13.06.20
16:00
El sombrero.
Caminando por los senderos del pensamiento, calle de adoquines antiguos en donde cada cierto rato los pies tropiezan torpemente con las veredas mal hechas de caminos construidos anteriormente en malas decisiones, pasos lentos por el boulevard de las acciones anteriores a la realización, antes de la reacción, poco antes de aquel efecto que nos dará destino de buen dharma o pésimo y fatigoso karma. 
A los costados de esta avenida arboleada de otoñizos árboles hay una pequeña tienda de aspecto antiguo, de polvo en sus anaqueles y de letras manuscritas en tonos amarillos con bordes rojos en sus vitrinas que invitan a entrar a un joven adulto curioso añorante de tiempos mejores donde corría descalzo en calles de ripio.
Al abrir la puerta suena una tímida campanilla que me recuerda a la risa de una polola del barrio en mi niñez, libros antiguos, lámparas, paraguas, trajes, muebles, todo el pasado diseminado en un cómodo espacio, en el aire se huele el paso del tiempo, no hay quien atienda, sobre el viejo mesón de madera un cartelito que dice: Lleva lo que gustes, y deja el valor del producto en este mesón, que tengas buen día.
Sorprendido pienso en robar algunas cosas, luego me digo; que ese no es nuestro estilo… como hablándole a muchos dentro de mí.
En una esquina, un sombrero color plomo, como el que usaba mi abuelo, lo tomé y al ver dentro de él, una etiqueta que decía: El precio de este gorro es que me regales tus vicios  y yo te daré el pensamiento reformador…
Me lo coloque y me quedó bueno, me mire en un espejo de bellos relieves y sentí como si un aire entrara en mi mente y barriera el polvo de años de ese lugar.
Me dirigí al mesón, abrí mi bolso de cuero gastado y deje encima una revista pornográfica, una cajetilla de cigarros, una botella de ron, un poco de mariguana, una bolsa de cocaína, y escribí en un papel, ciertos gustos y atracciones que siempre sentí como demonios viviendo en el ático de una mente sin luz.
Salí, y al caminar me pude fijar que las veredas ahora estaban perfectamente alineadas y los árboles eran de primavera.
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