Enormes, de un tamaño colosal. Negros como sus caballos, con un brillo amenazador.Cabalgando entre estruendos, avanzaban los cuatro, ante la mirada perpleja y espantada de los feligreses. Estos elevaban oraciones al cielo hostil, cuando una copiosa lluvia comenzó a caer.
       Lentamente, en las alturas, los jinetes se transformaron en un manto oscuro. 
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