Esa noche
Me percaté de los gritos cuando las personas sentadas en las mesas me llaman pidiendo la cuenta. Habían empezado a discutir desde la noche anterior, pero eran discusiones normales de parejas, pero esta noche, fue una discusión más escandalosa y no simplemente con la pareja, sino que con la hija también.
Estoy terminando la última cuenta, y cuando la entrego en la mesa, el señor me la recibe y me pregunta si quiere que llame a alguien para que me venga a buscar. Le digo que está todo bien y que esas discusiones son normales, pero insiste. Cuando logro convencerlo, se marcha.
Llevo la plata a la caja y escucho el ruido de la puerta que se cierra. Era el dueño (quién discutía con su pareja y su hija). Me doy vuelta para mirar y veo que se acerca hacia mí, agitado por los gritos. Me mira y vi deseo en sus ojos, deseo por mí. Me asusté. Seguí contando la plata, buscando tranquilidad para no demostrar el miedo que sentía.
Entra la mujer y me dice que salga, pero él la aleja y no me deja ir, insiste en pagarme lo que me debe del día, pero la hija (amiga mía) me grita desde atrás, suplicándome que salga de ahí, que me aleje de él. Lo hice.
Mi amiga me lleva hasta la casa y me dice que agarre mis cosas, que nos tenemos que ir. Atrás nuestro, su padre comienza a los gritos nuevamente, intento ignorarlos, hasta que la hija se abalanza hacia él insultando y con la intención de pegarle, intenté varias veces agarrarla y separarla hasta que lo logré, la tranquilizo un poco, pero de nada sirve. Ambos están enojados.
Llega una amiga de la mujer y nos dice que nos lleva hasta donde necesitemos, la mujer asiente.
El dueño de la casa y restaurante empieza a echar a todos, su pareja, la amiga, su hija mayor y dice que únicamente las personas que se pueden quedar son las dos niñas pequeñas (una, hija de la pareja y la otra hija de la amiga de la pareja), la hija menor (que en todo momento permaneció en la pieza) y yo.
Subo al auto y arrancamos. La mujer nos pregunta a todas si estamos bien y sin esperar la respuesta comienza a contarle a la amiga los sucesos de esta noche.
Me llevan hasta mi casa, y mi mamá ya estaba afuera esperando. Cuando entramos a la casa, pregunta si estaba todo bien, yo respondo que sí con una sonrisa. Lo último que quería era preocuparla.
Esperé hasta que todos se fueran a dormir, me acosté e intenté dormir. No pude, tenía un nudo en la garganta por lo sucedido. Había mantenido la calma en todo momento, para demostrar seguridad y ayudar. Lo logré, pero ahora, estando acostada en mi cama, los sucesos repitiéndose una y otra vez en mi cabeza, hizo que estalle en llantos. Y así, logré dormirme.
Estoy terminando la última cuenta, y cuando la entrego en la mesa, el señor me la recibe y me pregunta si quiere que llame a alguien para que me venga a buscar. Le digo que está todo bien y que esas discusiones son normales, pero insiste. Cuando logro convencerlo, se marcha.
Llevo la plata a la caja y escucho el ruido de la puerta que se cierra. Era el dueño (quién discutía con su pareja y su hija). Me doy vuelta para mirar y veo que se acerca hacia mí, agitado por los gritos. Me mira y vi deseo en sus ojos, deseo por mí. Me asusté. Seguí contando la plata, buscando tranquilidad para no demostrar el miedo que sentía.
Entra la mujer y me dice que salga, pero él la aleja y no me deja ir, insiste en pagarme lo que me debe del día, pero la hija (amiga mía) me grita desde atrás, suplicándome que salga de ahí, que me aleje de él. Lo hice.
Mi amiga me lleva hasta la casa y me dice que agarre mis cosas, que nos tenemos que ir. Atrás nuestro, su padre comienza a los gritos nuevamente, intento ignorarlos, hasta que la hija se abalanza hacia él insultando y con la intención de pegarle, intenté varias veces agarrarla y separarla hasta que lo logré, la tranquilizo un poco, pero de nada sirve. Ambos están enojados.
Llega una amiga de la mujer y nos dice que nos lleva hasta donde necesitemos, la mujer asiente.
El dueño de la casa y restaurante empieza a echar a todos, su pareja, la amiga, su hija mayor y dice que únicamente las personas que se pueden quedar son las dos niñas pequeñas (una, hija de la pareja y la otra hija de la amiga de la pareja), la hija menor (que en todo momento permaneció en la pieza) y yo.
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La hija mayor sigue discutiendo con el padre, mientras que le dice a la hermana que agarre la mochila para irse. Salimos todas hasta el auto, estacionado en la calle. Era la última en salir, cuando me detienen. Freno y me doy cuenta que era el hombre, me dice que estas cosas pasan, que no me preocupe y me paga el día de trabajo.
Subo al auto y arrancamos. La mujer nos pregunta a todas si estamos bien y sin esperar la respuesta comienza a contarle a la amiga los sucesos de esta noche.
Me llevan hasta mi casa, y mi mamá ya estaba afuera esperando. Cuando entramos a la casa, pregunta si estaba todo bien, yo respondo que sí con una sonrisa. Lo último que quería era preocuparla.
Esperé hasta que todos se fueran a dormir, me acosté e intenté dormir. No pude, tenía un nudo en la garganta por lo sucedido. Había mantenido la calma en todo momento, para demostrar seguridad y ayudar. Lo logré, pero ahora, estando acostada en mi cama, los sucesos repitiéndose una y otra vez en mi cabeza, hizo que estalle en llantos. Y así, logré dormirme.
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