La candidatura de Sancho Panza (Rómulo Asisclo Alva)
La candidatura de Sancho Panza, peruanizado. (Rómulo Asisclo Alva)
Sin embargo, Sancho, no conocía a estos personajes que hacían noticia, pero de alguna manera encontraba cierta aventura en las páginas mas sobresalientes; hacía saber hechos extravagantes, fuera de lo cotidiano, por eso es que no abandonaba fácilmente su tribuna, aún más, a la derecha, en la parte superior leyó algo que le causó mucha gracia, comenzó a reírse solo y a escucharse solo, como si dialogara con esas letras muertas; ordenadas según alguna convención del hombre para entender lo que si hubiera estado ordenado de otra forma hubiese tenido otro significado, quizás no hubiese reunido los requisitos del sentido completo y por último cómo saber qué infiernos o paraísos hubiera querido decir. De una pequeña sonrisa, fue creciendo hasta llegar a una carcajada incontrolable y lo hacía escandalosa e sinvergüenzamente, sin importarle lo que pudiera originar opiniones coloridas, adversas; ni por ahuyentar a los lectores pasajeros, o algún cliente que estuvo con las monedas en la mano para comprar, quizás; aquel diario que llevaba como portada principal la imagen de un niño descuartizado. Pero, más cree él, que es un favor que hace a la humanidad en el sentido de que no deberían leer semejante barbaridad que decía. "Dios le reveló a Bush, diciendo que liberase a su pueblo oprimido en el Medio Oriente", y que por eso estallaría la Tercera Guerra Mundial, y que los OVNIS serían los futuros habitantes de la tierra. Ya se le arrugaba el ombligo y le subía la sangre a la cabeza a apretarle la sien hasta causarle un inmenso dolor, cuando súbitamente se le apagó toda su carcajada de un sólo golpe. Al instante nació una expresión indefinible. No era de tristeza ni de alegría; era un estado en que el hombre no sabe si vive o muere, se obstruye el pensamiento por algo que invade a su cuerpo entrando por la puerta de sus ojos. Era que se había encontrado con unas simples palabras, ahí, colgado en un lugar desapercibido, lleno de polvo, con la apariencia de haber sido olvidado hasta por el propio vendedor; donde el aviso daba a saber con letras grandes y negras: "SE NECESITA UN CONGRESISTA". Y, al fijarse bien, clasificó que encabezaba la lista de empleos que se publicaba diariamente a favor de algunos transeúntes desocupados. Sin perder más tiempo y tratando de controlar su emoción que le embargaba y que le traicionaba a la vez por los ojos maravillados. Pidió al vendedor, apresuradamente, pensando ya enseguida y con firmeza de ocupar un sillón en el Congreso de la República del Perú. Se lo repitió el pedido varias veces e insistentemente. El vendedor trató de ignorarle, por tratarse de algo sin importancia, y al ver que, Sancho, seguía mirando el letrero ya con ganas de usurparlo, le dijo: "Es una tontería, señor, no debe hacer caso de ese letrero, además, cómo venderle algo que no vale y ni siquiera sé su precio". Al cual, Sancho, inquirió: "Que de un hidalgo caballero sois enviado, obedeced pronto, si no queréis caer en las manos de mi amo, que todo rival a vencido". El escuálido vendedor de diarios se sobresaltó, y al escuchar hablar de una manera inusual y misteriosa, buscó la manera de ignorarle por enésima vez y hacerle pasar la vergüenza por un loco; insinuando que pudiera estar con el efecto de alguna droga. Dio resultados, pero desfavorables para él mismo, porque Sancho desenvainó su oxidada espada, retrocedió unos pasos; tal como le había visto proceder a su amo, para enfrentarse al enemigo con bastante soltura y ventaja.
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