La calle de mi barrio
Amo la calle de mi barrio porque en ella me crié. En ella hice mis primeras travesuras, mis primeras amigas y las primeras excursiones.
El almacén de mi barrio es otro atractivo que la hace tan especial. está tan solo a una cuadralarga de mi casa. Ubicado en una esquina, bullanguero y colorido, ha estado allí desde que tengo memoria. Norma es la cajera, y es quien sabe vida y obra de todos los vecinos, sin excepción, aún de los que vemos cada muerte de obispo. Están los típicos abuelitos y jubilados que llevan siempre lo mismo. Alguna señora rellenita que siempre lleva carne de cerdo, chorizos y una enorme mayonesa que da cuenta de que en su casa se comen bien y sabroso. Nunca falta la muchacha deportista, siempre vestida con calzas que compra alimentos nutritivos. Y la vecina infaltable, doña Tita, que conoce casi tanto o más que Norma. La pobre hace a veces preguntas inoportunas pero puede contarte anécdotas jugosas del pasado y hacerte pasar un buen rato. El carnicero, esposo de Norma, siempre se queja de la situación económica de la que está más que bien informado. Da cifras y datos como una calculadora y si uno quiere saber cómo viene la cosa solo debe preguntarle a él. Luego, el señor mayor que siempre sabe cómo va a estar el tiempo y compra siempre lo mismo. Finalmente, la chica que va a comprar toda de negro, calzas bien ajustadas, brillantes y negras, zapatos de atronauta (con plataforma) demasiado altos y negros, camisa de seda negra y el pelo arregladísimo con bucles. No habla con casi nadie, usa lentes negros y siempre se la ve llegar a la misma hora. Otro misterio del barrio.
Amo la calle de mi barrio porque es donde me crié y porque en ella viven todos estos personajes pintorescos.
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