Es la primera en llegar a la pega. Silenciosa e invisible se pasea por la oficina con la experiencia de años de servicios. Cuando saluda sólo algunos le contestan. -¡No pienso saludar más!- dijo un día y sólo algunos la escucharon. Se retira a medio día y repite el trabajo en otro edificio igual, con oficinas iguales y con personas iguales. A veces alguien llama su atención, la última vez fue una niña con pelo rizado que le recordó su juventud. Los sábados por la tarde llega a su casa exhausta y continúa con el aseo y la limpieza de su marido y así sigue hasta el domingo, donde todo vuelve a empezar.
-¡Quién me mandó a casarme!-exclamó un día con una sonrisa resignada dibujada en los labios. Le devolví el gesto cortésmente y la olvidé en los minutos siguientes, justo en el momento que terminé de escribir estas líneas.
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