Le quería como a un amigo, de esos a los que no hace falta explicar mucho para hacerse entender. Aquellos que a pesar del tiempo y la distancia siempre están allí para hacerte sonreír y llenar tu vida de colores y alegría. Pero un día, nuestras vidas tomaron rumbos diferentes, desapareció todo tipo de comunicación y el malvado tiempo  nos consumió.
No obstante, ese temible señor cronos que nada olvida sin preguntar permitió con saña que volviera a encontrarle. En ese entonces, estaba herida, decepcionada por un amor traicionero y él, agobiado por una relación que juzgaba nefasta con alguien que no le amaba. Y sucedió así, sin pensarlo, espontáneamente, esa noche en la que sin reservas fuimos el uno del otro.
Sí, nos dejamos llevar. ¿Y ahora qué? ¿Te arrepientes me preguntó? Le dije que NO, aunque mi corazón gritaba que eso no podía ser. Le expresé mi más temible miedo, que esa noche no planificada por ninguno de los dos, acabara con esa amistad tan valiosa de años, a lo cual respondió  que no, que eso jamás sucedería.
Pero en el aire había un mal presagio, esas palabras suyas huecas me sonaban.  Aún así, decidí creer que jamás él usaría en mí contra esa temible arma llamada “Mentira”, y me dejé llevar por el influjo de eso que llamaba amor a primera vista. Un amor que según con amistad había confundido  y tras esa noche explosiva llena de coloridas estrellas descubrió.
No obstante, los días  pasaron, la pasión creció,  decía que ya no podía vivir sin mis besos y caricias,  que mi amor le llenaba el corazón de alegría. Sin embargo, ese amor en silencio permanecía, mientras él se excusaba que por poco tiempo sería, el necesario para irse a mi lado que lejos vivía.
Si, poco a poco nuestras vidas se llenaron de excusas, mientras cada vez se alejaba más y más. Quería creer que me amaba, aunque tenía miedo de lo que sucedió al final. Todo fue una cruel mentira. ¿Con qué propósito? Todavía no lo sé, no lo sabía, no lo sabré, busqué respuestas por todos los medios y nunca las encontré. Desapareció.
Finalmente decidí prestar atención a mi sexto sentido, el que siempre me gritaba, que nada es ni puede ser tan perfecto, sino hay algún interés de por medio. ¿Qué quería de mí realmente? Sólo Dios y él lo sabrán. Ahora, ni somos amigos, ni nada, nada.
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Dijo que el lugar en el que soñaba vivir junto a él, era algo que no toleraba, y ahora lo disfruta con su nueva amada, hasta que alguien más aparezca ante sus ojos... una nueva historia, el comienzo de Otro NADA... Pero supongo que así será feliz, espero que lo siga siendo siempre, y que nunca sienta lo que yo sentí, porque comprenderá lo que es morir despacito.
He aprendido que el amor acaba, pero la verdadera amistad dura toda una vida, y por eso es tan terrible perderla... Ahora bien, todo lo que sucede al ser humano en el transcurrir de sus vidas, deja una lección que marca, que enseña y la mía en este caso es saber que tengo menos amigos, tal vez porque nunca lo fue realmente.
Si, tarde pero al final entendí... No, no lo odio.  El odio es un sentimiento desagradable que corroe el alma y la envenena, y ​​es como si siguiera dándole más de mí, algo que no merece ni merecerá NUNCA... Que siga su camino, estoy empezando el mío, aquel en el que quise incluirlo para ser feliz conmigo… Sflar
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