Es ella tomando un tren en Aquisgrán sin boleto, después de perder el primero, pidiendo al cielo que no la descubran porque ella no sabe ser mortal!
Me enamoré de sus primitivos agudos, y cuando la escuché en graves me hizo vibrar, hasta que me convirtió en música, viento y libertad.
Cuando se inspira rompe más que cuerdas, desaparece lo ordinario y nos impone su belleza.
Podría contarles mil historias sobre ella, que igual está en todos mis poemas, pero me interesa que sepan dónde lo encontré.
Yo estaba sentada al otro lado de mi vida, sin nada más que ausencias, hastío y resignación.
No sé si fue en isla Copacabana, cuando subí el Cotopaxi, o cuando me congelé la espalda en Cerro Catedral. Pero en medio de sus intensidades lo reconocí.
Lloré, me dejé caer, y le pregunté...
¿Ya está aquí?
Me ofreció su mano y solo dijo:
"Nos quedan muchos más regalos por abrir"...
Cargando comentarios...