23.07.11
En Aquella Iglesia.
Mientras estoy sentado al lado del cura, con mis manos enlazadas, oyendo los canticos del coro parroquial, vestido con una sotana blanca, con trece años, miro a mi alrededor y veo gente dormida, otros miran el reloj y mi mundo se transforma;
“Miro la imagen de la virgen y me pregunto ¿Qué habrá de bajo de sus vestiduras?, veo a un Jesús crucificado y aun soldado romano atravesando su costilla con una lanza, veo decenas de mujeres lindas de rodillas orando, cierro mis ojos y me duermo en un sueño despierto.
Entran demonios danzando y desnudando mujeres, toman el vino con alevosía, el cura se acerca para saludarlos y un aquelarre es ahora santa misa para todos aquellos, que más allá de su apariencia en su ser engendraban sus propios demonios.
Ahora los coros son góticos, las luces tenues, los libros sagrados de cueros de animal y letras de sangre, ahora mi sotana es negra y mis dedos forman  la corna, mi mirada no demuestra sentires, un viento cálido trae lo enfermizo de una locura que adormece mi ser.
La misa termina, me desvisto viendo mis pensares, agarro la imagen de algunos santos y las llevo a la casa de regalo a mi abuela. Pero antes subo al campanario y converso con las palomas, intentando que mis pensares vuelen de mi mente lo más lejos que puedan y vuelvan llenos de sabiduría.
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