pues mi tío me llevó a un lugar donde hay mujeres….
- ¿Un putero?
- Pues si, habían varias
- Me refiero a que si habían prostitutas
- Si, si habían…
Alicia se acomoda en su asiento, en signo de molestia, cambia su postura, se aclara la garganta y de forma retadora se dirige a Miguel.
- Entonces, cuéntame por favor que pasó.
- Pues llegué…
- Ajá
- Alicia me estás poniendo nervioso, cálmate tantito
- Pues no te estoy haciendo nada
- Pues no pero ni me dejas hablar
- Me callo pues
- Gracias
- …
- Pues llegué con mi tío y habían muchas mujeres, y mi tío me obligó a juntarme con una….
- ….
- Pues me dio miedo… y solo le di un beso y me fui….
Era más que obvio que miguel estaba improvisando, su miedo, enojo y culpa no lo hacían pensar bien.
- ¿La besaste?
- Si
- ¿Seguro?
- Pues yo estaba ahí, ¿No?
- Me estás diciendo que mientras yo sufría de culpa y tristeza por algo que me inculparon, ¿tu te fuiste a besuquearte a una puta?
- No les digas así de feo, tienen un nombre más apropiado
- Ah ya hasta abogas por ellas, ¿Ya te salió el pensamiento políticamente correcto?, Recuérdame cómo le decías a mi hermano
- ….
- Andale
- Joto – dice Miguel en voz baja
- ¿Cómo?
- Joto
- Eres un pinche hipócrita Miguel, deje de comer por la tristeza, me gastaba mi dinero en ponerle recargas al teléfono para llamarte y recibir contestaciones del pinche buzón… Mírame a la cara y dime qué lo que dijiste es la verdad.
Miguel mantiene la cabeza abajo, para este punto su conciencia está destrozada. Alicia lo toma de las manos
- Miguel, por favor, prométeme que lo que me dijiste es la verdad
Miguel se mantiene firme a no mirarla a los ojos, Alicia, con sus manos lo orienta a hacerlo, finalmente ambos se miran.
- Prometemelo por favor…
- … Te lo prometo…. Te prometo que lo que dije es la verdad….
A pesar de la traición de Miguel, Alicia decidió perdonarlo, ellos ya han pasado por situaciones difíciles, y este tropiezo está empezando a sanar. Finalmente, Alicia abrazo a Miguel. Por dentro Miguel agradecía que las cosas se solucionaran así, ambos se aman y están dispuestos a dejar de lado incluso la muerte de Tommy, que a pesar de significar el amor y compromiso de ambos, saben que ahondar en el tema puede implicar problemas con la familia de Miguel, así que al no mencionar el tema ellos pueden seguir juntos sin problemas.
La tranquilidad retorno en el hogar. Susana dejó de insistir en sacar a Alicia. Y la joven pareja se enfocaba en si mismos, volviendo a los hábitos de antes y recuperando el tiempo perdido. Un día mientras Miguel hacía el aseo, notó que debajo de la cama se encontraba su camisa que le regaló Alicia, la misma que llevó el día que fue con su tío al Uxiono. La tomó y percibió un olor peculiar, buscó en los bolsillos de la camisa y encontró el condón que usó ese día, además de el envoltorio. Al mirarlo más de cerca pudo ver qué el receptáculo del mismo tenía varios agujeros. Del tamaño de una aguja. El envoltorio parecía tener las mismas marcas, eran las evidentes a contraluz, a lo cual, una severa inquietud inundó a Miguel, hasta las piernas le temblaron. Quería desaparecer en ese momento, que todo fuera una broma pesada, una casualidad, un error. Por instinto, lo que se le hizo más razonable de hacer fue deshacerse de las pruebas que lo inculpan de su traición, y lavar la camisa. Después de eso, trató de bloquear ese agonico momento hasta que una noche llamaron a su teléfono, era un número desconocido, pero decidió contestar de todos modos.
- Hola Miguel buenas noches.
De inmediato reconoció la voz de Roxana, pero no se notaba tan animada como aquel día.
- Hola buenas noches
- ¿Cómo estás?
- Bien, ¿Quién te dio mi número?
- Tu patrón, Bernardo
“Pinche viejo mamón” pensó Miguel.
- Ah, ya
- Quería hablar contigo, ¿Crees que podamos vernos?
- No, no lo sé, he estado ocupado últimamente, si gustas dímelo ahora
- ¿Seguro?
- Si
- Bueno, pues me he estado sintiendo extraña últimamente, sabes, con náuseas, dolores…. No me ha bajado mi periodo desde hace dos semanas.
- Oh, ya….
- Y la última persona con la que tuve sexo fue contigo….
- ¿Qué?, En todo ese tiempo, ¿Solo yo?
- Cómo te digo, me he sentido mal, a demás la gente escoge a chavas más jóvenes que yo….
- ….
- ¿Arreglaste tus problemas?
- Si
- Está bien… yo pensaba…. Pensaba que tal vez te gustaría que tuviera el bebé y…. Pudiéramos cuidarlo….
- No, perdón, ,¿no tienes otra opción?, ¿No puedes abortarlo?
- No Miguel, no puedo, yo tenía esperanza que aceptaras.
- ¿No tienes un novio?, ¿Un pretendiente o algo?
- No tengo a nadie Miguel, estoy sola….
- Lo siento no puedo ayudarte….
- Lo entiendo….
Sonó el pitido marcando el final de esta incómoda llamada. Algo en el hizo que se sintiera un poco aliviado al saber que “ella entendería”. Aún así…. Su conciencia seguía mallugada, al borde del colapso, algo le gritaba que por favor fuera honesto con Alicia pero su “noble intención de evitar problemas” seguía insistiendo que se mantenga firme. “todo se solucionará” se repetía así mismo Miguel.
Las cosas con Alicia comenzaban a homogeneizarse al pasar de las semanas, ambos sostenían largas conversaciones cuando se veían en la casa, Miguel se notaba más tranquilo y abierto, Alicia mostraba abiertamente su cariño hacia Miguel, además de ser notablemente más atenta no solo con Miguel si no con su familia. Todo parecía algo surreal, difícil que se logre para todos dentro de la casa…
Una noche, después de cenar, Bernardo llegó a hurtadillas con Miguel, le entrego algo en la mano y le dijo de forma burlona:
- Ahí te hablan…
- ¿Qué?
- Te lo manda tu otra novia…
En cuanto Miguel tuvo la oportunidad de estar solo, abrió lo que le dio Bernardo, una carta en la cual tenía el nombre de Miguel, la cual decía:
Mi padre decía: “Lo que nos diferencia de los animales es que nosotros tenemos sentimientos”…. Yo creí en sus palabras, creí que los humanos somos conscientes que la gente sufre y debemos estar dispuestos a socorrerlos cuando lo necesitamos. Confirme fui creciendo me di cuenta que no solo somos una especie egoísta y malvada, también tenemos miedo de nosotros mismos. A pesar de necesitar amor y afecto de otra persona, tenemos miedo a que nos lastimen y recurrimos a aislarnos, sinceramente este mundo se me hace complejo por lo cruelmente contradictorio que es….
No voy a justificar mi “trabajo” diciendo que solo teniendo sexo encontraba afecto en otras personas, honestamente solo soy inútil, no tenía ningún talento, salvo tener mucho amor para dar, obviamente eso no cuenta como talento…. Solo contigo pude sentir esa pequeña chispa de afecto que he sentido en años. Se siente culero ser rechazada o engañada durante la mayor parte de mi vida, no podía imaginarme un momento en el que compartiera mi día a día con otra persona.
No te culpo por la decisión que tomé, solo quise complacerme a misma imaginando que alguien Lee lo que escribí o que a alguien le importa lo que pienso, y te escogí a ti por qué me pareciste alguien amable y lindo, hasta que me rechazaste, y eso ya me hizo abrir los ojos, no pertenezco a ningún lado y me alegra por fin haberme dado cuenta, y no cuando ya haya cumplido sesenta años.
No eres culpable del todo Miguel. Solo cómplice de las circunstancias…
No entendió para nada Miguel que es lo que le quería decir esta carta. “¿Es una despedida?, ¿De verdad lo entendió?, Que me deje en paz”. Es lo que pensó Miguel, en realidad solo esto provocó que la incertidumbre de Miguel se potenciara y la sensación de que “algo malo” está pasando taladraba su cabeza. Y está sensación le duró una semana, en la que no dormía bien y parecía distraído en todo momento, hasta el punto en el que Alicia lo notaba y preguntaba constantemente “¿Estás bien?”. A lo cual el respondía “Si, solo no dormí bien”. Finalmente, tomó una decisión. Fue con Bernardo, no solo para enfrentarlo, si no para sacarle información
- Oiga, ¿Qué chingaderas son estás? – le lanza el condón usado en la cara
- Ora cabrón ¡Más respeto hijo de la chingada! – se levanta Bernardo gritando mientras lanza el condón al suelo.
- ¿Por qué hiciste eso?
- ¿Hacer que?
Miguel muestra le envoltura con los agujeros. Bernardo ríe y dice:
- ¿Qué te hace pensar que fui yo?
- ¿Qué?
- No soy el único ojete en esta casa.
Bernardo toma el condón en una servilleta de papel y se lo entrega a Miguel.
- Si fuera tu, lo tiraría en la basura del vecino
- Espere, no es lo único que le quería decir
- ¿Qué?
- ¿Dónde vive Roxana?
- Jajaja, ¿Crees que la voy a andar visitando a su pinche colonia culera?
- ¿Cómo sabes que su colonia está culera?
- …. Nomás digo
- Dime por favor
- No hagas este pedo más grande
- Solo dime por favor, yo sé que hacer
- Colonia Revolución, Calle Zapata número trescientos veinticinco.
- Gracias….
Miguel optó por faltar al trabajo ya que decidió que era más pertinente ponerle un fin a esta situación, así pues llegó a la colonia Revolución, dónde al parecer el presupuesto del gobierno para la mejora urbana no llegó hasta esta colonia a orillas del municipio donde viven, para ser rápidos con la descripción del lugar, era modesto en cada ladrillo y lamina implementado en la construcción de estos hogares, para variar las calles no contaban con la señalización que marca en nombre de cada calle. Miguel al sentirse perdido decidió preguntar en una tienda para ver si estaba en la colonia indicada. Para ello se acercó a una tienda en la que solo había un mostrador de frituras con unos cuantos productos desperdigados, un refrigerador de refrescos, salsas, frijoles, y cremas, y una mesita con cigarros y dulces. Todo atendido por una señora de la tercera edad.
- Buenas tardes señora, disculpe, ¿Esta es la colonia Revolución?
- Buenas tardes joven, si es aquí
- Oiga, ¿Y sabe cuál es la calle Zapata?
La señora se levanta de una sillita dónde estaba, y se para frente a Miguel, levanta la mano y señala.
- Ahí, dónde se ve la casa balasiada, ahí mero es la calle Zapata mijo.
- Muchas gracias señora
En agradecimiento, Miguel le compró una bolsa de frituras a la señora. Así pues Miguel caminó al lugar que le indico la señora, al llegar a la esquina señalada, rió de ironía al ver que tampoco las casas tenían su número correspondiente. Pacientemente vio cada una de las casas, pero hubo una que le llamó la atención, fue la única que no tenía rodeado su patio delantero con rejas, y en su lugar tenía un pequeño jardín con poco pasto y flores que llevan un tiempo sin regar. Miguel se dispuso a tocar el timbre y la puerta. Nadie respondía; de reojo pudo ver qué una señora lo veía desde su patio.
- Buenas tardes
- Buenas tardes señora
- ¿A quien busca?
- Busco a una señorita llamada Roxana
- ¿Roxana?
- Si
- Pues si, ahí vive una muchacha bien joven pero la verdad no sé si se llame así.
- ¿No sabe si está aquí?
- La verdad ya llevo varios días sin verla, no sabré decirte.
- Es que es mi prima, y ocupo unas cositas que me encargó mi mamá, se supone que ella ya está avisada.
- Hijole
- Si… la verdad es que tengo prisa
- Está bien
- Y hace mucho calor
- Ay si, la verdad si
- Oiga, ¿No cree que pueda dejarme saltar por su patio al patio de mi prima?
- Ay no sé
- Mire, la verdad ando bien apresurado, hágame el favor, no me tardo nada
- …..
- Le doy doscientos pesos…
Rápidamente Miguel pudo llegar al patio trasero, dónde, abriendo una ventana pudo quitarle el seguro a la puerta y así poder entrar. Una vez dentro, llegó a su nariz un leve olor, uno que jamás en su vida imagino llegar a oler….
Todo parecía normal, la cocina no estaba del todo limpia pero no estaba desordenada, el comedor tenía una canasta con frutas con signos de leve putrefacción. En cuanto más avanzaba el olor se potenciaba un poco. Finalmente llegó a una puerta en la que habían fotos de la joven con otras personas, al parecer su familia o amigos. Miguel abrió la puerta y su mirada fue directo a una escena lamentable. El cuerpo sin vida de Roxana tendida en la cama. Al parecer había ingerido una peligrosa cantidad de medicamentos, y para asegurarse que estos no la hicieran vomitar, se puso cinta en todo alrededor de la boca y la nariz. Había leves residuos de vomito seco en la cinta, y el resto se encontraba como un bulto en la garganta y dentro de la boca. Por si fuera poco, la angustia y desesperación quedaron grabadas en su rostro como escultura en mármol. Sus manos estaban sujetas con un cinturón amarrado a la base de la cama…
¿Será que se suicidó?, ¿Un feminicidio?, ¿Alguien le ayudó?... ¿Qué debería hacer? Son preguntas que dejaban sin aliento a Miguel literalmente ya que no solo el olor penetrante del cadáver lo sofocaba sino que la terrible escena y lo triste que era lo apabullaba. Miguel estaba roto mentalmente y la culpa lo carcomía al punto de perder toda esperanza de tener una vida tranquila.
Una laguna mental devoró el tiempo al punto de que Miguel se encontraba frente a su casa, de noche, no sabe que hora o que día era, así que entró, fue a su habitación y ahí encontró a Alicia.
- ¿Dónde estabas? – Pregunto preocupada
- ….
- ¿Miguel?.... ¡Miguel!
- Mande
- ¿Qué tienes?
- Nada
- Te vez pálido, y estás muy frío
- No tengo nada
Alicia siguió insistiendo a Miguel que le contara que pasó, cosa que lo impacientaba, y lo hacía molestar, poco a poco, aunado al trauma que acaba de vivir. Miguel estalló, y de una forma bastante mala.
- ¡Ya déjame en paz carajo!
- Pero Miguel, yo solo te hice una pregunta
- ¿Qué?
- Solo te dije que dónde estabas
- ¿Y por qué preguntas?, ¿A caso ya no confías en mí?, Yo ya te pedí perdón chingada madre, ya lo habíamos arreglado
- Yo no dije nada de eso, es que te vez pálido, ¿Fumaste algo?
Miguel en su pleno arranque de ira, al escuchar esto último, toma una silla y la levanta por encima de su cabeza
- Ahora resulta que soy un puto marihuano
- ¿Me vas a pegar? – dice Alicia con la voz rota y lágrimas en sus ojos.
Miguel lanza la silla a una pared, rompiéndose de una pata, Miguel sale del cuarto, se tapa el rostro y comienza a sollozar. Al poco tiempo llega la mamá de Miguel.
- ¿Qué chingados pasó?
Asomándose vio a Alicia llorando y vió la silla rota.
- ¿Qué traes hijo?
- ….
- Te hablo
- Estoy muy mal mamá
- ¿Te hizo algo?
- No
- Entonces
En ese momento llega Javier, quien regresaba del trabajo. Al notar un poco la situación, solo se quedó parado.
- Niña, ¿Tu estás bien?
- Si señora, estoy bien, solo me asusté.
- Me vas a arreglar esa silla, ¿Eh?, Que me la regaló tu abuelo
- Si ma
- Ya, métanse, y arreglen sus pedos bien. Y tú cabrón, ya vente a cenar, no andes de chismoso.
- Con permiso, buenas noches.
- Buenas noches papá.
Mientras se alejan del cuarto de Miguel, Javier mira atentamente como Miguel se mete a su cuarto y ve como abraza a Alicia.
Miguel, con el paso del tiempo trató el solo de superar el trauma, invitando a salir a Alicia, pasando tiempo juntos cada que coincidían en día de descanso de sus trabajos. Así pues, al pasar de las semanas a Miguel se le ocurrió una gran idea. Cuando regresó del trabajo y vio a Alicia en la entrada de la casa barriendo, la tomo de las manos y le dijo:
- Alicia, he pensado mucho lo que pasó, se que hubo momentos culeros…. Bueno, todo fue culero, y la verdad siento que fui muy injusto contigo… en fin… yo…. Bueno…. me gustaría…. Más bien, ¿Te gustaría casarte conmigo?....
Alicia ríe de nervios, lo abrasa por el torso y grita feliz:
- ¡Si Miguel, quiero casarme contigo!
Ambos se abrasan muy fuerte, al punto de que sus corazones latian al mismo ritmo. Su boda fue sencilla, todo transcurrió en un aparente día normal, en el que ambos pidieron sus vacaciones al mismo tiempo en su trabajo y así irse sin que su familia se diera cuenta a el registro civil, sus padrinos fueron amigos muy cercanos a ambos, y así, llegaron a casa triunfantes a mostrarles a toda su familia lo feliz que estaban y el nuevo logro en sus vidas. Esa noche, al terminar de hacer el amor, Miguel veía a Alicia, sonriéndole, al fin, después de tanta tragedia. Ambos podían afirmar que son felices.
8. El sembrador de Dioses
Miguel abre los ojos, se encuentra en el suelo, alguien le quitó las ataduras, sintió algo así como la peor resaca que ha tenido en su vida. Con esfuerzo se pudo incorporar lentamente mientras veía a su alrededor, vio que se encontraba en el mismo lugar antes de caer desfallecido, aún estaba el cadáver de su madre justo en su lugar, no estaba Alicia, los frascos que estaban en la mesa ya se encontraban vacíos y además de él y el cuerpo de su madre, solo se encontraba Galadriel, y Pavoras armado con un hacha, quienes ven a Miguel atentamente.
- ¿Dónde está mi esposa?
- ….
- ¿A dónde se llevaron a mi esposa?
- Va a recibir la semilla – contestó Pavoras
- ¿Qué?, ¿Qué significa?
- Nom, Nom, Nom, Nom, Nom (Ella sabe la verdad Miguel, lo sabe todo. La profecía dicta ahora que ella es la portadora del perdón)
- ¿De que habla esa cagada?
- Que la profecía está por cumplirse. El ritual está completo
- Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom (Vendrá mi sembrador... La convertirá en un ente divino igual que yo... Podrá crear su plano dimensional, y así poder moldearlo para que ella siga bendiciendo y otorgando el perdón por el ancho y largo del todo…)
Miguel parecía demasiado confundido como para entender lo que habla Galadriel.
- Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom, Nom (Ya viene el sembrador de dioses. La “Imperialidad astral” un ser que supera la lógica, aquel que tiene sus propios intereses por sobre la voluntad del creador)
- Denme a mi esposa
Miguel camina amenazante hacia Galadriel, Pavoras se pone en guardia, y al tratar de asestarle un golpe, Pavoras pisa mal, colocando su pie sobre un pedazo de carne en el suelo, haciendo que Pavoras resbale y caiga de frente. Miguel aprovecha para sujetar el hacha. Ambos forcejean, como Pavoras tenía la cara llena de sangre, no podía ver bien, Miguel patea la cara de Pavoras con la suela de su zapato, a su vez, Miguel pierde el equilibrio, y con fuerza jala el hacha para así caer también de espaldas, pero con el hacha en su poder. Galadriel no podía dejar de gritar “Nom” con desesperación, a lo que traduciéndolo sería como “Cumple tu orden divina”. Miguel se levanta rápidamente, para esto Pavoras torpemente intentaba incorporarse, y jalando el hacha con fuerza, asestó un golpe con el hacha en el brazo de Pavoras, logrando ir su brazo se rompa, solo eso ya que el hacha no tenía filo. Pavoras calló al suelo de nuevo, y Miguel aprovechó para dejarle caer el hacha en el costado de la cabeza, logrando abrir un poco, pero no lo suficiente para matarlo, seguía vivo, pero muy mal herido…
Miguel aún seguía iracundo y no dudó en ejecutar al hombre frente a el. Y así lo hizo, de nuevo dejó caer el hacha en la cabeza de Pavoras, haciendo que su contenido quedara esparcido por el piso. Una vez terminado, se dirigió con Galadriel.
- Alicia….. ¿Dónde está?
- Nom, Nom, Nom (Pierdes tu tiempo)
- ¡Dímelo!
- Nom, Nom, Nom (Haz lo que te plazca)
Miguel le propina un golpe con el revés del hacha a la “cara” de Galadriel, logrando que este recorra su mórbido cuerpo para atrás, al momento que su cuerpo se inclina, Miguel pudo ver qué tiene una especie de extremidad que da hacía el suelo, es decir que está enterrado, es entonces cuando Miguel toma carrerilla para dejar caer todo su peso con una tacleada. Galadriel no es tan pesado como aparenta ya que todo su cuerpo quedó volcado, no dejaba de hacer ruidos y gemidos que sonaban como si estuviera sufriendo, finalmente se pudo ver lo que yacía bajo su cuerpo. Una gruesa raíz, que parecía tener la forma y textura de piel humana.
La lógica de Miguel le indicaba que este era un punto vital, por lo que enfocó su odio en esta rama, que, al darle los primeros golpes, constató que se trataba de piel y hueso humano, no solo eso, comenzó a brotar una sustancia que parecía ser miel pero con más viscosidad, ya que le dificultaba retirar el hacha para repetir el golpe. En los últimos golpes que estaba dando Miguel, Galadriel balbuceó:
- Nom, Nom, Nom, Nom (La distorsión comienza)
Con un último golpe el cuerpo de Galadriel se separó de la raíz, haciendo que inmediatamente saliera está sustancia viscosa de sobremanera, Miguel deja el hacha a un lado y pretende salir de inmediato de ese putrefacto lugar.
Se le dificulta la salida a Miguel ya que la sustancia complica el paso, es ridículamente rápido el cómo poco a poco se está llenando esta habitación de la sustancia, ya le llega a la pantorrilla a Miguel y cada paso requiere de gran esfuerzo para despegarse. Después de esta extenuante labor, Miguel logra llegar a las escaleras, rápidamente sobrepasa el líquido y sube las escaleras para darse cuenta que el líquido sigue subiendo de forma exagerada.
Finalmente llega a el templo, es de noche, y hay poca luz, escucha canticos que vienen de fuera del templo. Miguel sale, y puede ver a bastante gente alrededor del árbol. Todo está iluminado con velas y antorchas. Miguel se cuela entre la gente para saber que pasa, al parecer todos lo ignoran para seguir sus rezos, mientras penetraba la gran cantidad de gente, para poder ver qué pasa; escuchaba lo siguiente:
- Recuerden amados hermanos, estamos a punto de traer algo magnífico, a nada más y nada menos que la imperialidad astral. Galaván, Dradovhá, Addanor, Rathorá. Ellos son seres caóticos, tengan presente que su estadía en esta dimensión será brutal, alterarán sin piedad todo el espacio… pero no se preocupen, todo es parte del perdón, todos estaremos juntos con la virgen del perdón, ¡Todo estará bien por qué así es la voluntad de Galadriel!, ¡Salve Galadriel, quien dio su vida para llevar a cabo su divino sacramento!, ¡Cualquier cosa que pase, dejen que suceda, dejen que la gloria de nuestros señores nos impregne!
- En ti confiamos señor… tráenos la paz y la eterna estadía en tu regazo – Dijeron al unísono los pueblerinos. En cuanto ellos terminaron de hablar, hubo un lúgubre silencio. El suelo comenzó a retumbar, sonidos cómo de relámpagos sonaban a lo lejano, el cielo comenzaba a despejarse, y una poderosa onda de aire empujó a todos hacia el suelo, haciendo que todas las luces se apagaran, que la tierra se levantara, que el árbol se sacudiera, y que más de una persona desfallezca por el impacto. Miguel volteo a ver al cielo, y lo que vio lo desconcertó totalmente.
Un cuerpo planetario cubría todo el cielo, lo que se podía ver era un enorme cuerpo partido en dos; una mitad parecía ser de un material brilloso, cómo hecho de un metal puro, liso y perfecto. La otra mitad era de un material acuoso de un color difícil de describir, pero tan denso que no se veía el interior, podía verse un movimiento como el que hace el agua en el mar, el líquido estaba emanando un vapor verdoso. en el centro de ambas mitades yacía un hueco perfectamente simétrico. Y suspendido en aquel hueco se veía una esfera oscura que parecía estar compuesta de materia orgánica, se movía constantemente y de vez en cuando se podía ver qué algo rompía la simetría de la esfera momentáneamente. Finalmente, una suerte de anillo rodeaba este conjunto, que parecía estar de un material extrañamente suave, como si fueran plumas, o pelaje, es el que parecía moverse a más velocidad, incluso moviendo su sentido de movimiento, rodeando por completo los otros tres “planetas”. En cuanto esta presencia astral se postró en el cielo, comenzó a emanar una luz cegadora, a la vez que la gente alrededor del árbol comenzaba a levitar, cómo si la gravedad se suspendiera. La gente se encontraba feliz aceptando su destino.
- ¡Me aceptaron, estaré en el Reino del vacío!
- ¡Mírame, amada mía!, ¡Me eligieron para danzar con el creador!
Pronto más y más gente flotaba, hombres y mujeres. Y en un punto, dos personas coincidieron en el mismo punto. Sus ropas y piel parecían estar enlazadas entre sí, pronto en el punto dónde coincidieron, su cuerpo se fue pegando cada vez más, forzando la piel, músculos huesos y órganos a converger en el mismo punto, dichas personas no paraban de gritar, llorar y rezar en el proceso, el cual terminaba hasta que ambos seres terminaban siendo una amalgama esférica suspendida en el aire, la sangre que resultaba del acto terminaba en el suelo, pareciendo una cascada. La gente que aún estaba en el suelo miraba atentamente a todos aquellos que se amalgaman, los señalaban, les rezaban e imploraban a qué sea su turno. Miguel miraba atentamente mientras seguía caminando, pronto veía que la gente seguía flotando y uniéndose. Al ver más a su alrededor pudo ver qué las casas y el árbol que había en la periferia no dejaban de “respirar”, ya que hacían un movimiento similar al de los pulmones. Así pues, también miró bajo el árbol, justo en la tarima dónde ejecutaron a Alejandro. Ahí se encontraban el sacro Naviel, Alicia y el hombre de la boca extraña, los tres tomados de las manos, Miguel al ver esto corrió rápidamente, empujando a la gente que le entorpecía el paso, y al caer al suelo, las personas levitaban.
- ¡Dradovhá lo bendiga joven!
Cuando Miguel llego a la tarima, comenzó a sentir un calor inmenso.
- ¡Alicia!, ¡Alicia!
Alicia ignoraba por completo a Miguel, hasta que el, forzándose a sí mismo a pesar del terrible calor, la jaló de la mano.
- Alicia por favor mírame, vámonos de aquí, esto es peligroso.
Ella se limitó a mirarlo, de forma inexpresiva, incluso apática. Y le dice:
- No me toques por favor
- Pero Alicia, soy yo, Miguel, tu esposo
- Debes irte
- ¿Qué?
Los sonidos de estruendos se intensifican cada vez más, y un fuerte torrente de aire manda a volar a Miguel, mientras el haz de luz consume totalmente a Alicia. Todo alrededor vuela por los aires destruyendo las casas, y el árbol cómo si se tratara de una explosión. Miguel se pierde entre tanta gente y escombros en pleno vuelo, y pierde el conocimiento.
9. Día uno
Un día de trabajo más, está vez hay que cubrir una boda, encargaron fotografías a todos los asistentes, grabar cada uno de los acontecimientos importantes de la boda a parte de la ceremonia religiosa, ya sabes, la “víbora de la mar”, “el muertito”, el lanzamiento del ramo y esas mamadas. Y ahí estaba Miguel, tomando fotos a cada uno de los asistentes al evento. El ya estaba harto de estar parado todo el día, por lo que fue a sentarse un rato, poco tiempo después, llego su compañero “el ventanas”, le decían así ya que tenía una abertura entre sus dientes incisivos.
- No mames pinche milanesas, a qué no sabes que
- ¿Qué?
- Shhh acabo de ver una morrita bien chida wey, como para ti
- ¿Cómo?
- Así blanquita, chaparrita cómo te gustan pinche indio
- ¿Dónde o que?
- ¿Si ves la mesa que da al jardín?
- No señales pinche naco imbécil
- Pos ahí en el arquito de tela, ahí mero anda, cotorreala, se ve que es buen pedo
Tal vez será por las ganas de conocer a alguien, tal vez para desmentir al ventanas, por morbo, quizá. Pero Miguel fue a dónde le indicaron, quiso enfocar su mirada buscando a aquella señorita que le mencionaron. Al acercarse más, pudo verla, ahí estaba ella, una joven linda de pelo negro, piel clara y ojos grandes, pequeña de estatura y de unos labios pequeños. Miguel la miró atentamente, levantó su cámara y dijo:
- Buenas tardes, una sonrisa por favor
Todos en la mesa adoptaron posición, pero Miguel solo la enfocó a ella, solo a ella. Tomó tres fotos, dos de ella y una para “taparle el ojo al macho”, mostró la foto a la familia argumentando que las primeras dos estaban desenfocadas. Posteriormente tomó los datos de la familia sin perder de vista a la chica, que sin duda cautivó a Miguel. Cruzaron miradas un par de veces, cosa que los hizo sonrojar. Posterior a esto, Miguel agradeció, y se retiró, termino de tomar fotos a unas cuantas mesas más, de vez en cuando volteaba a ver la mesa de la chica, de nuevo cruzando miradas y esta vez, contestando con sonrisas tímidas. Al finalizar de tomar fotos, Miguel fue a una esquina del salón de fiestas, que curiosamente la esquina estaba en un punto medio de la mesa dónde se encontraba la chica, pudiendo verla cada que giraba un poco la cabeza. Ahí paso un rato Miguel, llegando el momento del baile, vio que los padres de la chica se retiraron de la mesa, y así el se acercó lentamente, ella ya lo veía acercarse y lo recibió con una sonrisa.
- Oye…. ¿Te gustaría bailar conmigo?
- Si mis papás me ven bailando con alguien me pueden regañar….
- Oh, está bien, entiendo…
Miguel se sintió mal, como un fracaso, así que dio la media vuelta y se dirigía a la misma esquina, de pronto sintió que alguien lo jalaba del brazo. Volteó y era ella.
- Podemos bailar en un lugar donde ellos no nos vean
Se tomaron de las manos, Miguel no podía dejar de tener los ojos y la boca bien abiertos de la sorpresa. Ella tomó la iniciativa y juntos fueron a un jardín, un poco lejos del salón principal. Ahí, la chica se postró ante el y le extendió la mano.
- Soy Alicia, ¿Y tú?
- Que hermoso nombre, me llamo Miguel, mucho gusto Alicia
Justo tomaron la posición de baile respectivo cuando sonó la canción de “Algo de mi”, de Camilo Sesto.
Los corazones de Alicia y Miguel tomaron el mismo ritmo gracias a sus movimientos, fue una armonía viva en toda su expresión, no podían apartar la mirada de sus propios ojos, su piel se volvió una sola piel, un mismo tacto, una misma respiración. La belleza de la humanidad es su poderosa habilidad innata de reconocer quién es la persona adecuada para formar un vínculo. Y en este punto, perder el sentido del solo “existir” con solo entrar en contacto con la persona que se ama. Poder sentir la ausencia del “aquí” y el “ahora” paradójicamente dejando de sentir. Justo así se encontraban estos jóvenes al presenciar tal manifestación de sentimientos a partir del acto de bailar. Al terminar la canción ambos sintieron una especie de mareo, tal fue el momento que tenían un tiempo sin respirar, cómo si hubieran hecho una extenuante labor. Cabe mencionar que en ningún momento separaron sus manos.
- Miguel, ¿Qué pasa?
- No estoy muy seguro, nunca creí experimentar esto
- Yo tampoco
- ¿Y como te sientes?
- Por mi cabeza pasan muchas cosas
- Yo también, siento que quiero llorar, gritar, reír a carcajadas, quiero….
- Quiero seguir experimentando eso….
- Yo también, en serio esto es lo mejor que he pasado en mi vida
- Quisiera que este momento no se acabe jamás….
Con estás últimas palabras, Miguel decidió besar a Alicia, de una forma lenta, dulce, torpe, cómo suele darse un inocente beso primerizo. Marcando así el momento clave del inicio de un amor por encima de lo que cualquiera pueda intuir. No solo la saliva se mezclo en ese acercamiento, en ese momento se forjo un vínculo, un lazo, y sobre todo aperturó un inicio para ambos.
- Miguel
- Dime
- ¿Por qué la felicidad es tan corta?
- ¿A qué te refieres?
- Cuando nos separemos, regresemos a casa y recordemos este momento, se sentirá como si hubiera pasado un instante, y la sensación de volverlo a vivir, de estar juntos de nuevo, durará bastante.
- Tienes razón, la felicidad es muy corta…. pero está bien, cuando te vuelvas a sentir feliz, valdrá la pena haber pasado por otras tantas sensaciones ajenas a las que sentiste hoy.
Ambos tomaron asiento, Alicia reposó su cabeza en el hombro de Miguel, tomando su mano con ambas manos. Ambos no podían creer este momento, ¿Es posible enamorarse en tan poco tiempo?, Eso es debatible, sin embargo, para ellos esto sucedía. Es totalmente tangible los sentimientos que forjaron. ¿El destino los unió?, ¿Nacieron con el plan divino de unirse en este preciso momento y en un mismo lugar?. Son preguntas que no tienen una respuesta cierta, lo importante es vivirlo. Dejarse llevar y fluir como el momento lo amerita. Eso sería lo correcto, sin embargo Miguel seguía cuestionándose esto, llegando a ofuscarse.
- No quiero que esto termine
- Yo tampoco
- En serio, quisiera que este momento continue, tengo una sensación horrible creciendo
- ¿Cómo?
- Siento que esto no es real, cómo si fuese un residuo de un recuerdo
- ¿Qué?
- Es como si algo horrible está pasando pero estoy atorado aquí
- No te entiendo Miguel
- Se que suena raro, pero por favor, no me sueltes, no quiero salir de este lugar – Dice Miguel sollozando
- Miguel, me estás asustado.
Miguel mueve la cabeza a su alrededor, buscando desesperadamente algo hasta que concentra su mirada a un punto fijo
- No hagas esto por favor… ten piedad…. Dejame vivir esto por siempre
- ¿Con quién hablas?
- ¡Detente!, ¡Detente por favor!..... ¡Deja de leer por favor!, ¡Quiero estar con ella en este lugar!
- Miguel por favor, mírame
- ¡Deja de leer por favor!, ¡Vas a hacer que me maten por favor!...
Acabas de condenar a un ser humano… ¿Cómo te sientes al respecto?
10. El sacramento de la traición recibe su juicio
Después de un estridente cataclismo, Miguel abre los ojos, se encuentra con el cuerpo cubierto de escombros, sus oídos no logran asimilar bien el entorno por qué aún está aturdido. Algunas partes de su cuerpo sangran, pero no es tan grave, su ropa está demasiado sucia. Finalmente logra salir de lo que parecía ser una casa. Y lo que vieron sus ojos…. Voy a esforzarme para medianamente explicar todo lo que Miguel pudo ver.
El cielo, a primera instancia es rojo, rojo puro como las manzanas. No parece haber una fuente de luz natural como la luna o el sol. Todo lo que se ve en el cielo es la misma imperialidad astral que se vio anteriormente, pero esta vez se ve de forma más opaca, cómo que está vez se encuentra más lejos. Lo segundo que Miguel notó fue que el suelo ya no es tierra. El tocó el suelo, y sintió como si tocara a alguien más. Parecía tener la misma consistencia y elasticidad de la piel, incluso presionaba y pellizcaba el suelo y se sentía lo mismo que si lo hiciera con la piel. Al salir por completo de los escombros Miguel miró a su alrededor, el árbol que había en el centro del “pueblo” parecía ahora una suerte de agrupación de venas, cómo los tiene el cuerpo humano, pero a gran escala, con los mismos grosores y tamaños que tiene un tronco y ramas de un árbol común. El templo donde se encontraba Galadriel, estaba ahora en ruinas totalmente. En el aire se mantenían suspendidos las esferas de carne, al igual que torsos humanos con los brazos extendidos girando sobre su propio eje suspendidos en el aire. Al girar hacia donde daba la “calle” del pueblo, ahora se encontraban múltiples monstruosidades. Algunas iguales entre si, otras totalmente diferentes en cuanto a fisinomia. Ya que si tenían algo en común era su amorfidad, la surreal naturaleza que componía su cuerpo.
A mitad de lo que era la calle principal, se encontraba una especie de riachuelo. Podía verse que había una profundidad considerable al nivel del suelo. Pero aparentemente había poca agua. A la distancia que se encontraba Miguel no puede distinguirse el contenido del riachuelo, pero si se puede ver qué a los costados se encuentran unas bestias enormes, obesas, a las cuales no se les pueden ver si quiera los pies de la gran cantidad de abscesos hinchados que tenía su cuerpo. Sus brazos son más largos comparándolos con lo poco que se veía de su cuerpo. Tiras de piel grasosa cuelga cada que se mueve su brazo. En el lugar que deberían ir sus manos y dedos se ve una especie de muñón con tres apéndices que parecen funcionar como dedos, pero parecieran estar afilados en su totalidad. Su cabeza, en total desproporción, tiene forma cilíndrica, no parece tener cuello, y lo que parece ser su boca es una suerte de ano hinchado que se expande de forma asquerosa, en cada uno de sus pliegues o arrugas tiene una gran cantidad de dientes afilados muy pequeños.
Estas bestias se encuentran en todo lo largo del riachuelo anteriormente mencionado. Al buscar alguna otra ruta para salir del pueblo. Solo podía ver enormes seres voladores, los cuales eran una masa de carne rechoncha sin orden, Con cuatro alas con lo que parece ser piel o membrana, el cual giraba el centro de su cuerpo. (Dónde se encontraban las alas). Su cabeza era una cabeza similar a la de un humano pero con la boca estirada, como el pico de un pelícano. Y su parte inferior del cuerpo parecían ser tripas o tentáculos que se movían y estiraban en forma aleatoria. Estos seres bajaban sus apéndices para atrapar a cualquiera que esté a su alcance. Aún habían personas rondando alrededor. Tan desubicados como el mismo Miguel. Se tomó un momento para apreciar el panorama y decidir que hacer. El veía a la gente “vibrando”. Temblando con tal fuerza que pareciera que sus cuerpos se distorsionaban, cambiando de tamaño e incluso doblar sus extremidades incluso en lugares de inflexión. Algunos sangraban de las coyunturas y orificios del cuerpo. Al mirar a uno que se mantenía en estado catatónico mientras su cuerpo arremetía contra si mismo. Miguel se acercó un poco para ver qué pasaba con el. Al acercarse un poco, vio como su tejido se desgarraba, expulsando sus órganos, sangre y huesos, perdiendo su forma para volverse una plasta de carne inerte que solía tener nombre.
Miguel lo tenía claro ya, tenía que irse por el riachuelo, era la unica forma de alejarse de este lugar. Al acercarse al borde prestó atención a todo lo que pasaba. Así vio que en el agua de color gris, se encontraban cuerpos hinchados y en avanzado estado de putrefacción flotando, y los monstruos grotescos de la orilla extendían sus amorfos brazos para tomar estos cadáveres y alimentarse de ellos, cómo si se tratase de niños comiendo cereal. Sabía que esto sería horrible, y mientras más lo pensara podría terminar muerto de una forma dolorosa. Obviamente también esto implicaba un riesgo, pero notó un detalle importante, las bestias eran ciegas ya que movían sus garras hasta agarrar algo que meterse a su “boca”.
Miguel se lanzó y el rio estaba más profundo de lo que aparentaba, tenía una consistencia lechosa y apestaba a nada más que un gran cúmulo de muerte. A Miguel se le dificultaba nadar en estas condiciones, por lo que tuvo que sostenerse de un cadáver para poder flotar, al tratar de sostenerse, tomó fuertemente la espalda del cadáver, y de su misma fuerza hizo que la piel se desprendiera, cómo si fuera una tira de papel húmedo, dejando ver qué en el interior de este cadáver ya habían gusanos alimentándose. No pudo contener su vómito y lo hizo sobre el cadáver. Para este punto el olor hizo que su nariz se congestionara y así pudo “lidiar” con el terrible aroma. Los monstruos generaban olas al introducir y sacar sus garras, cosas que dificultaba más la pestilente tarea de Miguel. Que sutilmente se movía a través de los obstáculos y los monstruos esperándo y descansando cada que veía un monstruo buscaba comida. Miguel ya se encuentra en un punto medio y su cuerpo resiente el esfuerzo. Para este punto sus manos y brazos están llenos de gusanos tratando de alimentarse de el como si fuera parte del necrotico ecosistema que reina en este rio, así pues, con sus ojos hinchados, y piel irritada sigue con su labor, hasta que una de las bestias deja caer su garra sobre el “bote” de Miguel, de suerte logro retirarse rápidamente, pero una de las garras le dejó un brazo con una herida considerable, y por su desesperación, aunado a la ola causada por el monstruoso ser, termina agarrándose de el cadáver de una vaca…O Algo así, ya que había poco que reconocer de este cadáver, así pues, siguió nadando, está vez un poco más lento debido a su herida y a lo pesado que era mover este cuerpo. Ahora, después de esta putrida experiencia, Miguel llegó a la orilla, usando ramas que colgaban de la orilla, que eso pensaba Miguel antes de sentirlas con las manos, estás ranas eran brazos humanos, pero estaban bastante delgados, cómo si no tuviera músculos. Solo hueso y piel.
Miguel vómito por 10 minutos más una vez pisando “suelo”, se sentía enfermo, todo el cuerpo le picaba y su herida no paraba de sangrar, le ardía y parecía comenzar a hincharse. Al sentirse un poco “mejor” siguió un sendero entre los “arboles” que seguían pareciendo venas y terminales nerviosas, al igual que el suelo seguía pareciendo piel. Siguiendo su camino, comenzó a sonar el cielo como si se aproximara una lluvia intensa. El camino se inclinaba, se dirigía cerro arriba. La lluvia cayó, tenía un color oscuro, y tenía un olor ácido, lastima a las fosas nasales al respirar, Miguel apresuró el paso hasta que más adelante vio un grupo de personas, eran algunos pueblerinos, así que apresuró el paso hasta ver claramente a la persona extraña de la boca desubicada, dándole órdenes a la gente de hacia donde dirigirse como si se tratase de una evacuación, Miguel se escondió entre uno de los “arboles” mientras vio a el sacro Naviel acercarse a este hombre, ambos se veían cómo si hubieran sufrido de quemaduras graves, además de estresados, inundados en miedo. Erráticamente le habla al sujeto extraño, cómo si le estuviera reclamando algo, desgraciadamente Miguel se encontraba bastante lejos como para oír de que hablaban. Pero aún tenía la esperanza de que Alicia estuviera cerca, sigilosamente se acerca a el grupo, rodeandolos. Poco a poco veía a el par gritándose cada vez más cerca. Y por fin pudo saber de qué tanto peleaban
- ¡Claro que nada de esto es normal!, ¿A caso crees que yo quería que estas bestias estuvieran aquí?, Se supone que nadie debe morir en el Reino de la virgen del perdón, no sé que carajo pasó, y al único pendejo que debería reclamar es a ti, seguro hiciste algo mal durante el ritual.
- Yo no hice nada señor….
- ¡Sacro Naviel para ti, pedazo de mierda!
- Sacro…. Sacro Naviel, una disculpa, yo…. Yo le juro que no hice nada, salvo lo que me pidió
- ¡No te creo nada!, ¿Qué hacen los putos ambrocubos en este plano?, ¿Eh?
- Usted, usted mismo lo dijo. La imperialidad astral es un ser caótico, tal vez….
El sacro Naviel le propina un puñetazo, de tal fuerza que lo desequilibra y cae al suelo.
- ¡No te atrevas a culpar a la santísima imperialidad astral!, Maldito insolente. Quiero que me escuches, y me escuches bien. Tenemos la gente necesaria para un segundo ritual. Y más vale que pienses en uno para sacarnos de aquí, y lo hagas bien, ¿Entendiste?
- Si, si….. entendí sacro Naviel.
- Vámonos antes de que los ambrocubos devoren a la gente.
El primero en irse es el sacro Naviel, el otro hombre quedó resagado, en el suelo, vio como la gente se perdía de vista. Miguel aprovechó la soledad del momento para atacar al hombre, derribandolo y ejecutar múltiples golpes en su desfigurado rostro. Mientras Miguel se descargaba con el hombre, se escuchó un sonido vibrante, extraño, una sombra los cubrió, al mirar ambos al cielo, ambos vieron una criatura extraña, parecía ser un gran cúmulo de rocas, y tierra, con extremidades babosas y flexibles que salían de varias partes de lo que parecían ser túneles de la composición rocosa de lo que parecía ser una especie de caparazón. En lo que aparentemente era su parte frontal se encontraba una cabeza asimétrica, cómo si tuviera tres cabezas humanas intercaladas, y por ende, tres rostros. Tenía un tamaño considerable y levitaba a una distancia de siete metros aproximadamente, sus extremidades se movían sutilmente, cómo buscando algo. Miguel se quedó quieto, boquiabierto, viendo atentamente lo que hacía el monstruo. El hombre extraño comenzó a gritar
- ¡Sacro Naviel!, ¡Sacro Naviel!, ¡ayúdeme por favor!
El hombre empuja a Miguel, se incorpora y comienza a correr, las extremidades de la bestia se mueven ágilmente, sin que el resto de su cuerpo se mueva, el sacro Naviel aparece a lo lejos, viendo cómo la bestia toma al hombre por un pie y lo arrastra. Tanto el sacro Naviel como Miguel se mantuvieron quietos. La extremidad del monstruo lo lleva a uno de sus túneles antes mencionados, introduciendo lo más y más, una des sus piernas entró, mientras que la otra se quedó atorada afuera. El hombre gritaba de dolor pidiendo auxilio incluso de Miguel. Con un fuerte tirón, la pierna del hombre cayó desprendida de su cuerpo, salpicando de sangra a Miguel. Finalmente entró todo el cuerpo del hombre y de inmediato se escuchaban como sus huesos se reventaban, al unisono de sus ultimos gritos de dolor. Después de esta horrenda imagen el monstruo comenzó a moverse de nuevo en la misma dirección a la que se dirigía. Miguel y el Sacro Naviel se mantenían en shock después de lo que vieron. Sostuvieron contacto visual un momento. El pavor de Miguel se fue para ejercer una mirada de odio. En cuanto la bestia se perdió de vista, Miguel se incorporó y tomó la pierna del hombre. El sacro Naviel comenzó a correr. En cuanto Miguel se acercaba podía escuchar sus lloriqueos, suplicando que no le hicieran nada. Hasta que tropezó y calló de boca al piso.
- ¡Miguel, entiendelo!... ¡Todo estaba bien planeado, excepto tanta muerte innecesaria!
Miguel arremete a la cabeza de el sacro Naviel con la pierna amputada del hombre.
- ¡¿Dónde está Alicia?!
El hombre suelta una risa frenética, estando en el suelo.
- ¿Es que no la vez?, Todo este tiempo ha estado ahí.
El sacro Naviel señala un punto en el cielo. A lo lejos se ve algo suspendido en el aire emitiendo leves luces.
- Se ve gloriosa, ¿No?
- ¿Cómo llego a ella?
- Ella no bajará hasta que sea el momento.
- ¿Qué chingados es este lugar?
- No lo sé, deberíamos estar en el perdón, no en este lugar putrido, debería de ser más…. Hermoso
- ¿Por qué mataron a mi familia?
- Son sacramentos, llaves para abrir grietas en el espacio, con el ritual correcto, y los sacramentos adecuados podíamos crear un lugar para evitar el fin del planeta antes de que este suceda. Brillith no llegará.
- ¿De que hablas?
- ¡Sabemos que Brillith no llegará!, ¡Nos dejará a nuestra suerte!
El sacro Naviel vuelve a reír incontrolablemente. Miguel se desespera y con ira, arremete de nuevo en su cabeza una y otra vez, ya sin dientes y asfixiando se en su sangre, el sacro Naviel sigue riendo, hasta que Miguel decide ejecutarlo aplastando su cabeza con su pie. Con relativa facilidad, Miguel mató al sacro Naviel, la persona que con sus propias manos mató a los primos de Miguel, ¿Por qué no se defendió?, ¿Ya no tenía motivos para incluso defender su propia vida?, O será que al ver que su última esperanza, en este caso, el hombre extraño fue asesinado. Ya no le importaba lo que fuera de el. Sea como sea, cuando Miguel fue a ejecutarlo, ya no podía hacer nada.
La infección en el brazo de Miguel había avanzado, supuraba un líquido apestoso, el dolor era insoportable y la hinchazón empeoraba. Los pasos de Miguel eran lentos, ya estaba cansado, cuando pudo darse cuenta, la gente que venían protegiendo el sacro Naviel y el otro hombre, todos estaban convertidos en retazos humanos sin vida, monstruosamente descuartizados, sin orden aparente de que partes le pertenecían a cada quien. Y esta escena se encontraba nada más que enfrente de el túnel donde entraron a este atroz lugar. Miguel estaba totalmente desorientado. Ya que podía verse a corta distancia el otro lado del túnel, se acercó a este, pasando por los cadáveres y el charco de sangre que se había formado. La muerte ya no era sorpresa para Miguel, tampoco un motivo de sentir miedo, ya era parte de la naturaleza del lugar. En el punto medio del túnel. Miguel miró lo que se encontraba del otro lado.
Los dos cerros que colindaban con el pueblo ahora eran titanicos montones de carne con múltiples y horrendas fauces que se movían Erráticamente. En el cielo se seguía viendo la imperialidad astral, está vez más cerca, y podía verse que se estaba rompiendo, cómo si le hubieran arrancado partes de su composición. El suelo, aún de carne se veía en llamas y sangrando ya que las piezas de los planetas caían como meteoritos ahí. El suelo tiembla y gritos atroces de bestias, humanos y otras cosas irreconocibles orquestaban está caótica composición.
Miguel comenzó a emprender el paso, ya no esperaba nada, ni tenía esperanzas, algo le decía que ya no había nada para el en este lugar salvó más de lo que había experimentado. Mientras caminaba podía sentir caer los meteoritos a la distancia, el suelo temblaba y los impactos lo hacían perder el equilibrio, los rugidos de las bestias le generaban un pavor intenso. Y la hinchazón de su brazo le impedía levantarlo para taparse la oreja. Miguel perdió el equilibrio y cayó al suelo. Permaneció un momento en posición fetal. Los impactos de meteoritos se acercaban cada vez más, y cada impacto lo levantaba unos centímetros del suelo, le era imposible mantener el equilibrio, aprovecho un momento que no cayeron meteoritos para ponerse de pie. Para su sorpresa se encontraba en un lugar diferente. Un risco. En la cima de un cerro, se puso de pie, notó que se encontraba en un punto bastante alto, se tocó la nariz y sintió un abundante sangrado en su nariz. El cielo se volvió más rojo de lo que ya era.
- Miguel – una voz bastante familiar hizo que Miguel voltear
- ¿Alicia?
Un ser de apariencia femenina bajó del cielo, parecía estar ausente de piel. En su cabeza tenía incrustado a sus músculos, una corona hecha de carne y ojos que se movian erráticamente en todas direcciones. Tenía dos pares más de brazos, antebrazos y manos que surgían de la parte posterior de sus hombros. En cada una de las puntas de sus dedos se encontraban puntos luminiscentes. Al verlos detenidamente se trataban de sistemas solares enteros. El rostro de Alicia no había cambiado a pesar de no tener piel. Seguía teniendo una cordial mirada y una delicada sonrisa. Toda su silueta se encontraba rodeada de un arco de fuego, además de que levitaba elegantemente.
Las esferas de carne que se encontraban a lo largo de los cerros se acercaban. Emitiendo sonidos aún irreconocibles para Miguel.
- No temas ya Miguel, ya pasó tu castigo
- ¿Castigo?, ¿Qué hice?
- Destruiste vidas Miguel – le contesta de forma tierna
- Yo… ¿En qué momento?
- En varios
- Yo no quería que nada de esto pasara, quería una vida contigo
- Lo sé Miguel, es por eso que hice todo esto – Alicia extiende sus brazos
- ¿Qué es todo esto?
- El necroverso, nuestro nuevo hogar, ahora el dolor no tendrá más peso aquí…. Estaremos a salvó.
Miguel se retuerce de dolor, algo en el no va bien, sigue sangrando de la nariz, su brazo y parte de su torso ya tienen un color oscuro y perdió total movilidad. Miguel cae de rodillas y mira a Alicia.
Es gloriosa, en ella la esperanza reencarna y hace que olvide toda pena y dolor. Desde siempre quise estar con ella y perderme en sus ojos, intangiblemente hermosa creatura, no merezco tal honor de compartir el mismo espacio, respirar su aire y obtener fragmentos de su tiempo. Indigno me siento de ocupar espacio en sus recuerdos y protagonizar sueños a su lado. Bendita seas tu. Bendita tu caricia sanadora. A tus pies sirvo, a tu existencia venero
El cuerpo de Miguel tiembla, cómo si sus células quisieran detonar, cómo si una presión interna naciera y empujara sus órganos hasta sus limites.
- No quiero morir Ali
- No lo harás Miguel, vivirás conmigo
- Lo siento, lo siento tanto mi niña – Miguel rompe a llorar.
- Te perdono Miguel, tranquilo, no eres culpable del todo. Eres una víctima de las circunstancias…
Miguel mira a los ojos de Alicia, y su cuerpo no resiste más, su tejido revienta al punto de no quedar manera de reconocer que esa masa tenía nombre, sentía amor, era un humano.
Sus últimos pensamientos eran los recuerdos del primer día que pasó con Alicia, el momento eterno en el que colindaron sus destinos. Y ese pensamiento durará eternamente como un bucle interminable por el resto de la existencia. Miguel quedará atorado en ese recuerdo por siempre
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