Azotaron tempestuosos vientos las delgadas fibras de su choza. El Hombre interrumpió su parvo sueño de irrecuperables cautelas que no somos dados en figurar,
y corrió con enigmáticos bríos y aún no comprendía los nuevos caprichos de su Creador.
El entorno lo ganó una tormentosa nube y el ya opaco cielo lanzó una luminiscencia incognocible.
Luego fue todo obediencia a la dinastía del sol.
Entre los arbustos flameó una hermosa figura,
solo parecida a alguna otra que en arrebatados sueños, el Hombre apenas se animó a confeccionar.
La silueta prorrumpió en el mundo justo cuando una albacea brisa alteró los sentidos del hombre,
e inventó un origen de costillas ajenas que entristecieran su biografía,
si quiera para atemperar el resentido orgullo del varón.
-Vengo dispuesta al Universo, tal como me fue desafiantemente encomendado- dijo con sosegada voz la criatura ya nacida.
-Vengo y no esperó, oh enternecedor varón, más que la azorada respuesta que me dás:
será el asombro (discúlpame) lo que tiznará el futuro de nuestras cercanías,
y quizás alguna vez comprendamos (al menos levemente) nuestros concedidos destinos de placer y de belleza.
310

Cargando comentarios...