La noche nos gritó todas las locuras a la cara, mamá se burlaba de nosotros enseñándonos la lengua. "Una muerte no es una victoria", dijo mi hermano mayor y me cogió de la mano para arrastrarme hasta la calle. Poco más de media hora demoró en llegar la policía y los vecinos pronto comenzaron a abultarse alrededor de nosotros, como periodistas hambrientos de noticias. Era un día lunes cualquiera, cuando la loca Jimena se colgó de la viga desnuda, del cuartito de alquiler de don Mario. Un día cualquiera, cuando sus hijos comenzaron a ser conocidos como "los huachos de la loca de la viga". A veces pienso que la gente no sabe ponerle límites a su propia crueldad, a veces pienso que mamá no estaba tan loca al tratar de "cretino" a medio vecindario.
La muerte de la Jimena, estremeció la conciencia del indolente, el sordo y hasta el avaro, pero, Quién es capaz de cambiar al ciego?
Por las tardes solía jugar a la pelota con el Jaime y la Macarena, y ya cuando llamaban a esta última a tomar onces, nos escondíamos con Jaime tras la piedra grande que estaba pintada de azul. Esa que hacía que nacieran dos calles de una solita. Esa misma donde encontraron a la coja del 2311 arrodillada, haciéndole quizás qué cosas a su medio hermano.
Los minutos pasaban tan rápidos y además eran tan pocos, apenas ciento dos y ya empezábamos a escuchar a la señora María llamando al cabro de mierda porfiado, que se le ha dicho hasta el cansancio que no se entre tarde. Pero no, cargante con andar peluseando con la Magdalena. Oye si la "huacha de la viga" no es pa' ti -le escucho decir- y luego mira hacia la oscuridad que se posó a un costado de la piedra, justo esa noche de cuarto menguante, sin verme, pero con la certeza de que me hallo aquí, nerviosa y subiéndome los calzones apenas, arañándome las nalgas contra la piedra y otra vez que se me hace tira el vestido, y de seguro que ahora si que no me salvo de la tanda que José me dará, cuando vea que era el nuevo. "Si seré ñurda!, a mi nomás se me ocurre andar luciendo el vestido nuevo bajo la sombra de la piedra azul!", pienso mientras trato a toda costa de engañar a la vieja, pero es tan viva, que acaba por lanzarme una piedra justo en el entrecejo. "Miau" digo con el afán de ocultar el "ouch" que quería salir y luego los miro entrarse a su casita tan bonita y bien constituída. Y me quedo pensando en todas las cosas, en todos los tiempos que puedan existir, en esas vidas paralelas en que no somos los huachos de la viga.
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