2.
Cuando ella me necesitaba, siempre decía que sí. Hoy miro el celular y no encuentro sus mensajes. Veo su contacto y entro a un chat vacío, su última conexión me muestra que Elisa sigue allí, quien sabe dónde, quien sabe en qué situación. “Santi” me decía, y pedía algún favor. La acompañaba a lugares, a comprar cosas generalmente. Siempre fue una mujer misteriosa, por ella perdí la costumbre de preguntar. Mi único motivo siempre fue que me sentía parte de nuestras pequeñas aventuras, como protagonista de una novela.
¿Por qué yo? Me atrevería a decir que no había otras opciones. En esas épocas éramos felices, todo lo malo se iría cocinando a fuego lento. Estábamos destinados a buscarnos, separarnos y volver a buscarnos. Éramos muy diferentes, pero complementarios. Ella buscaba alguien con mi pasividad, y aunque no contaba con mi particular forma de ser, seguía manejándome a gusto. Yo me ataba a su rutina, a sus tiempos, a sus caprichos, y era algo que disfrutaba. Durante mi adolescencia tuve mucho tiempo libre, traté de llenar esos huecos desarrollando mis historias, pero también desperdicié largas noches y días sin hacer nada. Cuando estaba Elisa usaba estos espacios vacíos para estar con ella.
Dependíamos el uno del otro, pero nuestras intenciones nunca serían las mismas. Yo la veía cada día más linda y ella me miraba con cara de asco. No podía responder mis intentos de romance, Elisa estaba centrada en sus objetivos, en sus estudios, y si tuviese tiempo para hombres sería para viejos amores. Sus decisiones no fueron las mejores, mis actitudes tampoco.
El día que dejó de contar conmigo me desesperé, había pasado una semana y la extrañaba demasiado. Ante la desesperación le insistí para que me diera alguna explicación. Su respuesta fue contundente, un discurso cruel, peor que cualquier otro. Fueron tan punzantes sus palabras que aun siendo un mensaje que me tocaba leer, parecía que Elisa estaba a mi lado, riéndose y echándome mis defectos a la cara. Mi primera reacción fue llorar, la calle se volvió gris, ignoré todo a mi alrededor. Fue uno de los peores días de mi vida. Como dicen “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. De un día para el otro la había perdido, toda esa comodidad desaparecía augurando meses tristes.
Era el regreso del hombre triste, aquel que hubiera dado la vida para recuperar su felicidad perdida.
Estando lejos, nuestras vidas comenzaron a arruinarse. Guardamos apariencias lo mejor que pudimos. Elisa consiguió amigos, unos cuantos. No parecía una persona solitaria ni dependiente de nadie. La miraba a diario, estando atento al teléfono como lo estoy ahora. Durante un año entero no cruzamos una palabra. Me volví una persona conflictiva, defendiendo mis ideas y buscando otras excusas para sobrevivir. La esperé porque sabía que regresaría, y lo hizo.
Nuestra segunda etapa fue muy distinta, ya no éramos inocentes. Nuestra juventud se había tornado turbia. Tratamos de maquillar nuestros rostros, pero no dejábamos de llorar. Volvimos a recorrer la ciudad bajo sus condiciones, pero fue distinto. No íbamos a lugares de comida rápida, íbamos a farmacias. Me hiciste dudar poco a poco de tu estabilidad. Volvimos a ser amordependientes, ¿Acaso podría yo curar el pequeño mal que crecía en tu interior? Y no hablo solo de las enfermedades, porque necesitabas sanar más que tu cuerpo. No era suficiente el dinero, las promesas o mi disposición; las mujeres de mi vida siempre fueron sus propios verdugos. Quería salvar a Elisa, devolverle el favor por haberme salvado años atrás.
¿Pero qué puede hacer un hombre frustrado en una sociedad donde la confianza en uno mismo es lo más importante? ¿Qué puede hacer un artista incomprendido en un nicho donde se ha inventado todo? ¿Qué puede hacer un amor sincero en un mundo donde las personas mueren de hambre?
Dejarte atrás fue la decisión más difícil. Tuve que asumir que, sin importar los reclamos que escriba, no me permitirías entrar en tu vida. Quiero dejar en claro que estaba orgulloso de depender de Elisa, su potencial era infinito. Si alguien debía estar condenado al fracaso… ese debería ser yo.
No te mueras.Noche de inviernoOjos de gatoLos amaneceresbritneycomo debe sertips para cancionesCuando ella me necesitaba, siempre decía que sí. Hoy miro el celular y no encuentro sus mensajes. Veo su contacto y entro a un chat vacío, su última conexión me muestra que Elisa sigue allí, quien sabe dónde, quien sabe en qué situación. “Santi” me decía, y pedía algún favor. La acompañaba a lugares, a comprar cosas generalmente. Siempre fue una mujer misteriosa, por ella perdí la costumbre de preguntar. Mi único motivo siempre fue que me sentía parte de nuestras pequeñas aventuras, como protagonista de una novela.
¿Por qué yo? Me atrevería a decir que no había otras opciones. En esas épocas éramos felices, todo lo malo se iría cocinando a fuego lento. Estábamos destinados a buscarnos, separarnos y volver a buscarnos. Éramos muy diferentes, pero complementarios. Ella buscaba alguien con mi pasividad, y aunque no contaba con mi particular forma de ser, seguía manejándome a gusto. Yo me ataba a su rutina, a sus tiempos, a sus caprichos, y era algo que disfrutaba. Durante mi adolescencia tuve mucho tiempo libre, traté de llenar esos huecos desarrollando mis historias, pero también desperdicié largas noches y días sin hacer nada. Cuando estaba Elisa usaba estos espacios vacíos para estar con ella.
Dependíamos el uno del otro, pero nuestras intenciones nunca serían las mismas. Yo la veía cada día más linda y ella me miraba con cara de asco. No podía responder mis intentos de romance, Elisa estaba centrada en sus objetivos, en sus estudios, y si tuviese tiempo para hombres sería para viejos amores. Sus decisiones no fueron las mejores, mis actitudes tampoco.
El día que dejó de contar conmigo me desesperé, había pasado una semana y la extrañaba demasiado. Ante la desesperación le insistí para que me diera alguna explicación. Su respuesta fue contundente, un discurso cruel, peor que cualquier otro. Fueron tan punzantes sus palabras que aun siendo un mensaje que me tocaba leer, parecía que Elisa estaba a mi lado, riéndose y echándome mis defectos a la cara. Mi primera reacción fue llorar, la calle se volvió gris, ignoré todo a mi alrededor. Fue uno de los peores días de mi vida. Como dicen “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. De un día para el otro la había perdido, toda esa comodidad desaparecía augurando meses tristes.
Era el regreso del hombre triste, aquel que hubiera dado la vida para recuperar su felicidad perdida.
Estando lejos, nuestras vidas comenzaron a arruinarse. Guardamos apariencias lo mejor que pudimos. Elisa consiguió amigos, unos cuantos. No parecía una persona solitaria ni dependiente de nadie. La miraba a diario, estando atento al teléfono como lo estoy ahora. Durante un año entero no cruzamos una palabra. Me volví una persona conflictiva, defendiendo mis ideas y buscando otras excusas para sobrevivir. La esperé porque sabía que regresaría, y lo hizo.
Nuestra segunda etapa fue muy distinta, ya no éramos inocentes. Nuestra juventud se había tornado turbia. Tratamos de maquillar nuestros rostros, pero no dejábamos de llorar. Volvimos a recorrer la ciudad bajo sus condiciones, pero fue distinto. No íbamos a lugares de comida rápida, íbamos a farmacias. Me hiciste dudar poco a poco de tu estabilidad. Volvimos a ser amordependientes, ¿Acaso podría yo curar el pequeño mal que crecía en tu interior? Y no hablo solo de las enfermedades, porque necesitabas sanar más que tu cuerpo. No era suficiente el dinero, las promesas o mi disposición; las mujeres de mi vida siempre fueron sus propios verdugos. Quería salvar a Elisa, devolverle el favor por haberme salvado años atrás.
¿Pero qué puede hacer un hombre frustrado en una sociedad donde la confianza en uno mismo es lo más importante? ¿Qué puede hacer un artista incomprendido en un nicho donde se ha inventado todo? ¿Qué puede hacer un amor sincero en un mundo donde las personas mueren de hambre?
Dejarte atrás fue la decisión más difícil. Tuve que asumir que, sin importar los reclamos que escriba, no me permitirías entrar en tu vida. Quiero dejar en claro que estaba orgulloso de depender de Elisa, su potencial era infinito. Si alguien debía estar condenado al fracaso… ese debería ser yo.
Elisa (Parte 2)
13 de diciembre de 2021·4 min de lectura
Cuando ella me necesitaba, siempre decía que sí. Hoy miro el celular y no encuentro sus mensajes. Veo su contacto y entr…
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