Jacob el Usurpador
Y él le dijo: ¿Cómo te llamas? Y él respondió: Jacob. Y el hombre dijo: Ya no será tu nombre Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has prevalecido. (Gén 32:27-28)
Esta es la historia de Jacob cuando luchaba contra el ángel, para que lo bendijera. La condición para que el ángel lo bendijera era que Jacob dijera su nombre. Para Jacob ha deber sido muy difícil pronunciar su nombre, no porque le fuera difícil articularlo, sino porque el pronunciarlo, significaba aceptarse y el aceptar lo que somos es algo que nos cuesta a muchos seres humanos. Según la Concordancia Strong, el nombre hebreo Jacob se traduce como << aquel que tomó por el talón o el que suplanta>>. Imagínate que tú te llamaras: “Enrique Ladrón Pérez Ramírez”, te aseguro que irías corriendo al registro de nombres y te lo cambiarías inmediatamente, pues llevar este nombre te causaría muchas burlas y sentimiento de vergüenza.
En el antiguo testamento era muy común que se les pusiera a las personas un nombre significativo, un nombre que describiera su personalidad. Por ejemplo a Jesús sus padres le pusieron ese nombre porque se traduce Salvador, y se lo pusieron porque Él salvaría a su pueblo de sus pecados. Así también a Jacob le pusieron ese nombre, pues cuando estaba naciendo, venía agarrado del talón de su hermano Esaú. Imagínate la infancia de Jacob, muchos niños se burlaban de él. Cuando su madre Rebeca lo llamaba, en el idioma hebreo se escuchaba más o menos así: “Suplantador, hazme favor de ir por las tortillas” o cuando su padre Isaac lo llamaba: “Suplantador ven para acá y ayúdame a sacar agua del pozo”. Creo que el pobre Jacob, no se ha de haber sentido muy orgulloso por su nombre. Me imagino los chistes que se hacían de su nombre, las burlas, los comentarios. La autoestima del pobre Jacob no ha de ser muy buena que se diga.
Y es que la burla parece estar muy ligada con el rechazo, por ejemplo una persona que usa lentes, sus compañeros se burlan de ella poniéndoles un apodo, tal como: “Chocodrilo”, “Casimiro”, “Choco”, “Cuatrojos”, etc. Y con una persona con un “defecto” nadie quiere estar. Las personas por lo general quieren estar con la gente “cool”, con los destacados, jamás con los perdedores, jamás de los nuncas, con los “defectuosos”. Nuestra actitud hacia las personas que no encajan en los parámetros de “perfección”, es el rechazo.
La biblia narra que las personas que padecían lepra, tenía que sacarlos de la comunidad y vivían fuera de la ciudad. Estas personas tenían que cubrirse totalmente, y gritar todo el tiempo: “leproso, impuro”. De esta manera las demás personas se alejaban de ellas. Sin duda nadie quería estar con un leproso, porque eran personas “imperfectas”, “enfermas”, “impuras”, muchos se burlaban de ellos y los rechazaban.
Ninguno de nosotros quiere ser rechazado, y es por ello que ocultamos o negamos aquellas cosas que pueden provocar que las demás personas nos rechacen. Por ejemplo si tenemos un granito en el rostro, queremos ocultarlo inmediatamente, y usamos todo tipo de cremas, maquillaje o lo que sea con tal de ocultarlo, pues ese granito es considerado como un defecto. El hecho de tener defectos, no es bien visto en nuestra sociedad, todos queremos ser perfectos, y hay hasta quienes desarrollan una personalidad obsesiva con la perfección. Existe por lo tanto el pensamiento de que entre más perfecto seas (cosa que es imposible en esta vida) más aceptado serás en esta sociedad. Entonces el miedo a ser rechazados nos lleva a negar o a querer ocultar lo que somos.
Muchas personas viven una vida falsa, es decir viven aparentando algo que no son por miedo a ser rechazados por mostrar lo que son en realidad. El vivir una vida falsa, es doblemente cansado y terminas siendo infeliz. Pues tienes que hacer lo que a la gente le gusta que hagas y terminas sacrificando lo que a ti te gusta hacer.
Dios quiere cristianos auténticos
Este temor a ser rechazados, lleva a muchos a transformar su esencia con tal de ser aceptados. Muchas mujeres de baja estatura usan grandes tacones, con tal de parecer ser un poco más altas y así estar acorde con los estándares de belleza. El estar acorde al estándar te hace sentirte aceptado/a por la sociedad, aunque quizás no se sientan cómodos/as con lo que hacen.
Recordemos la historia de David Y Goliat. Todos sabemos que cuando David se presentó delante de Saúl para luchar contra aquel gigante, pues todos estaban atemorizados por aquel que era su enemigo. Saúl vistió a David de sus armaduras, pero David no las podía dominar, le quedaban grandes y no podría ir a pelear así contra Goliat. David agradeció a Saúl por su gentileza de prestarle sus armaduras, pero no las aceptó, sino que fue con su onda y sus piedras. David no imitó para nada el estilo de Saúl, sino que fue vestido con su estilo propio. Muchos quisieran haber usado las armaduras del Rey, pues eso les daba “prestigio” y “estatus”, sin embargo David. Sabía que el hecho de ser un pastor de ovejas no lo hacía menos. Ni usar la armadura del rey lo hacía más. David sabía que su valía no dependía de la ropa, ni de su sabiduría, ni de su fuerza, ni de su belleza, de nada tangible. David sabía que el valía porque Dios decía que valía mucho. Es importante entender esto, para poder ser auténticos como David. Nosotros valemos porque Dios dice que somos valiosos para Él. No te creas la mentira de que tú vales por lo que tienes o haces. Tú vales por lo que eres, y eres lo que Dios dice que eres: “Su especial tesoro”. No hagas nada con tal de recibir valor, tú ya no puedes tener mayor valor. Tú ya tienes un valor y no se le puede quitar, ni tampoco agregar. Cuando entiendas esto, dejarás de aparentar ser algo que no eres, con tal de sentirte valorado o valorada. Dios te hizo diferente a los demás. Recuerda que tú eres especial porque Dios te hizo, y Dios no comete errores.
El aceptar lo que somos.
Bueno, pero comenzamos esta parte con la historia de Jacob, así que volvamos allá. Jacob estuvo dispuesto a mostrarse delante del ángel, y aunque quizá le fue muy difícil, aceptó que era un “usurpador”. El punto de la aceptación es algo que nos causa muchos conflictos, el miedo es el origen, tenemos miedo al rechazo como lo mencionamos anteriormente. Pero quiero que pensemos en esto: “Si alguien nos ama, solamente cuando aparentamos, ser lo que no somos, entonces en realidad no nos ama a nosotros, sino que ama a nuestra apariencia, no a nuestra esencia.”. Por ejemplo imagínate que yo uso un traje muy elegante, porque a mi pareja le gusta que yo use el traje y me pide que lo use siempre. Estoy dispuesto a complacerla porque la amo y ella se muere de amor por mí porque le fascina verme con el traje. Sin embargo un día, el traje que a ella le fascina, sufre un accidente, y me visto de la ropa con que me siento cómodo y visto a diario. Ella al verme se vuelve una loca y comienza a gritarme y a reclamarme qué pasó con el traje. Le explico lo sucedido y ella no me escucha, ella me exige que ponga el traje, no importa lo que haga, ella quiere verme con el traje. Trato de hacerle entender, que fue un accidente, pero no escucha, solamente exige verme con el traje. Al final le digo que no puedo recuperar el traje porque es imposible. Ella decide abandonarme, y dice lo siguiente antes de marcharse: “yo estaba contigo, porque me encantaba verte con el traje, no me gustas sin traje, siento que no te amo, sino tienes ese traje puesto”. Parece una locura verdad. Ahora, te hago la siguiente pregunta: ¿Crees que esta supuesta mujer me ama, sinceramente? ¿A quién amaba esta mujer a mí o al traje? ¿Crees que valdría la pena estar con una persona así?
La historia anterior ejemplifica muy bien lo que pasa en la sociedad. Muchas personas usan un traje, porque aman y temen ser rechazados, pero resulta que cuando no usamos el traje que hace que seamos agradables y por lo tanto aceptables ante los ojos de los demás, las personas nos rechazan.
Yo creo que una persona que nos ama de verdad, nos debe aceptar sin traje. En realidad el traje no somos nosotros. Si alguien te ama, solo con traje, en realidad no te ama. Ella ama al traje. Debes entender que el traje y tú son dos cosas diferentes. Y por lo tanto no son la misma cosa. El que te ama te acepta como eres, sin traje.
El aceptar nos cambia
Después de que Jacob aceptó lo que era, el ángel le puso otro nombre. Esto es muy significativo, cuando aceptamos lo que somos, puede haber cambios en nuestras vidas. Mientras sigamos negando y ocultando lo que somos jamás podremos cambiar. No podemos cambiar lo que no aceptamos, no podemos cambiar aquello que no aceptamos en nuestra consciencia. Por ejemplo, tengo una uña encarnada, me molesta muchísimo, pero me da muchísima vergüenza que me vean mis pies, porque considero que son feos y la uña encarnada hace que se vea más feos todavía. Tengo miedo a que me critiquen o hagan comentarios negativos de mis pies. Al verme cojear la gente me pregunta que me sucede, yo niego la situación y digo que no me pasa nada. Y sigo cojeando. ¿Será que me voy curar? ¿Qué debo hacer para poder cambiar este malestar?
Esto es lo que nos pasa a nosotros, tenemos miedo a la crítica y eso mismo nos hace callarnos y negar las cosas y por lo tanto no podemos cambiar la situación. Hasta que aceptemos que tenemos una uña encarnada y estemos dispuestos a mostrarles nuestros pies al especialista, podrá mejorar la situación.
Cuando Jacob aceptó que era usurpador, Dios le cambió el nombre y le llamó Israel, que quiere decir: “Príncipe de Dios”. El aceptar lo que somos nos cambia.
Otra cosa interesante para comentar es que Dios no lo rechazó por eso. Muchos cristianos temen mostrarse delante de Dios tal cual son, porque temen que Dios los rechace. Este es un error, es una creencia aprendida desde nuestra infancia. Nuestros padres nos condicionaron a que ellos nos amarían si nosotros cumplíamos con lo que ellos querían. Es algo más o menos así: “Yo te amo, si tú eres lo que yo quiero que seas, pero te dejaré de amar, si no eres lo que yo quiero que seas”. Por ejemplo, “si te portas bien, mamá te querrá”, “Si te portas bien, te compraré tu bicicleta”, “Me gusta que te portes bien”, etc. Todos estos mensajes los vamos interiorizando y pensamos que para ser queridos tenemos que ser y hacer lo que la gente quiere que seamos. Llegamos a creer que el amor es condicionado. Sin embargo Dios no es así. Dios no nos ama bajo condiciones. Él nos amó independientemente de que si éramos buenos y malos. El amor de Dios no es condicionado, su amor no es de este mundo. Su amor va mucho más allá.
En conclusión podemos decir, que desde que nacimos comenzamos a interiorizar que para ser aceptados tenemos que ser lo que la gente dice que debemos ser. El no ser como la gente dice que debemos ser, genera en nosotros un miedo a ser rechazados, este miedo nos lleva a negar lo que somos y a mostrar lo que la gente quiere ver. Sin embargo, si queremos hacer cambios y ser mejores personas debemos comenzar aceptado lo que somos. Porque no podemos cambiar lo que no somos. Pero si podemos cambiar lo que somos. Dios quiere que se amos auténticos. Él nos hizo diferentes a todos. Nuestro valor no varía. No valemos más, tampoco menos, por lo que hacemos o tenemos, nuestro valor está implícito en nosotros mismos. El amor de Dios es incondicional, Él no dejará de amarnos por lo que somos, por el contrario quiere que aceptemos lo que somos para poder cambiarnos a algo mejor.
Esta es la historia de Jacob cuando luchaba contra el ángel, para que lo bendijera. La condición para que el ángel lo bendijera era que Jacob dijera su nombre. Para Jacob ha deber sido muy difícil pronunciar su nombre, no porque le fuera difícil articularlo, sino porque el pronunciarlo, significaba aceptarse y el aceptar lo que somos es algo que nos cuesta a muchos seres humanos. Según la Concordancia Strong, el nombre hebreo Jacob se traduce como << aquel que tomó por el talón o el que suplanta>>. Imagínate que tú te llamaras: “Enrique Ladrón Pérez Ramírez”, te aseguro que irías corriendo al registro de nombres y te lo cambiarías inmediatamente, pues llevar este nombre te causaría muchas burlas y sentimiento de vergüenza.
En el antiguo testamento era muy común que se les pusiera a las personas un nombre significativo, un nombre que describiera su personalidad. Por ejemplo a Jesús sus padres le pusieron ese nombre porque se traduce Salvador, y se lo pusieron porque Él salvaría a su pueblo de sus pecados. Así también a Jacob le pusieron ese nombre, pues cuando estaba naciendo, venía agarrado del talón de su hermano Esaú. Imagínate la infancia de Jacob, muchos niños se burlaban de él. Cuando su madre Rebeca lo llamaba, en el idioma hebreo se escuchaba más o menos así: “Suplantador, hazme favor de ir por las tortillas” o cuando su padre Isaac lo llamaba: “Suplantador ven para acá y ayúdame a sacar agua del pozo”. Creo que el pobre Jacob, no se ha de haber sentido muy orgulloso por su nombre. Me imagino los chistes que se hacían de su nombre, las burlas, los comentarios. La autoestima del pobre Jacob no ha de ser muy buena que se diga.
Y es que la burla parece estar muy ligada con el rechazo, por ejemplo una persona que usa lentes, sus compañeros se burlan de ella poniéndoles un apodo, tal como: “Chocodrilo”, “Casimiro”, “Choco”, “Cuatrojos”, etc. Y con una persona con un “defecto” nadie quiere estar. Las personas por lo general quieren estar con la gente “cool”, con los destacados, jamás con los perdedores, jamás de los nuncas, con los “defectuosos”. Nuestra actitud hacia las personas que no encajan en los parámetros de “perfección”, es el rechazo.
La biblia narra que las personas que padecían lepra, tenía que sacarlos de la comunidad y vivían fuera de la ciudad. Estas personas tenían que cubrirse totalmente, y gritar todo el tiempo: “leproso, impuro”. De esta manera las demás personas se alejaban de ellas. Sin duda nadie quería estar con un leproso, porque eran personas “imperfectas”, “enfermas”, “impuras”, muchos se burlaban de ellos y los rechazaban.
Ninguno de nosotros quiere ser rechazado, y es por ello que ocultamos o negamos aquellas cosas que pueden provocar que las demás personas nos rechacen. Por ejemplo si tenemos un granito en el rostro, queremos ocultarlo inmediatamente, y usamos todo tipo de cremas, maquillaje o lo que sea con tal de ocultarlo, pues ese granito es considerado como un defecto. El hecho de tener defectos, no es bien visto en nuestra sociedad, todos queremos ser perfectos, y hay hasta quienes desarrollan una personalidad obsesiva con la perfección. Existe por lo tanto el pensamiento de que entre más perfecto seas (cosa que es imposible en esta vida) más aceptado serás en esta sociedad. Entonces el miedo a ser rechazados nos lleva a negar o a querer ocultar lo que somos.
Muchas personas viven una vida falsa, es decir viven aparentando algo que no son por miedo a ser rechazados por mostrar lo que son en realidad. El vivir una vida falsa, es doblemente cansado y terminas siendo infeliz. Pues tienes que hacer lo que a la gente le gusta que hagas y terminas sacrificando lo que a ti te gusta hacer.
Dios quiere cristianos auténticos
Este temor a ser rechazados, lleva a muchos a transformar su esencia con tal de ser aceptados. Muchas mujeres de baja estatura usan grandes tacones, con tal de parecer ser un poco más altas y así estar acorde con los estándares de belleza. El estar acorde al estándar te hace sentirte aceptado/a por la sociedad, aunque quizás no se sientan cómodos/as con lo que hacen.
Recordemos la historia de David Y Goliat. Todos sabemos que cuando David se presentó delante de Saúl para luchar contra aquel gigante, pues todos estaban atemorizados por aquel que era su enemigo. Saúl vistió a David de sus armaduras, pero David no las podía dominar, le quedaban grandes y no podría ir a pelear así contra Goliat. David agradeció a Saúl por su gentileza de prestarle sus armaduras, pero no las aceptó, sino que fue con su onda y sus piedras. David no imitó para nada el estilo de Saúl, sino que fue vestido con su estilo propio. Muchos quisieran haber usado las armaduras del Rey, pues eso les daba “prestigio” y “estatus”, sin embargo David. Sabía que el hecho de ser un pastor de ovejas no lo hacía menos. Ni usar la armadura del rey lo hacía más. David sabía que su valía no dependía de la ropa, ni de su sabiduría, ni de su fuerza, ni de su belleza, de nada tangible. David sabía que el valía porque Dios decía que valía mucho. Es importante entender esto, para poder ser auténticos como David. Nosotros valemos porque Dios dice que somos valiosos para Él. No te creas la mentira de que tú vales por lo que tienes o haces. Tú vales por lo que eres, y eres lo que Dios dice que eres: “Su especial tesoro”. No hagas nada con tal de recibir valor, tú ya no puedes tener mayor valor. Tú ya tienes un valor y no se le puede quitar, ni tampoco agregar. Cuando entiendas esto, dejarás de aparentar ser algo que no eres, con tal de sentirte valorado o valorada. Dios te hizo diferente a los demás. Recuerda que tú eres especial porque Dios te hizo, y Dios no comete errores.
El aceptar lo que somos.
Bueno, pero comenzamos esta parte con la historia de Jacob, así que volvamos allá. Jacob estuvo dispuesto a mostrarse delante del ángel, y aunque quizá le fue muy difícil, aceptó que era un “usurpador”. El punto de la aceptación es algo que nos causa muchos conflictos, el miedo es el origen, tenemos miedo al rechazo como lo mencionamos anteriormente. Pero quiero que pensemos en esto: “Si alguien nos ama, solamente cuando aparentamos, ser lo que no somos, entonces en realidad no nos ama a nosotros, sino que ama a nuestra apariencia, no a nuestra esencia.”. Por ejemplo imagínate que yo uso un traje muy elegante, porque a mi pareja le gusta que yo use el traje y me pide que lo use siempre. Estoy dispuesto a complacerla porque la amo y ella se muere de amor por mí porque le fascina verme con el traje. Sin embargo un día, el traje que a ella le fascina, sufre un accidente, y me visto de la ropa con que me siento cómodo y visto a diario. Ella al verme se vuelve una loca y comienza a gritarme y a reclamarme qué pasó con el traje. Le explico lo sucedido y ella no me escucha, ella me exige que ponga el traje, no importa lo que haga, ella quiere verme con el traje. Trato de hacerle entender, que fue un accidente, pero no escucha, solamente exige verme con el traje. Al final le digo que no puedo recuperar el traje porque es imposible. Ella decide abandonarme, y dice lo siguiente antes de marcharse: “yo estaba contigo, porque me encantaba verte con el traje, no me gustas sin traje, siento que no te amo, sino tienes ese traje puesto”. Parece una locura verdad. Ahora, te hago la siguiente pregunta: ¿Crees que esta supuesta mujer me ama, sinceramente? ¿A quién amaba esta mujer a mí o al traje? ¿Crees que valdría la pena estar con una persona así?
La historia anterior ejemplifica muy bien lo que pasa en la sociedad. Muchas personas usan un traje, porque aman y temen ser rechazados, pero resulta que cuando no usamos el traje que hace que seamos agradables y por lo tanto aceptables ante los ojos de los demás, las personas nos rechazan.
Yo creo que una persona que nos ama de verdad, nos debe aceptar sin traje. En realidad el traje no somos nosotros. Si alguien te ama, solo con traje, en realidad no te ama. Ella ama al traje. Debes entender que el traje y tú son dos cosas diferentes. Y por lo tanto no son la misma cosa. El que te ama te acepta como eres, sin traje.
El aceptar nos cambia
Después de que Jacob aceptó lo que era, el ángel le puso otro nombre. Esto es muy significativo, cuando aceptamos lo que somos, puede haber cambios en nuestras vidas. Mientras sigamos negando y ocultando lo que somos jamás podremos cambiar. No podemos cambiar lo que no aceptamos, no podemos cambiar aquello que no aceptamos en nuestra consciencia. Por ejemplo, tengo una uña encarnada, me molesta muchísimo, pero me da muchísima vergüenza que me vean mis pies, porque considero que son feos y la uña encarnada hace que se vea más feos todavía. Tengo miedo a que me critiquen o hagan comentarios negativos de mis pies. Al verme cojear la gente me pregunta que me sucede, yo niego la situación y digo que no me pasa nada. Y sigo cojeando. ¿Será que me voy curar? ¿Qué debo hacer para poder cambiar este malestar?
Esto es lo que nos pasa a nosotros, tenemos miedo a la crítica y eso mismo nos hace callarnos y negar las cosas y por lo tanto no podemos cambiar la situación. Hasta que aceptemos que tenemos una uña encarnada y estemos dispuestos a mostrarles nuestros pies al especialista, podrá mejorar la situación.
Cuando Jacob aceptó que era usurpador, Dios le cambió el nombre y le llamó Israel, que quiere decir: “Príncipe de Dios”. El aceptar lo que somos nos cambia.
Otra cosa interesante para comentar es que Dios no lo rechazó por eso. Muchos cristianos temen mostrarse delante de Dios tal cual son, porque temen que Dios los rechace. Este es un error, es una creencia aprendida desde nuestra infancia. Nuestros padres nos condicionaron a que ellos nos amarían si nosotros cumplíamos con lo que ellos querían. Es algo más o menos así: “Yo te amo, si tú eres lo que yo quiero que seas, pero te dejaré de amar, si no eres lo que yo quiero que seas”. Por ejemplo, “si te portas bien, mamá te querrá”, “Si te portas bien, te compraré tu bicicleta”, “Me gusta que te portes bien”, etc. Todos estos mensajes los vamos interiorizando y pensamos que para ser queridos tenemos que ser y hacer lo que la gente quiere que seamos. Llegamos a creer que el amor es condicionado. Sin embargo Dios no es así. Dios no nos ama bajo condiciones. Él nos amó independientemente de que si éramos buenos y malos. El amor de Dios no es condicionado, su amor no es de este mundo. Su amor va mucho más allá.
En conclusión podemos decir, que desde que nacimos comenzamos a interiorizar que para ser aceptados tenemos que ser lo que la gente dice que debemos ser. El no ser como la gente dice que debemos ser, genera en nosotros un miedo a ser rechazados, este miedo nos lleva a negar lo que somos y a mostrar lo que la gente quiere ver. Sin embargo, si queremos hacer cambios y ser mejores personas debemos comenzar aceptado lo que somos. Porque no podemos cambiar lo que no somos. Pero si podemos cambiar lo que somos. Dios quiere que se amos auténticos. Él nos hizo diferentes a todos. Nuestro valor no varía. No valemos más, tampoco menos, por lo que hacemos o tenemos, nuestro valor está implícito en nosotros mismos. El amor de Dios es incondicional, Él no dejará de amarnos por lo que somos, por el contrario quiere que aceptemos lo que somos para poder cambiarnos a algo mejor.
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