Para: quien pueda identificarse.
Celebro la astucia de mi mente al invocar su rostro en cada sueño; no sé si lo hace para alimentar aún más este amor que me consume, o para recordarme cuánto la extraño y cuánto anhelo tenerla cerca una vez más.
Cada aparición suya en mis noches es un recordatorio de lo irremplazable que resulta su presencia, un eco que me persigue incluso en la vigilia. Y aunque no sé si es consuelo o tormento, agradezco que mi memoria insista en traerla de vuelta, porque en ese instante, aunque sea efímero, vuelvo a sentir que le pertenesco.
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