• Franco
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  • País: Argentina
 
Los HongosHongo venenoso, arma mortalen manos del equivocadoaquel occidental enojadoque en un plan elaboradolos dedos se ha quitado Gente temblorosaque no espera la caidaque vive el dia a diasin saber que el reloj de su cabezaparara de la forma mas incierta Y el hombre venenoso rie por astuciasiendo el mundo en su palma la expectativacreyendose a si mismo salvadorno sabe que los hongos son la conducciondel ser humano a su propia destruccion 
LOS HONGOS (POEMA)
Autor: Franco  1000 Lecturas
PRIMEROEn aquel momento que nos fundimosTal como si fueramos uno, el dia que te beseEn el instante que nacimosUn recuerdo preciado, una primera vez Fue ese dia que nuestras miradas se cruzaronQue mi mente por un momento dejo de pensarQue en un sabor de miel nuestros labios se juntaronY surgieron preguntas que tal vez el tiempo habra de contestar ¿Que es este encuentro de caminos?¿Simple placer efimero? ¿O cruce de destinos?¿Que esta cancion, que late al compas de mi corazon?Dulce y calida sensacion Hoy infinidad de besos despues, aun sigue esta cuestionNo se si fue casualidad o si hubo una razonMas lo unico que importa, aqui un año de nuestro primer cantarSaber que a tu lado feliz puedo caminar 
Primero (Poema)
Autor: Franco  325 Lecturas
Me pregunto en lo profundo si me podre perdonarMe pregunto cuanto pasos mal dados seguiranCuanto tiempo he de vagar sin pensar¿A cuantas personas mas habre de lastimar?Siento que he errado en mi destinoHe elegido mal el camino Puesto que al parecer camino viviendo errores, dando malos pasosBuscando en mi propia alma el ocaso¿Cuantos mas me habran de dejar solo?Perdido en el mundo sin poder alzar vueloPasando noches enteras en veloHundiendome dentro de mundos prohibidosTratando de controlar mis impulsos, limpiar mi mente y aguantar lo bebidoTal vez como he dicho he errado el caminoSolo en el final lo podre saber con certezaMientras buscare no hacerme la cabezaPorque al final realmente he comprendidoAgradezco con dicha a cada error por haber sido    
Error
Autor: Franco  329 Lecturas
 ¿Porque la lluvia? Me pregunto internamente mientras el agua corre atravez del vidrio de las ventanas y el repiqueteo de las gotas en el techo de chapa me deja aturdido ¿Justo hoy tenia que ser el dia en que el estruendo de los relampagos rompa el firmamento, y que el diluvio se desplomara sobre la ciudad? Aunque para ser franco no recuerdo que nunca haya sido de otra manera. Es como si a cada momento decisivo en mi vida lo acechara el constante recuerdo de un cielo gris. Enciendo el televisor y busco las noticias en donde la reportera anuncia que se predice que las lluvias duraran a lo largo de toda la semana, y que por fortuna no han causado daño alguno a la poblacion. Esta noticia me deprime y me tumbo abatido en el sofa esperando algun indicio de que pare la tormenta. Me pregunto si es que quedan en la casa algun impermeable o algun paraguas pero se muy bien que no los hoy y si por si acaso los hubiera estoy seguro que no me ayudarian para nada. Camino inquieto alrededor de la casa y me detengo a ver viejas fotos, recuerdos pasados de tiempos que fueron mejores y mi depresion aumenta. Finalmente ya totalmente resignado recuesto en mi cama y contemplo el techo pensativo. ¿Como se hace para avanzar cuando el mismo mundo no te deja hacerlo? ¿Como hago para salir de este lugar si la misma lluvia forma una barrera que me impide dar siquiera un paso? Y si es que no puedo avanzar ¿que es lo que me queda? ¿Guarecerme en mi hogar hasta que el agua se haya ido y disfrutar del sol hasta que vuelva una nueva tormenta? ¿Como puede ser que algo tan simple como la lluvia nos deje invalidos? Y finalmente es ahi, con ese interrogante que finalmente me doy cuenta lo simple del asunto y siento como el miedo finalmente se disipa ¿como no salir si es solo agua? Y por mas que no lo fuera siempre se puede encontrar una salida, otro camino ante cualquier situacion puesto que tal cual la lluvia son solo obstaculos que hay que sortear. Por fin puedo comprender que al deseo de progresar no hay miedo que se le imponga, y es ahi cuando me levanto. Camino con paso decidido hacia el umbral de la puerta y ya sin importarme cruzo y me mezclo con la tormenta, y en mi alegria corro, salto y grito entre las gotas como fundiendome en ellas siendo yo parte de ellas y ellas parte de mi y yo soy parte del mundo. Con una sonrisa sigo mi camino finalmente llegando a reflexion. A pesar de que la tormenta no haya parado, lo mejor siempre es salir a bailar bajo la lluvia.
Bajo la lluvia
Autor: Franco  378 Lecturas
-¿Que deseas?- me pregunta mirandome a los ojos, como si con ese pequeño gesto pudiera hacer algo para ayudarme. Abro la boca dubitativa pero no puedo articular palabra alguna, una pregunta surge en mi mente de imprevisto... ¿que es lo que deseo? "Recuerdo que cuando era niña durante una fiesta de cumpleaños al momento de soplar las velitas, mis padres mi dijeron que pidiera tres deseos..." "Deseo conocer al hombre perfecto Deseo tener la boda de mis sueños Deseo vivir con el feliz para siempre..." "Recuerdo haber soñado con aquellos deseos durante años, vivia soñando despierta sobre mi futura boda, sobre el vestido que usaria ese dia, sobre mi casa y mis futuros hijos; pero sobretodo soñaba con mi futuro esposo, mi hombre perfecto que seria alto y galante y me hablaria con palabras dulces como la miel, y sus caricias serian como el rozar del suave terciopelo Y ciertamente tras años de ensoñaciones finalmente conoci a aquel hombre, tal y como lo habia soñado fue el. De familia adinerada no reparaba en gastos para complacerme, si bien a veces pensaba que era un exceso nunca emiti queja alguna porque tal vez en el fondo yo disfrutaba de todos esos cuidados y halagos. Una noche, tras un par de años de pareja, me pidio matrimonio en la terraza del edificio mas alto de la ciudad; rodeada de velas y petalos de rosa acepte sin ningun reparo. Nos casamos una noche de primavera bajo un cielo hermoso, una noche hermosa y llena de magia... la envidia de muchos cuentos. Poco tarde en darme cuenta que los cuentos no existen, ni tampoco la perfecccion. La misma noche de nuestra bodas mi ahora marido me poseyo de una manera tan brutal que me dejo marcas en todo el cuerpo y con el pasar de los dias su cambio fue totalmente radical, sus palabras dulces se transformaron en amargos silencios y venenosos insultos y sus caricias, que ya no eran suaves, me dejaban el torso amoratado y lleno de cicatrices.En publico me forzaba a aparentar felicidad y nadie lograba notar mi desdicha, puesto que nunca me golpeaba en lugares visibles y yo, con mucho esfuerzo, ocultaba con maquillaje las heridas de aquellos que se le escapaban y las ojeras producto de sinfin de noches sin dormir y rodeadas de mares de lagrimas. La noche de mi cumpleaños decidio montar una fiesta en el salon de un lujoso hotel, aquel lugar donde mucho tiempo atras el me habia pedido matrimonio. Todos reian y conversaban, ajenos totalmente a mi sufrimiento e incluso me felicitaban por tan exitoso matrimonio y hasta se atrevian a preguntarme cuando llegarian los hijos.Mi tristeza pudo mas que mi misma y antes que las lagrimas asomaran en mis ojos corri escaleras arriba hacia la terraza, aquella en la que yo misma habia sepultado todos mis mas grandes sueños. No senti el cansancio hasta llegar arriba, recupere el aire exhausta y me asome por la barandilla regodeandome del espectaculo que la ciudad ofrecia y preguntandome como seria desplomarse hacia abajo - ¿Que haces aca? - la voz de mi marido me asusto y di media vuelta para enfrentarlo"  - Sali a tomar aire - le dije tratando de que no se me notara la tristeza"  - Estuviste llorando - me dijo y mis esperanzas se desvanecieron - no tenes que llorar, hoy es tu cumpleaños y tenes tres deseos..." - Entonces que deseas - me repite luciendo ya exhausto como si ese pequeño juego le habria dejado de divertir. -Desearia no haberte conocido- le digo y me sorprendo a mi misma por mis palabras, sin embargo siento como si finalmente pudiera soltar todo lo que habia reprimido durante años- desearia no haberme casado con vos, pero esas son cosas que ya no se pueden corregir, es muy tarde. - Te queda un solo deseo - me dice el sonriendo arrogante. -Deseo no encontrarte en el otro lado- le digo y haciendo uso de todos mis fuerzas lo tomo por la cintura, arrastrandolo hacia la barandilla mientras el grita furioso y juntos nos precipitamos hacia el vacio.
Deseo
Autor: Franco  551 Lecturas
 La muchacha me mira nuevamente al otro lado de la biblioteca con aquellos ojos azules que cautivan, sus labios se curvan en una sonrisa perfecta, que me llama y me dice que me acerque a ellos. Hace dias que cruzamos miradas, sin embargo nunca pude atreverme a cruzar al otro lado de la sala para dirigirle la palabra, sin embargo presiento que hoy sera ese dia. Parpadeo, e inhalo fuerte como para darme valor, me levanto lentamente de la silla y a pasos torpes avanzo a travez de las mesas y sillas que nos separan. Al llegar junto a ella me percato de que en realidad no he pensado claramente que es lo que diria. Tal vez todas aquellas miradas no eran mas que una coincidencia, tal vez realmente no le intereso en absoluto ni se ha percatado de mi existencia. -Hola- me dice sonriente, y yo respondo a su sonrisa un poco nervioso pero definitivamente mas aliviado que antes. -Hola- le digo y me siento a su lado, mientras le pregunto sobre el libro que esta leyendo, alguna coleccion de cuentos de un artista anonimo. Pasamos toda la tarde hablando, primero de literatura para luego hablar de otras cosas como politica y filosofia a las que yo no presto absolutamente atencion porque me pierdo totalmente en su mirada, en esos ojos azules en los que siento que me puedo hundir, en los que puedo pasar una eternidad. Para mi sorpresa la conversacion no se vuelve pesada, y la charla es bastante fluida como si tuvieramos alguna especie de coneccion. Por lo que puedo ahora saber de ella tenemos practicamente los mismos gustos, tanto en literatura como en musica e incluso cine. Reuniendo todas mis fuerzas la invito a salir esta misma noche a uno de mis lugares favoritos a lo que ella ,para mi alegria, acepta. Pasa la tarde fugaz y por la noche nos encontramos en este bar que tanto me gusta, es un lugar pequeño aun asi confortable, con cierto aire bohemio. Nos acomodamos tranquilos en una pequeña mesa y ordenamos un cafe para cada uno. Mientras las tazas se vacian nosotros nos perdemos en nuestra conversacion hasta el punto que no nos percatamos que el tiempo avanza. Ya pasada la medianoche nos damos cuenta de lo tarde que es y caminamos juntos por las calles solitarias de la ciudad. Rogando que no se aparte junto fuerzas y tomo su mano a lo que ella responde entrelazando sus dedos con los mios y dedicandome una sonrisa que derrite. A medida que la noche avanza el frio tambien y como buen caballero cubro su espalda con mi campera mientras jugueteando la abrazo. Llegados a su casa nos miramos por unos segundos, nutriendose cada uno de la mirada del otro preguntandonos, tal vez, que fuerza del destino hizo que el uno se interpusiera en el camino del otro. Ya sin titubear, totalmente decidido junto sus labios con los mios y nos fundimos en un beso apasionado volviendonos uno solo... Vuelvo a parpadear y la chica al otro lado de la sala de la abarrotada biblioteca finalmente desvia la mirada. Hoy no ha podido ser el dia que reuna el valor para acercarme a ella pero seguramente mañana podre verla otra vez y perderme en sus ojos y algun dia posiblemente pueda acercarme a ella y vivir esa historia en la que dia a dia sueño. Recojo mis cosas rapidamente y abandono el lugar mientras mi mente divaga, sorprendida de cuan hondo puede hundirse uno en una mirada.
Mirada
Autor: Franco  417 Lecturas
 A cada paso que doy el tunel se vuelve mas estrecho como si algo a proposito me quisiera impedir el paso, una voz en mi cabeza me dice que debo seguir adelante sin volver la vista atras. Sin embargo adelante no puedo percibir un final alguno y mis cuerpo ya se encuentra cansado sin poder atravesar el ahora angosto tunel, aun asi no puedo volver la vista atras, algo me lo impide como una especie de opresion en el pecho: el miedo. Paso un tiempo quieto en el lugar donde estoy, esperando que algo me indique que debo hacer a continuacion, sin embargo mi espera resulta en vano. Finalmente resuelvo que estar parado alli no me llevara a ningun lado y desvio mi mirada hacia una de las paredes del tunel. Para mi sorpresa me doy cuenta que no es ni tierra ni concreto lo que encuentro sino una especie de ventana y tras ella veo el acontecer de varias cosas. Un niño juega con unos autos de carrera en la sala de una amplia casa, corre de aqui para alla con los pequeños modelos de maquinas mucho mas grandes, camiones, camionetas y autos deportivos de todo tipo. De repente la escena se desvanece y pasa a otra, ahora el niño mas grande juega en algun parque infantil con una niña al parecer de su misma edad ambos puras risas y miradas. Las escenas empiezan a transcurrir a una velocidad increible, veo como el niño pasa a ser un adolescente, como vive sus primeras fiestas, sus primeros amores y sus primeras pasiones. Veo como se vuelve un adulto y como contrae matrimonio con una bella mujer, veo sus dias en el trabajo y como lentamente la rutina va matando la vida, la chispa en la existencia de aquel hombre. Veo como en un momento de descuido no se percata cuando en medio de la calle un conductor pasa presuroso la luz roja sin importarle el peaton que camina delante suyo... Un dolor estremecedor recorre mi cuerpo y volteo porque no puedo ver el final de la ultima escena. Giro hacia el otro lado del tunel donde como lo esperaba, hay otra sucesion de ventanas que me llevan a otros lados, al llanto de una mujer, que rompe el cielo con un estridente chillido, veo el dolor de un padre y una madre que ya estan muy viejos como para siquiera caminar pero que aun asi han sobrevivido a su hijo. Veo el rostro de un niño de pocos años totalmente descorcentado como preguntandose que es lo que ha pasado, aun sin conciencia suficiente como para saber que su padre le ha abandonado y no regresara. Y finalmente percibo como el tunel se ensancha y mi paso se vuelve menos dificultoso, pero aun asi no sigo adelante. Al fin se que puedo mirar hacia atras y con total resolucion, como si lo hubiera sabido todo al tiempo, voltee para ver mi cadaver tendido en medio de la carretera, mientras la gente se congrega a mi alrededor y los policias toman los datos necesarios. Con una sonrisa amarga me despido de los mios y camino a paso suelto hacia el final de este largo pasillo que ahora ha aparecido ante mi; la luz al final del tunel.
Tunel
Autor: Franco  522 Lecturas
El dolor recorre mi cuerpo fuerte al recibir el golpe de mi padre. -Y que ni se te ocurra volver a faltarme el respeto- me dice totalmente furioso, acto seguido recorre la pequeña cocina y abre una caja de vino de la que bebe copiosamente, sumergiendose en ella. Aun me duele el golpe de recien, sin embargo ya se que no he de protestar sino me ganare algo mucho peor. Tendria que haber supuesto que me pegaria pero sin embargo no pude evitarlo, no podia evitar que tratara asi a mi hermano pequeño. Habiamos estado fuera recorriendo plazas y calles pidiendo como todos los dias limosnas a los transeuntes, sin embargo ese dia no hubo mucho movimiento en las calles y la poca gente que transitaba no fue precisamente generosa por lo que mi hermano no pudo cumplir con la cuota del dia que nos exigia mi padre y por ello se habia ganado la reprimenda. Si yo no hubiera intervenido, el se habria ganado una buena paliza. Mi madre nos insta a volver a nuestra habitacion, mientras mi padre ya emborrachado empieza a gritar improperios. Las lagrimas corren por el rostro de ella mientras me acaricia la mejilla, ahi en el lugar donde el puño de mi padre golpeo. -No tenes que hacerlo enojar hijo- dice mi madre sollozante - responder a tu papa es pecado, y cuando uno peca se va al infierno. "El unico infierno que conozco es este" pienso mientras asiento a las palabras vacias de mi madre "pero no por mucho mas" el solo pensamiento me alegra la mente, dentro de un par de años sere lo suficientemente grande como para irme de casa y llevarme tanto a mi hermano como a mi madre. Con estos doce años que tengo no puedo hacer mucho, pero un par de años mas y podre irme... Aun con esa idea en la cabeza, me acuesto en la cama que comparto con mi hermano y sin darme cuenta caigo profundamente dormido. Sueño con el infierno, no con el infierno habitual de mi casa sino con aquel del que habla mi madre. Las paredes son de fuego y hace un calor de muerte. Camino por el suelo cubierto de cenizas, y por todos los lados veo cuerpos ennegrecidos por el fuego, en alguno aun se puede apreciar la carne chamuscadas mientras que otros son huesos negros, ya calcinados. Y el diablo esta sentado en su trono, me mira con sus ojos ardientes mientras bebe de su caliz. En cuanto nuestros ojos se encuentran, rompe en carcajadas burlonas y su risa me llena de furia, recorre todo mi cuerpo con ganas de eliminar a aquel ser. Mientras este pensamiento recorre mi mente, me percato de que en mi mano llevo un cuchillo. Sin titubear enarbolo el arma, y la clavo en el torso de aquella abominacion quien no se defiende para nada sino que sigue con aquella risa tan irritante. La sangre negra, borbotea humeante de su cuerpo y extrañamente me recuerda al vino que mi padre toma cada noche antes de caer desmayado sobre la mesa... El chillido de mi madre me saca de mi sueño. Me levanto de la cama totalmente exaltado y corro hacia el lugar de donde proviene le grito. Mi madre se encuentra en el suelo de la cocina en estado de shock y mi hermano a su lado no puede contener las lagrimas y llora a pleno pulmon. Mi padre yace totalmente inmovil en el suelo mientras el charco de sangre se empieza a formar alrededor de su cuerpo. Un escalofrio recorre mi cuerpo al ver las heridas del cuchillo mientras alli en el suelo el diablo se desangra hasta morirse.
Infierno (Cuento)
Autor: Franco  497 Lecturas
 “¿Se atreve usted a preguntarme si mate a mi hijo, oficial?” digo totalmente frustrado ante la mirada juzgante del hombre de azul que se sienta frente a mí “Le he dicho mil veces que no he sido yo.” “Sin embargo” prosigo con mi relato “tengo total conciencia de todos los hechos que acontecieron en mi hogar, y que llevaron a la muerte prematura de mi primogénito.” El hombre me mira totalmente extrañado, mientras su compañero silencioso detrás de él toma notas rápidas en una libreta. Con un gesto silencioso el hombre me alienta a seguir, seguramente curioso ante estas nuevas declaraciones de las que hasta ahora no se tenía constancia alguna. “Vera, como seguramente sabrán yo soy un escritor de cierto reconocimiento en esta ciudad, sin embargo últimamente las ventas de mis libros habían decaído considerablemente, y mi familia no pasaba por una buena situación económica. Fue hace un par de meses en la oficina de mi editor, que la inspiración acudió a mí. Empecé a escribir las líneas para una novela y mi editor quedo totalmente fascinado con la idea. La historia era sobre este personaje, que he de admitir que estaba levemente basado en mi, un hombre que debía lidiar con una realidad que lo agobiaba, deudas familiares, una esposa ausente y un hijo al que no sabía qué futuro dar. He de admitir que la creación de esta novela se apodero gradualmente de mí vida, no comía, no dormía, pasaba los días encerrado en mi estudio. Sobre todo me obsesione con el personaje, podía pasar horas y horas describiéndolo, su aspecto físico, sus actitudes, su propio punto de vista sobre la vida, sobre la muerte, sobre el amor...realmente estaba obsesionado. Mi esposa continuamente me reclamaba mi falta de atención, me reclamaba que no estaba ahí para nuestro hijo, que solía continuamente desconectarme del mundo. Lo que ella seguramente no sabía es que yo lo hacía todo por nuestra familia, aquella obra mía seria lo que nos salvaría seguramente del malestar económico que estábamos pasando. Habrían pasado unas dos semanas desde que hubiera empezado la novela cuando ya estaba en el punto culmine de la misma. No me extenderé en detalles oficial, simplemente diré que mi personaje se encontraba en un punto crítico, debía decidir algo muy importante; pero yo tenía un problema, no podía encontrar el final de aquella situación, el final de mi obra. Nuevamente me desconecte del mundo pasando horas en mi estudio, revolviéndome la mente en busca de aquel final que tanto necesitaba. Probé distintos métodos para inspirarme, pasaba horas caminando alrededor de la ciudad en busca de algo que despertara en mi la chispa a escribir aquellas letras que yo buscaba; me sumergí en la bebida para aclarar mi mente y sumergirme en aquel mundo más allá del nuestro que solo los placeres prohibidos nos brindan. Fue un dia, no hace mucho tiempo (ayer o hace una semana, un mes, no lo recuerdo realmente) cuando finalmente me llego la inspiración que tanto esperaba. Cansada ya de mi constante ausencia de la realidad y mi falta de atención hacia ellos, mi esposa se presentó en mi estudio con mi hijo en brazos diciéndome que me abandonaba. Casi no la escuche, tan solo me concentre en el rostro de mi hijo que me miraba extrañado casi sin reconocerme. Lo tome en brazos ignorando los gritos y farfullidos de mi esposa y le sonríe por primera vez en meses. En mi mente ya estaba claro el final; por supuesto que el personaje no era capaz de escapar a la realidad de este mundo cruel, él estaba ahí como un salvador, el debía volverse tan cruel y perverso como el mundo a fin de salvar del mismo a aquellos que amaba; esa era la decisión que el debía tomar. Moviendo brazos que no eran míos, aparte a mi esposa con un empujón tan fuerte que la hizo caer al suelo y golpearse provocando así su desmayo. Camine sin quererlo a través del estudio cruzando el salón y llegue al cuarto de baño. Alli contra mi voluntad abri el grifo y deje correr el agua llenando la bañera en la que mi hijo se bañaba todos los días. Lo levante nuevamente, aun sonriéndole y suavemente, casi con ternura, lo puse dentro de la bañera. Acaricie su cabellera mientras veía en sus pequeños ojos reflejado el miedo. Con fuerza meti su cabeza dentro del agua, con aquellas manos que ya no eran mias. El niño se agito tratando de resistir pero nada podía hacer. Senti eternos sus pataleos y manotazos, pero finalmente se detuvieron. Habia tomado la decisión correcta, pensé, había alejado al niño de este mundo, había evitado que aquella alma inmaculada se pudriera, sea carcomida por la maldita realidad en la que vivimos” Termino asi mi relato y el hombre me sigue mirando extrañado, casi confuso se podría decir. “Usted dijo que no fue quien mato al niño” me dice el hombre mirándome en parte asqueado y en parte confundido “ y sin embargo usted mismo en su relato ha confirmado que de hecho ha sido usted el responsable del crimen” “Es usted un idiota ¿Qué acaso no lo ve?” le digo exaltado “¿No ve que no he sido yo? Que ha sido aquel otro hombre, el personaje de mi obra; aquel ser perverso que tan solo mato al niño en busca de su final perfecto”
El Final (cuento)
Autor: Franco  583 Lecturas
 Estoy parado en la cima del edificio mas alto de la ciudad, tal y como suponía no hay nadie aquí y es que tampoco esperaba a nadie ¿acaso uno espera espectadores al momento de morir? Precisamente eso es lo que estoy haciendo en este lugar, me preparo para partir de este mundo, de todas sus desgracias y angustias y sobretodo de mi maldita mala suerte. Porque yo realmente no recuerdo haber hecho las cosas mal, fui educado bajo el régimen de una familia cristiana y se me formo en altos valores asi como también en el trabajo; nunca tuve malas notas en el colegio, no bebi ni fume ni cultive vicio alguno. El único error que considero haber tenido es casarme realmente joven, pero estaba perdidamente enamorado ¿acaso es algo malo si lo hice por amor? ¿Cómo se supone que yo iba a saber que ella se iria con otro infeliz y me dejaría en bancarrota?Y es por eso que estoy en este lugar frio, balanceándome al borde del techo preguntándome si realmente la caída me matara o si, producto otra vez de mi infortunio, seguire con vida tras haberme lanzado. Atrás mio escucho ruidos y es cuando me percato de que no estoy solo, porque estoy seguro que aquello fue mas una risa que el ulular de una paloma o el ruido de un ratón. Me doy vuelta y veo frente mi a un viejo, tapado con harapos grises que se camuflan con el suelo y con su larga barba también del mismo sucio color._ Tengo algo para vos_ me dice mostrando, o por lo menos los pocos que le quedaban, unos dientes amarillentos_ no tenes porque morir, podes corregir todo.A pesar de que estoy en los últimos minutos de mi vida, me intriga lo que me ha dicho el viejo. Me acerco con pasos cautelosos y de sus harapos el viejo saca una especie de artefacto, parecido a los nuevos teléfonos celulares de hoy en dia pero notablemente mas antiguo como si hubiera estado guardado durante mucho tiempo._¿Qué es?_ le pregunto intrigado sosteniendo el aparato en mis manos_Es para volver atrás_ me dice aun sonriendo_ es para corregir, solo tenes que tocar la pantalla.Toco la pantalla sin esperar que algo suceda, solo lo he hecho por mera curiosidad y tal como había esperado nada sucede. Entonces el viejo empieza a reírse, burlonamente como si supiera que nada iba a suceder.“Maldito viejo” pienso para mis adentros “pedazo de broma me ha gastado”De repente todo se vuelve confuso, el paisaje entorno mio se empieza a desdibujar y ni el techo ni la noche ni el viejo vuelven a verse bien, tan solo manchas en una escala grisácea y de a poco aparecen mas colores y de fondo escucho las sonoras carcajadas del viejo, una risa burlona como si todo aquello fuera una gran broma.Finalmente tan rápido como sucedió todo, me encuentro parado en un parque mientras la llovizna cae despacio empapando el verde césped. Recuerdo aquel lugar, era la plazoleta cerca del colegio al que asistía ya hace mucho tiempo, y también recuerdo al joven alto que camina solitario bajo la lluvia, seguramente pensando en aquella muchacha que acababa de conocer aquel día.“¡Funciono!” pienso victorioso para mis adentros “ y el maldito viejo se reia de mi, me gustaría ver su cara”Eufórico corro hacia dónde está mi yo pasado y grito mi nombre pero ningún sonido sale de mi boca y en cuanto me acerco al muchacho paso a través de el como si mi cuerpo estuviera hecho de humo. Nuevamente intento tocarlo pero es en vano, grito mi nombre pero el único sonido es el de las gotas de lluvia que cada vez son más gruesas. Me alejo del lugar corriendo y trato de hablar con cada persona que me cruzo, de tocarlas, de hacer que noten mi presencia pero es totalmente en vano.(…..)Los segundos se convierten en horas, las horas en días y los días en años; ya he perdido rastro de donde mi yo pasado se encuentra y ahora tan solo me dedico a vagar por la ciudad como el vulgar fantasma que soy. A pesar de que parece ser que no existo, el tiempo aun pasa para mi y mis manos se han agrietado y les han salido arrugas, mi piel se pega a mis huesos y mis ropas se han convertido en horribles harapos; sin embargo aun no he podido ver mi rostro y es que al ser un fantasma, o mas bien al no existir no puedo verme reflejado en los espejos, o en los charchos que se forman en el suelo después de una tormenta.Con el pasar de los años me he dado cuenta que no necesito dormir, puesto que no siento cansancio sin embargo a veces lo necesito y con tremendo esfuerzo lo logre. Especialmente hoy necesito dormir, volver a aquellos días felices de la juventud y los pocos que siguieron después ya en la adultez. A veces pienso que extraño a mi familia, a mi esposa e incluso al infeliz con el que se acostaba o tal vez será que extraño enormemente el contacto humano. Camino sin rumbo entre los edificios y subo hasta el último piso de uno excepcionalmente alto, busco algún rincón solitario donde poder descansar y me esfuerzo por conciliar el sueño. Sin embargo no puedo hacerlo, y las horas pasan, o tal vez los días, puesto que es difícil para mí ya saber de tiempo.En mi soledad no me percato de la aparición del hombre, que camina alrededor al parecer buscando a alguien pero luego se resigna y camina hasta el borde del techo como si estuviera a punto de saltar. Al igual que hace mucho tiempo, cuando aún intentaba hacer contacto con alguien, empiezo a llamarlo y a reír, y tal como sospechaba esta vez funciona. El hombre me mira entre asustado y asombrado.“¿Qué le digo ahora?” pienso para mis adentros “¿Qué no salte? ¿Qué la vida vale la pena? Si el hombre acaba de quedar sin mujer y en bancarrota” sin embargo si no digo algo el hombre saltara y si digo otra cosa el hombre terminara igual que yo.“Tengo que convencerlo de que no salte” pienso entusiasmado “Le diré que siempre se puede seguir, que no todo esta perdido. ¡Eso es! Por lo menos le debo esto”Me dispongo a hablar con el hombre pero cuando abro la boca no salen las palabras que yo hubiera querido._ Tengo algo para vos_ involuntariamente mi boca se abre en una sonrisa_ no tenes porque morir, podes corregir todo.El hombre se acerca a mí y de mis ropas saco aquel dispositivo que una vez me había dado aquel viejo, aquel vagabundo que tiempo después me daría cuenta que era yo. Toma el aparato mientras mi boca se mueve sola articulando las indicaciones para usarlo. El hombre me mira extrañado cuando el aparto no funciona y sin poder evitarlo estallo en carcajadas que esta vez si se escuchan, que inundan la noche oscura.“Que joven mas idiota” pienso yo mientras veo como en su semblante se nota cierta extrañeza pero a la vez placer, cuando se prepara para viajar “ que engreído con esa mirada soberbia pensando que puede controlar al monstruo indomable que es el tiempo”
Bucle (cuento)
Autor: Franco  587 Lecturas
 Ustedes pensaran que es lo más normal del mundo, pero siempre me ha costado hablar con la gente. Y es que no es un problema de confianza porque nunca he tenido la oportunidad de confiar en alguien, porque nunca he podido realmente hablar con nadie y no recuerdo haber tenido conversación alguna que durara mas de un par de líneas. No es que no sea interesante, o eso es lo que me gusta creer, ni tampoco es que sea timido simplemente me cuesta hablar con la gente, las palabras no me salen e incluso a veces prefiero que asi sea. Mi único gran amigo es mi reflejo, a veces incluso paso horas junto a él, y lo uso para practicar, y recrear aquellas charlas que no puedo tener con otros, ni con ella tampoco. Con el sí puedo hablar, puesto que no es persona, sino que es objeto, es cosa, no está vivo y es como yo. Sobre todo con ella , nunca había podido hablar, y es que con ella si era muy tímido; con ella se me cruzaban las palabras y mi lengua se trababa en un nudo. Y es que ella siempre fue tan hermosa, de pelo negro que llegaba a su cintura y un rostro de rasgos finos, una cintura de avispa que se movía al ritmo de mis ojos y una boca de labios gruesos que a gritos pedía un beso. Un dia tras pasar horas hablando con mi reflejo, finalmente me decidi a dar el gran paso. Tome una gran bocanada de aire y salí afuera, y la espere allí. Como todas las noches ella llegaba agotada del trabajo, paseaba meneando su hermosa cintura y me saludaba con una dulce sonrisa de aquellos labios rojos y gruesos. Pero aquella vez no me limite a mirarla, sino que me acerque con mi mano levantada y en mi cabeza repasaba mentalmente todas las líneas que previamente había elaborado conmigo mismo. Ella levanto su mano también para estrecharla con la mía y de aquellos hermosos labios salió un alegre saludo. Y fue ahí cuando mi mente volvió a trabarse, las palabras se me entrecruzaron y todas las líneas desaparecieron de mi cabeza. Trate de sonreír pero al parecer no pude lograrlo porque su sonrisa se transformó en una mueca de miedo. Inmediatamente solto mi mano y camino rápido pasando de mi. Estaba desesperado, todo había salido mal. Tenia que explicarle todo, no quería que me tuviera miedo y en un intento desesperado por hacerlo agarre su brazo antes que se alejara. El chillido de miedo fue como un cuchillo que traspasaba mi corazón, pero no podía dejar que gritara, tenia que explicarle, tenia que hacerle entender. Con fuerza tape su boca con mi mano y la lleve adentro de mi casa. Yo sabia que ella entendería si yo le explicaba pero ¿Por qué tenia que forcejear tanto? Yo solo quería explicarle que no podía hablar con ella, que me costaba. Senti sus dientes morder la carne de mi mano y el rápido movimiento que hizo para librarse de mi agarre. Hecho a correr hacia la puerta, pero yo no podría dejar que se fuera , ella no sabia que yo todos los días en secreto la admiraba, seguramente si lo supiera, si lo entendiera dejaría de correr y de gritar pero primero para que me escuchara tenia que hacer que se callara, tenia que parar sus gritos… Han pasado ya varios días desde aquel incidente y como siempre no puedo hablar con ninguna persona salvo con mi reflejo puesto que no lo es, y también con ella. Ahora siempre hablo con ella, todos los días mantenemos largas conversaciones y hacemos otras cosas. Ella siempre esta en mi casa puesto que no puede moverse; ahora puedo hablar con ella, al igual que puedo hablar con mi reflejo que no es persona, y ella tampoco lo es ya que es cadáver y ahora puedo hablar con ella todo el tiempo.
Ella (Cuento)
Autor: Franco  439 Lecturas
Siempre he tenido miedo a la muerte, desde que puedo recordar. Solía evitar los lugares oscuros y solitarios, y sobre todo nunca andaba de noche por ningún lugar. Teniendo en cuenta todas las noticias que me llegaban a diario de asaltos, secuestros y homicidios siempre tenía a consideración andar entre multitudes a plena luz del día. Por esto también trabajaba únicamente a media jornada, si bien no me alcanzaba mucho el dinero por lo menos me mantenía vivo. También era muy riguroso al cuidar mi salud, cocinaba mis alimentos más de la cuenta y lavaba rigurosamente la comida tres o cuatro veces hasta que estuviera totalmente libre de algún toxico. Así también mantenía pulcro mi pequeño departamento de manera tal que si uno lo desease podría comer incluso en el baño y no contraer ningún germen. Realmente no recuerdo que jugada del destino me llevo a estar en esa calle aquella noche; no recuerdo si fue culpa del embotellamiento usual de la autopista, o si impulsado por una locura me aventura en la penetrante oscuridad. Sin embargo recuerdo completamente haber estado allí caminando por el frio asfalto, temeroso mirando a cada rincón a la espera de algun sorpresivo ataque, de algo que amenazara mi vida. La calle se encontraba en completo silencio y ningún alma merodeaba por aquel lugar, la luna brillaba alta en el cielo despejado reflejando su brillo en el frio asfalto casi como iluminándome el camino. A pasos lentos caminaba el sendero que la luna me trazaba, cauteloso prestando atención a cada sonido, el crujir de las hojas cuando las pisaba, el mecer de las ramas de los arboles al viento. A cada paso que daba sentía como se me aligeraban los hombros, a cada paso que daba estaba mas cerca de mi hogar, y mas lejos de aquel lugar, tan espeluznante que tanto miedo me daba… Y de repente llegaron, más silenciosos que el viento. Eran cinco, todos altos y fornidos y todos armados. No puedo recordar que es lo que querían, si querían robarme o llevarme a algún lugar para pedir dinero por mi o simplemente movidos por su mas bajo instinto, por la cruel naturaleza humana buscaban hacerme daño, mancillar y mutilar mi cuerpo… Si recuerdo el dolor, los golpes en mi torso, en mi rostro; los puños que me rompían los dientes y el crujir de mis costillas al quebrarse. Sentí también los cortes en la piel, que me producían sus armas, la sangre caliente recorrer cada centímetro de mi cuerpo. El dolor punzante del frio acero cuando perforaba la carne, y el dolor asfixiante de no poder respirar, lo recuerdo todo. Tan silenciosos como llegaron ellos desaparecieron dejándome allí ante mi inminente destino, a un pútrido saco de carne que una vez había sido yo. Me encontraron llegando al alba, cuando mis últimos alientos podrían haber sido contados con los dedos de las manos. La ambulancia no tardó en llegar y según los médicos salve mi vida por muy poco. Ahora yazco en una camilla en el hospital, sin poder mover mis músculos ni respirar con mi propio cuerpo conectado a máquinas para poder vivir. Siempre tuve miedo a la muerte, desde que puedo recordar. Siempre tuve resguardos para evitarla y a pesar de verla cara a cara en aquella ocasión aun así pude evadirla. Es irónico pensar en eso ahora, ya que ahora a cada momento que despierto tengo miedo de seguir vivo.
Miedo
Autor: Franco  434 Lecturas
El Sueño La conocí una mañana soleada bajo la sombra de un viejo limonero que pertenecía a mi familia. La niña muy audazmente robaba la fruta, y en cuanto me acerque a reprocharle me miro picara y desafiante. _Estos son de todos_ dijo mientras lanzaba en el aire uno de los limones, acto seguido me lo lanzo a la cara_ Pero este es tuyo si quieres. Con mucho enojo respondí al ataque, y esa tarde pasamos guerreando con limones y llamándonos con cada insulto que dos niños pudieran concebir. Sin embargo, al anochecer ambos volvimos riendo a nuestras casas. Y al día siguiente nos volvimos a encontrar en ese lugar, y al otro día también y al siguiente, y así durante casi diez años. Tarde bastante en darme cuenta que aquello era amor, sin embargo ella me espero, y cuando finalmente conseguí el valor de decírselo ella tal cual el primer día que nos vimos se burló de mí y sin embargo correspondió a mis sentimientos con un beso apasionado. Fueron años felices, nunca lo voy a olvidar, estaba a punto de pedirle matrimonio cuando recibimos la noticia. Después de semanas con fiebre alta, finalmente los estudios médicos revelaron que padecía una enfermedad terminal de la que no se conocía cura alguna. Fueron meses de tristeza, sin embargo ella nunca dejaba caer los brazos, finalmente nos casamos una mañana soleada de abril, ante unos pocos amigos y familiares. Un mes después ella falleció. Es realmente indescriptible el dolor que sentí, que aun siento. Nunca me pude recuperar del todo de aquello fue como si una parte de mi muriera aquel día. Sin embargo, me decidí a avanzar, bajo insistencia de mis padres conocí otra mujer, de la cual me enamore y con ella me case y tuve hijos. Envejecí junto a ella y vi a mis niños crecer y transformarse en hombres. Y ahora, me encuentro en una cama postrado, tal como ella había estado hace ya casi medio siglo, la enfermedad me consume y no hay nada que se pueda hacer para evitarlo, o al menos eso dijeron los médicos. Mi esposa se encarga de mí, de mi comida, de mis necesidades y sobretodo de hacerme compañía, mis hijos también vienen cada vez que pueden. Sin embargo, nunca me he sentido tan solo… es como si cada día me alejara más de ellos y me uniera a aquellos que ya han partido. Hoy es un día como cualquier otro, estoy tendido en la cama del hospital conectado a los armatostes que me mantienen con vida. Mi esposa estuvo conmigo un tiempo, ahora se fue a casa a traer algunas cosas, y dicho sea de paso a descansar un poco. Los enfermeros van y vienen, trayéndome comida a veces, otras sabanas y colchas para que no pase frio. El día pasa lento casi sin ningún cambio, y ahora ya es casi de noche y los ojos me pesan. Sueño con aquel viejo árbol que tantos recuerdos guarda, a pesar de que han pasado tantos años el sigue ahí fuerte y robusto tal cual como estuvo en aquel primer encuentro que tuve con ella. Y hablando de ella… esta ahí mismo bajo la sombra del limonero simplemente observando las hojas mecerse al viento. Es tal cual y como la recuerdo, alta y con una hermosa melena castaña, su porte es bastante elegante. Me mira con aquella hermosa sonrisa suya de labios curvos y sugerentes, y sus ojos brillan a la luz del sol cautivándome. _Que envidia siento, te ves tan joven_ es lo primero que alcanzo a decirle. _ ¿Pero de que hablas? Vos no te ves mal_ me dice observándome de arriba abajo. Ahora, después de que ella me ha dicho esas palabras, es cuando lo noto. Mi cuerpo no es mi cuerpo viejo, sino más bien aquel de antes, en este momento no me debo ver de mas de treinta años de edad. Paseo un poco alrededor del pequeño campo, y me deleito la visión con tal hermoso paisaje, el limonero, el atardecer y ella… _Te extrañe tanto _Bueno ya no será más así_ me dice mientras se le dibuja una sonrisa pícara en el rostro. _ Entonces, ¿puedo estar con vos de ahora en más?_ digo forzando una sonrisa. _Si es que vos lo queres Me hundo en su mirada, y me siento feliz y a la vez triste. Feliz porque finalmente vuelvo a estar con ella y triste porque pronto he de decirle adiós, pronto tendré que despertar. _Esto es un sueño_ le digo, no preguntándole sino afirmándolo. _Es tu decisión_ ella me dice respondiéndome la pregunta que no hice. Pienso en el limonero, en el primer encuentro, y el primer beso, en los años de felicidad, en la enfermedad y en su muerte. Pienso también en mi esposa a la que amo y en mis hijos, en mi trabajo, en mi casa y en el hospital y la cama y los aparatos a los que estoy condenado… _Creo que vos sabes que voy a elegir_ le digo decidido_ después de todo, tuve una buena vida_ y no vuelvo a abrir los ojos.
El Sueño
Autor: Franco  490 Lecturas

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