Aunque al comienzo de sus manos aladas,

aquel intento de un arreglo de tarde de lluvia,

bajo la cruda realidad que discurre

por superar ese atisbo de ciénaga curtida;

de un acuerdo desde las cuevas que nos anidan

ante la piel dolida por las caricias en vano ...

Fue de la acera que nos detuvo en el sortilegio

que reveló en la otra orilla de otra voz de duelo;

En la virtud de tu nombre que nos condujo

y que se posa en las jeringas de nuestro lustro,

de aquella enfermedad de supurante razón

de una cura desconocida por la condición,

ante el beso displicente y situado

de aquella simiente etérea de ciervo entregado

y que supo del clavel surcar sus espinas

Por el consuelo de sabernos rodeados.

Como de las cenizas que ha devuelto la ignorancia

y que del muerto al mar tomaron de otra arrogancia;

de aquella sal a recuerdo de insulso deterioro,

del patíbulo de un amar al viento que navega solitario,

y en el horizonte de aquel suceso demorado

nos condena al naufragio que nos dispensa del otro;

una insistencia que nos agota del ego caído

de la persistencia de la razón que no deploro.

Pude descubrir que en un cielo oscuro,

aquella luz de sus ojos emergió del lago

y en mis labios posó de manera ausente

la lluvia de otra ilusión que nos conduele,

cuando del puerto el barco encalló

y olvidó al desgano que nos retiene;

el alimento de aquel retador.

Porque del viento,

la ilusión fue una pasajera.

Porque del viento,

cuyo destino advirtió el deleite

de otras manos que han posado sus heridas en la piel

Y me han descubierto.

Todo fue una realidad en medio de la conveniencia.

Todo fue de su prestancia la silueta de la piel desierta.

Nada suficiente, contrario y deficiente de un latido ajeno.

indefenso e inherente ... de manos ajenas que me sueltan.

Todo es colmado; y al final,

indefenso e inherente ... de otros pasos que han bebido de quien nos habita

por aquellos labios, de otro nombre y otra herida.

Continuar es la del forastero,

el emprender el camino para aquel arrepentimiento

de una promesa libre de una condición;

y condenada al advenimiento.

Luis Bustillos

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