Nunca exijas una botella;
si jamás has otorgado un perdón
se debe concebir al alcohol con el sentimiento más puro
y entregarse sinceramente al azar de la muerte
o a los juegos de intriga con los que te preña la locura.
Nunca te adelantes a destapar una botella;
si jamás has abierto tu corazón
para soltar aquellas palabras que aletargadas solo harán estorbo para el trago
y por eso se vomitan con el pretexto de las madrugadas
si eso pasa, sabré que todo ha sido falso
que con todos nunca has sentido un orgasmo
que todo ha sido un gemido fingido,
por el letargo de aquellas palabras que ahora quieres que te crea.
Sabiendo beber; se aprende aquel danzar de las eras
y tomar con maestría; hace más fácil el eco de los pechos
que anhelan querer y se vuelven recíproca poesía.
Nunca bebas con desesperación directo de la botella;
si jamás has besado con mesura boca adentro
ignorando los círculos
ignorando los mordiscos
ignorando las lenguas y lunares florales que menguan
ignorando todo movimiento.
Beber es casi como una eterna sinfonía
que se trata de bailar
no de rezar un solo rosario y luego caer
en un funeral donde no se brinda
que se siente que no somos nada y por eso se llora.
 
Pero por favor;
 
nunca me digas que me amas al terminarte una botella
que me dolerás por pagarte esta innecesaria fantasía
mejor, no te acerques a mi mesa ni aunque yo te lo pida
porque yo no bebo por beber, y es por eso que sé
cuanto duelen este tipo de mentiras… mi amada mujer de cabaret.
12120

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