Hay momentos en la vida en los que uno se encuentra muchas veces solo, abandonado, muerto por dentro, sin ganas de nada, desando desaparecer y simplemente queriendo escapar de la realidad y de la vida que nos toco.
Sin saber que hacer ni, como seguir.
Es como que si te invadieran un millón de sensaciones extrañas y negativas que lo único que hacen es querer hacernos dar marcha atrás y hacernos sentir que no valemos nada.
Nos entra esa angustia, y esa cobardía de no poder volver a ser nosotros mismo.
Ni poder confiar en nosotros, ni en los que nos rodean.
Muchas veces esa negatividad nos hace creer que estamos sin apoyo, que a nadie le importamos y todo termina siendo producto de nuestra imaginación y por la culpa de esa soledad que nos atrapa y por un largo tiempo no nos suelta.
Aveces terminamos haciendo cosas que no queremos, nos entra la rabia, el rencor, el dolor y la desesperación que nos hace creer que no servimos para nada o que somos una molestia.
Pero aún así, a pesar de todo ese encierro y ese mundo que creamos y no nos deja ver la realidad.
Aún hay personas esperando a que volvamos a ser libres, y a estar dispuestas a dar todo de sí para que nos volvamos a reencontrar.
Hay que empezar a ver las cosas de otra forma más positiva, no hay que acostumbrase a lo malo siempre.
Cuando algo no sale tal y como lo esperabas, no quiere decir que estemos errando, sino que las cosas pasan por algo.
Y aunque no todo este yendo de lo mejor, en algún momento las cosas van a mejorar.
Porque todo en esta vida es momentáneo, el dolor pasa, el sufrimiento se va y hasta las heridas más profundas sanan.
Simplemente no hay que perder las esperanzas nunca, porque por más que estemos en los peores momentos o en las peores circunstancias.
Siempre hay una salida y una persona que va a estar para ayudarnos.
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