Apenas se podía respirar, creo que el aire más denso y pesado está en mi barrio, junto a la estación de tren en el norte de Bucuresti. Kilómetros y kilómetros de bloques y cemento, calles amargamente enriquecidas por acordeonistas soltando notas musicales, que bailan entre los niños descalzos pidiendo limosna. En ellas, están los edificios más tristes y melancólicos que conozco. Se construyeron en la época de Ceausescu, cuando Rumania aun estaba bajo el mando del comunismo. Paredes de cemento sucio, ventanas oxidadas, ropa tendida, miles de grietas. La nostalgia se puede observar a simple vista, como si cada edificio llevara consigo su propia cruz, su propia penitencia. Soportando el peso de cruces y cruces, las de cada persona que habita en ellos. Personas castigadas antes de nacer aguardando el dolor en el vientre de su vida. No, no hemos nacido en el lugar adecuado, pero si hay algo que he aprendido a lo largo de todo este tiempo, es que nada es eterno y el cielo esta cada día mas cerca. Mi barrio, nuestro propio purgatorio de penas y alegrías, de lagrimas y dolores...Todo este ambiente,  grisáceo, quieras o no, te golpea el estado de ánimo, no se puede luchar contra marea, y tarde o temprano vas perdiendo la poca magia que te queda guardada en el fondo de algún bolsillo.El Cielo.La palabra cielo se puede clasificar en distintos significados que varía de cada persona. Los niños de mi barrio llaman estar en el cielo a colocarse con el pegamento, un pedacito de cielo en la tierra. Un cielo momentáneo. Alquilar el cielo por momentos con caída libre hacía el infierno.
Mi cielo dependió de los distintos pasajes que he recorrido a lo largo de mi vida, de las cosas que he acariciado todo este tiempo.
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Victoria fue mi primer cielo, el ángel que me dejo caer en este mundo. Aquella voz ronca que se mezclaba con un tono dulce, su sonrisa detrás del humo del café, la calma que trasmitía en los momentos de tempestad…Él amor que me guía a recordarla aun me estremece. Un día se marcho sin más, así de simple, un día no volvió a casa. Fue la primera vez en la que me di cuenta de que el aire puede llegar a ser una materia pesada. Nadie entiende cómo puedo querer tanto a una prostituta que se marcho hace ya unos años. Pero la gente de hoy en día no se para a pensar las circunstancias de las distintas situaciones y las soluciones que tenemos cada uno, la gente se dedica a juzgar como ciegos, tejiendo su propia telaraña de contradicciones. Es cierto que todo se ensucia y nada acaba con la pureza con la que empezó, pero porque hemos de mirar solo las cosas sucias y no buscar la belleza, la magia de cada persona o de cada momento. 
Mi otro cielo. Se llama Alina, dulce y pálida como las calles en pleno invierno, sus pecas como copos se mostraban al sonreír. Tenía un carácter indomable y a la vez pícaro que no paraba de lanzar miradas provocativas  adentro de uno mismo. Trasmitía un aire de frió y de calor al mismo tiempo. Era del centro, de la parte en donde la gente tiene derecho a ser feliz y sonreír. Nos empezamos a amar en Septiembre.
“dijo que olía a amargura, ella olía a rosas, yo le peguntaba su color favorito, mientras ella me preguntaba mis penas...”
Pensar en el futuro mata, pensar en el futuro se puede convertir en un gusano que te va comiendo por dentro. Yo sabía que se marchitarían todos los sueños puestos en nuestro futuro, ella decía que no, como envidio a la gente feliz y su optimismo. Una chica del centro no sale con un chico de la estación del norte, la realidad a veces es muy compacta y simple. Recuerdo aquel día frió, sus lágrimas brotándole las mejillas, la pregunte que le pasaba sabiendo la respuesta, sabiendo que ese momento iba a suceder hasta tal punto que fue como volverlo a vivir.
El aire volvió a ser espeso y difícil de respirar. 
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Ayer deje este mundo por unos breves minutos, ayer probé el estado de confusión al que le llaman cielo los niños de mi barrio. Estoy dándole vueltas a todo mientras pienso en como calmar este dolor de cabeza.
Apenas se puede respirar, el aire más denso y pesado está en mi barrio, junto a la estación de tren en el norte de Bucuresti.
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