Gripa Cochina...
Por: Carlos Campos Serna.
Me encontraba volando a Alemania. Dentro del avión, a veces tenía que toser por una fuerte alergia. Algunas personas me miraron con desconfianza, afortunadamente me puedo comunicar en tres idiomas, con vergüenza explico que mi tos es causa del aire impuro que respiramos en nuestras grandes ciudades. Después de dieciséis horas de vuelo, llego a mi destino, soy recibido por un gran abrazo que había extrañado durantes doce meses por no haber visto a mi hija, quien se encuentra estudiando para sus exámenes finales, los cuales jugarán un rol importante en la elección de su carrera universitaria. Como buen arquitecto, otra crisis económica me vuelve afectar, es decir, estoy desempleado, así que me vuelvo el encargado de ayudarle en los quehaceres del hogar y la enseñanza de algunas materias que he practicado en los diferentes trabajos que he realizado, como: matemática, y un tercer idioma, cuyos conocimientos son importantes en este país desarrollado para que los adolescentes visiten la universidad, pero que en México un senador acaba de decir que con estas asignaturas se esta perdiendo el tiempo en la Universidad Autónoma de México, al mismo tiempo en unos de estos pueblos mexicanos, donde los niños van a la escuela para aprender lo elemental, iba desarrollándose una bacteria que ya había mutado varias veces, contaminando finalmente a algunas personas de ese pueblo y que por necesidad salen a trabajar a la capital por la falta de oportunidades en sus lugares de origen, propagándose así, quizás, la gripe porcina que en pocos días ya ha viajado a varias partes del mundo. Una semana después de haber llegado a este país europeo, estaba enseñando a mi hija los ideales ¨Guevaristas ¨ y ¨ Fidelistas¨ en donde todos las cubanas y cubanos por algún tiempo vivieron con el mejor sistema de salud y educación de toda Latinoamérica, al terminar la clase, escuché por la televisión alemana con estupor la muerte de cientos de mexicanos por un nuevo virus. Intranquilo empiezo a escribir un solo correo electrónico a todos mis seres queridos que se encuentra en la ciudad de México, con la preocupación que ninguno de ellos se encontrará infectado por esta enfermedad, también les di consejos para que fueran conciente de lo que está pasando en nuestra ciudad porque en Europa no se andan con cuentos mexicanos. Afortunadamente todos me contestan que se encuentran en buen estado de salud, pero hay pánico, después de dos días de caos, ya se estaban recibiendo informaciones más concretas de lo que está sucediendo para prevenirse del contagio de esta enfermedad." El lunes, la ciudad parece abandonada, se camina largos tramos y difícilmente uno se topa con otra persona, en los colectivos viajan no más de seis, en el metro hay muchos asientos desocupados, en esa mañana la naturaleza despierta de su consternación a los pocos empleados que se atreven a ir a trabajar con un temblor, por arte de magia los ambulantes han desaparecido, a la hora de la comida hace un calor abochornado, el cielo es gris como acompañando el desconcierto y la angustia de los habitantes, más tarde el viento sopla fuertemente, por la caída de algunos cables y algunos árboles desprendidos de las banquetas la ciudad parece más tenebrosa. Los semáforos se van apagando uno por uno, los restaurantes se encuentran desiertos, en la tarde el metro está más vacío que en semana santa, las pocas persona que se pueden encontrar se cubren la boca. Una de mis conocidas sale de este y se dirige hacia su departamento en una ciudad, sola y triste, a pesar de esto, en esta ocasión no tiene miedo a que la asalten, pero sólo, cuando está en su guarida se siente a salvo, se atreve abrir su ventana por un instante para mirar a los lejos la torre Latinoamericana, el cielo se ha ennegrecido, entonces sus ojos se nublan, su piernas empiezan a temblar, le invade una risa sarcástica por lo que está pasando y empieza a llorar por el dolor de ver su ciudad como en una película de ficción."
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