Envejezcamos juntos de mañana y de tarde
hasta que se nos vaya la voz y los pesares.
A saber, abracémonos de manera dulzona
alrededor del tiempo y sus rodillas.
Querámonos mientras dura la memoria
y démonos sin negarlo o desnegarlo.
Envejezcamos besando las mejillas
mientras la juventud llena tus orificios.
Hagamos de la jarcia un recuerdo dorado
tras una balizada de primores.
Démonos las caricias parvularias
y las que dejan de ser muy infantiles.
Y sobre todo, acójamonos juntos
pues la distancia tiene fríos de olvido.
Calentémonos siempre con esta hoguera
que yo mantengo viva con ramitas de tiempo. 
 
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