Tuyo mi cuerpo, todo sentimiento, danza desnudo y exuda sus vapores.
Movimientos delinean tu nombre, pupilas dilatadas incluyen tus sombras.
 
Es hora de que las máscaras caigan.
Se suceden rictus cincelados, desploman repetidamente y se estrellan contra el suelo.
 
Despojado de espasmos murmuras mi nombre; borrada toda impresión, la memoria muere por un tiempo.
 
Se yergue una intimidad profunda, entre abrazos la noche explora sentires a golpe de jadeos.  La entrega se reparte, intensa: el dolor germina la belleza.
 
La hora ha sido preñada.  El silencio se incrusta entre sábanas.  Nutrido y cálido, ahora, el corazón recita lágrimas.  Nos miramos, en calma.
 
 
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