Devoradas por la fe
las almas atribuladas,
agonizantes,
con terrible quietud
se tragan el
fantasma
ególatra,
marchando pavorosas
hacia el
agujero negro.

Estremecimientos
dolorosos
cerrando la noche.
Contra los cristales
de la ventana
aparece
Inmóvil
una forma gigante,
transmitiendo
oleadas de pánico.

Monstruosos espectros
doblando la esquina.
El aire de medianoche
despierta los ojos funestos
que han de sumergirse
en agua de cadáveres.

Furtivamente
Una sola sombra
aumenta la
pesadilla de un loco.

¡Somos extraños!

Lenta y amarga
la última luz se extingue
en lucubraciones de seres rotos.
Los espíritus van
en círculos,
estoy cayendo y
la imagen se desliza
sobre los muertos de arena.

¡Eterno retorno!

Lunática
me refugio en el silencio.
Los sueños parecen petrificarse
ante la vieja fotografía de un muerto
con el rostro descarnado.
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