La cajita de cartas.
18.02.19
Guardadas en una caja de zapatos de hace 20 años atrás reposan las promesas de amor que nunca se cumplieron, cadáveres de amor que sólo fueron el impulso apasionado de niños queriendo eternidad con la inocencia de aquella época dorada, ahora amarillenta como las hojas en donde se escribieron las letras desenfrenadas de un ‘ Te amaré por siempre’
En un entretecho polvoriento reposan los nombres de Pamela, Evelyn, Ana, Juany, Patricia… sus firmas y las letras escritas con lápices de colores no se han desteñido. Un hombre ya adulto no puede evitar la emoción del adolescente de 16 años que sonríe de forma grata al recordar paseos de la mano después de clase, aquel joven que por primera vez tocó un par de senos y se dejó tocar, conociendo una sexualidad de la cual ya jamás podría escapar.
El fuego inmolará todas las letras en cenizas, tanto amor debe viajar en el viento. Una carta, la que más valoro, de Natalia, nunca fuimos nada, pero siempre pienso en que algún día podremos ser todo.
Todas al fuego, al igual que las fotos, una cajita de cartas que vive ahora para siempre en mi mente en ese tacho de metal donde su llama dio tintes azules celeste de olvido.
Guardadas en una caja de zapatos de hace 20 años atrás reposan las promesas de amor que nunca se cumplieron, cadáveres de amor que sólo fueron el impulso apasionado de niños queriendo eternidad con la inocencia de aquella época dorada, ahora amarillenta como las hojas en donde se escribieron las letras desenfrenadas de un ‘ Te amaré por siempre’
En un entretecho polvoriento reposan los nombres de Pamela, Evelyn, Ana, Juany, Patricia… sus firmas y las letras escritas con lápices de colores no se han desteñido. Un hombre ya adulto no puede evitar la emoción del adolescente de 16 años que sonríe de forma grata al recordar paseos de la mano después de clase, aquel joven que por primera vez tocó un par de senos y se dejó tocar, conociendo una sexualidad de la cual ya jamás podría escapar.
El fuego inmolará todas las letras en cenizas, tanto amor debe viajar en el viento. Una carta, la que más valoro, de Natalia, nunca fuimos nada, pero siempre pienso en que algún día podremos ser todo.
Todas al fuego, al igual que las fotos, una cajita de cartas que vive ahora para siempre en mi mente en ese tacho de metal donde su llama dio tintes azules celeste de olvido.
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