Entre hojas
Por donde empezar, lo más sensato sería comenzar por el principio. ¿Pero cuál es ese principio?, ¿El día que nací? Tal vez empezar por el por qué estoy escribiendo esto, aunque podría iniciar por el día en que me di cuenta que mi vida no iba a ser lo que tenía en mente.
Ese día fue hace ya varios años, aunque la verdad no sé que edad tenía, ¿Unos trece o catorce años tal vez? 
Estaba sola, completamente sola. En los recreos me sentaba en una esquina junto a la escalera, tratando de esconderme para que los demás no me vean así, también hacia tiempo en la cola del kiosco y después de comprar me iba al baño a comer lo que me había comprado. Recuerdo que las mujeres de limpieza me golpeaban la puerta para que saliera, porque no se le permitía a los alumnos permanecer en los baños por mucho tiempo, y para mi eso era terrible porque tenía que salir al patio y ver a todos mis compañeros juntos, cada uno haciendo sus cosas, charlando, escuchando música, etc. Y yo ahí sola.
Era terrible levantarme todos los días para ir al colegio, porque yo más que nadie sabía como iba a ser mi día. Lo único que quería era que las horas pasaran rápido para volver a casa y poder sumergirme en ese mundo que es internet,  para mí era salir de mi vida y ser otra persona. Me la pasaba jugando horas un juego online, tantas horas que dejaba mis estudios de lado, dejé de hacer mis tareas, trabajos prácticos, comenzaba a faltar a clases. En internet conocí muchas personas con las compartía momentos de diversión, charlaba y me reía, pero todo era a distancia, ya que eran de otros países, o de acá de Argentina pero vivían lejos también.                    
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En el fondo, yo quería eso que tenían mis compañeras, ellas salían juntas a “matines” o salían al cine, esas cosas que hacen los adolescentes, hablar de chicos, el primer beso, el primer novio, cosas que hasta el día de hoy no he hecho. Siempre las escuchaba hablar de lo bien que la habían pasado en “la casa de tal”, o “en tal matiné” y me imaginaba como sería si yo hubiera estado ahí, eso es lo que hacia todo el tiempo. Imaginaba cosas para intentar escapar de esa realidad que detestaba, soñaba ser como ellas, lindas, inteligentes, llena de amistades, pero no. Me escondía tanto en mi propio mundo que dejé de lado toda mi vida, mi vida real. Para fin de año había desaprobado casi todas las meterías, excepto una o dos que no recuerdo sus nombres. Me había presentado a unos pocos exámenes, ingles, literatura, física y química, historia y hasta educación física, sí educación física, prácticamente no asistía a las clases, salía de la escuela y no volvía, me quedaba en un ciber para pasar la hora y llegar a mi casa para que creyeran  que volvía de la clase de gimnasia, hasta a veces  inventaba que estaba con mi periodo. Al final repetí el octavo año de secundaria.
Internet me había consumido por completo, era un juego tras otro, hora tras hora, me alejaba de todo. Lo malo para mí era que tenía que ir a trabajar al local que tienen mis viejos, un autoservicio en la esquina de mi casa, hasta el día de hoy sigo odiando a ese lugar, creo que gran parte de mi vida se lleva el local, desde los doce años que trabajo ahí, y ya pasaron diez. Siento que me consume, el estar ahí se llevó tiempo de mí que no voy a volver a recuperar y ayudó a que sea lo que hoy soy.
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Al año siguiente había abandonado la secundaría y creo que ese fue uno de los peores años de mi vida, no hacia nada solo despertaba iba al negocio y volvía para poder jugar en mi computadora y quedarme hasta la madrugada “viciando”. A veces entraba a los perfiles de Facebook de los que eran mis compañeros para ver sus fotos, las fotos de cumpleaños de quince de las chicas, ah… mis quince años no fueron nada especial, una torta en casa con la familia y listo. No tenia amigas para invitar a mi cumple. En el 2010 había empezado con mis estudios en una escuela para adultos para terminar el octavo y noveno año, ese año también fue terrible, mis compañeros no tenían mas de diecinueve años y yo a mis dieciséis con todas las hormonas revolucionadas, sabía que ninguno se iba a fijar en mi por ser diferente al resto de mis compañeras, yo tenía sobrepeso, mejor dicho sigo sufriendo de sobrepeso. El sobrepeso limitó toda mi adolescencia, sé que es cuestión de confianza pero el colegio para mi era un lugar tan hostil que la poca confianza que podía llegar a tener se desplomó por completo hasta el día de hoy. Sentía que todos mis compañeros me excluían por ser gorda, nadie quería estar conmigo por ser gorda, los chicos empezaban a tener interés por las chicas del salón menos por mí, por que claro yo era diferente a las demás, era gorda. Y desde ese año lo único que anhelaba era ser flaca, flaca para poder ponerme la ropa que quisiera, y no limitarme en remeras y pantalones de algodón, para disfrutar mas mi vida, sabiendo que así iba a estar segura con mi cuerpo. Pero nada de eso pasó y todavía sigo acá lamentándome entre hojas. Hace años que llevo escribiendo lo mucho que quisiera ser delgada, el poder tener voluntad y fuerza para empezar una dieta. La cual una vez la empecé pero solo duro unos pocos meses en los cuales de verdad había echo un cambia conmigo en toda mi vida pero por cuestiones de vagancia o de gula, la dejé. Había perdido casi unos veinte kilos, venia tan bien con el cambio de comidas que lo terminé arruinando como todo lo que hice en mi vida. Siempre estoy lamentando todo lo que me sale mal en cuadernos que tengo desde hace ya varios años, en los cuales explayo todos mis sentimientos, sueños que tengo y cosas que haría si fuera diferente.  
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Seguí la secundaria en otro colegio para adultos, pese a que hice algunas amistades en esa escuela, hoy en día no las tengo.  Ahí conocí a Daiana, Romina Y Micaela, hablaba, me sentía un poco mas a gusto, no sentía estar marginada, cosa que la había sentido y mucho años atrás. Pero bueno lo bonito dura poco, si salí al cine con ellas, o ir a sus casas, realizar trabajos y esas cosas, al final del ultimo año de secundaria volvió a mi una vez mas la soledad, terminé la escuela y no volví a hablar con ninguna de ellas.
Alejo a las personas de mi y obviamente me doy cuenta de ello cuando ya no están conmigo, perdí tantas amistades que ya no me dan ganas de intentar sociabilizar con nadie porque sé que voy hacer que ese persona huya de mi, no se como es que lo hago pero simplemente lo hago y es una de las cosas que mas detesto de mi, el echo de no hablar y no expresar lo que siento a la hora de hablar con alguien me limita.
Tantos años deseando ser diferente que ya no sé quién soy o que quiero ser, me volví una persona tan indecisa que hasta la pregunta mas fácil me vuela la cabeza, como por ejemplo cuando me invitan mi hermanas a un lugar lo pienso tantas veces que en muchas ocasiones terminé diciendo que no. Tanto me perjudicó esto, que hoy en día no tengo idea de que carrera universitaria pienso seguir, es más hasta no se si de verdad quiero seguir estudiando para perfeccionarme en algún área. Me siento una fracasada no hago nada por mi vida, tengo veintidós años y pensar en todos los años que me faltan, me estresan y me ponen triste. No quiero tener treinta años y seguir viviendo en la casa de mis papas y sin un trabajo.  Tengo tantas cosas en la cabeza que no se como expresarlas. Es tan patético todo esto que escribo, tan deprimente que me quita las ganas de seguir haciéndolo.
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